Hace dos años era igual de tímido que ahora, quizá no tanto como
hace diez, pero es algo que tampoco quiero perder. Forma parte de
mi personalidad. Mis amigos son los mismos que hace quince. Mi
madre sigue aparentando menos, como yo. Papá tiene todo el pelo y
mi hermano parece que acaba de salir del instituto, aunque ya tiene
veinticinco.
Escribo igual que antes, exactamente igual que aquellas noches en
las que me leían diez personas cuando llegaba a casa. No fue hace
tanto, no te creas. Sigo poniendo ganas a todo lo que merece la pena.
Pero todas. Me ha salido alguna cana. He leído textos en locales en
los que hacía frío y éramos veinte y la mitad se reían de lo que
escribía. He llenado el Fnac de Callao y la Casa del Libro de Gran
vía. He recorrido media España donde me regalan cariño. Pero
aunque no te lo creas, tranquilo, ni yo mismo me lo creo. Me pone
nervioso leer en público y he subido a la Galileo Galilei abarrotada.
Alguna gente se siente identificada con mis letras y otra no le
encuentra el mérito. El éxito es siempre intentar hacer las cosas
según salen de dentro. Y eso es más importante que miles de
ejemplares.
Y si me ves, puedes acercarte, y si quieres foto, sin problema, pero
ponle filtros, para que parezca yo algo más normal. Si entras en mis
redes, puedes escribirme, y si no te contesto, repite, que es que se
me ha pasado.