Breve historia económica del Uruguay
Uruguay, país pequeño situado en la zona templada del planeta, logró a partir de 1870 un
rápido crecimiento económico al consolidar un modo de producción capitalista impulsado por la
inserción (tardía) en el sistema mundial como proveedor de productos primarios, esencialmente
pecuarios, rol que lo caracterizó desde los tiempos de la colonia.
El sostenido crecimiento de la ganadería, actividad productiva fundamental, ocurrió luego de la
liquidación de la economía pre capitalista (vigencia de los derechos de propiedad en el campo,
implantación del alambrado, expulsión del gauchaje y asentamiento de la mano de obra asalariada) y
se debió a la coincidencia de dos conjuntos de factores:
En lo interno, las condiciones naturales (suelo, clima), la reducida población y las bajas exigencias en
materia de capital y de nivel tecnológico, ambos factores escasos en Uruguay, determinaron que el
sector ganadero extensivo pudiera producir en condiciones de competencia con el exterior.
En lo externo, el desarrollo de la navegación transatlántica, la mejora de los métodos de conservación
de la carne por el desarrollo de la refrigeración y el aumento de los niveles de consumo de la
población europea resultado de la expansión económica.
Entre 1875 y 1913 se generó un importante volumen de excedentes, cuya apropiación se
repartió entre el capital extranjero y el nacional compuesto este último por los grandes propietarios
rurales y los comerciantes montevideanos. Una menor porción consumió el Estado para su rol de
mantenimiento y reproducción del orden social. El empresario rural reinvirtió en el mismo sector
agropecuario buena parte de sus excedentes, lo cual fue complementado por inversiones extranjeras
(principalmente británicas) dirigidas a aprovechar y facilitar la exportación de productos pecuarios,
posibilitando el transporte de la producción primaria desde el interior y su comercialización. La
reinversión de los beneficios generó un período de rápido crecimiento, que llevó a Uruguay a niveles
de ingresos per cápita similares a los de los países industrializados. Se cumplieron entonces las dos
condiciones para el crecimiento en una economía capitalista; la existencia de beneficios y las
posibilidades de inversión, todo ello soportado por el Estado ligado a los intereses de los dos grupos
poderosos a escala nacional. El crecimiento de la ganadería facilitó un incipiente desarrollo industrial y
de algunos sectores agrícolas, que reforzaron el crecimiento económico general y que fueron en
última instancia fuertemente dependiente de ella.
Pero el crecimiento se agota al estancarse la ganadería: hacia la década del veinte la tasa de
beneficio que decrecía debido al aumento del capital constante llega a valores bajos que
prácticamente implican una reproducción simple (no ampliada) del circuito de producción, por la
ausencia de reinversión en el sector. En la demanda exterior, el otro pilar del proceso de crecimiento,
la multiplicación de la oferta de productos primarios más la decadencia del principal cliente, Gran
Bretaña, cierra una fase histórica de crecimiento del capitalismo uruguayo. La depresión comienza en
1913 a partir de la crisis financiera internacional y la concomitante disminución de la demanda de
productos primarios en los mercados europeos. La caída de los precios implicó una brusca
disminución de la riqueza generada por el sector ganadero, que alcanzó casi el 50% entre 1913 y
1916. El volumen de las exportaciones, pilar del modelo agroexportador, se estancó durante los años
de la primera guerra mundial aunque los precios internacionales subieron durante el conflicto. Recién
en 1925 la ganadería podrá superar los niveles que tenía antes de la crisis.
La disminución de los ingresos de las exportaciones pecuarios volvió a demostrar la
dependencia del resto de los sectores de la economía uruguaya de esos ingresos: la crisis contrajo un