17
asociados con sus elementos constitutivos.
Luego de haber expuesto el hecho biológico de la plasticidad,
la convergencia que implica entre huella psíquica y huella
sináptica en la interfaz entre el sujeto y el organismo, y después
de haber explicitado su papel en la emergencia de la individua-
lidad, este libro propone hipótesis para un modelo del incons-
ciente que integre los datos recientes de la neurobiología con los
principios fundadores del psicoanálisis.
1
El oso polar y la ballena.
Apuestas de la plasticidad
Al final de su vida, Freud enuncia la siguiente afirmación:
De lo que llamamos nuestra psique (vida anímica), nos son
consabidos dos términos: en primer lugar, el órgano corporal
y escenario de ella, el encéfalo (sistema nervioso) y, por otra
parte, nuestros actos de conciencia [...]. No nos es consabido,
en cambio, lo que haya en medio; no nos es dada una refe-
rencia directa entre ambos puntos terminales de nuestro
saber.
1
He aquí planteados los dos términos de un debate que
1 Freud, S., Abrégé de psychanalyse [1938, publicado en 1946], París, PUF, 1949, p. 3 [trad.
esp.: Esquema del psicoanálisis, Obras completas, op. cit., t. XXIII, p. 143].
involucra, por un lado, la realidad neurobiológica y, por otro, las
producciones de la vida psíquica. Hay que reconocer que estos
dos campos presentan características totalmente diferentes. Un
colega psicoanalista comparaba irónicamente nuestra tarea de
relacionar la pareja neurociencia y psicoanálisis con el
improbable apareamiento del oso polar y la ballena. En efecto,
establecer entre ellos algún puente puede parecer una tentativa
si no imposible, al menos arriesgada, fuente de confusiones y
extravíos que tan sólo llevarían a ambos enfoques a la pérdida
de sus lógicas específicas. El estudio del cerebro y el de los
hechos psíquicos conducen a preguntas radicalmente diferentes,
que implican campos de exploración y métodos sin parentesco
alguno. Si se consideran, en particular, las neurociencias, por un
lado, y el psicoanálisis, por otro, es posible constatar hasta qué
punto son dos campos inconmensurables que, incluso, podrían
llegar a perder sus propios fundamentos al confundirse en un
sincretismo impreciso.
Un descubrimiento realizado en un campo puede no serlo en
el otro. Se está aún lejos de conocer los vínculos de enlace y
causalidad entre los procesos orgánicos y la vida psíquica,
2
pero
esto no impide que ambos formen parte de un mismo fenómeno.
Algún a habría que dar cuenta de este enigmático enlace, que
precisa a su manera Sganarelle en el Don Juan de Molière:
Mi argumento, señor, es que hay en el hombre algo admirable
que ningún sabio del mundo podrá explicar. ¿No es una
maravilla que estando yo aquí pueda mi cabeza pensar cien
cosas distintas en un momento y que mi cuerpo haga lo que la
2. Como ya lo señaló Freud en el comienzo de su obra: “La cadena de los procesos fisiológicos
dentro del sistema nervioso probablemente no mantiene un nexo de causalidad con los
procesos psíquicos. Freud, S., Contribution à la conception des aphasies [1891], París, PUF,
1983, p. 105 [trad. esp.: “Apéndice B: El paralelismo psicofísico”, Lo inconciente, Obras
completas, op. cit., t. XIV, p. 205].
19
cabeza ordena?
3
Hasta hace no mucho tiempo, la misma escena se repetía sin
cesar entre neurociencias y psicoanálisis: uno de los dos
integrantes de esta pareja imposible terminaba negando la
existencia del otro, excluyéndolo por algunas décadas. Y esto
sucedía tanto de un lado como del otro.
4
Salvo raras
excepciones, con el tiempo, todo se redujo a sentencias a priori
o a confusos debates especulativos. A modo de caricatura: por
un lado, los neurocientíficos seguros de mismos, la mayor
parte de las veces reduccionistas, se preguntaban por la etiología
biológica de las enfermedades mentales y buscaban el camino
hacia una molécula salvadora. Por otro lado, los psicoanalistas
rechazaban frecuentemente las neurociencias para defender sus
propias concepciones, al punto que caían ellos también en las
trampas del reduccionismo; y a riesgo de volverse oscurantistas,
terminaban conformándose con la división.
Esta dicotomía entre neurociencias y psicoanálisis parecía
establecida con claridad: el péndulo privilegiaba uno u otro
campo alternativamente a lo largo del tiempo.
Al romper con tal representación, el fenómeno de la plasti-
cidad neuronal un hecho sorprendente que surge de datos
recientes de la biología experimental viene a trastocar por
completo los términos de esta oposición, poniéndolos en juego
de manera novedosa.
El fenómeno de la plasticidad demuestra que la experiencia
deja una huella en la red neuronal, al tiempo que modifica la
eficacia de la transferencia de información a nivel de los
3. Molière, Don Juan, acto III, escena 1, trad. de A. Cebrián, Madrid, Espasa-Calpe, 1968.
4 Sobre todo del lado de las neurociencias, como lo indica con lucidez Jacques-Alain Miller en
Etchegoyen, R. H., Miller, J.-A., Silence brisé. Entretien sur le mouvement psychanalytique,
París, Agalma-Seuil, 1996 [trad. esp.: El silencio se rompe, Barcelona, Eolia, 1997].
elementos más finos del sistema.
5, 6
Es decir que más allá de lo
innato y de cualquier dato de partida, lo que es adquirido por
medio de la experiencia deja una huella que transforma lo
anterior. La experiencia
7
modifica permanentemente las
conexiones entre las neuronas; y los cambios son tanto de orden
estructural como funcional. El cerebro es considerado, entonces,
como un órgano extremadamente dinámico en permanente
relación con el medio ambiente, por un lado, y con los hechos
psíquicos o los actos del sujeto, por otro.
8
La plasticidad introduce una nueva visión del cerebro. Éste ya
no puede ser visto como un órgano dado, determinado y
determinante de una vez y para siempre; ya no puede ser con-
siderado como una organización definida y fija de redes de neu-
ronas, cuyas conexiones se establecerían de forma definitiva al
término del período de desarrollo precoz, y volverían más rígido
el tratamiento de la información. La plasticidad demuestra que
la red neuronal permanece abierta al cambio y a la contingencia,
modulable por el acontecimiento y las potencialidades de la
experiencia, que siempre pueden modificar el estado anterior.
Más adelante abordaremos lo que puede considerarse una
experiencia. Por el momento, basta con retener que la plastici-
dad transforma considerablemente la opinión generalizada sobre
la función cerebral y sus relaciones con el medio ambiente y la
vida psíquica.
5 Morris, R.G.M. et al., “Elements of a neurobiological theory of the hippocampus: the role of
activity-dependent synaptic plasticity in memory”, Phil. Tans. R. Soc. Lond. B, Nº 358, 2003,
pp. 773-786.
6 Kandel, E.R., “Psychotherapy and the single synapse: the impact of psychiatric thought on
neurobiological research”, J. Neuropsychiatry Clin, Neurosci, 13: 2, 2001, pp. 290-300.
7 Blake, D. T., Byl, N. N., Merzenich, M., “Representation of the handin the cerebral cortex”,
Behavioral Brain Research, N° 135, 2002, pp. 179-184.
8 Kandel, E. R„ “Psychotherapy and the single synapse: the impact of psychiatric thought on
neurobiological research”, op. cit.
21
La plasticidad permite demostrar que, a través de una suma de
experiencias vividas, cada individuo se revela único e impre-
visible, más allá de las determinaciones que implica su bagaje
genético. Así pues, las leyes universales definidas por la
neurobiología conducen inevitablemente a la producción de lo
único.
La cuestión del sujeto, como excepción a lo universal, se ha
vuelto desde entonces tan central para las neurociencias como lo
era ya para el psicoanálisis; de ahí que surja un punto de
encuentro insospechado entre estos dos protagonistas, tan
habituados a ser rivales.
El fenómeno de la plasticidad introduce una nueva dialéctica
con respecto al organismo. A la inversa de lo que parece sugerir
la idea convencional de determinismo genético, la plasticidad
pone en juego la diversidad y la singularidad. Por lo tanto, el
psicoanálisis y las neurociencias ya no podrán seguir
ocultándose mutuamente. Nuestra pareja debe, pues, repensar su
relación. ¿Acaso el sujeto del psicoanálisis y el de las
neurociencias no es el mismo? En todo caso, el fenómeno de la
plasticidad exige pensar al sujeto psicoanalítico en el propio
campo de las neurociencias. Si la red neuronal contiene, en su
constitución, la posibilidad de su propia modificación; si el
sujeto, al mismo tiempo que recibe una forma, participa en su
formación
9
y realización; en resumen, si se admite el concepto
de plasticidad, es necesario entonces introducir en el campo de
las neurociencias la cuestión de lo único y, en consecuencia, la
de la diversidad.
El concepto de plasticidad discute con la antigua oposición
entre una etiología orgánica y una etiología psíquica de los tras-
tornos mentales; y altera los datos de la ecuación al punto de
9 Véase a propósito de este tema el desarrollo de Catherine Malabou, en Malabou, C. (dir.),
Plasticité, París, L. Scheer, 2000.
concebir una causalidad psíquica capaz de modelar lo orgánico.
Es posible constatar lo mismo con respecto a la actualidad del
problema de la epigénesis,
10
en el momento en que el proyecto
del genoma humano está alcanzando un conocimiento riguroso
del determinismo genético. En efecto, el nivel de expresión de
un gen dado puede estar determinado por las particularidades de
la experiencia; esto demuestra la importancia de los factores
epigenéticos en la realización del programa genético.
11
De
hecho, en el funcionamiento de los genes existen mecanismos
que intervienen en la realización del programa genético
12
y
cuya función es reservar un lugar a la experiencia; al fin de
cuentas, es como si el individuo se revelara genéticamente
determinado para no estar genéticamente determinado.
Plasticidad y epigénesis están además vinculadas en un mismo
proyecto. Habitualmente se considera que entre el genotipo y su
expresión fenotípica operan la incidencia de la experiencia y el
impacto del ambiente, y que se trata de una interacción que
modula la expresión del genotipo (Figura 1.1).
Sin embargo, las cosas pueden ser vistas de forma diferente a
partir del concepto de plasticidad, que lleva más bien a imaginar
una integración compleja entre una determinación genética y
una determinación ambiental o psíquica. El genotipo, de un
lado, y la experiencia o el acontecimiento, del otro, constituyen
dos dimensiones heterogéneas de la plasticidad. El concepto de
plasticidad debería así reemplazar al de interacción. En efecto,
la plasticidad integra genoma y ambiente en un mismo nivel
lógico (Figura 1.1).
10 Changeux, J.-P., L’homme de vérité, París, Odile Jacob, 2002 [trad. esp.: El hombre de
verdad, México, Fondo de Cultura Económica, 2005].
11 .Kandel, E. R., “The molecular biology of memory storage: a dialogue between genes and
synapses”, Science, N° 294,2001, pp. 1030-1038.
12 Cheung, V. G., Spielman, R. S., “The genetics of variation in gene expression”, Nature
Genetics Supplement, N° 32,2002, pp. 522-525.
23
El modelo de la plasticidad habilita una nueva mirada sobre la
etiología y la patogénesis de las enfermedades psíquicas, más
allá del reduccionismo que implica la oposición habitual entre lo
orgánico y lo psíquico. Evidentemente, hoy ya no se puede
Figura 1.1
El modelo de la plasticidad como alternativa a la idea de una modulación por
el ambiente del genotipo. En el modelo interactivo, la expresión del genotipo
es modulada por el ambiente. En el modelo de la plasticidad, genotipo y
ambiente constituyen dos ejes de determinación que se combinan por medio
de la plasticidad para producir un fenotipo único.
considerar que la emergencia de enfermedades psiquiátricas
responda a anomalías genéticas vinculadas con un único gen,
según el modelo de las enfermedades monogenéticas. Las
enfermedades monogenéticas representan, en efecto, tan sólo
entre el 2 y el 3% de las afecciones observadas en la práctica
médica, incluida la psiquiatría.
13,14
Actualmente, se supone
que diferentes genes están implicados en la aparición de una
enfermedad psiquiátrica o, más exactamente, en la
susceptibilidad para la enfermedad.
15,16
Según este enfoque
propio de la genética que estudia los rasgos complejos, la
aparición de una enfermedad dependería, entonces, de una
interacción entre genotipo y medio ambiente, a la que resta
caracterizar en detalle. Si bien dicho enfoque representa una
evolución respecto de un simple determinismo genético,
sigue siendo insuficiente en relación con el concepto de
plasticidad. Y aunque intenta ser explicativo, permanece
dentro del modelo interaccionista: reemplaza un
determinismo monogenético por una susceptibilidad de
origen poligenético.
Más allá de la idea de interacción, el concepto de plasticidad
permite abordar de manera crítica la modulación de la expresión
del genotipo por factores del entorno o del medio ambiente. Dos
determinismos paralelos, aunque diferentes, están presentes: un
determinismo genético, o más bien poligenético, y un
determinismo ambiental o psíquico; ambos forman parte del
fenómeno de la plasticidad. La determinación genética no sería
mayor que la determinación ambiental o psíquica; por el con-
trario, serían dos determinaciones cuya articulación debe ser
pensada a través del fenómeno de la “plasticidad.”
De esta manera, la plasticidad permite sacar provecho del
13 Schmith. V.D. et al., Pharmacogenetics and disease genetics of complex diseases , Cell.
Mol. Life Sci., 60 (8), 2003, pp. 1636-1646,
14 Guttmacher, A.E., Collins, F.S., Welcome to the genomic era , New England Journal of
Medicine, 349, 10, 2003m pp. 996-998,
15 Mattay, V. S. et al., “Catechol 0-methyltransferase val
158
-met genotype and individual
variation in the brain response to amphetamine”, PNAS, 100, 10, 2003, pp. 6186-6191.
16 Insel, T. R., Collins, F. S., “Psychiatry in the genomics era”, Am. J. Psichiatry, 160: 4,2003,
pp. 616-620.
25
espectro de las posibles diferencias al dar lugar a lo imprevisible
en la constitución de la individualidad, y al considerar al
individuo como biológicamente determinado para ser libre, es
decir, para volverse una excepción del universal que lo incluye.
La plasticidad da lugar, entonces, a un nuevo paradigma y
permite efectuar una revolución científica, en el sentido
propuesto por Kuhn.
17
Según Kuhn, cuando un paradigma se ve
acorralado en un punto extremo -por ejemplo, el de la
determinación ornica de lo psíquico, e incluso el de la
determinación genética
18
del comportamiento humano-, se agota
hasta acabar en un fracaso y abre, así, el camino hacia una nueva
concepción. No hay que saltear esta etapa crucial. El
psicoanálisis y las neurociencias deberían ayudarse mutuamente
a partir de los puntos débiles encontrados en sus campos
específicos, animándose a explorar aquello que se resiste a sus
análisis. El psicoanálisis debería seguir la dirección abierta por
Lacan cuando se preguntaba por la existencia de una ciencia que
incluyera al psicoanálisis.
19
Las neurociencias deberían
encontrar en el psicoanálisis los puntos de apoyo necesarios para
orientarse en la emergencia de lo único, ubicado en el seno de
los mecanismos biológicos generales descubiertos.
Proponemos, entonces, que el psicoanálisis se vincule con las
neurociencias por medio del concepto de plasticidad, que resulta
operativo en el campo del psicoanálisis aunque sea una noción
17 Kuhn, T. S., La structure des révolutions scientifiques, París, Flammarion, 1983, trad. de la
edición aumentada de 1970 [trad. esp.: La estructura de las revoluciones científicas, trad. de
A. Contin, México, Fondo de Cultura Económica, 1971].
18 Atlan, H., La fin du “tout génétique”? Vers de nouveaux paradigmes en biologie, París, INRA
éditions, 1999.
19 Lacan, J., “Les quatre concepts fondamentaux de la psychanalyse”. Resumen redactado para
el Annuaire de l’École pratique des hautes études [1965], Le séminaire, Livre XI, París,
Seuil, 1973 [trad. esp.: “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”, El seminario
de Jacques Lacan, Libro XI, texto establecido por J.-A. Miller, trad. de J. L. Delmont-Mauri
y J. Sucre, Buenos Aires, Paidós, 1986].
que proviene de la biología. Ahora bien, la inconmensurabilidad
de estos dos campos sigue sin cuestionarse. Entre neurociencias
y psicoanálisis, no existen sincretismo, ni reconciliación, ni
síntesis posible. No podemos avanzar sin antes reconocer las
diferencias esenciales que existen entre ellos, y que constituyen
un factor dinámico del que se desprende la emergencia del
sujeto, inclusive a partir de las leyes de la biología.
¿Cómo pensar, entonces, la relación entre neurociencias y
psicoanálisis a partir del concepto de plasticidad? La plasticidad
elimina de entrada tanto la idea de una heterogeneidad absoluta
como la de una superposición indistinta (Figura 1.2).
Afirmar que neurociencias y psicoanálisis pertenecen a dos
órdenes heterogéneos no quiere decir que no tengan ningún tipo
de relación. El fenómeno de la plasticidad se opone de plano a
tal perspectiva. Se podría formular como hipótesis paradójica
que neurociencias y psicoanálisis pueden articularse justamente
gracias a su inconmensurabilidad. Resta saber de qué manera
estos dos órdenes heterogéneos pueden articularse. ¿Acaso se
trata de una reunión que forma un conjunto, o más bien de una
intersección entre dos órdenes heterogéneos donde cada uno
afecta al otro?
Reunión e intersección se corresponden con la heterogeneidad
de los términos. El modelo de la reunión implica una
desnaturalización de las características propias de cada orden;
esto llevaría a confundir neurociencias y psicoanálisis en un
conjunto indiferenciado. Por el contrario, el modelo de la
intersección admite que neurociencias y psicoanálisis puedan
ponerse en relación por medio de la plasticidad, respetando al
mismo tiempo la existencia de elementos diferentes. Sólo este
último modelo da cuenta del fenómeno de la plasticidad, donde
lo psíquico marca lo orgánico y afecta a la materia, pues deja
27
Figura 1.2
Modelos de la relación entre neurociencias y psicoanálisis.
huellas materiales, concretas, acordes con la experiencia. En
efecto, la plasticidad demuestra que neurociencias y
psicoanálisis, cuyas dimensiones son inconmensurables, pueden
afectarse recíprocamente.
20
20 El concepto de plasticidad significa que la experiencia puede inscribirse en la red neuronal.
Un acontecimiento vivido en un momento dado se marca al instante y puede persistir en la
La zona de intersección entre estos dos órdenes heterogéneos
plantea la cuestión de la huella dejada por la experiencia a través
de los mecanismos de plasticidad. La cuestión de la huella es
común a los dos órdenes heterogéneos. En la parte central de
este libro, se explicará el estrecho vínculo entre la huella
sináptica y la huella psíquica.
duración. El acontecimiento deja una huella como una suerte de encarnación del tiempo.
Pero esta huella puede ser modificada o puesta en juego de forma diferente al asociarse con
otras huellas. Más allá del determinismo biológico (neuronal o genético), y más allá del
determinismo psíquico, el hecho de la plasticidad implica, pues, un sujeto que participa
activamente en su devenir, ¡e incluso en el propio devenir de su red neuronal! Y así, desde una
nueva perspectiva, se vuelve pertinente una posición enunciada por Lacan: “Lo importante es
captar cómo el organismo viene a apresarse en la dialéctica del sujeto”. Lacan, J., “Position de
l‟inconscient” [1960,1964], Écrits, París, Seuil, 1966, p. 849 [trad. esp.: “Posición del
inconciente”, Escritos 2, trad. de T. Segovia, Buenos Aires, Siglo XXI, 1985, p. 827].
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