Enrique Pichón-
Riviére
El proceso grupal
www.elortiba.org
PRÓLOGO
Connaissance de la mort
Je te salue
mon cher petit et vieux
cimetière de ma ville
où i'appris à jouer
avec les morts.
C'est ici où ¡'ai voulu
me révéler le secret de
notre courte existence à
travers les ouvertures
d'anciens cercueils solitaires.
E. Pichon-Rivière
1
El sentido de este prólogo es el de esclarecer algunos aspectos de mi esquema referencial
indagando su origen y su historia, en busca de la coherencia interior de una tarea que muestra
en estos escritos, de temática y enfoques heterogéneos, sus distintos momentos de elaboración
teórica.
Como crónica del itinerario de un pensamiento, será necesariamente autobiográfico, en la
medida en que el esquema de referencia de un autor no se estructura sólo como una
organización conceptual, sino que se sustenta en un fundamento motivacional, de experiencias
vividas. A través de ellas, construiel investigador su mundo interno, habitado por personas,
lugares y vínculos, los que articulándose con un tiempo propio, en un proceso creador,
configurarán la estrategia del descubrimiento.
Podría decir que mi vocación por las Ciencias del Hombre surge de la tentativa de resolver
la oscuridad del conflicto entre dos culturas. A raíz de la emigración de mis padres desde
Ginebra hasta el Chaco, fui desde los 4 años testigo y protagonista, a la vez, de la inserción de
un grupo minoritario europeo en un estilo de vida primitivo. Se dio así en la incorporación,
por cierto que no del todo discriminada, de dos modelos culturales casi opuestos. Mi interés por la
observación de la realidad fue inicialmente de características precientíficas y, más
exactamente, míticas y mágicas,
1
Poema escrito por el autor en 1924.
adquiriendo una metodología científica a través de la tarea psiquiátrica.
El descubrimiento de la continuidad entre sueño y vigilia, presente en los mitos que acompañaron mi
infancia y en los poemas que atestiguan mis primeros esfuerzos creativos, bajo la doble y fundamental
influencia de Lautréamont y Rimbaud, favoreció en mí, desde la adolescencia, la vocación por lo
siniestro.
La sorpresa y la metamorfosis, como elementos de lo siniestro, el pensamiento mágico, estructurado
como identificación proyectiva, configuran una interpretación de la realidad característica de las
poblaciones rurales influidas por la cultura guaraní, en las que viví hasta los 18 años. Allí toda
aproximación a una concepción del mundo es de carácter mágico y está regida por la culpa. Las
nociones de muerte, duelo y locura forman el contexto general de la mitología guaraní.
La internalización de estas estructuras primitivas orientó mi interés hacia la desocultación de lo
implícito, en la certeza de que tras todo pensamiento que sigue las leyes de la lógica formal, subyace un
contenido que, a través de distintos procesos de simbolización, incluye siempre una relación con la
muerte en una situación triangular.
Ubicado en un contexto en el que las relaciones causales eran encubiertas por la idea de la
arbitrariedad del destino, mi vocación analítica surge como necesidad de esclarecimiento de los
misterios familiares y de indagación de los motivos que regían la conducta de los grupos inmediato y
mediato. Los misterios no esclarecidos en el plano de lo inmediato (lo que Freud llama "la novela
familiar") Y la explicación mágica de las relaciones entre el hombre y la naturaleza determinaron en la
curiosidad, punto de partida de mi vocación por las Ciencias del Hombre.
El interés por la observación de los personajes prototípicos, que en las pequeñas poblaciones
adquieren una significatividad particular, estaba orientado -aún no conscientemente- hacia el
descubrimiento de los modelos simbólicos, por los que se hace manifiesto el interjuego de roles que
configura la vida de un grupo social en su ámbito ecológico.
Algo de lo mágico y lo mítico desaparecía entonces frente a la desocultación de ese orden subyacente
pero explorable: el de la interrelación dialéctica entre el hombre y su medio.
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Mi contacto con el pensamiento psicoanalítico fue previo al ingreso a la Facultad de Medicina y
surgió como el hallazgo de una clave que permitiría decodificar aquello que resultaba incomprensible en el
lenguaje y en los niveles de pensamiento habituales.
Al entrar en la Universidad, orientado por una vocación destinada a instrumentarme en la lucha
contra la muerte, el enfrentamiento precoz con el cadáver -que es paradójicamente el primer contacto del
aprendiz de médico con su objeto de estudio- significó una crisis. Allí se reforzó mi decisión de indagar -
en el,. campo de la locura ,que siendo una forma de muerte, puede resultar reversible. Las primeras
aproximaciones a la psiquiatría clínica me abrieron el camino hacia un enfoque dinámico, el que me
llevaría progresivamente, y a partir de la observación de los aspectos fenoménicos de la conducta
desviada, al descubrimiento de elementos genéticos, evolutivos y estructurales que enriquecieron mi
comprensión de la conducta como una totalidad en evolución dialéctica.
La observación, dentro del material aportado por los pacientes, de dos categorías de fenómenos
netamente diferenciables para el operador: lo que se manifiesta explícitamente y lo que subyace como
elemento latente, permitió incorporar en forma definitiva al esquema de referencia la problemática de
una nueva psicología que desde un primer momento tendería hacia el pensamiento psicoanalítico.
El contacto con los pacientes, el intento de establecer con ellos un vínculo terapéutico confirmó lo que
de alguna manera había intuido; que tras toda conducta "desviada" subyace una situación de conflicto,
siendo la enfermedad la expresión de un fallido intento de adaptación al medio. En síntesis, que la
enfermedad era un proceso comprensible.
Desde los primeros años de estudiante trabajé en clínicas privadas, adquiriendo experiencia en el
campo de la tarea psiquiátrica, en la relación y convivencia con internados. Ése contacto permanente
con todo tipo de pacientes y sus familiares me permitió conocer en su contexto el proceso de la
enfermedad, particularmente los aspectos referentes a los mecanismos de segregación.
Tomando como punto de partida los datos que sobre estructura y características de la conducta
desviada me proporcionaba el tratamiento de los enfermos, y orientado por el estudio de las obras de
Freud, comencé mi formación psicoanalítico. Ésta culminó, años más tarde, en mi análisis didáctico,
realizado con el Dr. Garma.
9
Por la lectura del trabajo de Freud sobre "la Gradiva" de Tensen tuve la vivencia de haber
encontrado el camino que me permitiría lograr una síntesis, bajo el común denominador de los
sueños y el pensamiento mágico, entre el arte y la psiquiatría.
En el tratamiento de pacientes psicóticos, realizado según la cnica analítica y por la
indagación de sus procesos transferenciales, se hizo evidente para la existencia de objetos
internos, múltiples "imago", que se articulan en un mundo construido según un progresivo
proceso de internalización. Ese mundo interno se configura como un escenario en el que es
posible reconocer el hecho dinámico de la internalización de objetos y relaciones. En este
escenario interior se intenta reconstruir la realidad exterior, pero los objetos y los nculos
aparecen con modalidades diferentes por el fantaseado pasaje desde el "afuera" hacia el ámbito
intrasubjetivo, el "adentro". Es un proceso comparable al de la representación teatral, en el que
no se trata de una siempre idéntica repetición del texto, sino que cada actor recrea, con una
modalidad particular, la obra y el personaje. El tiempo y el espacio se incluyen como
dimensiones en la fantasía inconsciente, crónica interna de la realidad.
La indagación analítica de ese mundo interno me llevó a ampliar el concepto de "relación de
objeto", formulando la noción de vínculo, al que defino como una estructura compleja, que
incluye un sujeto, un objeto, su mutua interrelación con procesos de comunicación y
aprendizaje.
Estas relaciones intersubjetivas son direccionales y se establecen sobre la base de
necesidades, fundamento motivacional del vínculo. Dichas necesidades tienen un matiz e
intensidad particulares, en los que ya interviene la fantasía inconsciente. Todo vínculo, así
entendido, implica la existencia de un emisor, un receptor, una codificación y decodificación del
mensaje. Por este proceso comunicacional se hace manifiesto el sentido de la inclusión del
objeto en el nculo, el compromiso del objeto en una relación no lineal sino dialéctica con el
sujeto. Por eso insistimos que en toda estructura vincular -y con el término estructura ya
indicamos
la interdependencia de los elementos- el
sujeto y el objeto interactúan
realimentándose mutuamente. En ese interactuar se da la internalización de esa estructura
relacional, que adquiere una dimensión intrasubjetiva. El pasaje o internalización tendrá
características determinadas por el sentimiento de gratificación o frustracn que acompaña a la
configuración inicial del vínculo, el que será entonces un vínculo "bueno" o un nculo
"malo".
Las relaciones intrasubjetivas, o estructuras vinculares internalizadas, articuladas en un
mundo interno, condicionarán las características del aprendizaje de la realidad. Este
aprendizaje será facilitado u obstaculizado según que la confrontación entre el ámbito de lo
intersubjetivo y el ámbito de lo intrasubjetivo resulte dialéctica o dilemática. Es decir, que el
proceso de interacción funcione como un circuito abierto, de trayectoria en espiral, o como un
circuito cerrado, viciado por la estereotipia.
El mundo interno se define como un sistema, en el que interactúan relaciones y objetos, en
una mutua realimentación. En síntesis, la interrelación intrasistémica es permanente, a la vez
que se mantiene la interaccn con el medio. A partir de las cualidades de la interacción
externa e interna, formularemos los criterios de salud y enfermedad.
Esta concepción del mundo interno, y la sustitución de la noción de instinto por la estructura
vincular, entendiendo al vínculo como un protoaprendizaje, como el vehículo de las primeras
experiencias sociales, constitutivas del sujeto como tal, con una negación del narcisismo
primario, conducían necesariamente a la definición de la psicología, en un sentido estricto,
como psicología social.
Si bien estos planteos surgieron en una praxis y están sugeridos, en parte, en algunos
trabajos de Freud (Psicología de las masas y análisis del Yo), su formulación implicaba romper
con el pensamiento psicoanalítico ortodoxo, al que adhe durante los primeros años de mi
tarea, y a cuya difusión había contribuido con mi esfuerzo constante. Pienso que esa ruptura
significó un verdadero ,obstáculo epistemológico, una crisis profunda, cuya superacn me llevó
muchos años, y que quizá se logre recién hoy, con la publicación de estos escritos.
Esta hipótesis parecería confirmada por el hecho de que, a partir de la toma de conciencia de
las significativas modificaciones de mi marco referencial, me volq más intensamente a la
enseñanza, interrumpiendo el ritmo anterior de mi producción escrita. Solo en 1962, en el
trabajo sobre "Empleo del Tofranil en el tratamiento del grupo familiar", en 1965 con "Grupo
operativo y teoría de la enfermedad única", y en 1967 con "Introducción a una nueva
problemática para la psiquiatría", logro una formulación más totalizadora de mi esquema
conceptual, si bien algunos aspec
tos fundamentales se relacionan entre sí, y muy escuetamente, recién
en "Propósitos y metodología para una escuela de psicólogos sociales" y "Grupo operativo y modelo
dramático". presentados respectivamente en Londres y Buenos Aires, Congreso Internacional de
Psiquiatría Social y Congreso Internacional de Psicodrama, en el año 1969.
La trayectoria de mi tarea, que puede describirse como la indagación de la estructura y sentido de la
conducta, en la que surgió el descubrimiento de su índole social, se configura como una praxis que se
expresa en un esquema conceptual, referencial y operativo.
La ntesis actual de esa indagación puede señalarse por la postulación de una epistemología
convergente, según la cual las ciencias del hombre conciernen a un objeto único: "el hombre en
situación" susceptible de un abordaje pluridimensional. Se trata de una interciencia, con una
metodología interdisciplinaria, la que funcionando como unidad operacional permite un enriquecimiento
de la comprensión del objeto de conocimiento y una mutua realimentación de las técnicas de
aproximación al mismo.
E. P. -R.
12
UNA NUEVA PROBLEMÁTICA PARA LA PSIQUIATRIA
La historia de la psiquiatría aparece jalonada en distintas épocas por las especulaciones de
algunos investigadores acerca de la posibilidad del parentesco entre todas las enfermedades
mentales a partir de un núcleo básico y universal. Sin embargo, estos intentos, viciados por una
concepción organicista de la ecuación etiológica, origen de la enfermedad, excluyen de la
patología mental la dimensión dialéctica en la que, a través de saltos sucesivos, la cantidad se
convierte en calidad. La concepción mecanicista y organicista condujo, por ejemplo, en el caso
de la psicosis maniacodepresiva, a establecer una división entre formas endógenas y exógenas,
sin indicar la correlación existente entre ambas. Sostiene Freud, por su parte, que la relación
entre lo endógeno y lo exógeno debe ser vista como relación entre lo disposicional y los
elementos vinculados al destino del propio sujeto. Es decir, hay una complementariedad entre
disposición y destino. Agregamos a esto que, cuando se insiste en el factor endógeno o no
comprensible psicológicamente, los psiquiatras llamados clásicos dejan traslucir su incapacidad
para detectar el monto de privacn, que al hacer impacto sobre un umbral variable en cada
sujeto, completa el aspecto pluridimensional de la estructuración de la neurosis o psicosis. Al
considerar endógena una neurosis o psicosis, se niega en forma implícita la posibilidad de
modificarla. El psiquiatra asume el rol de condicionante de la evolución del paciente, y entra en el
juego del grupo familiar que intenta segregar al enfermo, por ser el portavoz de la
*
Acta
psiquiátrica
y
psicológica
de
América
latina,
1967,
13. (Número de homenaje al autor.)
13
ansiedad grupal. En ntesis: el psiquiatra se transforma en el líder de la resistencia al cambio a
nivel comunitario, y trata al paciente como un sujeto "equivocado" desde el punto de vista
racional.
En los últimos años, al uso instrumental de la lógica formal se agregó el de la lógica dialéctica y la
noción de conflicto, donde los términos no se excluyen sino que establecen una continuidad
genética sobre la base de ntesis sucesivas. La operación correctora o terapéutica se lleva a cabo
siguiendo el trayecto de un vínculo no lineal, que se desarrolla en forma de una espiral continua, a
través de la cual se resuelven las contradicciones entre las diferentes partes del mismo sujeto. Se
incluye así una problemática dialéctica en el proceso corrector o en el vínculo con el
terapeuta, que sirve de encuadre general, tendiente a indagar contradicciones que surgen en el
interior de la operación y el contexto de la misma.
La fragmentación del objeto de conocimiento en dominios particulares, producto de la
fragmentación del vínculo, va seguida de un segundo momento integrador (epistemología
convergente), cumpliéndose así dos procesos de signo contrario, que adquieren
complementariedad a través de la experiencia emocional correctora. Puede afirmarse también
que se trata de dos momentos de un mismo proceso, tanto en la enfermedad como en la
corrección. Si este acontecer es puesto en marcha por el terapeuta, se impedirá, según la eficacia
de su técnica, la configuración de situaciones dilemáticas, génesis de todo estancamiento, y la
formación de estereotipos de una conducta, que toma características de desviación por falta de
ajuste de los momentos de divergencia y convergencia.
La dificultad en la integración de estos dos momentos está dada por la presencia ineludible, en el
campo del aprendizaje, del obstáculo epistemológico. Este obstáculo, que en la teoría de la
comunicación está representado por el ruido y en la situación triangular por el tercero,
transforma la espiral dialéctica del aprendizaje de la realidad en un círculo cerrado (estereotipo),
actuando éste como estructura patógena. El perturbador de todo el contexto de conocimiento es el
tercero, cuya presencia a nivel del nculo y del diálogo condiciona los más graves disturbios de
la comunicación y del aprendizaje de la realidad. De esto deriva mi definición de vínculo,
sustituyendo la denominación freudiana de relación de objeto. Todo vínculo, como mecanismo
de interacción, debe ser definido como una Gestalt, que es al mismo tiempo bicorporal y
14
tripersonal. (Gestalt como Gestaltung, introduciendo en ella la dimensión temporal.)
De esta Gestalt va a surgir el instrumento adecuado para aprehender la realidad de los objetos.
El vínculo configura una estructura compleja, que incluye un sistema de transmisor-receptor, un
mensaje, un canal, signos, símbolos y ruido. Según un análisis intrasistémico y extrasistémico,
para lograr eficacia instrumental es necesaria la similitud en el esquema conceptual, referencial y
operativo del transmisor y del receptor; al no ser así, surge el malentendido. Toda mi teoría de la
salud y la enfermedad mental se centra en el estudio del vínculo como estructura. La adaptación
activa a la realidad, criterio básico de salud. será evaluada según la operatividad de las técnicas
del yo (mecanismos de defensa). Su uso pluridimensional, horizontal y vertical, adaptativo,
operacional y gnoseológico, en cada aq y ahora, o sea en forma situacional a través de una
planificación instrumental, debe ser tomado como signo de salud mental, que se expresa por un
bias o desviación escasa del modelo natural. Esto es posible a través de una primera fase, que
podemos llamar teórica, realizada a través de técnicas de percepción, penetración, depositación y
resonancia (empatía), en la que el objeto es reconocido y mantenido a una distancia óptima del
sujeto (alteridad). Por eso es que tanto la calidad como la dinámica del conocimiento
condicionan una actividad en 1a que se reconoce un estilo propio de abordaje y de creación del
objeto. Abordaje que tiende a aprehenderlo y modificarlo, constituyéndose así el juicio de
realidad, criterio de salud v enfermedad mental, a través de una permanente referencia,
verificación y evaluacn en el mundo externo. La adaptación activa a la realidad y el
aprendizaje están indisolublemente ligados. El sujeto sano. en la medida que aprehende el objeto y
lo transforma, se .modifica también a sí mismo, entrando en un interjuego dialéctico, en el que la
síntesis que resuelve una situación dilemática se transforma en el punto inicial o tesis de otra
antinomia, que debeser resuelta en este continuo proceso en espiral. La salud mental consiste
en este proceso, en el que se realiza un aprendizaje de la realidad a través del enfrentamiento,
manejo y solución integradora de los conflictos. En tanto se cumple este itinerario, la red de
comunicaciones es constantemente reajustada, y sólo así es posible elaborar un pensamiento
capaz de un diálogo con el otro y de enfrentar el cambio.
15
Esta descripción alude a la superestructura del proceso. El campo de la infraestructura, depósito
de motivos, necesidades y aspiraciones, constituye el inconsciente con sus fantasías
(motivación), que son el producto de las relaciones miembros del grupo interno entre (grupo
interno como grupo mediato e inmediato internalizado). Este fenómeno puede ser estudiado en el
contenido de la actividad alucinatoria, en la que el paciente oye la voz del líder de la
conspiración inconsciente en diálogo con el self, a quien controla y observa, ya que es una parte
proyectada de él mismo. Otro hecho curioso del desarrollo de la psiquiatría es que hasta hoy se
había insistido exclusivamente en la relación con el objeto perseguidor proyectado, abriéndose
un campo tan vasto como el anterior al descubrirse una patología del nculo bueno y la
dimensión grupal del contenido inconsciente, perceptible a través de la noción de grupo interno,
en interrelación permanente con el externo. En la fantasía motivacional hallamos, como lo
hiciéramos en la alucinación, una escala de motivos, necesidades y aspiraciones que subyacen en el
proceso del aprendizaje, la comunicación y las operaciones tendientes al logro de gratificación en
relación con objetos determinados. La acción y la decisión se asientan sobre esa constelación de
motivos y el logro está más relacionado con la aprehensión del objeto que con la descarga de
tensiones como lo describiera Freud. El aprendizaje y la comunicación, aspectos instrumentales
del logro de objeto, poseen una subestructura motivacional.
La conducta motivacional, la más ligada al destino del sujeto, consta también de esta doble
estructura, en la que se puede observar que el aspecto direccional primario está ligado a las
etapas iniciales del desarrollo. El proceso universal que promueve la motivación es el de la
recreación del objeto, que adquiere en cada sujeto una determinación individual, surgida de la
conjugación de las necesidades biológicas y el aparato instrumental del yo. El aspecto
direccional secundario, elección de tarea, pareja, etc., pasa por el filtro grupal, que en definitiva
decide la elección. El descubrimiento de la motivación constituye la más grande contribución de
Freud, quien relacionó los fenómenos del "aquí y ahora" con la historia personal del sujeto. Esto
se llama "sentido del síntoma".
La doble dimensión del comportamiento, verticalidad y horizontalidad, se hace comprensible
entonces por una psicología dinámica
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histórica y estructural, alejada de la psiquiatría tradicional, que se mueve sólo en el campo de lo
fenoménico y descriptivo. La doble dimensión condiciona aspectos esenciales del proceso
corrector. La corrección se logra a través de la explicación de lo implícito. Esta concepción
coincide con el esquema que algunos filósofos, economistas y sociólogos refirieran a lo
económico-social, hablando de una superestructura y de una infraestructura y ubicando a la
necesidad como núcleo dinámico de acción. En el ámbito del proceso terapéutico la resolución
de la fisura entre ambas dimensiones se logra a través de un instrumento de producción,
expresado en términos de conocimiento que permite el pasaje de la alienación o de la adaptación
pasiva en un bias progresivo, a la adaptación activa a la realidad. En nuestra cultura el hombre
sufre la fragmentación y dispersión del objeto de su tarea, creándosele entonces una situación de
privación y anomia que le hace imposible mantener un vínculo con dicho objeto con el que
guarda una relación fragmentada, transitoria y alienada.
Al factor inseguridad frente a su tarea se agrega la incertidumbre ante los cambios políticos,
sentimientos ambos que repercuten en el contexto familiar donde la privación tiende a
globalizarse. El sujeto se ve impotentizado en el manejo de su rol, y esto crea un umbral bajo de
tolerancia hacia las frustraciones, en relación con su nivel de aspiración. La vivencia de fracaso
inicia el proceso de enfermedad, configurando una estructura depresiva. La alienación del
vínculo con su tarea se desplaza a vínculos con objetos internos. El conflicto en su totalidad se
ha internalizado, pasando del mundo externo al mundo interno con su modelo primario de la
situación triangular. Esta depresión, que aparece con los caracteres estructurales de una
depresión neurótica o neurosis de fracaso, sume al sujeto en un proceso regresivo hacia
posiciones infantiles.
El grupo familiar, en estado de anomia frente a la enfermedad de un
miembro, incrementa la depresión del sujeto. Estamos en el punto de partida que, en un proceso
de regresión, se va a articular con una estructura depresiva anterior, reforzándola. Es el
momento en esta exposición de considerar la vigencia de otras depresiones y analizarlas en la
dirección del desarrollo, en sentido inverso al seguido en el proceso terapéutico que parte del
aquí y ahora.
Voy a tomar como esquema de referencia aspectos de la teoría de M. Klein, Freud y Fairbairn
para hacer comprensible mi teoría
17
de la enfermedad única. Tendré en cuenta las dos primeras posiciones del desarrollo: la
instrumental esquizoparanoide y la depresiva (patogenética existencial), a la que agrego otra: la
patorrítmica (temporal) , que incluye los diferentes tiempos con que se manifiestan los síntomas
generados en la posición patogenética o depresiva, estructurado sobre la base de la posición
instrumental esquizoparanoide. A través de todo este trayecto permanececonsecuente con mi
teoría del vínculo. Pero antes de seguir adelante en la descripción de las posiciones vamos a
estudiar los ingredientes de la causación de una neurosis o psicosis, o tomando la formulación de
Freud: la ecuación etiológica. Entiendo que los principios que rigen la configuración de una
estructura patológica son: 1) policausalidad, 2) pluralidad fenoménica, 3) continuidad genética y
funcional, 4) movilidad de las estructuras, 5) rol, vínculo y portavoz, 6) situación triangular.
Como primer principio debemos destacar el de policausalidad o ecuación etiológica, proceso
dinámico y configuracional, expresado en términos del monto de causación. En detalle, los
parámetros son: factor constitucional, dividido en dos anteriores: el genético propiamente dicho y
el precozmente adquirido en la vida intrauterina. La influencia que sufre el feto a través de su
relación biológica con la madre incluye ya un factor social, puesto que la inseguridad o
seguridad de la madre está relacionada con el tipo de vínculo que tiene con su pareja y la
situación de su grupo familiar. Teniendo en cuenta la situación triangular vemos que esto opera
desde el comienzo. Al factor constitucional se agrega en el desarrollo el impacto en el grupo
familiar. La interacción de este hecho con el factor anterior da como resultado lo que se llama
disposición o factor disposicional (según Freud, fijación de la libido en una etapa de su curso),
lugar al que se vuelve en el proceso regresivo a fin de instrumentarse, como sucedió en el
momento disposicional. El regreso es promovido por el factor actual, en el que el monto
disposicional entra en complementariedad con el conflicto actual, descripto por como
depresión desencadenante, iniciándose allí una regresión que marca el comienzo de la
enfermedad.
Pluralidad fenoménica. Este principio se basa en la consideración de tres dimensiones
fenoménicas de la mente con sus respectivas proyecciones denominadas en rminos de áreas:
área uno o
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mente, área dos o cuerpo, área tres o mundo exterior. Estas tres áreas, fenoménicamente, tienen
importancia en cuanto que el diagnóstico se hace en función del predominio de una de ellas,
aunque un análisis estratigráfico demuestra la existencia o coexistencia de las tres áreas
comprometidas en ese proceso en términos de comportamiento, pero en distintos niveles. Esto es
lo que constituye el comportamiento en forma de una Gestalt o Gestaltung en permanente
interacción de las tres áreas. Sin embargo, tenemos en cuenta que el proceso ordenador, o sea la
planificación, en términos de estrategia, táctica, cnica y logística, funciona desde el self
ubicado en el área uno, es decir, que ningún comportamiento le es extraño. Toda otra
disquisición que negara esta totalidad totalizante caería en una dicotomía flagrante.
Las áreas son utilizadas en la posición instrumental esquizoparanoide que sigue a la depresión
regresional para ubicar los diferentes objetos y nculos de signos opuestos en un clima de
divalencia, con el fin, como ya dijimos, de preservar lo bueno y controlar 1o malo, impidiendo
así la fusión de ambas valencias, lo que significaría la configuración de la posición depresiva y la
aparición del caos, duelo, catástrofe, destructividad, pérdida, soledad, ambivalencia y culpa. Si la
posicn instrumental no está paralizada, funciona en base al splitting configurando los
vínculos bueno y malo con sus respectivos objetos. Aquí aparece la fundamentación de una
nosografía genética estructural y funcional en términos de localización de los dos vínculos en las
tres áreas, con todas las variables que pueden existir. Por ejemplo, y a título de ilustración: en
las fobias, agorafobia y claustrofobia, el objeto malo, paranoide o fobígeno, está proyectado en el
área tres y actuando; esto configura la situación bica, donde tanto el objeto malo
(fobígenoparanoide) como el objeto bueno, en forma de acompañante fóbico, están situados en la
misma área. El paciente teme por un lado ser atacado por el objeto fobígeno, preservando por
otro el objeto acompañante depositario de sus partes buenas, por medio del mecanismo de
evitación. Así no se juntan, eludiendo la catástrofe que podría producirse ante el fracaso de la
evitación. Toda una nosografía podría manifestarse en términos de área comprometida y
valencia del objeto parcial. Esta nosografía, mucho más operacional que las conocidas, se
caracteriza por la comprensión en la operación correctora en rminos ya señalados y por su
movilidad o
19
pasaje de una estructura a otra, constituyendo esto el cuarto principio que puede ser observado
durante el enfermarse y durante el proceso corrector.
Continuidad genética y funcional. La existencia de una posición esquizoparanoide con objetos
parciales, es decir, el objeto total escindido, presupone la existencia de una etapa previa en
relación con un objeto total con el que se establecen vínculos a cuatro vías. La escisión o
splitting se produce en el acto del nacimiento y todo vínculo gratificante hará considerar el
objeto como bueno. Esto es lo que Freud llama (erradamente a mi juicio) instinto de vida (Eros),
mientras que la otra parte del vínculo primario y de su objeto, sobre la base de experiencias
frustradoras, se transforma en objeto malo, en un vínculo persecutorio, lo que de nuevo Freud
considera como instinto, en este caso, instinto de muerte, agresión o destrucción (Thanatos). Como
se ve, a mi entender, el instinto de vida o de muerte son ya una experiencia en forma de
comportamiento donde lo social está incluido a través de momentos gratificantes o frustradores,
produciéndose la inserción del niño en el mundo social. Ha adquirido a través de esas
frustraciones y gratificaciones la capacidad de discriminar entre varios tipos de experiencias
como primera manifestación de pensamiento, construyendo así una primera escala de valores.
La división del objeto total tiene como motivación impedir la destrucción total del objeto, que al
escindirse en bueno y malo configura las dos conductas primarias en relación con amar y ser
amado y odiar y ser odiado, es decir, dos conductas sociales que determinan el comienzo del
proceso de socialización en el niño que tiene un rol y un status dentro de un grupo primario o
familiar. Retornando el punto de partida de la protodepresión, con la aparición del splitting
como primera técnica del yo, nos introducimos en la posición esquizoparanoide descripta por
Fairbairn y M. Klein en forma paralela a mis primeros trabajos sobre esquizofrenia.
Con la aparición de esta técnica defensiva se configuran dos vínculos una situación de objeto
parcial en relación de divalencia (y no de ambivalencia como lo ha definido Bleuler), procesos
de introyección y proyección, de control omnipotente, de idealización, de negación, etc.
Teniendo en cuenta este concepto de posición esquizoparanoide es posible revisar el concepto de
represión tan importante en la teoría psicoanalítico y punto de partida de la divergencia
20
entre Freud y P. Janet. Freud sostenía que el proceso de represión era una estructura única y
característica en la génesis de las neurosis; Janet en cambio entendía que el proceso primario
podía ser definido en términos de disociación. Pienso que el pleito queda resuelto al considerar
que la represión es un proceso complejo que incluye la disociación o splitting, procesos de
introyección y proyección y de control omnipotente, etcétera.
Por ejemplo, el fracaso de este último constituye lo que Freud llama la vuelta de lo reprimido,
que es lo negado, lo fragmentado, lo introyectado y proyectado, pudiendo volver en cualquiera
de las tres áreas o dimensiones fenoménicas donde la mente sitúa los vínculos y objetos para su
mejor manejo. En este volver, lo reprimido es vivido por el self como lo extraño y lo alienado.
La ansiedad dominante en la posición esquizoparanoide es la ansiedad persecutoria o paranoide
de ataque al yo, como producto de una retaliación por la proyección de la hostilidad
1
que vuelve
agigantada o realimentada como un boomerang sobre el propio sujeto. Esta ansiedad paranoide
vuelve como si proviniera de objetos humanos o desplazamientos, depositarios de la hostilidad
de la cual el yo se ha liberado por la proyección. A esta ansiedad, la única descripta con
anterioridad, agrego la otra proveniente de las vicisitudes del vínculo bueno o dependencia de
objetos depositarios de esta calidad de sentimientos. Las alternativas sufridas por este vínculo
dan como producto otro tipo de ansiedad distinta de la persecutoria, con la cual, sin embargo,
muchos la confunden: es el sentimiento de "estar a merced del depositario".
La ansiedad paranoide y el "sentimiento de estar a merced" (ansiedad depresiva de la posición
esquizoide) son coexistentes y cooperantes en toda estructura neurótico normal. La antigua
diferenciación entre ansiedad, angustia y miedo desaparece en la medida en que incluimos la
dimensión de lo inconsciente o lo implícito. Las definiciones de ansiedad y angustia estaban
viciadas por el concepto de relación anobjetal.
La posición esquizoparanoide se vincula con la creciente idealización del objeto bueno,
consiguiendo el yo por medio de su técnica la preservación del objeto idealizado. A medida que
se incrementa la idealización de lo bueno aumenta el control y el alejamiento de lo malo y
persecutorio, convirtiéndose el primero en
1
La hostilidad emerge como producto de la frustración
.
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