Studocu no está patrocinado ni avalado por ningún colegio o universidad.
Resumen parte 3
Psicología Evolutiva I (Universidad Nacional de La Plata)
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Resumen parte 3
Psicología Evolutiva I (Universidad Nacional de La Plata)
Descargado por Eugenia santillan ([email protected])
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TERCERA PARTE: Aspectos del desarrollo en la infancia.
Contribuciones conceptuales a la Ps. Evolutiva.
Unidad 7: El desarrollo emocional. El establecimiento del objeto
libidinal. Aportes de Margaret Mahler y Rene Spitz.
Mahler, Margaret – El nacimiento psicológico del infante humano.
Capítulo 1: Enfoque general.
Se pueden distinguir dos tipos de nacimiento humano: el biológico
(acontecimiento observable) y el psicológico (proceso intrapsíquico), estos
coinciden en el tiempo.
Proceso de separación-individuación: refiere al nacimiento psicológico del
individuo, consiste en el establecimiento de un sentimiento de separación
respecto al mundo real y se relación con él, particularmente con respecto a la
experiencia del propio cuerpo y el objeto primario de amor (representante del
mundo exterior). El niño se enfrenta continuamente con la amenaza de pérdida
de objetos que cada fase trae consigo; se puede diferenciar entre el proceso de
separación (emergencia del niño de una fusión simbólica con la madre) y el
proceso de individuación (logró que jalonan la Asunción por parte del niño de
sus propias características individuales) , aunque no dejan de ser
complementarios; están entrelazados con los procesos evolutivos (desarrollo
prematuro locomotor -> niño separarse madre ->conciencia prematura del
estado de separación ->antes de los mecanismos interno de regularización).
La teoría psicoanalítica plantea dos problemas:
Adaptación: al trabajar con niños la idea de adaptación se impone
forzosamente el observador. El niño se moldea y despliega en la matriz dual
de la unidad madre -Infante; desde el punto de vista metapsicológico, este
enfoque es dinámico (el conflicto entre impulso y defensa) saques mucho
menos importantes en los primeros meses, que en su etapa posterior. La
exigencia de la adaptación satisface la capacidad que tiene el infante de
dejarse conformar por su ambiente y amoldarse a ese ambiente.
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Relación a objetal: en los primeros estudios psicoanalíticos, el desarrollo de
la relación objetal dependía de los impulsos (conceptos como el narcisismo,
ambivalencia, sadomasoquismo, triángulo de edípico, etc.).
La autora refiere al desarrollo de la relación, aunque tal a partir del
narcisismo en paralelo con la historia vital del yo. Como la relación objetal
se desarrolla a partir del narcisismo simbiótico primario, y se altera en
paralelo con el logro de separación e individuación, y como a su vez, el
funcionamiento del yo y el narcisismo secundario se desarrollan a partir de
la relación narcisista y más tarde objetar con la madre.
Por separación se entiende al logro intrapsíquico de un sentimiento de
separación de la madre, por ende, del mundo en general. En el curso normal, la
separación física real contribuye al sentimiento que adquiere el niño es ser una
persona separada.
Por simbiosis se entiende al hecho conductual (es un estado inferido) que
constituye un rasgo de la vida cognitivo-afectiva en que no ha ocurrido en la
diferenciación entre sí mismo y la madre.
Función catalizadora de la maternación normal: la madre ocupa un rol
específico, facilita no sólo la separación del niño, sino también el moldeamiento
específico de su personalidad en el proceso de individuación.
La conducta afecto-motriz (gestual) de todo el cuerpo del niño pequeño
sirvieron como importantes guías al proporcionar muchas claves de fenómenos
que encontramos a través de la comunicación verbal en estadios posteriores
(claves de eventos intrapsíquicos).
Capítulo 3: Los preludios del proceso separación-individuación.
Fase autística normal:
Hay una relativa ausencia de catexia de los estímulos externos; la función de
este periodo es encargarse sobre todo en términos fisiológicos, es decir, estar
protegido de estímulos externos. Parece hallarse en una situación de
desorientación alucinatoria primitiva: la satisfacción de necesidades parece
pertenecer a la propia orbita incondicionada, omnipotente y autística.
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El rol que ocupa “la madre” es importante, debido a que saca gradualmente al
infante de su tendencia innata a la regresión vegetativa y promueve la
consciencia sensorial del ambiente y el contacto con él; en términos catéxicos,
debe ocurrir un desplazamiento progresivo de la libido desde dentro del cuerpo
hacia fuera.
En el pasaje de una fase a otra, se pueden distinguir dos estadios: narcisismo
primario absoluto (falta de Cc. Del infante de la existencia de un agente
maternante, autismo normal) y narcisismo primario en la fase simbiótica
incipiente (oscura Cc. De que no puede proveer la satisfacción necesaria, sino
que proviene de algún lugar fuera de si-mismo).
La tarea de la fase autística implica el logro del equilibrio homeostático del
organismo dentro del nuevo ambiente extrauterino por medio de mecanismos
predominantemente somato-psíquicos-fisiológicos.
Comienzo fase simbiótica:
La vida de vigilia del neonato se centra entorno de sus continuos intentos de
lograr la homeostasis.
Al comienzo de esta fase, el infante se comporta y funciona como si él y su
madre constituyeran un sistema omnipotente, una unidad dual dentro de un
límite unitario común; el caparazón autista que excluye los estímulos externos
comienza a resquebrajarse: hay un giro catéxico hacia la periferia sensorio-
perceptiva, lo que implica que comienza a formarse y envolver la órbita
simbiótica de la unidad dual madre-hijo, un escudo contra estímulos que es
protector, pero también es receptivo y selectivo.
Es importante destacar que en la simbiosis el “yo” no está diferenciado del “no-
yo” y en el que lo interno y lo externo solo están llegando en forma gradual a
ser sentidos como diferentes (la catexia libidinal invertida en la órbita simbiótica
reemplaza a la barrera instintiva innata).
Esta fase tiene como rasgo esencial la fusión somato-psíquica omnipotente,
alucinatoria o delusiva, con la representación de la madre y, en particular, que
existe un límite común entre dos individuos físicamente separados.
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Como observable podemos destacar la sonrisa social (o respuesta
inespecífica), la cual señala la entrada en el estadio de la relación con un
objeto que satisface necesidades; si bien prevalece aún el narcisismo primario,
en esta fase no es tan absoluta como en la fase anterior, el infante comienza
oscuramente a percibir la satisfacción de sus necesidades como algo que viene
de algún objeto-parte que lo satisface.
Las sensaciones internas del infante constituyen el núcleo de si-mismo, la
madre aparece como un “yo auxiliar”, lo que implica una conducta de
sostenimiento por parte de ella, es el organizador simbiótico, el partero de la
individuación: nacimiento psicológico.
La principal característica de esta dase es el aumento perceptual y afectivo por
parte del infante, reconoce estímulos que provienen del exterior, pero no los
reconoce como tal; la catexia de la madre es el principal logro, aunque esta
aparece como objeto parcial.
AUTISTICA NORMAL SIMBIOTICA NORMAL SEPARAC-INDIVID
Anobjetal
consolidación postnatal
del desarrollo fisiológico
extrauterino.
Pre-objetal capacidad
filogenética del ser
humano de invertir a la
madre dentro de la
unidad dual.
Objetal continuo
aumento de la Cc. De
separación de si-mismo
y del otro.
Organizadores simbióticos del nacimiento Ps. (pautas de sostenimiento de la
madre): Sonrisa específica, ejercitación locomotriz, la negación.
Capítulo 4: La primera sub-fase: la diferenciación y el desarrollo de la
imagen corporal.
4 a 5 meses de edad.
Aquí aparecen fenómenos conductuales que parecen indicar el comienzo de la
primera sub-fase: el infante pequeño se ha familiarizado con la mitad
maternante de su yo simbiótico, como lo indica la sonrisa inespecífica (en
términos de Spitz, a esto se lo llama receptividad cenestésica); esta sonrisa se
va transformando en especifica (referencial) de sonrisa a la madre (es un signo
de que se ha establecido un vínculo especifico entre el infante y la madre).
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Ruptura del cascarón: consiste en una evolución ontogénica gradual del
sensorio, que permita el Infante tener un sensorio más permanentemente alerta
cuando está despierto; aparece una apariencia nueva de alerta, insistencia, y
orientación hacia fines.
6 meses.
Comienzan los intentos de experimentar con la separación-individuación, por
ejemplo, tirar el cabello, orejas, nariz de la madre. Hay signos definidos de que
el bebé comienza a diferenciar su propio cuerpo de su madre (pautas
exploratorias).
Objetos y situaciones transicionales: las pautas de sedación estimulación
propuestas por la madre cómo son adoptadas por el Infante a su propio modo
(pauta transicional). En este periodo aparece, por ejemplo, la pauta de
verificación cómo la cual implica la verificación de la madre como signo
importante del comienzo de la diferenciación somato psíquica; también
aparecen reacciones y ansiedad ante los extraños con el afán de averiguar
acerca de ellos.
La actitud de la madre tiene también que adaptarse en todo el curso del
proceso de separación-individuación.
Finales del primer año.
Los procesos intrapsíquicos de separación e individuación siguen dos carriles:
por un lado, de la autonomía intrapsíquica (percepción, memoria, cognición), y
por otro, la separación (diferenciación, distanciamiento, formación de límites).
Capítulo 5: La segunda sub-fase: Ejercitación locomotriz.
La sub-fase de diferenciación se superponen con el periodo de ejercitación
locomotriz. Se pueden distinguir dos fases de ejercitación; la primera, más
temprana capacidad del infante de alejarse físicamente de la madre gateando,
trepando y/o agarrando. Y una segunda fase, caracterizado por la locomoción
vertical libre.
Se pueden distinguir tres desarrollos que contribuyen a que el niño haga sus
primeros procesos hacia la consciencia de separación-individuación:
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diferenciación corporal con la madre, establecimiento de un vínculo especifico
con ella, desarrollo de los aparatos autónomos del yo en estrecha proximidad.
La capacidad locomotriz amplia el mundo del niño; determina alejamiento y
cercanía con la madre y le da la oportunidad de explorar el mundo exterior. La
distancia optima, en esta sub-fase temprana, parece ser lo que permite al
gateador en movimiento y explotación, la libertad y oportunidad de realizar tales
actividades a cierta distancia física de su madre: ella es necesaria como punto
estable, que satisface la necesidad de reabastecimiento mediante contacto
físico.
Esta sub-fase propiamente dicha, implica que el deambulador da el paso
máximo a la individuación humana. La catexia libidinal se desplaza
sustancialmente y pasa al servicio del yo autónomo en rápido desarrollo y de
sus funciones, además, el narcisismo alcanza su nivel máximo: investidura
libidinal de sus propias funciones, de su propio cuerpo y los objetos y objetivos
de la realidad.
La locomoción libre ocupa un lugar importante ya que proporciona un enorme
aumento de descubrimientos y pruebas de realidad del mundo mediante su
propio control y dominio mágico. La marcha parece tener un gran significado
simbiótico tanto para la madre como para el deambulador; la actitud que la
madre tome parece importante para el desencadenante del sentimiento de
seguridad en si-mismo que experimenta el niño.
Capítulo 6: La tercera sub-fase: Acercamiento.
Con la adquisición de la locomoción libre y con el logro, que le sigue de cerca,
de ese estadio del desarrollo cognitivo que Piaget considera el comienzo de la
inteligencia representacional; estos dos organizadores constituyen los parteros
del nacimiento psicológico:
Primer nivel de identidad (entidad individual separada): interés aparentemente
constante en determinar dónde está la madre, y por una conducta activa de
acercamiento; mientras más Cc. De separación, más deseo que la madre
comparta con él todas sus nuevas necesidades y experiencias, así como el
amor objetal.
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Conducta del deambulador: El seguimiento y huida de la madre, indican el
deseo de reencuentro como el temor de que ese objeto se lo reabsorba; la
comunicación verbal se hace cada vez más necesaria, ya que, el niño se da
cuenta gradualmente de que sus objetos de amor son individuos separados
con sus propios intereses (crisis del acercamiento).
El comienzo del acercamiento: Es un signo conductual de esta nueva manera
de relacionarse, implica traer continuamente cosas a la madre, llenarle el
regazo de objetos. Junto con la incipiente Cc. De separación, el niño llegaba a
comprender que sus deseos no siempre eran los de la madre.
El niño comienza a desarrollar relaciones con otras personas del ambiente,
aparte del padre con la madre (hay una relación conflictiva con el padre). La
hiperactividad y la inquietud pueden considerarse en este caso, actividad
defensiva temprana contra la Cc. Del penoso estado afectivo de tristeza;
aparecen maneras activas de lidiar con la ausencia de la madre (adultos
sustitutos o juegos simbólicos).
Crisis de acercamiento (18 a 24 meses): aparece un sentimiento de
ambivalencia característica de los niños que están en la mitad de la sub-fase
de acercamiento (sentimiento de grandeza y temor a la perdida de objeto de
amor).
Es característico de esta fase tomar a la madre como una extensión, negando
así el sentimiento de separación; en algunos casos vuelve a surgir la reacción
frente a extraños.
Modelamiento del acercamiento: la distancia optima (21 meses): Surge una
disminución de la lucha por el acercamiento, el deambulador aprovecha más su
espacio óptimo. Aparecen elementos crecientes de la individuación que
posibilitan la capacidad de funcionar a distancia: el desarrollo del lenguaje, la
capacidad de nombrar objetos, el uso del pronombre personal “yo”, el proceso
de internalización (comienzo del superyó), el juego simbólico (capacidad de
expresar deseos y fantasías). El desarrollo posterior era mucho más individual
y especifico de cada niño.
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Comienzo de la identidad sexual: El niño descubre su pene mucho antes de la
locomoción vertical; el descubrimiento en la niña mostraba algo que ella misma
carecía y eso generaba ansiedad, desconfianza.
El temor de perder el objeto de amor va en paralelo con las reacciones
extremadamente sensibles a la aprobación y desaprobación de sus
progenitores.
El resultado clínico de las crisis de acercamiento va a ser determinado por: el
desarrollo hacia la constancia de objeto libidinal, traumas por sobre tensión o
shock, ansiedad de castración, destino del complejo de Edipo, crisis evolutiva
de la adolescencia.
Capítulo 7: La cuarta sub-fase: La consolidación de lo individual y los
comienzos de la constancia objetal emocional.
La tarea principal de esta sub-fase es doble: por un lado, el logro de una
individualidad definida y en ciertos aspectos vitalicia; y por el otro, el logro de
un cierto grado de constancia objetal.
El si-mismo (self): hay una estructuración de gran alcance del yo y se producen
algunos signos definidos de internalización de exigencias parentales (formación
de precursores del superyó).
Constancia objetal afectiva: hay una gradual internalización de una imagen
constante positivamente catexiada de la madre: Surge a partir del desarrollo
cognitivo (objeto permanente) y del desarrollo de la personalidad, lo que
provoca un sentimiento de estabilidad para el yo.
Esta cuarta sub-fase se caracteriza por el despliegue de funciones cognitivas
complejas, como la comunicación verbal, la fantasía y la prueba de realidad. El
establecimiento de representaciones mentales del yo como algo separado de
las representaciones de los objetos, prepara el camino para la formación de la
autoidentidad.
Spitz, Rene – El primer año de vida del niño
Capítulo 1: Introducción teórica.
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La mayor parte del primer año de vida está dedicado a esforzarse por
sobrevivir y a formar y elaborar dispositivos de adaptación que sirvan para
conseguir sus metas. El lactante esta desamparado, siendo incapaz de
conservarse vivo por sus propios medios. Todo aquello de que carece el
infante, lo compensa y proporciona la madre; esta atiende a todas sus
necesidades, obteniendo como resultado una relación complementaria (diada).
El crecimiento y el desarrollo, en el sector psicológico, dependen
esencialmente del establecimiento y despliegue progresivo de relaciones de
objeto cada vez más significativas, es decir, relaciones sociales.
Se entiende por neonato a un organismo psicológicamente indiferenciado,
venido al mundo con un equipo congénito y ciertas invenciones. Este
organismo carece aún de consciencia, de percepción, de sensación y de todas
las demás funciones psicológicas (Cc. El Icc.).
Se distinguen dos procesos:
Maduración: despliegue de las funciones de la especie, producto de la
evolución filogenética y, por lo tanto, innatas, que emergen en el transcurso
del desarrollo embrionario.
Desarrollo: Aparición de formas, de función, del medio interno y externo.
Factores congénitos: aquello con que el recién nacido está dotado y que lo
hace único.
Factores ambientales: génesis de las primeras relaciones de objeto, las
relaciones entre madre-hijo. Entre las peculiaridades de esta relación, se
encuentra la de un estado de desconexión social, un lazo puramente biológico,
que se va transformando progresivamente hasta formar los primeros lazos
sociales.
En la etapa biológica las relaciones con el feto son puramente parasitarias.
Pero en el transcurso del primer año de vida, la criatura pasara por una etapa
de simbiosis psicológica con la madre, desde la cual ganara gradualmente la
etapa siguiente. Esta relación es asimétrica, el neonato al nacer carece de
personalidad organizada comparable a la del adulto; no existe iniciativa
personal, ningún intercambio con el medio circundante, salvo el que consiste
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en la madre, la cual es vista como parte de la totalidad de necesidades y su
satisfacción. En cambio, el medio circundante el adulto está constituido por
factores numerosos y extremadamente diferentes, por una diversidad de
individuos, grupos y cosas inanimadas.
Objeto libidinal: puede variar a lo largo de la vida; se describe primordialmente
en términos conceptuales de su génesis, su historia.
Capítulo 5: El precursor del objeto.
La respuesta sonriente:
Con el segundo mes de vida, el rostro se convierte en un percepto visual
privilegiado, preferido a todas las demás cosas del medio circundante del
infante. Sobre el tercer mes, este “volverse hacia” culmina en una respuesta
nueva: ahora responderá al rostro del adulto con una sonrisa; esta es la
primera manifestación de conducta activa, dirigida e intencional, la primera
indicación del tránsito del infante desde la pasividad completa al comienzo de
la conducta activa.
Anterior a esto, los niños no sonríen con certeza a nadie, luego de los seis
meses, reservan esta respuesta para las personas conocidas (objetos de
amor).
La primera sonrisa responde a una Gestalt del rostro, no indica una verdadera
relación de objeto. Ha de denominarse pre-objeto, ya que no poseen
cualidades de objeto libidinal, ni atributos propios; solo reconoce atributos
secundarios, externos y no esenciales.
A partir de los seis meses, el infante empieza a transformar lo que era solo una
Gestalt signo, en un objeto de amor individual y único. Este es el indicador
visual externo del proceso intrapsíquico de la formación de objeto. La Gestalt
signo que el niño reconoce a los tres meses, es transición desde la percepción
de cosas al establecimiento del objeto libidinal, el cual se distingue por haber
sido dotado de cualidades esenciales en el intercambio mutuo entre la madre y
el hijo; es investido progresivamente por la catexia libidinal (historia particular).
De la percepción pasiva a las relaciones de objeto activas:
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Desde el comienzo de la vida es la madre la que media en toda percepción,
acción, intuición, conocimiento. Mediante la instrumentalidad materna, habrá
separado una entidad significativa en el caos de las cosas sin significación del
medio circundante. Debido a los intercambios afectivos constantes, esta
entidad, asumirá para el niño un significado siempre creciente.
Es la voz de ella la que brinda al infante el estímulo acústico vital, que es
requisito previo para el desarrollo de la palabra; la adquisición de la palabra nos
proporciona también información ulterior acerca del tránsito del infante desde el
estado de pasividad hasta la actividad en que descarga, como tal, se convierte
en fuente de satisfacción. La actividad en la forma elemental de la actividad del
juego empieza a contribuir en el desarrollo.
Cuando el infante empieza a distinguir entre sonidos propios y los del medio,
aparecen las primeras actividades en que el infante experimenta su
omnipotencia. La vocalización, como tal, tiene calidad de descarga, de
reducción de tensión, de placer. Después de los seis meses utilizara esta
experiencia al imitar los sonidos que oye de la madre.
Esta secuencia ilustra también la transición desde el nivel narcisista, en el que
el infante se toma a mismo como objeto, al nivel de relación de objeto,
propiamente dicha.
El papel del afecto en la relación madre-hijo.
Clima emocional, en la relación madre-hijo, es favorable en todos los aspectos
del desarrollo del niño. Su amor y afecto por el pequeño hacen de este un
objeto de interés incalculable para ella; y aparte, le brinda una gama siempre
renovada, enriquecida y variada de experiencias vitales, que son todo un
mundo.
Desde el punto de vista psicológico, el aparato perceptivo, aún no está
desarrollado, por eso la actitud emocional de la madre, su afecto, servirá de
orientación a los afectos del infante y conferirá a la experiencia de esta en
calidad de vida.
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La madre no es el único ser humano que se encuentra en el medio circundante
del infante, aunque es a partir de ella que se transmite al mismo. En la relación
madre-hijo, la madre representa lo dado del medio (o el medio en sí).
Significación teórica del establecimiento del pre-objeto.
Las consecuencias y la significación del establecimiento del primer precursor
del objeto libidinal son las siguientes:
El infante se vuelve desde lo que llamamos recepción del estímulo
venido desde dentro, hacia la percepción del estímulo venido desde
fuera.
La transición es predicada de logro, ha empezado a funcionar el
principio de realidad.
Hay rastros de recuerdos, constituyen el aparato psíquico, la Cc., Prc., e
Icc.
El infante se ha vuelto capaz de desplazar las cargas catéxicas de una
función psicológica hasta otra, de un rastro mnémico al siguiente.
Se ha producido una estructuración dentro de la somato psique. El yo y
el ello se ha separado, y dicho yo rudimentario empieza a funcionar. Los
prototipos de núcleos del yo, más o menos autónomos al nacer, servirán
al neonato subsecuentemente en sus intercambios pre-objetales con la
madre. En el curso de tales interacciones serán modificados como un
resultado del investimento catéxico, dotándoles de contenido psíquico y
transformándolos en núcleos psíquicos del yo.
La función protectora de la barrera contra el estímulo corre ahora a
cargo del yo que surge: el proceso catéxico puesto en movimiento a
través de la actividad de los núcleos del yo lleva en su síntesis, dando
como resultado un yo rudimentario.
La emergencia de la respuesta sonriente inicia al comienzo de las
relaciones sociales con el hombre.
Capítulo 6: El surgimiento del organizador primero y sus consecuencias.
En embriología el concepto de organizador se refiere a la convergencia de
varias direcciones del desarrollo biológico en un lugar específico del organismo,
que influirá subsecuentemente en los procesos del desarrollo.
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Existen procesos análogos a los puntos nodales críticamente concomitantes
que se efectuaban también en el desarrollo psíquico del infante.
Durante los periodos críticos las corrientes de desarrollo se integrarán unas con
otras en varios sectores de la personalidad, así como con las funciones y
capacidades emergentes que resultan de los procesos de maduración; surge la
reestructuración del sistema psíquico en un nivel de complejidad superior,
llamado, organizador de la psique.
La respuesta sonriente como tal, es solo un síntoma visible de la convergencia
de diversas corrientes diferentes del desarrollo dentro del aparato psíquico. El
surgir de esta respuesta señala una nueva era en el modo de vida del infante,
un nuevo modo de ser.
Esos organizadores de la psique tienen una importancia extraordinaria para el
progreso ordenado y sin obstáculos del desarrollo infantil. El desequilibrio entre
el desarrollo y la maduración es favorecido gradualmente por la plasticidad de
la psique infantil.
Capítulo 8: La angustia del octavo mes. El segundo organizador.
Tres etapas en la ontogénesis de la angustia:
1) Reacción del infante al proceso de parto.
2) Periodo neonatal: manifestaciones de desagrado en circunstancias que,
más adelante pueden originar angustia. Desde el punto de vista del niño,
manifiesta incomodidad, demanda ayuda; el medio circundante ha
aprendido ya a distinguir las necesidades del niño. Este se vuelve capaz de
captar la conexión entre lo que hace y la respuesta del medio; por el tercer
mes de vida, las huellas mnémicas de una serie de señales dirigidas
quedan codificadas en su aparato psíquico.
Este proceso debe ser entendido en los términos de proposiciones de
Ferenczi sobre la etapa de omnipotencia, etapa primera del sentido de
realidad. El ser humano experimenta por primera vez el principio de
causalidad, en relación con su propio acto.
3) La angustia del octavo mes: en la reacción hacia lo desconocido, el niño
responde a algo o alguien con lo que, o en lo que, no tuvo nunca una
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experiencia desagradable. La hipótesis de que el niño responde a la
ausencia de la madre con desagrado es plausible; en esta etapa, el niño ya
más avanzado en todos los aspectos. Si reacciona en frente a lo
desconocido, es porque este no es su madre: “lo ha dejado”.
La angustia que manifiesta no es en respuesta al recuerdo de una
experiencia desagradable con el desconocido, es una respuesta de
percepción de que el rostro del desconocido no coincide con las mnémicas
del rostro de la madre.
Esta capacidad de desplazamiento catéxico sobre las huellas mnémicas,
reflejan el hecho de que la madre se ha convertido en su objeto libidinal.
El segundo organizador.
La angustia del octavo mes indica la emergencia en la psique de un segundo
organizador; esta es una nueva etapa del desarrollo infantil, en el curso del
cual, tanto la personalidad del niño como sus conductas, sufrirán un cambio
radical.
El displacer adopta la forma de angustia específica, cuando se acerca al
pequeño un desconocido. Este desagrado especifico es originado por el temor
de la perdida de la madre.
Construcción del objeto libidinal: primero, el establecimiento de la
representación del rostro humano en el sistema mnémico como un incentivo,
nos informa del surgimiento del precursor del objeto. Luego, el niño diferencia
el semblante de la madre y le adjudica un lugar único.
Capítulo 9: El tercer organizador de la psique.
El dominio del “no” es un logro de consecuencias trascendentales para el
desarrollo mental y emocional del niño; presupone haber adquirido la
capacidad primera para el juicio y la negación.
Pueden distinguirse tres factores en la conducta de la madre, cuando ella
impone una prohibición: gestos, pensamiento consciente y afecto.
En esta fase el infante es incapaz de pensar racionalmente y por eso no sabe
so la madre le prohíbe porque esta temerosa de que se haga daño, o si está
enojada porque este ha sido malo. Por lo que refiere al afecto de ella de
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