adhesión a una estrategia unilateral; 3) se establecen políticas de
mediano y largo plazos con alto consenso, y 4) se perfecciona la calidad
y la capacidad técnica de la Administración Pública y de las instituciones.
En síntesis, puede existir un Estado “fuerte y limitado” cuando los
dirigentes políticos, los actores sociales y los ciudadanos saben que es
necesario un Estado imparcial y profesionalizado para mediar y
desarrollar una estrategia- país, junto con las políticas públicas
coherentes, que posea elevados niveles de consenso y una adecuada
estabilidad. Por fortuna, existen países de la región que en los últimos
veinticinco años han desplegado diversos avances concretos en esta
dirección como, por ejemplo, Chile, Brasil, Uruguay, Perú y Costa Rica.
El caso de Chile y Brasil
En el caso de la economía de Chile, ha tenido resultados positivos en
cuanto a crecimiento económico, estabilidad y calidad institucional, y una
reducción significativa de la pobreza, si bien manifiesta menor inercia en
cuanto a sus indicadores de desigualdad. Durante los '80, un intento
monetarista extremo concluyó con la crisis financiera y económica de
1982, luego de la cual el gobierno militar, manteniendo la orientación de
las reformas de mercado, la apertura de la economía al comercio
internacional y la estabilidad macroeconómica, agregó políticas como el
tipo de cambio flexible y el fomento a nuevos sectores productivos
(especialmente en la industria alimentaria a través de diversas agencias
públicas). Además, el Gobierno no privatizó la minera estatal del cobre.
Asimismo se organizó una agencia de promoción de la capacitación del
personal de la administración pública.
Con la transición a la democracia, los gobiernos de la Concertación
mantuvieron los pilares de la economía de mercado mientras se
agregaron medidas de regulación macro, como encajes a los flujos de
capitales de corto plazo, se impulsó el fondo de estabilización del precio