El afecto esencial es el trazante de la lengua sobre el cuerpo por lo que lo traumático
no es la seducción, no es la amenaza de castración ni la pérdida de amor, ni la
observación del coito partental no es el Edipo, sino que es la relación con la lengua. El
accidente contingente que se siempre se produce necesariamente queda perdido en
este último. Llevado al extremo es resumido en la repetida fórmula lógica: el ste es
causa de goce (J.A.Miller: “Biología lacaniana y acontecimiento del cuerpo”). En estas
conceptualizaciones la historia y las vicisitudes singulares del sujeto quedan reducidas
a un efecto estructural necesario y es sobre sus consecuencias clínicas sobre las que
se abren las mayores incertidumbres.
Las razones intrateóricas (las consecuencias en la conducción de la cura) que
explicarían esa ausencia en ambas escuelas serían de interés, pero no es el objeto de
este trabajo. Digamos solamente que además de la fuerza de los paradigmas
conceptuales que excluyeron el concepto de trauma también contribuyó a ello entre
otras cosas la banalización del concepto y probablemente las dificultades para obtener
una perspectiva de conjunto sobre la cuestión de lo traumático asentadas en una
experiencia clínica más amplia en sus abordajes como la disponible en la actualidad y
reflejada en muchos trabajos contemporáneos.
Los paradigmas y conceptos respectivos del kleinismo y del lacanismo operaron como
‘pensamiento único’ de cada período dominante entre nosotros y fijaron los cauces en
los que se recorría la teoría y la clínica psicoanalítica. En esa medida las producciones
sobre dicha problemática quedaron en los márgenes de la difusión oficial. Insistimos,
esto es lo ocurrido con la idea de ‘trauma’ desde el punto de vista psicoanalítico cuya
historia en nuestro país presenta características singulares.
Conviene señalar que este no ha sido el caso en cuanto a la idea de trauma, por
ejemplo en el psicoanálisis americano (Anna Freud y otros), ni en el psicoanálisis
freudiano francés no lacaniano (Lebovici, y otros), ni en los desarrollos de Winnicott (a
partir de cuyas ideas surge la de Masud Khan sobre los ‘traumas acumulativos’).
Por ejemplo, en 1964 se realizó en New York, un Simposio sobre el Trauma Infantil,
que implicó una puesta al día del concepto freudiano desde sus orígenes. Anna Freud
señala en su intervención en dicho Simposio la necesidad, en ese momento, de
rescatar el sentido del término trauma de la suerte corrida al ser empleado, a su
entender, de manera ‘impropia o abusiva’. Se hablaba ya de ‘traumas acumulativos’,
‘de tensión’, ‘retrospectivos’ y ‘encubridores’ lo cual a su entender dificultaba la
diferenciación entre las ‘influencias patógenas en general’ y el trauma en particular. La
idea sostenida por Anna Freud subrayaba la importancia de la idea original freudiana
del ‘rompimiento de la barrera contra los estímulos’. No la citamos para recordar una
necesaria fidelidad a la letra de Freud, convertido este a su vez en ‘pensamiento único’