Por la lectura del trabajo de Freud sobre "la Gradiva" de Tensen tuve la vivencia de haber
encontrado el camino que me permitiría lograr una síntesis, bajo el común denominador de los
sueños y el pensamiento mágico, entre el arte y la psiquiatría.
En el tratamiento de pacientes psicóticos, realizado según la técnica analítica y por la
indagación de sus procesos transferenciales, se hizo evidente para mí la existencia de objetos
internos, múltiples "imago", que se articulan en un mundo construido según un progresivo
proceso de internalización. Ese mundo interno se configura como un escenario en el que es
posible reconocer el hecho dinámico de la internalización de objetos y relaciones. En este
escenario interior se intenta reconstruir la realidad exterior, pero los objetos y los vínculos
aparecen con modalidades diferentes por el fantaseado pasaje desde el "afuera" hacia el ámbito
intrasubjetivo, el "adentro". Es un proceso comparable al de la representación teatral, en el que
no se trata de una siempre idéntica repetición del texto, sino que cada actor recrea, con una
modalidad particular, la obra y el personaje. El tiempo y el espacio se incluyen como
dimensiones en la fantasía inconsciente, crónica interna de la realidad.
La indagación analítica de ese mundo interno me llevó a ampliar el concepto de "relación de
objeto", formulando la noción de vínculo, al que defino como una estructura compleja, que
incluye un sujeto, un objeto, su mutua interrelación con procesos de comunicación y
aprendizaje.
Estas relaciones intersubjetivas son direccionales y se establecen sobre la base de
necesidades, fundamento motivacional del vínculo. Dichas necesidades tienen un matiz e
intensidad particulares, en los que ya interviene la fantasía inconsciente. Todo vínculo, así
entendido, implica la existencia de un emisor, un receptor, una codificación y decodificación del
mensaje. Por este proceso comunicacional se hace manifiesto el sentido de la inclusión del
objeto en el vínculo, el compromiso del objeto en una relación no lineal sino dialéctica con el
sujeto. Por eso insistimos que en toda estructura vincular -y con el término estructura ya
indicamos
la interdependencia de los elementos- el
sujeto y el objeto interactúan
realimentándose mutuamente. En ese interactuar se da la internalización de esa estructura
relacional, que adquiere una dimensión intrasubjetiva. El pasaje o internalización tendrá
características determinadas por el sentimiento de gratificación o frustración que acompaña a la
configuración inicial del vínculo, el que será entonces un vínculo "bueno" o un vínculo
"malo".
Las relaciones intrasubjetivas, o estructuras vinculares internalizadas, articuladas en un
mundo interno, condicionarán las características del aprendizaje de la realidad. Este
aprendizaje será facilitado u obstaculizado según que la confrontación entre el ámbito de lo
intersubjetivo y el ámbito de lo intrasubjetivo resulte dialéctica o dilemática. Es decir, que el
proceso de interacción funcione como un circuito abierto, de trayectoria en espiral, o como un
circuito cerrado, viciado por la estereotipia.
El mundo interno se define como un sistema, en el que interactúan relaciones y objetos, en
una mutua realimentación. En síntesis, la interrelación intrasistémica es permanente, a la vez
que se mantiene la interacción con el medio. A partir de las cualidades de la interacción
externa e interna, formularemos los criterios de salud y enfermedad.
Esta concepción del mundo interno, y la sustitución de la noción de instinto por la estructura
vincular, entendiendo al vínculo como un protoaprendizaje, como el vehículo de las primeras
experiencias sociales, constitutivas del sujeto como tal, con una negación del narcisismo