MODULO 1, LECTURA 1.
La OMS define la adolescencia como el periodo de crecimiento y desarrollo humano que
se produce después de la niñez y antes de la edad adulta, entre los 10 y los 19 años. Se
trata de una de las etapas de transición más importantes en la vida del ser humano, que
se caracteriza por un ritmo acelerado de crecimiento y de cambios, superado únicamente
por el que experimentan los lactantes. Esta fase de crecimiento y desarrollo viene
condicionada por diversos procesos biológicos. El comienzo de la pubertad marca el
pasaje de la niñez a la adolescencia.
Un adolescente no es plenamente capaz de comprender conceptos complejos, ni de
entender la relación entre una conducta y sus consecuencias, ni tampoco de percibir el
grado de control que tiene o puede tener respecto de la toma de decisiones relacionadas
con la salud, por ejemplo decisiones referidas a su comportamiento sexual.
Esta incapacidad puede hacerlo particularmente vulnerable a la explotación sexual y a la
asunción de conductas de alto riesgo. Las leyes, costumbres y usanzas también pueden
afectar a los adolescentes de distinto modo que a los adultos.
Los adolescentes dependen de su familia, su comunidad, su escuela, sus servicios de salud
y su lugar de trabajo para adquirir toda una serie de competencias importantes que
pueden ayudarles a hacer frente a las presiones que experimentan y hacer una transición
satisfactoria de la infancia a la edad adulta.
El término deriva del latín adolecens, que significa hombre joven, y encuentra su variante
en adolescere, que hace referencia a crecer, padecer o sufrir. Esta noción designa una
época de conflicto y crisis y es el momento en el que el sujeto debe separarse de su
familia. Incluso, algunos autores la consideran un segundo nacimiento.
Según Griffa y Moreno, la pubertad es la primera fase de la adolescencia, en la que se
producen las modificaciones propias del paso de la infancia a la edad adulta, y aluden
especialmente a los cambios corporales como disparador del comienzo. La
palabra pubertad deriva del latín pubertas y esta viene de pubis que significa vello, viril, o
bajo vientre, que relacionamos con transformaciones observables en el desarrollo del
cuerpo de los jóvenes (2005).
Aguirre Baztán (2009) para afrontar el estudio “de la psicología de la adolescencia desde
tres perspectivas básicas: enfoque histórico de los estudios sobre la adolescencia, las
etapas del desarrollo adolescente y la cultura adolescente”
Aguirre Baztán (2009) nos cuenta que la adolescencia como tal es una “invención”
occidental, ya que en “sociedades no desarrolladas” la adolescencia es un tránsito
representado en ritos de iniciación (desde la infancia hacia la adultez).
La formación del adolescente para la vida adulta, tan presente en los ritos iniciáticos, ha
sido dejada un tanto a suerte y las evaluaciones se centran solamente en el rendimiento
cognitivo, separado de la tarea de la búsqueda de identidad y de la construcción de la
personalidad madura.
La adolescencia, hasta mediados del siglo XX, fue considerada solo como un paso hacia el
mundo adulto. Se la hacía coincidir con la pubertad y duraba muy poco, uno o dos años.
Incluso, en algunas culturas en las que hay ritos de iniciación, el tiempo de pasaje es
equivalente a la duración de los rituales, ya sean semanas, meses o un solo acto corto. Los
ritos de iniciación son usados en algunas culturas para que mediante alguna ceremonia se
represente el paso de la niñez a la vida adulta, en que las niñas se convertían en mujeres y
los niños en hombres. Esas costumbres eran compartidas y aceptadas por toda la
comunidad.
Carvajal Corzo caracteriza la adolescencia como un período del ciclo vital, con grandes
cambios y crisis, que abarca la segunda década de la vida. El autor también dice que este
momento de la vida se puede estudiar desde distintos ángulos como: una organización o
reorganización de las defensas contra las pulsiones de la pubertad, una segunda fase de
separación de las figuras parentales o una búsqueda de la autosuficiencia y la
independencia adulta. Este modo de abordar la adolescencia hace hincapié en los
aspectos individuales a la hora de explicar el fenómeno.
Griffa y Moreno describen esta etapa, en el texto Claves para una psicología del
desarrollo, no solo como una adaptación a las transformaciones del desarrollo, sino como
un período decisivo del ciclo vital que cuenta con tareas específicas, como la búsqueda de
la autonomía psicológica y espiritual y la inserción en el mundo social sin la mediación de
la familia. Destacan los autores la complejidad de este proceso no obstante observar
algunos trabajos fundamentales que deben darse en él tales como la búsqueda de la
identidad y la búsqueda de sentido de la vida, ambos favorecidos por el desarrollo
intelectual.
Características generales de la adolescencia
Por distintos motivos que iremos viendo a lo largo de esta asignatura podría decirse que la
adolescencia también es un período “de riesgo”, situación que bien menciona el artículo
de la OMS en relación, por ejemplo, a presiones grupales para asumir conductas de riesgo:
…un adolescente no es plenamente capaz de comprender conceptos
complejos, ni de entender la relación entre una conducta y sus
consecuencias, ni tampoco de percibir el grado de control que tiene o
puede tener respecto de la toma de decisiones relacionadas con la salud,
por ejemplo decisiones referidas a su comportamiento sexual. Esta
incapacidad puede hacerlo particularmente vulnerable a la explotación
sexual y a la asunción de conductas de alto riesgo.
Transformaciones en el cuerpo
Duelos
Estos cambios corporales son vivenciados de diferentes maneras, modifican la situación
del adolescente en el mundo e implican una tarea fundamental: los duelos, entendidos
como un trabajo psíquico que el propio joven debe realizar, en la medida que los cambios
que sufre implican pérdidas en relación con el cuerpo del niño, su identidad y los padres
de la infancia (Griffa y Moreno, 2005).
Posmodernidad
Ahora bien, los sentimientos que movilizan estos cambios y la forma en que los recibe y
los acepta el joven deben pensarse en relación con la época en la que le toca vivir: la
posmodernidad. Esta época tiene características particulares y propone modos de ver y
pensar la adolescencia que no son los mismos que se usaban en la modernidad, por
ejemplo.
Patología vs. normalidad
A partir de este recorrido, intentaremos plantearnos qué se considera normalidad y qué
se considera patología en la adolescencia, juego de palabras que plantea Knobel para
referirse al síndrome normal de adolescencia. Con ese material teórico trataremos de
establecer relaciones que nos permitan construir un modelo para pensarla. Como todo
modelo, planteará sus limitaciones, pero nos introducirá variables que no podremos dejar
de considerar.
Trabajos del adolescente y sus fases
Con el avance de los estudios de la adolescencia, esta etapa se empezó a estudiar por
periodos y ya no en bloque. Por lo tanto, es posible reconocer fases con ciertas
particularidades, tal como establecen Griffa y Moreno: “actualmente la mayoría de los
autores distinguen tres fases de la adolescencia: ‘adolescencia inicial o baja’, ‘adolescencia
media o propiamente dicha’ y ‘adolescencia alta o final’” (2005, p. 41). Cada fase le
plantea desafíos diferentes al joven que la está atravesando.
Identidad
También veremos cómo el adolescente tiene que realizar tareas fundamentales en este
proceso, tales como la búsqueda de la identidad, que no comienza ni termina en la
adolescencia pero cumple un rol especial en esa etapa, en función de los grandes
cambios, tanto físicos como psicológicos y sociales. Estos cambios llevan al sujeto a no
saber quién es ni cómo será. Para descubrirlo, cuenta con el desarrollo del pensamiento,
que logra aportarle más herramientas para afrontar este proceso. El pensamiento lógico
formal permite lograr abstracciones que son fundamentales a la hora de buscar quién se
es.
Grupos
Otro fenómeno de gran importancia a esta edad es la función que tienen los grupos. Estos
operan como un intermedio entre la sociedad y la familia y se representan como el lugar
donde el joven se reúne con pares para transitar su etapa conflictiva. Por lo tanto,
cumplen un rol muy importante en la configuración de la identidad y la salida del joven a
la sociedad. Podemos pensar en estos como el espacio de los primeros ejercicios que va a
hacer cada persona antes de desprenderse del ámbito familiar e ingresar, sin la
mediatización de los padres, en la sociedad global.
Sociedad y cultura
En el módulo relacionado con la sociedad, intentaremos pensar el rol de la cultura en la
adolescencia. Veremos cómo las características de la cultura hacen que un mismo
fenómeno, como la maduración sexual, pueda ser visto de diferentes maneras, según la
sociedad en la que el joven se encuentra inmerso. A su vez, el modo en que la cultura
visibiliza un determinado problema tendrá incidencias en cómo el joven vive y siente sus
cambios.
En relación a lo que menciona la OMS (2017) sobre la salud del
adolescente, y también como mencionamos en párrafos anteriores, dentro
de la posmodernidad y las características de cada cultura y sociedad
también se encuentran dificultades. En algunas culturas los trabajos
psíquicos que deberá hacer el adolescente quizá cobren mayor trabajo que
en otras.
Familia
Desarrollaremos el tema de la familia en la adolescencia. Suele pensarse que la familia no
es un elemento importante en esta etapa o no tiene tanta trascendencia. Sin embargo, la
presencia de un adolescente en una familia genera inquietudes entre sus miembros y
desorientación, porque los padres no saben qué hacer con ese joven que desconcierta y, a
su vez, el joven tampoco sabe manejarse adecuadamente en su entorno familiar. Su
proceso de maduración indica que tiene que salir de ella, pero no es una tarea fácil, ya
que le plantea nuevos desafíos y hace que los vínculos que venían más o menos
establecidos de determinada manera ahora deban cambiar. Estos cambios reconfiguran
las relaciones y las familias cumplen funciones distintas a las que tenían en otro momento,
pero no dejan de tener un rol de importancia en la vida de los adolescentes. Cabe aclarar
que existen diferentes tipos de familia y que, de acuerdo con su tipo, pueden favorecer u
obstaculizar el desarrollo del joven.
Contexto social
Finalmente, consideraremos el contexto en donde transcurre la vida del joven, intentando
analizar factores que vuelven al adolescente un ser particular e individual.
Consideramos importante destacar el último punto que retoma el artículo de la OMS
respecto a la salud del adolescente: “Los padres, los miembros de la comunidad, los
proveedores de servicios y las instituciones sociales tienen la responsabilidad de promover
el desarrollo y la adaptación de los adolescentes y de intervenir eficazmente cuando
surjan problemas” (OMS, 2017, https://cutt.ly/1nf9WT6). Lo iremos viendo a lo largo de la
asignatura, pero así como los padres, familia y comunidad pueden promover el desarrollo
y la adaptación de los adolescentes, también pueden entorpecer el desarrollo de esta
etapa.
Si bien hemos reconocido que no hay una postura unívoca para determinar qué se
entiende por adolescencia y cuáles son los criterios y las características que la identifican
como tal, tomaremos las palabras de Griffa y Moreno, quienes recuperan, a modo de
conclusión, aspectos que deben tenerse en cuenta para continuar con la lectura:
...el cambio adolescente puede ser lento o abrupto, puede variar tanto en
ritmo como en intensidad, pero requiere su tiempo para que sea
felizmente concluido. La adolescencia no puede describirse como una
mera adaptación a las transformaciones corporales, sino como un período
decisivo del ciclo vital, en el que se alcanzan tanto la autonomía
psicológica y espiritual, como se logra la inserción en el mundo social,
pero ya sin la mediatización de la familia [negritas añadidas]. (Griffa y
Moreno, 2005, p. 9).
Para pensar la adolescencia en nuestro contexto social contemporáneo, es necesario
realizar un recorrido por las consideraciones teóricas que se han realizado sobre ella a lo
largo de la historia. Hay que entender que esta no es una mera etapa de transición entre
la infancia y la adultez, sino que impone una necesaria profundización de estudio para
comprenderla como un fenómeno en mismo con sus particularidades, sus procesos y
sus cambios específicos.
MODULO 1, LECTURA 2
La idea de adolescencia ha cambiado a lo largo del tiempo, las sociedades y la cultura,
pero hasta mediados del siglo XX concordaba con la de pubertad (Griffa y Moreno, 2005).
Con el desarrollo de los estudios, se fue extendiendo el final de la adolescencia, puesto
que para determinar su duración ya no se tienen en cuenta solo elementos biológicos,
sino también sociales y psíquicos.
Jean Jaques Rousseau
Se considera a Jean Jaques Rousseau (1712-1778) el descubridor de la adolescencia de la
era moderna. Y se enfocaron en lo que sucede cuando un niño asume las
responsabilidades de un adulto.
Para Rousseau, la adolescencia tenía lugar entre los 15 y los 20 años, luego la etapa final
entre los 20-24 entendida como una etapa para un “noviazgo con la sabiduría”:
Es decir, no solo el contexto social, cultural, político y económico determina lo que se
piensa en relación con la noción de adolescencia, sino también las condiciones de vida y
supervivencia que hacen que esta etapa tome mayor o menor relieve en el marco del ciclo
vital de las personas y aquello que se espera de ellas en cada momento.
Rousseau entiende que el niño es débil y en su desarrollo adolescente reúne las
condiciones que lo fortalecen y le dan las herramientas para desenvolverse en su adultez.
Además, comprende que este proceso es inevitablemente caótico y cargado de
confusiones y destaca que es un periodo en el que la persona se abre a los sentimientos
de piedad, amistad y generosidad; también es el momento de recibir educación moral.
Rousseau entiende que el niño es débil y en su desarrollo adolescente reúne las
condiciones que lo fortalecen y le dan las herramientas para desenvolverse en su adultez.
Además, comprende que este proceso es inevitablemente caótico y cargado de
confusiones y destaca que es un periodo en el que la persona se abre a los sentimientos
de piedad, amistad y generosidad; también es el momento de recibir educación moral.
El autor identifica diferencias entre pubertad y adolescencia y entiende la primera como la
última fase de la niñez en la que el joven experimenta la pasión sexual y los sentimientos
positivos:
A los dieciséis años el adolescente ya sabe qué es padecer, porque ya ha padecido, pero
apenas sabe que también padecen otros seres, pues verlo sin sentirlo no es saberlo, y,
como he repetido infinidad de veces, el niño que no imagina lo que sufren los demás, no
conoce otros males que los suyos. Pero cuando el primer desarrollo enciende en él el
fuego de la imaginación, comienza a sufrir con sus dolores. Entonces la triste pintura de la
humanidad doliente debe despertar en su pecho la primera ternura. (Rousseau, 2005, p.
148).
Zabo coincide bastante con Rousseau
Stanley Hall
Para Hall, la adolescencia trascurre desde los 12 o 13 años hasta los 22 o 24, cuando se
muestran los rasgos más evolucionados del ser humano, que se eleva a un nivel superior y
concilia sexualidad y ética.
El autor considera la adolescencia como un segundo nacimiento, en virtud de las
transformaciones bruscas que implican estos cambios.
Hall elabora una teoría psicológica con una perspectiva darwinista es decir “de la misma
forma que la humanidad ha evolucionado a través de etapas, el individuo desarrolla unas
fases hasta llegar a
la adultez”
“Al igual que Rousseau, Hall vincula la pulsión sexual adolescente con la civilización y con
el amor a la Humanidad”
Sigmund Freud
Dijo que las transformaciones somáticas de la pubertad desencadenan los cambios
psicológicos de la adolescencia. Dichos cambios rompen con el equilibrio de la latencia y
logran su conformación normal definitiva. Para este autor la niñez y la adolescencia son
períodos filogenéticos y por ello estas etapas son necesarias y biológicamente universales.
En la adolescencia, esta noción tiene algunos cambios:
En cuanto a objeto: pasa del autoerotismo al encuentro de un objeto sexual fuera del
propio cuerpo;
bullet
En cuanto a zona: es el primado de la zona genital, que según Freud está al servicio de la
reproducción, se vuelve altruista y el objeto sobre el que caen las fantasías
(fundamentalmente, los padres) se vuelve incestuoso por lo que se debe dirigir a un
objeto exogámico.
En la adolescencia se resignificarían los sucesos acaecidos en aquella época. Esta
modificación posterior se desencadena debido a la aparición de determinada situación y
una maduración orgánica que le permite al sujeto reelaborar su experiencia anterior.
La aparición de la adolescencia está marcada por el protagonismo de la sexualidad y Freud
llegó a definirla como una segunda etapa edípica (…) La adolescencia supone para Freud el
«logro de la primacía genital y la consumación del proceso de búsqueda no incestuosa del
objeto.
Anna Freud
Destacó la vida fluctuante del adolescente y analizó la oscilación entre cualidades
antitéticas. Algunos ejemplos son: exaltación-indiferencia, actividad-pasividad, egoísmo-
generosidad y altruismo, aferrarse a lo material-espiritualismo desencarnado, soledad y
aislamiento-intensa vida grupal, sumisión ciega-rebeldía, optimismo-pesimismo,
ascetismo-descontrol afectivo, hedonismo. Otro ejemplo son los mecanismos de defensa
que se ponen en marcha ante la embestida de lo pulsional y que Sigmund Freud definía
como “aquellos medios psicológicos que el yo utiliza para solucionar los conflictos que
surgen entre las exigencias instintivas y la necesidad de adaptarse al mundo de la realidad
bajo determinadas influencias del ambiente familiar y social.” (1936). La autora describe
dos mecanismos: “la intelectualización y el ascetismo, como los principales a la hora de
controlar el incremento de la actividad pulsional ya desde la pubertad”
Mediante la intelectualización, se expresa el conflicto afectivo y su defensa a través de la
discusión teórica. Por ejemplo, la manifestación de interés por discutir el rol del Estado o
las diversas ideologías políticas y, así, ocultar en el interés intelectual su conflicto con la
autoridad y, fundamentalmente, con sus padres. Esto se debe al desarrollo logrado a
través de un mundo simbólico y las facultades intelectuales del adolescente. La
intensificación de sus energías sexuales o agresivas suele llevarlo a adherir a distintas
ideologías. Zabo bien lo menciona a esto cuando se pregunta ¿Por qué debería ser algo
malo que los adolescentes se sientan invencibles? “defendemos a capa y espada nuestras
creencias e ideologías si sentimos que es lo correcto” (Zabo, 2019) También hace mención
a esos adultos “detestables” que hablan de él y sus contemporáneos como si fuesen unos
“monstruos chupasangre”. Es decir, está constantemente este relato que da cuenta del
compromiso adolescente con una causa (incluso hasta crear un blog llamado “yo
adolescente” y plantear que es ser adolescente en esa época) y cómo esto le ayuda a
expresar el conflicto afectivo que siente, que representan también sus padres, los
docentes o incluso el noticiero.
El otro mecanismo frecuente es el ascetismo, es decir, la oposición a toda clase de placer
sexual de goce pulsional, como forma de controlar las pulsiones y consecuentemente la
descarga motora. Este es un mecanismo extremo frente a la invasión de las tendencias
impulsivas y puede ser expresado tanto en conductas que anulen este goce pulsional
(anorexia, sacerdotismo, etcétera) como en conductas de descontrol afectivo o placer
hedonista. Por ejemplo, Zabo cierra este primer relato con un claro ejemplo de ascetismo
“Si sentir significa que estamos vivos, sentir en demasía no puede ser algo malo entonces”
Erik Homburger Erikson
Erik Erikson (1902-1994), psicoanalista estadounidense que estableció que, para el
adolescente es indispensable desarrollar el sentido de identidad, puesto que se cuestiona
acerca de su futuro y se pregunta cómo y en qué contexto puede desarrollarse. Para
lograr su confianza, debe saber acerca del lugar que ocupa en el presente y el que ocupará
en el futuro. Erikson considera que el logro de este proceso es la tarea fundamental que
tiene que desarrollar el adolescente y la que le permiti salir del estado de confusión
(Griffa y Moreno, 2005).
Un concepto fundamental de este autor, planteado para favorecer el logro de la
identidad, es el de la moratoria psicosocial, a través de la cual el joven se toma un tiempo
de reflexión para integrar los elementos de la identidad y dejar para más adelante los
compromisos de la vida adulta: “es un período más de juego de roles que de realización
de proyectos” (Griffa y Moreno, 2005)
Esta moratoria es un tiempo intermedio entre la dependencia y la independencia dónde
el/la adolescente se prepara para la autonomía, mientras recibe apoyo de los padres y aún
sin la exigencia de la vida adulta. De manera explícita, Zabo cuenta esto de la moratoria
social, solo que él lo empieza a juzgar de manera escrita como si se tratase de lo que se
puede hacer y lo que no se puede hacer. El personaje está documentando todo lo que
piensa, siente y observa. ¿Por qué? sería la pregunta a la que el adolescente responde
“¿por qué no? Una especie de ensayo acerca de lo que es ser adolescente en mi época”
Arminda Aberastury
En la segunda mitad del siglo XX también nos encontramos con la labor de Arminda
Aberastury (1910-1972), psicoanalista argentina y pionera en psicología de niños y
adolescentes. Para esta estudiosa “el signo característico de esta etapa es la necesidad de
entrar y formar parte del mundo adulto” (Griffa y Moreno, 2005). Al mismo tiempo, vive
su crecimiento corporal y el desarrollo de los órganos sexuales “como la irrupción de algo
desconocido que conlleva un nuevo rol” (Griffa y Moreno, 2005, p. 21), modificándose así
su rol frente al mundo, que lo compromete con él.
“El nuevo adolescente experimenta tres tipos de pérdidas que lo abocan a un triple duelo:
la pérdida del cuerpo infantil, de la identidad infantil y de los padres de la infancia”
(Aguirre Baztán, 2009, https://cutt.ly/8nkQyl0). Tan así que nuestro adolescente del caso
práctico hace pocos días cumplió años y ya se está preocupando por su siguiente
cumpleaños “no quiere abandonar la edad que tiene ahora, que es la que siempre quiso
tener”; también escribe sus memorias, para cuando se convierta en un adulto de esos que
le molestan: “estas van a ser mis memorias, las que voy a leer con nostalgia y melancolía
el resto de mis días”.
Por regla general, ante la pérdida de una persona amada, un objeto o una abstracción
investida de líbido, el sujeto “sano” atravesará una serie de etapas del llamado duelo
normal, es decir dolor (el sujeto se refugia en los recuerdos y pierde el interés por el
mundo exterior), renuncia (al objeto y se readapta a la vida sin este) y resignificación
(busca nuevos objetos donde redireccionar esta líbido). Sin embargo, así como hay un
duelo normal, también los hay patológicos, y el sujeto entra en un estado melancólico
donde esa líbido no puede ser redireccionada y deja de interesarse por el mundo exterior
al mismo tiempo que pierde la estima en mismo.
Mauricio Knobel
El doctor Mauricio Knobel (1922-2008), quien compartió parte de su obra con Aberastury,
consideró a los adolescentes los receptores de una gran cantidad de fenómenos sociales
patológicos y entendió que la sociedad deposita en ellos aspectos que rechaza del mundo
adulto y eso los vuelve vulnerables y los pone en riesgo.
El autor planteó que los adolescentes tienden a llevar a cabo las transgresiones a las leyes
que los adultos solo se permiten fantasear, pero asumen un rol permisivo frente a estas.
Debido a que son una población vulnerable, los fenómenos sociales como la delincuencia,
la adicción a las drogas, la prostitución o la promiscuidad sexual suelen afectarlos en
mayor medida. Para que se produzca un cambio en ellos, deben producirse
modificaciones en el mundo adulto, que es el encargado de contribuir a estas situaciones,
cuando, por ejemplo, les provee drogas, los explota laboralmente o los introduce en la
prostitución (Aberastury y Knobel, 1991).
Knobel sostuvo que este periodo debe considerarse una etapa con un bagaje biológico
individualizante, pero cuyas manifestaciones adquieren características particulares, en
función de la época y el lugar en los que se manifiestan (Aberastury y Knobel, 1991). En el
capítulo 2 de su libro, el autor se refiere a lo que considera normal y patológico en la
adolescencia. Este autor será retomado en el siguiente módulo para debatir sobre el
tema.
Octavio Fernández Mouján
Otro autor argentino, Fernández Mouján (1931-act.), un estudioso de la problemática
adolescente, ya hacia finales del siglo XX, establece su análisis desde un enfoque
situacional y considera elementos somáticos, psíquicos y sociales como factores que
intervienen en esta etapa. Además, destaca la importancia de los duelos en este momento
evolutivo y hace mención a que el adolescente no solo es sujeto, sino también un objeto
de duelo, ya que los adultos también duelan al niño que ya no tienen. El autor también
manifiesta el conflicto que se genera entre el adolescente y su mundo externo, ya que
abandonar una posición les provoca sufrimiento.
Según Fernández Mouján, los cambios que debe afrontar corresponden al área corporal,
social y de la mente. En cuanto a lo corporal, irrumpen varios estímulos desde su cuerpo;
en el área social, debe asumir nuevos roles y ser receptor de mensajes indirectos, y en el
área de la mente, el adolescente debe abandonar sus identificaciones infantiles. Todos
estos cambios hacen que estas nuevas situaciones no encuentren límites ni relaciones
definidas; por eso, el joven debe atravesar un período de confusión que lo lleva a
preguntarse quién es él y cuál es su identidad (Fernández Mouján, 1993) o, como se lo
pregunta Zabo, “¿Qué es un adolescente?”.
Si bien existen numerosos estudios que reflexionan sobre esta etapa del ciclo vital, de los
autores citados nos interesa recuperar sus estudios sobre la especificidad de este periodo
en relación con la infancia, la pubertad y la adultez, según cada abordaje. Entre ellos
existen discordancias, como en el caso de Aberastury o Erikson respecto de algunos
puntos de la teoría freudiana. Sin embargo, todos han echado luz sobre lo que
entendemos como adolescencia y hoy nos permiten considerarla un objeto de estudio
específico en el campo de la psicología evolutiva.
Analizar el crisol de teorías nos permite tener herramientas para reflexionar sobre el
adolescente de la época posmoderna (que es el que nos convoca) y tener en cuenta que
este contexto determina, de un modo u otro, que la adolescencia se de una manera
diferente y con ciertas particularidades, que son independientes a la etapa evolutiva del
joven. Bien lo dice Zabo también: “ninguno de ellos [padres, profesores, adultos] puede
hablar a ciencia cierta acerca de lo que es ser adolescente. No solo porque parece que lo
olvidaron, sino porque lo fueron en una época totalmente diferente a la nuestra” (Zabo,
2019)
Modulo 1 Lectura 3
Larga adolescencia de este siglo
Por Mario Pujó *
El término “adolescencia” designa una categoría etaria de límites imprecisos y
características variables, que abarca el período de la vida que cada individuo transita entre
la infancia y la edad adulta. Se trata de una construcción cultural, históricamente fechada,
cuyo surgimiento se remonta a la introducción en el proceso productivo de determinadas
innovaciones técnicas que, al sustituir progresivamente una parte del trabajo manual,
arrojan al desempleo en primer lugar y privilegiadamente a los más jóvenes.
Su atávica estigmatización proviene seguramente de esa forzada marginación laboral, que
jalona también el nacimiento contemporáneo de la delincuencia juvenil. Obligados a
postergar el acceso a un trabajo remunerado y a posponer, con él, la decisión del
matrimonio (que en el Medioevo sancionaba el paso a la adultez), un período de
instrucción se instituye desde entonces para los “que están en situación de crecer”. La
formación en instituciones educativas y la prolongación de su permanencia en el seno del
grupo familiar delimitan las coordenadas donde la adolescencia irá encontrando los rasgos
que la especifican como entidad dentro del rango más amplio de la juventud.
Por cierto, las diferencias etarias fueron siempre discriminadas y nominadas de manera
distintiva en la historia de Occidente desde la Antigüedad. Lo que varía a lo largo de los
siglos es su definición y, sobre todo, su valoración cultural. En el siglo XVIII, el individuo
ocupa el centro de la escena social, de cuyo entramado se recorta como una voluntad
emprendedora y económicamente activa. El adulto encarna el exponente acabado de ese
ideal, y los niños quieren ser grandes como él. El siglo XIX efectiviza la retracción del grupo
familiar sobre su núcleo fundamental y el niño pasa a ubicarse en el núcleo de ese núcleo.
El adulto se posterga y se sacrifica en pos de ese ideal de infancia protegida, his majesty
the baby, de que nos habla Freud. El siglo XX consagra la adolescencia, demonizada e
idealizada al mismo tiempo, como una entidad que contagia progresivamente muchas de
sus particularidades al resto de la sociedad. Ella se consolida hacia final de siglo como un
nicho de mercado determinante, con pautas de consumo que marcan la moda. Un agente
social privilegiado: de consumo, no de producción.
¿Y el siglo XXI? Comprobamos que la adolescencia no sólo se prolonga sino que, además,
se alarga: tiende a recubrir el espacio etario de toda la sociedad, perforando los límites de
sus dos extremos. Para abajo, porque los rasgos que la identifican, en su estética
distintiva, se manifiestan mucho antes de la pubertad; se habla entonces de
“preadolescencia”. Para arriba, porque el adolescente se presta perfectamente a encarnar
ese ideal de “disfrutar la vida mientras viva”, que evidencia gobernar nuestra subjetividad.
El platillo de los derechos supera holgadamente el peso de los deberes en la balanza de lo
que nuestra época reconoce como responsabilidad. Lo que Lacan llamó “el niño
generalizado” deviene así un modo no incauto de nombrar esa adolescentización cultural
propia de nuestra peculiar modernidad.
Siendo un hecho de cultura, la adolescencia no podría aspirar a una
descripción estructural de alcance universal, como lo hace la pubertad.
Porque la adolescencia no se apoya ni se sostiene en un hecho biológico,
sino que se manifiesta, esencialmente, como un conjunto de expresiones
culturales. Una estética de desafío, de conformismo, de novedad, que varía
con el tiempo y la geografía, se dibuja o desdibuja con la clase social. Un
rayo que se ilumina y se oscurece, cada vez, con su propia luz. Expresión de
su propia transitoriedad, la adolescencia está íntimamente ligada a su
presente.
Determinantes culturales del comienzo y fin de la adolescencia
Lección 2 de 4
El inicio de la adolescencia está signado por una serie de cambios de características
espectaculares que se hacen muy notables, ya que el ritmo de crecimiento de la niñez es
diferente. Todos los seres humanos pasan este periodo a determinada edad, pero no
siempre los cambios físicos se dan de la misma manera y esto depende no solo de la edad,
sino también del estado de salud general de la persona.
Respecto al fin de la adolescencia, no es un periodo que esté determinado por un hecho
puntual o un conjunto de signos que dan cuenta de los cambios que lo movilizan, como
parecería ocurrir al comienzo. Una de las dificultades es situar la etapa en un tiempo
cronológico del ciclo vital (Griffa y Moreno, 2005) y, a pesar de separarse en fases según la
edad, también se sitúa en tiempos lógicos según el trabajo psíquico que esté realizando la
persona. A su vez, según la época y/o la sociedad en dónde este adolescente al fin de esta
etapa vital se encuentre, el criterio para determinar su finalización puede relacionarse con
indicadores tales como: la inserción laboral, la responsabilidad jurídica, la separación de
los padres, el casamiento o el logro de un título universitario.
Los aspectos específicos de las fases de la adolescencia (inicial o baja, media o
propiamente dicha, final o alta) los veremos en el módulo 3, y durante el módulo 2 iremos
adentrándonos en algunos aspectos mencionados en la lectura 1. No obstante, en vistas
de la adolescencia como fenómeno multivariable, en esta lectura nos detendremos en
aspectos relacionados a la historia de la adolescencia y su correlato cultural.
Aguirre Baztán (2009) nos cuenta que la adolescencia como tal, es una “invención”
occidental, ya que en “sociedades no desarrolladas” es un tránsito representado en ritos
de iniciación (desde la infancia hacia la adultez).
La formación del adolescente para la vida adulta, tan presente en los ritos iniciáticos, ha
sido dejada un tanto a suerte y las evaluaciones se centran solamente en el rendimiento
cognitivo, separado de la tarea de la búsqueda de identidad y de la construcción de la
personalidad madura. (Aguirre Baztán, 2009, https://cutt.ly/8nkQyl0).
Pensamiento que también comparte el autor de la nota periodística, ya que desde este
punto comienza a escribir “el término adolescencia… se trata de una construcción cultural,
históricamente fechada” (Pujó, 2010, https://cutt.ly/LnkEOX8).
Cultura
La adolescencia, hasta mediados del siglo XX, fue considerada solo como un paso hacia el
mundo adulto. Se la hacía coincidir con la pubertad y duraba muy poco, uno o dos años.
Incluso, en algunas culturas en las que hay ritos de iniciación, el tiempo de pasaje es
equivalente a la duración de los rituales, ya sea semanas, meses o un solo acto corto. Los
ritos de iniciación son usados en algunas culturas en las que, mediante alguna ceremonia,
se representaba el paso de la niñez a la vida adulta, las niñas se convertían en mujeres y
los niños en hombres. Esas costumbres eran compartidas y aceptadas por toda la
comunidad.
Margaret Mead (antropóloga), realizó una investigación sobre la adolescencia en Samoa y
la describe como un proceso no traumático, diferenciándola así de la adolescencia del
mundo occidental. Los adolescentes de Samoa viven este paso por la “adolescencia”
cuidando de los más pequeños mientras los más grandes los cuidan a ellos: “todos tienen
una responsabilidad en la cadena familiar. Mientras que, entre nosotros, se pasa
bruscamente de la sumisión a la dominación, de la traumática sumisión al padre hasta la
estresante responsabilidad de fundar una familia” (Aguirre Baztán, 2009,
https://cutt.ly/8nkQyl0), es decir, implica una crisis y un estrés emocional, lo que también
hace que sea un proceso con un alto gasto psíquico.
Es por esto que, para Mead, la adolescencia no es un desarrollo biológico de carácter
determinista sino una configuración cultural y cada cultura construirá su adolescencia, por
lo que estudiarla requiere un análisis transcultural (Aguirre Baztán, 2009). Esta postura
antropológica se opone al biologismo de Freud y Hall, ya que en ella la sintomatología
adolescente o las psicopatologías, al igual que su etiología, tendrían elementos
particularmente culturales.
Si bien es cierto que a nivel biológico todos los adolescentes “naturalmente” atraviesan
una serie de cambios físicos, en cada cultura son exacerbados o minimizados de diferentes
maneras. Por ejemplo ¿cómo se explica que en nuestra sociedad se ponderen los cuerpos
de las jóvenes muy delgadas? En su nota, Pujó trae a mención cómo esto podría influir en
el “comienzo” de la pubertad: “la estética distintiva, se manifiestan mucho antes de la
pubertad” (2010, https://cutt.ly/LnkEOX8). La delgadez puede demorar o dejar truncados
los fenómenos de la pubertad y, por otro lado, hace que lo esperable, como el
ensanchamiento de caderas en las mujeres, sea vivido de una manera terrible, ya que es
tomado como signo de gordura y no de maduración sexual. En otra época ese “signo”, hoy
asociado a la gordura, era un signo de fertilidad. La diferencia se sostiene también en las
expectativas de vida, que hace tiempo determinaban que una mujer de 16 años sin
casarse y sin hijos iba a quedar sola por el resto de su vida (hasta los 40 años, por
ejemplo), mientras que hoy la expectativa de vida es mayor y las responsabilidades van
cambiando. Por ejemplo, hoy consideramos que una mujer embarazada a los 16 años es
un problema social, ya que debe “crecer más rápido” y, en algunos casos, abandonar sus
estudios.
Pujó nos recuerda que “las diferencias etarias fueron siempre discriminadas y nominadas
de manera distintiva en la historia de Occidente desde la Antigüedad” (2010,
https://cutt.ly/LnkEOX8), y allí realiza un brevísimo recorrido por algunos siglos con las
características respectivas y la valoración cultural que le dan a la adolescencia.
Entonces, ¿es el fenómeno biológico determinante del comienzo de la adolescencia? Si y
no, ya que cada cultura también le dará una significación especial a estos cambios
físicos/biológicos. Concomitantemente, esto afecta la formulación de los estadios o fases
de la adolescencia, como bien vimos en la lectura anterior y las diferentes posturas
teóricas. Muus afirma al respecto que
En las culturas occidentales, la sociedad intensifica estas etapas de desarrollo a través de
instituciones sociales, organizadas en derredor de las mismas: grados escolares, ciclos de
enseñanza y el concepto legal y moral de "minoría de edad". El paso de un nivel de edad o
de escolaridad al siguiente, trae consigo cambios de conducta socialmente esperados.
Dichos cambios son frecuentemente, de índole discontinua, especialmente los de la
adolescencia, cosa que confirmaría la teoría de las etapas evolutivas. (Aguirre Baztán,
2009, https://cutt.ly/8nkQyl0).
Otro ejemplo en nuestra cultura y aquellas mediadas por tecnología es la influencia que
esta tiene sobre los procesos del desarrollo. Es una variable de exploración en la
adolescencia de la postmodernidad. Si bien exploraremos en profundidad la
postmodernidad en el módulo 2, veamos algunos aspectos: Arnett (2008) afirma que hay
evidencia de la influencia de la tecnología en el inicio de la pubertad, ya que existen
registros históricos que prueban una tendencia secular: la edad promedio de la menarquía
o primera menstruación disminuyó en los últimos 150 años en los países occidentales.
Familia y sociedad

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