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❖ Ansiedad: el entrevistador debe seguir las ansiedades, es decir, la su propia ansiedad y
la de él mismo. También debe ser vigilada, en función de su aparición y su grado (o
intensidad), ya que puede quedar totalmente perturbada e incontrolada si sobrepasa
cierto nivel. “Entrevistado y entrevistador se enfrentan con una situación
desconocida, ante la cual no tienen todavía estabilizadas pautas reacciones
adecuadas, y
la situación no organizada implica una cierta desorganización de la
personalidad de cada uno de los participantes; esa desorganización es la ansiedad.
El entrevistado solicita ayuda técnica o profesional
cuando experimenta ansiedad o se ve
perturbado por los mecanismos defensivos frente a la misma.
Durante la entrevista se
pueden incrementar tanto su ansiedad como sus mecanismos defensivos
, porque lo
desconocido que enfrenta no es sólo la situación externa nueva, sino también el peligro de lo
que desconoce en su propia personalidad. Si estos factores no se presentan, el lograr que
aparezcan en una cierta medida en la entrevista
forma parte de la función de motivar al
entrevistado que el entrevistador tiene que llevar a cabo
.
En algunos casos, la ansiedad se
halla delegada o proyectada en otra persona, que es quien solicita la entrevista y manifiesta
interés en que la misma se lleve a cabo.”
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La ansiedad del entrevistador es difícil de manejar y es el motor del interés en la
investigación y del interés en penetrar en lo desconocido. Por lo tanto, toda investigación
necesita de ansiedad ante lo desconocido, en esto el rol del psicólogo es instrumentarla y ser
tolerante. No se debe recurrir a ningún procedimiento que la disimule o reprima, como puede
ser el apoyo directo o el consejo.
No se debe abrumar al entrevistado con conflictos que no podrá tolerar, esto corresponde con
el timing
que es el tiempo propio o personal del entrevistado, que depende del grado y tipo de
organización de su personalidad, para enfrentar sus conflictos y para resolverlos.
❖ Operar disociado: en parte actuando con una identificación proyectiva con el
entrevistado y en parte permaneciendo fuera de esta identificación, observando y
controlando lo que ocurre, de manera de graduar así el impacto emocional y la
desorganización ansiosa.
Si la proyección operada por el técnico es intensa aparece una reacción fóbica. Por el
contrario, si se bloquea demasiado se aleja y no entiende lo que ocurre.
Fastidio, cansancio, sueño, irritación, bloqueo, lástima, cariño, rechazo, seducción, etcétera,
son todos indicios contratransferenciales que el entrevistador debe percibir como tales en la
medida en que se producen, y tiene que resolverlos utilizándolos para sí mismo en función de
la personalidad del entrevistado, de la suya propia, y en función del contexto y el momento en
que aparecen en la comunicación. Cuando esto sucede el psiquiatra, por inseguridad o
inexperiencia, suele interponer los medicamentos, en cambio el psicólogo hace lo mismo con
los test, y para que esto no suceda los profesionales deben trabajar en grupos.
En términos generales, para que una persona concurra a una entrevista debe haber llegado a
una cierta percepción o insight de que algo no anda bien, de que algo ha cambiado o se ha
modificado, o bien se percibe a sí mismo con ansiedad o temores. Estos últimos pueden ser
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