
a los enemigos; porque no tienen disciplina, como tienen temor de Dios ni
buena fe como los hombres. Los capitanes de mercenarios o son hombres de
mérito o no los son; no se puede confiar en ellos si lo son porque aspirarán
siempre a forjar su propia grandeza, ya tratando de someter al príncipe.
Un principado o una republica deben tener sus milicias propias; que en
un principado si, el príncipe debe dirigir la milicias en persona y hacer el oficio
de capitán
Capítulo XIII
DE LOS SOLDADOS AUXILIARES, MIXTOS Y PROPIOS
Las tropas auxiliares son aquellas que se piden a un príncipe poderosos
para que nos socorra y defiende estas tropas pueden ser útiles y buenas para
sus amos, pero para quien las llama casi siempre son funestas; pues si se
pierden, queda derrotado, y si gana, se convierte en su prisionero, todo el que
no quiera vencer no tiene más que servirse de estas tropas, muchísimo más
peligrosas que las mercenarias, porque están perfectamente unidas y
obedecen ciegamente a sus jefes, con lo cual la ruina es inmediata.
Capítulo XIV
DE LOS DEBERES DE UN PRINCIPE PARA CON LA MILICIA
Un príncipe jamás debe dejar de ocuparse del arte militar, y durante los
tiempos de paz debe ejercitarse más que en los de guerra; lo cual puede hacer
de dos modos: con la acción y con el estudio. En lo que atañe a la acción debe,
tener bien organizadas sus tropas, dedicarse constantemente a la caza con el
objeto de acostumbrar el cuerpo a las fatigas y de conocer la naturaleza de los
terrenos, tal estudio aprende dos utilidades: primero se aprende a conocer la
región donde se vive para defenderla mejor; después, en virtud del
conocimiento de otra donde sea necesario actuar de manera que el
conocimiento de otra donde sea necesario actuar.
Capítulo XVI
DE LA PRODIGALIDAD Y DE LA AVARICIA
La prodigalidad, practicada de manera que sepa que uno es pródigo, perjudica;
y otra parte si se la practica virtuosamente y tal como se la debe practicar, la
prodigalidad no será conocida y se creerá que existe el vicio contrario, ya que
un príncipe no puede practicar públicamente esta virtud sin que se perjudique,
si es sensato, que no se preocupe si es tildado de tacaño porque, con el tiempo
al ver que con su avaricia le bastan las entradas para defenderse de quien le
hace la guerra, y puede acometer nuevas empresas sin gravar al pueblo, será
tenido siempre por más pródigo, pues practica la generosidad con todos