El ADHD conquistado: ¿cómo se autorrecuperó Toby?
A Toby le gusta decir que es una anomalía por definición, puesto que consta de tres mitades:
mitad negro, mitad judío y mitad gay. Toby utiliza la palabra «negro» genéricamente,
refiriéndose a todas las personas de color, y la «mitad» en cuestión no es realmente africana, sino
polinesia. De todas formas, las tres «mitades» representan minorías perseguidas en muchas
sociedades, con Toby en la intersección. Y éste es sólo el preludio a la historia de Toby.
Toby fue adoptado cuando tenía seis años, de modo que sus orígenes exactos son
desconocidos. Según la información obtenida de sus padres adoptivos y su propia investigación,
su padre biológico era un judío francés y su madre biológica era una maorí de Nueva Zelanda.
Eran compañeros estudiantes en Sidney, y Toby fue el producto obviamente indeseado de una
violación. Sus padres adoptivos eran una pareja galesa de clase media que emigró a Australia
desde Gran Bretaña. Ellos querían una hija pero adoptaron a Toby porque su otro hijo (también
adoptado) era un niño y ellos no tenían una habitación independiente para una niña. Este origen
«indeseado» había atormentado a Toby durante toda su vida, y hablaba sobre ello
conmovedoramente en un documental que él mismo hizo muchos años después. El documental,
titulado Alias, recibió aclamación de la crítica en varios festivales de cine en Australia,
incluyendo el Bondai Film Festival y el Sidney Sort Film Festival (ambos en 1998).
Toby fue un niño precoz. Estudió canto, flauta y danza. Distinguido por su talento
excepcional, ejecutó solos en varias galas. Pero Toby era también un niño difícil y caprichoso.
En muchas ocasiones, cuando sus padres se enfadaban con Toby practicaban el «amor duro».
Metían las pertenencias de Toby en una bolsa y le decían que se fuese de casa y volviese sólo
cuando se hubiera «arrepentido».
Previsiblemente, Toby caminaría alrededor de la manzana y volvería para llamar a la puerta,
«arrepentido», hasta la próxima ocasión. Pero en una ocasión, cuando tenía nueve años, Toby no
volvió. En lugar de ello, caminó varios kilómetros en mitad de la noche, agarrando fuertemente
su bolsa, desde el suburbio donde creció hasta el centro de Sidney. Allí se unió a otros niños sin
hogar y empezó su vida como un golfillo de la calle.
Durante varios años Toby se ganó la vida como un buscavidas, un chapero. Muchos años
después me dio una vuelta por «su» Sidney y me llevó a la «Wailing Wall», una estructura de
piedra arenisca amarilla, el exterior de la primera cárcel de Sidney en Oxford Street cerca del
hospicio de San Vicente, donde los niños buscavidas solían congregarse esperando a «johns». Al
principio, sentí que mi sensibilidad judía se ofendía por esta referencia sacrílega, pero luego
comprendí su amarga exactitud. En el muro, Toby me mostró un graffiti borroso «Toby, 1976»,
hecho durante su vida en las calles.
En todos los demás casos que presento en este libro utilizo nombres ficticios para proteger
la confidencialidad de mis pacientes. «Toby», sin embargo, es en cierto sentido un nombre real.
Es uno de los varios «nombres de guerra» utilizados por Toby en su profesión como niño
«trabajador del sexo» en las calles de Sidney. Todos estos años Toby ha estado visitando
periódicamente sus graffiti, pasando algún tiempo en silencio ante ellos y asegurándose de que
no se habían difuminado o los habían borrado. Me invitó a unirme a él en este peregrinaje a su
muro, y prefiero no hurgar en las complejas emociones que deben haber rodeado al ritual:
simplemente permanecí en silencio.