Dora y la joven homosexual, Seminario 4 de Jacques Lacan.
El objetivo de este capítulo del seminario 4, es poner de manifiesto las diferencias sustanciales que
hacen del caso “Dora” y el de la joven homosexual, similares, pero a sí mismos diferentes.
Primero deberíamos repasar la estructuración histérica. En un primer momento, la niña, presa de
la envidia del falo, abandona el objeto madre quien está privada de éste y se dirige al padre,
poseedor del falo y está dotado (potencia) para satisfacer a la niña del deseo de un hijo
proveniente de la ecuación simbólica: Pene imaginario-niño. La idea de un padre potente y dador
es en sí inconsciente.
En el caso de la joven homosexual, el quiebre se produce al momento de que éste padre potente
otorga a la madre un niño. Satisface el deseo de la madre en detrimento del deseo de su hija. Un
niño real frustra y corta la relación imaginaria de la sujeto con el niño imaginario. Todo esto lleva a
transformar las relaciones, la relación entre la sujeto y el padre, menciona Lacan, está situada en
el eje simbólico (podría decirse para explicarlo que esa ubicación radica, en la compensación
simbólica que podría hacer el padre otorgando un niño al deseo de falo de la niña, como así
también es factible pensar que esa relación simbólica, además, está mantenida por la separación
que produce la prohibición del incesto. Se está unido por lo que está prohibido.) Ésta relación
mantenida en el eje simbólico pasa a ubicarse dentro del registro imaginario, produciéndose una
identificación de la sujeto a su padre (identificación Yo a Yo).
También en éste punto, Lacan sitúa la proyección hacia fuera de una idea inconsciente, la idea del
padre potente se proyecta hacia fuera pero en esa proyección quien es potente es el Yo
identificado, es decir, la joven homosexual.
Ésta identificación y su proyección, posibilitada por la aparición del niño real, conlleva a una
mostración perversa de la joven, “Mira padre, yo te mostraré como se corteja a una mujer”.
Desde éste punto de vista me atrevo a decir que la joven homosexual no se ubica dentro de la
estructura perversa, mas bien, es una joven histérica. ¿Por qué afirmo esto? Si se observa
detenidamente con los elementos que nos propone Lacan, la joven continúa atada al padre, de
una manera diferente a Dora (que ya trabajaré), está atadura al padre se hace evidente por su
identificación a él y también por los reproches dirigidos al padre, que exterioriza al cortejar a la
dama. La joven homosexual mantiene viva la promesa de un hijo por parte del padre. No está de
mas observar, que la joven no es estrictamente homosexual, no tiene por objeto de deseo a las
mujeres y eso se patentiza cuando Freud destaca que ante el cortejo de una mujer, la joven la
rechaza y afirma Freud que la sujeto no ha tenido encuentros homosexuales con ninguna mujer,
de hecho, la dama a la que ella corteja no accede nunca a intimidades con la joven e incluso la
insta a que se aleje de ella.
En esta mostraciones de la sujeto, que como he dejado en claro, no es homosexual más que en un
acto de mostración perversa, lo que realiza, dice Lacan, es una metonimia, es decir, dar a entender
algo hablando de otra cosa. En éste caso, demuestra al padre como debe cortejarse a una mujer
por lo que ella no tiene, mostrando una mascarada homosexual. Bajo estas elucidaciones se me
impone una pregunta ¿Qué manera hay de mostrar como se corteja a una mujer, si no es
haciéndolo ella misma (en postura homosexual) a otra mujer? Con esto cerramos el análisis de la
joven homosexual y pasaremos al tratamiento que hace Lacan de Dora.
En el análisis del caso clínico, Lacan nos muestra que siguen manteniéndose los mismos
elementos, la joven, el padre y la dama.
Dora es presentada a Freud como una enferma por parte del padre, quien se alarma ante el
descubrimiento de una carta de suicidio que tiene todas las características de una mostración a
modo de llamado de atención (Acting out). Este padre y la misma Dora le ocultan a Freud el hecho
de que el padre tenga como amante a una tal Señora K.
El padre y la sujeto mantienen una relación de cuarteto con la otra pareja, el señor y la señora K.
A diferencia del caso de la joven homosexual, en el que la joven introduce a la dama como tercer
elemento, en “Dora”, el padre es el que introduce a la señora K. al circuito.
Dentro del historial se destaca claramente que Dora reivindica el amor por su padre sintiéndose
arrebatada del mismo por la señora K. Ante esta situación Freud deduce con audacia, que la joven
tenía pleno conocimiento de la relación del padre con la señora K, y aún más, sostenía ella misma
el vínculo entre ambos y era entregada por el padre a modo de recompensa, al señor K.
Es en esos momentos cuando Freud le pregunta acerca de su implicancia en el circuito relacional.
En el transcurso del historial podemos ver que Dora mantenía una relación muy especial con la
señora K., a quien luego se contrapondrá y pedirá al padre que concluya la relación con dicha
señora.
Pasemos a considerar la figura del señor K. en el circuito. Sin lugar a dudas, éste personaje era una
figura muy importante para Dora y mantenía con él un vínculo libidinal, nos obstante, la
naturaleza de ese vínculo no era del modo en que Freud lo estaba viendo, insistiendo acerca del
amor de ella por el señor K., más bien, éste sujeto era el personaje viril con el que Dora se
identificaba. En la medida en que su Yo se identificaba con el Yo del señor K. ella era el señor K., y
desde ahí Dora se vincula con la señora K. (recordemos que la misma protagonista del historial
había reemplazado a la señora K. en sus funciones como ser, cuando cuidaba a los hijos).
Recordemos ahora, en el segundo sueño de Dora, el momento en el que ella se queda adorando
por dos horas a la Madonna, ¿por qué la adora?, dejemos ésta pregunta de lado por unos
instantes y volvamos a considerar la relación de la señora K., con la joven.
La señora K. es objeto de adoración por quienes la rodean, tiene a su marido y también el mismo
padre de la joven mantiene relaciones con ella, ésta mujer representa para Dora su pregunta
“¿Qué es ser una mujer?” y parece ser que para Dora la respuesta está en esa mujer a la que
todos ADORAN, he aquí la significación del fragmento del sueño en donde ella ADORA a la
Madonna por horas y la mira fascinada, observamos aquí como la señora K. está representada por
la Madonna en el sueño de Dora.
A diferencia del caso de la joven homosexual, en éste historial tenemos un padre impotente,
acosado por varias enfermedades que lo dejan convaleciente y que Dora espera de él un don que
nunca recibe, podríamos decir, un padre impotente al cual la sujeto ama y se mantiene apegada.
Volviendo a la pregunta de Dora sobre “¿Qué es ser una mujer?” podríamos desarrollarla y decir
“¿qué es lo que mi padre ama mas allá de la señora K.?” Dora se aferra precisamente a lo que su
padre ama en otra en la medida en que no sabe qué es lo que es. La señora K. hace lo que Dora
no puede hacer, es decir, ser objeto de deseo de un hombre, posicionarse como objeto de
deseo, y si no lo puede hacer es porque no sabe cómo, y esta señora estaría encarnando su
“pregunta” y eso mismo es lo que provoca la satisfacción de que su padre ame a la señora K.
Ahora, ¿por qué Dora insiste en que el padre termine la relación con esa mujer? Para que eso
sucediera, el circuito se debe haber roto y aquí juega otro papel fundamental el señor K. Dora le
pega la bofetada cuando él, con su frasemi mujer no es nada para mí”, la anula del circuito a la
señora K. autoeliminándose del mismo. Si junto a la señora K. no hay nada, entonces ya no
encarna a la pregunta de Dora, ella ya no se fascina con la señora K. y no puede permitir de que su
padre la ame, pues si la señora K. ya no encarna su pregunta, ella no es el “más allá” de la señora
K. en la relación con su padre. Si el señor K. solo está interesado en ella, entonces el padre solo
está interesado en la señora K. y esto es lo que no puede tolerar Dora, porque ella no sabe cómo
ser un objeto de deseo de otro. Allí es cuando la paciente comienza con sus demandas hacia el
padre y reivindica su amor hacia él.
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