persecutoria. La primera causa externa de ansiedad puede hallarse en la
experiencia del nacimiento, que marca las primeras relaciones del bebe con el
mundo exterior. La pérdida del estado intrauterino es sentido como un ataque
de fuerzas hostiles, como persecución. La ansiedad persecutoria entra desde
un principio en la relación del bebe con los objetos, en la medida en que está
expuesto a privaciones. Las primeras experiencias del lactante con el alimento
y la presencia de la madre inician una relación de objeto con ella, esta relación
es una relación con un objeto parcial, porque las pulsiones oral – libidinales y
oral – destructivas están dirigidas desde el principio de la vida hacia el pecho
materno. El equilibrio de hambre y tensión se altera cada vez que, debido a
privaciones de origen interno o externo, donde las pulsiones agresivas son
reforzadas. Esta alteración es causa de la emoción de la voracidad la cual es
de naturaleza oral. En los niños con el componente agresivo fuerte, la ansiedad
persecutoria, la frustración y la voracidad se despiertan fácilmente y esto
contribuye a las dificultades para tolerar la privación y manejar la ansiedad. La
fuerza de las pulsiones destructivas en su interacción con las pulsiones
libidinales suministraría la base de la intensidad de la voracidad.
Las vivencias de gratificación y frustración son estímulos de las pulsiones
libidinales y destructivas, en la medida en que gratifica, el pecho es amado y
sentido como “bueno”, y en la medida en que es fuente de frustración, es
odiado y sentido como “malo”. Esta antítesis se debe a la falta de integración
del yo, así como a los procesos de escisión dentro del yo en relación con el
objeto. El pecho de la madre para estar unido a su presencia corpórea, y su
relación con ella como persona se construye gradualmente a partir de este
primer estadio.
Doble relación con el objeto primitivo, el lactante proyecta sus pulsiones de
amor y las atribuye al pecho gratificador, así como proyecta sus pulsiones
destructivas al exterior y las atribuye al pecho frustrador. En esta forma la
imagen del objeto se distorsiona en la mente del lactante por sus fantasías,
ligadas a la proyección de sus pulsiones sobre el objeto.
El pecho bueno llega a ser el prototipo de todos los objetos protectores y
gratificantes, el pecho malo, el prototipo de todos los objetos perseguidores. La
liberación de la incomodidad y tensión, la liberación de privaciones y la
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