DESCARTES, R. (1970) Discurso del método. Meditaciones metafísicas. Prólogo a la 12ª. Edición
por Manuel García Morente. Madrid: Espasa-Calpe.
“Nótese, pues, que la verdad o falsedad de una idea no consiste, para Descartes…en la
adecuación o conformidad con la cosa. En efecto, las cosas existentes no nos son dadas en sí
mismas, sino como ideas o representaciones, a las cuales suponemos que corresponden
realidades fuera del yo. Pero el material del conocimiento no es nunca otro que ideas –de
diferentes clases– y, por tanto, el criterio de la verdad de las ideas no puede ser extrínseco, sino
que debe ser interior a las ideas mismas. La filosofía moderna debuta, con Descartes, en
idealismo. Incluye el mundo en el sujeto; transforma las cosas en ideas; tanto que un problema
fundamental de la filosofía cartesiana será el salir del yo y verificar el tránsito de las ideas a las
cosas. (…)” (pp.15).
“Sin embargo, hay que confesar por lo menos que las cosas que nos representamos durante el
sueño son como unos cuadros o pinturas que tienen que estar hechas a semejanza de algo real
y verdadero, y, por lo tanto, que esas cosas generales…no son imaginarias sino reales y
existentes…” (pp.94)
“Entre mis pensamientos, unos son como las imágenes de las cosas y solo a estos propiamente
conviene el nombre de idea (…) Y ahora, en lo que concierne a las ideas, si se consideran
solamente en sí mismas, sin referirlas a otra cosa, no puede, hablando con propiedad ser falsas,
pues ora imagine una cabra o una quimera, no es menos cierto que imagino una y otra. (…) así
también puede haber en mí, alguna facultad o potencia propia para producir esas ideas, sin
ayuda de ninguna cosa exterior… Pues en efecto, las que me representan sustancias son sin duda
algo más y contienen, por así decirlo, más realidad objetiva, es decir, participan, por
representación, de más grado de ser o perfección que las que solo me representan modos o
accidentes…” (pp. 108-110)
Ibíd, Meditación primera.
Ibíd, Meditación tercera.