Práctico lunes 29/01
clase sincrónica
Lunes martes y jueves
Firmar el acuerdo de confidencialidad
3 ejes
-epistemológico: (3 primeras clases) nos permite discernir la especificidad de nuestra
práctica, posición del analista, diferenciar nuestra práctica de otras prácticas. Dialogar con
otros actores interviniendo x ejemplo con la escuela o con el pediatra o el con el psiquiatra,
hay q ubicar la especificidad de nuestro discurso.
Texto de saavedra: trabaja esto anterior, aborda la práctica religiosa, jurídica, psiquiátrica, el
estatuto q se le da a la palabra en esas prácticas al deseo y a la verdad en esas prácticas.
Y establece una diferencia con la práctica psa q se sostiene con el discurso del psa y las
otras disciplinas con el discurso del amo (de control social, hay un ideal hay una moral en
juego). Psa toma la singularidad. Las otras practicas buscan homogeneizar.
Cada práctica tiene su especificidad, su objeto de estudio.
Lo singular: no es lo individual. Trabajar con un niño o adolescente no trabaja solo con ese
sujeto, el psa busca lo singular sin dejar de lado a los otros.
-Rubinstein: diagnóstico para el psa es una herramienta para la práctica, toda la
complejidad q conlleva construir un diagnóstico. A diferencia del diagnóstico médico
psiquiátrico. Es favorable para nosotros para abordar en la clínica
-Ojeda: “una lectura de la norma” trabaja sobre el malestar en la cultura.
-Russ: se trabaja la cuestión de la evolución y el progreso: nos permite como analista ver
con respecto al ideal de progreso es algo que tenemos que poner en cuestión.
Segunda clase:
Vallelar: obstáculo epistemologico. Se transmite el obstaculo de la clínica. Y la posibilidad
de obstaculizarlo que pase a motor.
Miller: entrevistas preliminares, sujeto con respecto a sus dichos, enunciado y la
enunciación
Jorge…: niño freudiano : aborda a lo infantil a los modos infantil de satisfacción q persisten
a lo largo de la vida.
Jueves: texto de niñez
Eje de adole: cuestiones de la época actual, problemática de estos tiempos. Síntomas.
Teórico: el material son los videos sobre temas específicos.
-Práctic Clas 1
SAAVEDRA, M.E. - A propósito de la confesión
El texto se va a preguntar por la política del psicoanálisis en las instituciones, va ir
trabajando la especificidad de diferentes discursos hasta llegar a lo específico del discurso
psicoanalítico para poder situar allí a lo que hace a la práctica psicoanalítica, a la posición
del analista, al deseo del analista. El texto convoca a los psicoanalistas que se interrogan
por la práctica, ubica la posición del analista. El texto va tomando el tratamiento de la
palabra que cada uno de los discursos hace, ejemplo: el discurso religioso que hace el
tratamiento de la palabra vía la confesión; el discurso jurídico-psiquiátrico que hace el
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tratamiento de la palabra por la vía de la indagatoria. Estos dos discursos hacen un
tratamiento moral, y eso implica un mayor sentimiento de culpa, mientras que el discurso
psicoanalítico se ubica dentro de un orden clínico, y a su vez no es una disciplina del
control social. Ese discurso se soporta en una posición ética, que se sostiene por la
presencia y por el deseo del analista. El texto revalora la cuestión de la posición del
analista, en cada una de las instancias del texto se puede ubicar el tratamiento de la palabra
que se hace, el lugar que toma la palabra, la posición de aquel que la practica. Los
prejuicios del analista están, sus creencias e ideologías están porque están en su persona
pero el texto invita a poder distinguir eso, el deseo del analista en función implica que
este deseo no coincide con el de la persona que lo soporta al abstenerse de sus
opiniones, sentimientos y prejuicios.
Situar de qué se trata nuestra práctica enmarcada en el discurso psicoanalítico, que vamos
distinguiendo de otros, diferenciar y ubicar los límites y alcances de nuestra práctica para
tratar con las otras disciplinas: psiquiatra, terapista ocupacional, maestra, directora,
psicopedagoga, etc.
El texto inicia presentando una dicotomía entre lo público y lo privado en el derecho.
Plantea que esta dicotomía sostiene una supremacía del orden de la comunidad respecto a
lo que concierne a sus miembros. La supremacía de lo público subordina el interés
individual al colectivo, y los bienes individuales al bien común. De este modo el individuo
debe renunciar a su autonomía en favor del ente colectivo: la nación, la comunidad o la
clase. Y una vez alcanzado el bien de la totalidad como fin se transformará en el de las
partes. Resuena un poco a lo que Freud plantea en “Malestar en la Cultura” cuando dice
que el individuo aislado debe renunciar a la satisfacción pulsional inmediata en pos de la
vida en comunidad, así como en la “Conferencia 27” donde dice que el psicoanálisis no se
trata de propiciar una satisfacción sexual sin restricciones porque lo que gana el individuo lo
pierde la comunidad.
El texto plantea la importancia de que se sostenga la comunidad, no como ideal sino en el
sentido de que las otras prácticas presentan un ideal que es necesario para organizar la
comunidad. El psicoanálisis no fue plantear eso como un ideal, ni siquiera la vida en
comunidad como un ideal, sino que de lo que se trata es que cada quien se haga
responsable de su propia satisfacción para poder vivir en comunidad, el asunto es de
cada quien con los otros, se trata de la responsabilidad de cada uno. En este punto el
psicoanálisis se diferencia de los otros discursos que propician un sentimiento de culpa: el
discurso psicoanalítico no va por la vía del sentimiento de culpa sino de la
responsabilidad ante el goce. Lo que se plantea tanto en la vertiente religiosa como en la
confesión, la penitencia (también habla de la práctica de la contemplación y la obediencia
tomando la obediencia de los monjes a sus maestros). Todas estas son prácticas que
proponen o instan a una renuncia del sí mismo, a una confesión de las tentaciones, faltas,
deseos; una confesión que si bien se trata del hablar con un cura o padre, no es un hablar
que reste malestar porque abona al sentimiento de culpa. La confesión es en función del
arrepentimiento y la penitencia, pero permanece en secreto, se están confesando las faltas
de las que uno sabe. El texto nos permite situar que el hablar de por sí no cura. Este hablar
que se propicia en la confesión o por medio de la penitencia que es mas un aporte al ritual
en lo público, mientras que la confesión es de lo privado, la eficacia que esto tiene es que
lleva a la mortificación por la fijeza, es un hablar que conlleva una fijeza y en ese punto lleva
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a la mortificación, a diferencia del hablar dentro del discurso psicoanalítico. El hablar
dentro del discurso religioso en la confesión se configura como la renuncia al propio
deseo, mientras que en el tratamiento psicoanalítico la confesión implica que la
palabra se disponga para ser oída, y constituye una acción que por su articulación
realiza una sustracción a lo que por callar mortifica. Se trata de hablar y que el analista
vaya oyendo aquello que es de la otra escena, lo que está en juego ahí es lo inconsciente.
Otra diferencia es que en la confesión cada quien habla de lo que sabe de sus faltas
mientras que cuando uno habla en un psicoanálisis dice más de lo que sabe, sabe aunque
no sepa que lo sabe.
La indagatoria establecida por la iglesia fue tomada por la vía judicial como un sistema
racional de establecer una verdad. Se obtenía una confesión como un testimonio, se
presentaba como prueba y eso después era verificado con el aporte de otros testigos, tenía
el sentido de autentificar la verdad de algún hecho, como una manera de ejercer poder. En
relación a esto toma también la conceptualización de Foucault acerca de las sociedades
disciplinarias y como todas estas prácticas trabajan en función del adiestramiento de los
cuerpos y el comportamiento en función de un ideal.
El texto señala que la práctica del psicoanálisis se sostiene desde el orden ético y no
moral porque busca que el sujeto se constituya en un acto acorde a su deseo. La
máxima diferencia de la práctica del psicoanálisis respecto de la confesión religiosa
y de la indagatoria jurídica-psiquiátrica es que no puede construirse como disciplina
de control social porque da lugar al deseo del hombre, atienda a la singularidad, al
cada cual respecto del modo de satisfacción que ubica como propio. Desde la
práctica del psicoanálisis no se homogeniza, no hay una pretensión de homogeneizar y
tampoco la cuestión del analista se ubica desde el lado de la omnipotencia sino que se
ubica un límite con respecto a la posición del analista. No se va por la vía de alcanzar un
bien o querer hacerle un bien al paciente. Hay que estar atentos de no caer en la trampa de
querer el bien del paciente, la trampa benéfica: uno muchas veces puede pensar “le
vendría tan bien hacer tal cosa, ojalá pudiera hacer tal otra”. No se trata de que uno no
sienta cosas, que al analista no le pasen cosas sino que se trata de no perderse en eso, en
querer el bien del paciente. No es una cuestión de omnipotencia del analista. Muchas veces
ocurre que se está escuchando al paciente y uno piensa qué le tendría que preguntar o qué
decirle, de decir la palabra justa o el silencio pertinente. Se trata de después, con
posterioridad, hacer una lectura de lo que ocurrió y situar los efectos si es posible, pero no
de antemano, no hay un saber anticipado sobre eso.
Las otras prácticas plantean un ideal y fundamentan un lazo social, por eso el asunto no es
criticar a estas prácticas discursivas porque son necesarias, hacen al lazo social pero el
psicoanálisis no va en detrimento ni en contra de eso, de esos ideales. Si alguien viene
hablarnos y tiene una fuerte creencia religiosa no vamos a atacar eso porque no vamos en
función de adaptar un ideal, contamos con eso porque puede ser aquello en lo que se
sostiene y vamos trabajando en función de situar su responsabilidad por el goce, por lo que
va haciendo en su vida con otros sin atacar eso. Las diferenciaciones no son para eliminar
o criticar sino situar los límites y los alcances. En ese sentido el lazo social que le
concierte el psicoanálisis es en función de que la castración tome su justo lugar. A
diferencia de otras prácticas de las que hablamos sobre una renuncia de sí, en el
psicoanálisis la renuncia de la que se trata para vivir con otros es la renuncia a la
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satisfacción pulsional inmediata, la renuncia al sometimiento del otro. El análisis concilia la
satisfacción del sujeto con la colectiva, no como adaptación sino en tanto que acorde a la
civilización, por lo tanto, no hace consistir una posición canalla entendida como la de aquel
para el cual todo su interés se limita a su propio goce.
Una lectura posible de la norma de los textos freudianos, Ojeda.
La pregunta de la que se parte es: ¿Cómo se explica la conformación de una sociedad?
Freud sitúa dos vertientes para responder esta pregunta. La vertiente que tiene que ver
con la vía filogenética, aquella que tiene que ver con el desarrollo de la especie, acá Freud
trabaja las cuestiones del mito. Y también la vertiente ontogenética, que concierne al
desarrollo individual. A partir de ello, sitúa la articulación de estas cuestiones con respecto
a la norma.
Cuando Freud habla de la vía filogenético, retoma el mito darwiniano de la horda primitiva
(T y T). A través de este mito, plantea el pasaje del estado de naturaleza al de la cultura,
por la vía de la identificación con el padre muerto. Esto da lugar a la ley de prohibición del
incesto.
En el estado de naturaleza, el hombre sería más libre que en la cultura. Pero dicha libertad
se encontraría constantemente amenazada por el arbitrio del hombre.
Estas cuestiones se encuentran trabajadas por Hobbes también. Según este autor, el
estado de naturaleza implica una guerra de todos contra todos. Para poder alcanzar la paz,
es necesario un acuerdo entre los hombres, para llegar al estado civil. A este modelo
adhiere Freud. Para este último la convivencia es posible en la medida en que la
conjunción de la mayoría (la comunidad) se contrapone como derecho al poder
individual.
Freud va a señalar que todo lo elevado en el hombre respecto de lo animal es la cultura,
donde los hombres por poder y por saber hacer dominan la naturaleza, y por medio de las
normas, los acuerdos, regulan los vínculos. Esto se produce en función de poder estar en la
cultura. Tanto Freud como Hobbes va a señalar que los hombres no encuentran placer en
la convivencia, sino un gran sufrimiento.
Si no estuviese la posibilidad de los acuerdos (la norma) lo que prevalecería es la
arbitrariedad del individuo. La convivencia sólo es posible por la conjunción de una mayoría
que sea más fuerte que los individuos aislados. El orden jurídico no va a quebrantarse para
favorecer a un individuo y su resultado va a ser un derecho al que todos hayan contribuido
sacrificando sus pulsiones.
Para Freud, la comunidad se contrapone como poder a la fuerza del individuo. La cultura es
proceso al servicio del Eros que pretende unir a individuos aislados en una unidad cada vez
mayor ligándolos libidinalmente, pero encontrándose expuestos al peligro de esa inclinación
agresiva de las personas, que es el sustituto de la pulsión.
A partir del Superyó se puede plantear una articulación entre la vida filogenético y la
ontogenética. La cultura subyace la agresión de los hombres mediante una instancia situada
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en su interior. El Superyó va a ser el encargado de velar por la cultura, y en el curso del
desarrollo individual recoge lo que es el orden de la tradición.
El amor es una de las bases de la cultura, en tanto que por amor toma su lugar la renuncia
pulsional que la cultura exige. Así se hace posible la unión de los individuos por la vía de la
identificación. Sin embargo, el autor sitúa que las pulsiones agresivas son constitutivas del
hombre y están siempre presentes. Amenazan constantemente con la disolución de la
cultura.
La supremacía del mercado es consecuencia de la globalización.
La crisis de aquellas instituciones que garantizaban estabilidad al sujeto, como el Estado,
trabajo, familia. Esto implica una crisis para la subjetividad. La incertidumbre y la
inseguridad respecto de ciertos aspectos que pueden producir angustia o melancolización.
En cuanto a esto, una de las funciones del PSA puede ser evitar que la precarización del
fantasma lleve a la melancolización.
Además, una época caracterizada por la decadencia de la función paterna, donde se
presenta una crisis de la interiorización de las normas, y donde estas a su vez son juzgadas
como innecesarias, se facilita el retorno al estado de naturaleza.
El PSA ofrece la posibilidad de alojar una demanda para que sea escuchada.
Evolución y Progreso: crónica de dos conceptos, Ruse.
Ruse plantea la tensión entre el concepto de evolución y la noción de progreso. Plantea un
intento de separación de ambos términos (que tienden a indiferenciarse).
La idea de evolución, es decir, la aparición gradual de los organismos a lo largo del tiempo
es la hija natural de la idea de progreso. Esto implica que había una idea de progreso social
que se deslizó en una idea de evolución biológica. Se pasaba de algo peor a algo mejor (en
términos morales). Esta idea es propia del progreso social, se tiende a lo mejor, habría una
escala (de peor a mejor).
Ruse plantea que cuando Darwin habla de la teoría de la evolución, esto no es tan así. Si
nos ajustáramos a lo que dice la teoría de la evolución, la idea de progreso no tendría
cabida (no se unirían los dos términos). Esto persiste e insiste.
La teoría de la evolución plantea la adaptación y supervivencia del más apto. Esto implica
mutaciones y variaciones en relación al ambiente. Ruse sitúa que estas adaptaciones y
mutaciones son relativas. El progreso que se da por las adaptaciones es relativo, no se
puede leer en términos absolutos. Los cambios no necesariamente implican una mejora. Lo
que es adaptativo en un ambiente puede no serlo en otro.
Un segundo golpe a esta idea de evolución=progreso (o evolucionismo progresivista)
estará dada por una introducción de la genética mendeliana, donde lo que se plantea en
esta teoría es que las mutaciones son aleatorias. Es decir, no responden a cuestiones
voluntarias. Si se da la evolución, ese organismo progresará, habrá un cambio y si no, no.
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La evolución implica un cambio de estado, que no tiene que ver con una idea valorativa de
mejor a peor. Simplemente son dos estados, que tendrá consecuencias para el organismo,
es decir, sobrevivirá o no.
No hay un fin teleológicamente predeterminado, no hay un fin último. No sucede que estas
variaciones se van dando en el sentido de que los organismos van mejorando o
progresando, y llega un momento donde los más avanzados eliminan a los menos
avanzados. Este sería el planteo del darwinismo social. Sucede que se hizo un uso
ideológico que planteaba en una punta a los aborígenes y en otra al hombre blanco europeo
y capitalista, de menor a mayor.
Y en la biología, de los microorganismos al hombre. Este es un planteo que tiende a
deslizarse. Quienes sostienen estas investigaciones habitan lo social, entonces están
inmersos en los ideales de progreso social.
Dos golpes supuestamente le darían muerte a esa alianza entre evolución y progreso, pero
no se produjo.
Ruse plantea que en la ciencia, esa alianza (que lo que vendrá será mejor, visión
progresivista) hay que dejarla de lado, pero aún así se filtra.
En PSA se puede imponer la visión de progreso, la idea de que el paciente tiene que
mejorar. Saavedra en “A propósito de la Confesión” dice que debemos estar advertidos de
no caer en la trampa benéfica de querer el bien. Esto puede conducir a un extravío en la
posición.
La posición del analista, quien se apoya en una ética (lo que implica considerar la
singularidad de cada quien) consiste en que en un análisis pueden haber cambios de
estado. El sujeto puede moverse de una posición a otra, pero no en términos morales (de
bien/mal, mejor/peor). El PSA no apunta a una cuestión adaptativa del paciente.
En el Seminario 1 Lacan realiza una crítica a los postfreudianos (teóricos de la Psicología
del Yo) en el sentido de que el analista se ubica en el lugar del Ideal. Y desde esa posición
da una medida de lo que debe ser.
Algunas cuestiones relativas al diagnóstico en psicoanálisis, Rubistein.
La autora presenta dos acepciones del término diagnóstico, una en sentido
epistemológico, que tiene que ver con el discernimiento, distinguir, conocer, lo que no
implica un rotulamiento. El otro uso, que proviene de la medicina, remite al
reconocimiento de ciertos signos que pueden agruparse de acuerdo a una categoría
nosográfica preestablecida. Un proceso de reconocimiento, clasificación y nominación. Un
diagnóstico de este tipo, que nombre una enfermedad, puede ser tranquilizador. Por
ejemplo, en el médico, reduciendo así su no saber, también en el paciente, en tanto se
cierra algo de la incertidumbre. El riesgo de esto es que queden ocultas las
particularidades de la subjetividad del paciente, que en esta categorización se pierda la
singularidad psíquica.
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No se trata de eliminar el diagnóstico, desestimarlo o desatenderlo. Sino más bien resulta
necesario definir en base a qué criterios se hace, y en qué lugar de la teoría y de la práctica
se ubica.
Al diagnóstico hay que situarlo en determinado marco teórico en el que se inscribe, ya que
elaborarlo es construir una teoría o saber.
No se debe reducir la personalidad del paciente a esa categoría, pero sí puede tomarse
para trabajar e interrogarlo. En función de las preguntas que nos hagamos se van
elaborando conjeturas que orientan la práctica con ese paciente.
El diagnóstico en PSA se produce y edifica en la práctica. No es una teoría meramente
especulativa, sino que se elabora y surge en la práctica. Tiene en cuenta la transferencia.
Incluye lo que se produce en la experiencia PSA, diagnóstico en transferencia. Da cuenta
de la posición del sujeto en la estructura.
No es un diagnóstico objetivante, sin embargo, se puede hablar de algunas
categorías. Distintas posiciones en la transferencia dan lugar a distintas estructuras
(represión=neurosis, rechazo=psicosis, desmentida=perversión). Es decir, se atiende a la
singularidad, pero también hay una legalidad y un orden que permite hablar de la estructura.
Ese saber que se construye sobre la estructura no impide oir al paciente. Rubistein dice que
“la singularidad del caso es más rica y compleja que la estructura que la ordena”.
El otro aspecto consiste en la relación del diagnóstico con la práctica analítica. Es una
relación de interdependencia y articulación. El diagnóstico no debe obturar la escucha,
no debe impedir oír al paciente. Porque si funciona como un saber anticipado o certeza no
oiremos más que lo que confirme nuestro saber. Hay que dejarse sorprender por las
asociaciones del paciente y los virajes del tratamiento. A la vez, el diagnóstico debe estar
y orientar. Si funciona como certeza, impide escuchar al paciente. Pero si no está, nos
extraviamos. Porque se da en la dialéctica, la relación entre el diagnóstico y la práctica.
Dialéctica que parte de la experiencia, surge de ella el diagnóstico, y a la vez regresa a ella
para ser verificado.
Se trata de dos momentos diferentes, primero se oye al paciente (no se está teorizando, ni
pensando en el diagnóstico, aunque ambos estén presentes). Atención parejamente flotante
en función de la asociación libre del paciente.
La construcción del saber, que es el diagnóstico, se da en un momento posterior. Luego se
regresa a oír al paciente.
Una dialéctica, y dos momentos diferenciados, pero que están en plena articulación.
El diagnóstico en PSA se trata de una conjetura. En tanto conjetura que se construye a
partir de lo que se escucha y que debe ser verificada en lo que se escucha, es importante
que el analista pueda soportar sus errores, y también dispuesto a modificar el diagnóstico.
El diagnóstico puede llevar tiempo, en este tiempo es necesario mantener la espera,
acompañándola de prudencia en las intervenciones.
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En la práctica se va construyendo un saber que será verificado, rectificado e
interrogado.
-Teóric Clas 1
PROF. SAAVEDRA - Orientación para los casos clínicos: motivo,
pedido y demanda
Diferenciación necesaria para cuando nos llega un caso, que nos llega como situación
problemática. Es muy probable que quizás el psicoanalista mismo sitúe él mismo lo que le
parece que es el punto clínico. Distinción entre motivo, pedido y demanda. Cuando
hablo de motivo me refiero a aquello de la realidad compartida que motiva la consulta
específicamente, ejemplo: consulto porque en la escuela me dijeron que tenía que traer a mi
hijo a la psicóloga; vengo porque me separé y me siento mal; vengo porque no duermo de
noche y no sé qué pasa; vengo porque uno de mis hijos no duerme a la noche; vengo
porque los médicos me dijeron que mi síntoma no es algo de mi organismo. El motivo es
una situación específica.
El pedido implica el para qué vengo: que se me pase la angustia, para que se me pase el
dolor de cabeza, para llevarme mejor con la gente, para poder decir que no a determinada
situación. Distintas situaciones que pueden motivar una consulta pero que tienen un pedido
específico. El motivo es la situación que causa a llamar específicamente y el pedido es el
para qué. Estos dos son parte del proceso secundario, interviene la consciencia tanto en el
motivo como en el pedido.
La demanda deviene del trabajo propiamente dicho con el psicoanalista a propósito del
proceso primario, el inconsciente. Refiere a la demanda de amor, al lugar familiar del sujeto
que viene a atenderse, y esto implica la relación del sujeto barrado a su Otro, es decir, el
fantasma, su concepción de la realidad psíquica, de qué goza, cómo transforma al otro
como su partenaire. Considerar la demanda posibilita la modificación de la posición del
sujeto a partir de la rectificación discursiva y la operación de restar el goce, ceder goce,
ceder una satisfacción.
Al psicoanálisis le interesa la elaboración y la operatoria en el nivel del sistema
inconsciente, pero no se desdeñan de ninguna manera los sufrimientos a nivel del proceso
secundario. Solo si nos quedamos resolviendo la cosa de la vida cotidiana perdemos de
ubicar la matriz de goce que domina y que está dominada, determinada desde el proceso
inconsciente, por lo que el sujeto le demanda al Gran Otro pero ignora que en ella reside su
propia demanda de amor en forma invertida.
El motivo es una situación específica, el pedido es lo que piden por ejemplo los padres
consultantes pero no necesariamente el niño o el adole coincide en el pedido con sus
padres o quien determina que es necesaria una consulta. Una escuela puede decirles a los
padres que tienen que llevarlo a tratamiento psicológico, la escuela puede tener un motivo y
un pedido y hay que distinguirlos. Esto puede motivar a los padres y hay que distinguir entre
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el motivo de los padres, ver si coincide con aquello que determina la escuela, y el pedido
que ellos nos hacen como profesionales. La cuestión es que no necesariamente vamos a
responder a ese pedido linealmente, sino que lo tomamos como aquello que nos presenta la
situación problemática. Nosotros como profesionales ligados al discurso psicoanalítico
sabemos que hay otra escena, y cuando llegue nuestro paciente nos ocuparemos de
propiciar la transferencia para poder trabajar con el método propiamente dicho: la
asociación libre, que en el caso de los niños tiene una forma muy particular, con el juego, el
dibujo, otras formas de expresión.
El motivo se sitúa de una manera, hay que diferenciar los pedidos, pero con los niños
y adoles hay que dar lugar a que ellos encuentren su propio sentido para venir al
tratamiento que les concierne. Para ello vamos a propiciar el campo de trabajo de situar
la demanda, que se sitúa trabajando con la transferencia, que es un proceso inconsciente
pero que determina la relación del sujeto que en relación a su propia realidad psíquica que,
a veces, por sus goces, lo saca o altera la realidad compartida.
-Práctic - Clas 2
BACHELARD, G. - La formación del espíritu científico
Vamos a extraer de allí la lógica en la construcción que Bachelard hace para lo que es el
conocimiento científico, para poder pensar la clínica y la posición del practicante en la
clínica psicoanalítica.
En el capítulo 1 trabaja la noción de obstáculo epistemológico. Lo que Bachelard va a decir
es que en el momento mismo de conocer se le presenta al científico un obstáculo. Es
inherente la presencia del obstáculo al proceso de conocimiento, es un obstáculo que no
está por fuera de ese proceso, no es exterior, sino que se le presenta en la subjetividad al
científico, como una especie de estancamiento, una suerte de inercia de confusión que él va
a llamar obstáculo epistemológico. Sería algo intrínseco al proceso de conocer que se
presenta, el científico se va a encontrando con su objeto de conocimiento y a la vez se va
encontrando con estos obstáculos. Lo toma como una variable a tener en cuenta, dice que
si bien está este obstáculo y detiene, si se lo interroga y se lo tiene en cuenta puede volver
a relanzar todo el proceso de construcción de conocimiento. El obstáculo es obstáculo y
es motor en la medida en que se lo interroga. Ahí el valor fundamental que tiene la
pregunta en lo que respecta a la construcción del conocimiento científico, una pregunta que
sería realizada desde un lugar o marco teórico. El autor va a decir que conocer sirve no
para conocer más, sino para poder formular preguntas que van siendo cada vez más
ajustadas y específicas. El obstáculo, cuando se lo intenta eludir, inevitablemente se cae en
un obstáculo contrario. Plantea que en la subjetividad del científico esto es inevitable, pero
que hay que tomarlo.
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En la clínica lo podemos pensar con la cuestión de los prejuicios, los ideales del
analista, de lo que el analista se tiene que abstener pero están en juego. Por eso en la
clínica psicoanalítica hay que obstaculizar el obstáculo, hacerle pregunta al obstáculo. En
cuanto a eso, por ejemplo esas preguntas cuando uno queda muy tomado quizás por el
afecto o por el relato del paciente, por alguna situación que se pueda plantear en la
transferencia. La transferencia es obstáculo y es motor en la cura en la medida en que se
puede poner a trabajar en el análisis las cuestiones resistenciales que presenta la
transferencia. Si uno queda muy tomado por el afecto o por alguna cuestión que se le pueda
jugar al analista como algo que no está suficientemente trabajado en su propio análisis es
mejor no desconocer eso sino que es necesario tomarlo y ver de qué manera se puede
estar jugando en el tratamiento con ese paciente. Si tomamos la lógica de Bachelard
plantearíamos algo de la experiencia en el análisis que se juega y la necesidad de tomar
cierta distancia en un momento de lo que sucede en el dispositivo mismo para poder hacer
una lectura de lo que sucede. No se trata de que el analista no sienta o no le pasen cosas,
que pueda sentir distintos afectos. Lo importante es ubicar eso como un dato para no
responder desde ese lugar.
Bachelard va a decir que el primer obstáculo con el que nos encontramos es con la
opinión, que le subyace una base afectiva. La opinión traduce necesidades en
conocimientos, hay una base afectiva allí y es necesario destruir la opinión. No somos una
tabla rasa, se pone en juego en el encuentro con el paciente quizás algunas cuestiones de
las cuales hay que abstenerse: ideales, sentimientos, prejuicios, que todo esto puede
constituirse en un obstáculo que detiene si no se lo ubica, pero si se lo interroga es posible
motorizar el tratamiento. Otro obstáculo que va a plantear es el de la experiencia
básica, que se presenta así como una cuestión muy pintoresca, un derroche de imágenes,
una pregnancia de la imagen muy fuerte de la cual también es necesario apartarse. Se
conoce en contra de un conocimiento anterior, no es sin ese conocimiento pero es en contra
de ese conocimiento. Bachelard va a hablar de conocer objetos, y en nuestro caso no se
trata de eso pero hay un punto en que se toca nuestra práctica en el planteo de Bachelard
que es en la subjetividad de quien aborda una práctica, sea la científica o sea la del
psicoanálisis. Lo que puede suceder es que uno quede tomado por el objeto que está
estudiando en el caso de la práctica científica, o tomado por la transferencia misma
que nos presenta el paciente en la práctica psicoanalítica, por lo que presenta el
paciente en general, y uno puede rápidamente perderse ahí, y perderse significa poner a
jugar la propia subjetividad en la relación con el paciente. Es necesario ubicar lo que puede
tener que ver con lo que el paciente presenta en transferencia y lo que puede tener que ver
con la subjetividad del analista. La persona del analista podría constituirse en un obstáculo
para poder oír al paciente, una cuestión de ir a comprender demasiado rápido que el
analista lo puede llevar a cabo desde su propio fantasma.
En el capítulo 12 “Objetividad científica y psicoanálisis”, allí Bachelard trabaja el tema de la
objetividad característica de la construcción del pensamiento científico. Se pregunta por lo
que ocurre con la subjetividad del científico, nosotros nos podemos preguntar por lo que
ocurre con la subjetividad del analista. Bachelard va a plantear algo respecto de la
objetividad a alcanzar, dice que no se da de entrada eso. Para alcanzar la objetividad tan
preciada en la ciencia es necesario pasar por el error, le da un lugar al error. Para
poder alcanzar la objetividad es necesario que haya una perspectiva de errores rectificados.
En la medida en que se toma el error como algo positivo se le puede preguntar, se lo
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interroga y a partir de ahí nuevamente se pone en movimiento todo el proceso. Cuando se
lo interroga se puede rectificar, y una rectificación objetiva lleva a una rectificación subjetiva.
Se produce un movimiento en el científico de des-subjetivación en la medida en que
recurre a los otros para alcanzar esa objetividad, en la medida va a recurrir al control
social. El control social es de alguna manera poner a disposición de los otros lo que se
creyó alcanzado hasta ese momento con la posibilidad de que eso sea cuestionado.
Nosotros podemos pensarlo en una presentación clínica, en un ateneo, en algún trabajo de
escritura que se pueda realizar acerca de un caso para presentar en un congreso o ámbito
científico, en la supervisión o cuando se conversa con colegas, y a partir de ahí se puede
extraer una lógica del caso. Se pasa de un nivel más descriptivo del caso a un nivel
explicativo donde está en juego por ahí las cuestiones que hacen a la lógica del caso. Es
importante socializar la práctica, no quedarnos aislados con nuestra práctica y abrirla
a lo que el autor llama el control social, a otros oídos. Cuando uno está presentando el
caso, en la medida en que hablas del caso empezas a ubicar porque lo escuchas
nuevamente. Lo interesante de poder rectificar, hay una relación diferente con respecto al
saber porque una cabeza bien hecha es una cabeza rehecha, una cabeza que puede llegar
a soportar que todo lo construyó hasta el momento se ponga en cuestión, y el analista en
ese punto tiene una relación con respecto a la castración, está atravesado por ella y tiene
ese posibilidad de movimiento. Hay que siempre ajustarse a eso cada vez, no podemos dar
nada por sentado sino que cada vez hay que ir con la disposición a rectificar la propia
posición, abstenernos de nuestra persona para poder oír lo que el paciente nos trae cada
vez. Esa rectificación discursiva supone una rectificación subjetiva en ese cada vez, un
ajuste en ese cada vez. No va en el sentido del progreso en ese punto, no es que el
analista es superior porque se analizó y ya está ajustado y de ahí en más puede oír
libremente al paciente, sino que cada vez hay que hacer el esfuerzo de pasar por eso. En
eso se presenta la lógica del obstáculo, el obstáculo se puede presentar en distintos
momentos, en distintos momentos por ejemplo de lo que presenta un tratamiento con un
paciente, que este movimiento puede darse también dentro de una misma sesión, a lo largo
de una misma sesión. Incluso cuando uno construye una hipótesis diagnóstica también si
uno se cierra demasiado a eso, eso mismo puede también construir un obstáculo en la
práctica porque puede impedir oír algo más y nos deja como en un encierro, y eso tiene
consecuencias en el paciente.
Lo que plantea Bachelard es algo de la lógica de la apertura, de poder abrirnos a oir al
paciente y eso implica una pérdida al nivel del propio narcisismo, implica perder algo en ese
proceso de des-subjetivación, un movimiento que implica una pérdida.
ALEMÁN, J. - Impresiones sobre el niño freudiano
En líneas generales el texto va ubicar lo que hace el niño, va a ubicar al niño en tanto
tiempo lógico, va a preguntarse cómo llega el niño, si hay alguien o algo que lo espera y va
a ubicar allí el lugar del lenguaje y del deseo. Va a hablar del lenguaje, también lo va a
ubicar en relación al cuerpo y a la pulsión y va a ubicar al deseo de los otros que esperan o
no al niño, es decir de la acogida o el rechazo. Y en función del deseo va a ir tomando lo
que hace al deseo materno, articulando allí la angustia y la fobia y el lugar del falo en tanto
turgencia vital.
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Lo que va a decir el autor es lo relativo al niño. Va a comenzar abordando lo que Freud
entiende por niño y va a señalar que es un lugar en tiempo lógico, con lo cual lo primero
que va a ubicar ahí el autor es que no lo va a tomar desde un punto de vista cronológico o
del desarrollo o madurativo, va a decir que el niño en lugar y un tiempo lógico transversal a
toda cronología. Con lo cual el niño freudiano no madura ni evoluciona sino que
retorna, vuelve, irrumpe, se impone. Se va a tratar de la permanencia de lo infantil, y eso
implica una ruptura con las teorías del desarrollo ya que lo que va a trabajar en este punto
el autor es lo que hace a lo infantil en la estructura, como posición, la permeancia de lo
infantil. Desde ese lugar va a decir que el niño no madura ni evoluciona sino que retorna,
vuelve, irrumpe, se impone, queda desligado de la cronología.
Va a decir que el niño no sabe a qué lugar llega pero llega y ya es nombrado, antes de
nacer, y va a ser confiado a determinadas expectativas, un lugar, un ideal, una insignia, y lo
va a esperar la acogida o el rechazo, señalando que a su vez lo que espera al niño desde
antes de nacer es el lenguaje como una lluvia que modela al cuerpo vivo del infans,
ubicando allí lo relativo a la pulsión. Es decir, el aluvión significante que recorta y constituye
un cuerpo. Va a decir que el lenguaje entra en la vida y enciende el deseo, diciendo que
viniendo de lo colectivo se convierte en lo mas singular y mas irreductible. Es decir, va a
ubicar al lenguaje en relación a dos dimensiones: el lenguaje en tanto que responde al
diálogo y a la comunicación, y el lenguaje en relación a lo mas singular e irreductible, es
decir el lenguaje como mascarada que oculta, que cada uno habla sólo el monologo de un
deseo imposible de compartir y de transferir. Entonces va a ubicar una relación entre el
proceso de adquisición del lenguaje y el deslizamiento del deseo en la cadena significante,
es decir el deseo como lo mas singular que se desliza en la cadena significante.
Son las palabras de los otros los que de un modo contingente se inscribieron y convirtieron
en huellas labradas sobre la superficie del cuerpo. Es decir es el significante que viene del
otro y que inscribe algo de difícil localización, que deja marcas. En función de ello es que el
autor va a empezar a ubicar lo que tiene que ver con el deseo materno, es decir cuando el
autor empieza a ubicar aquello significantes que vienen del campo del otro empieza a
desplegar lo que hace el deseo materno. Va a señalar que detrás de la madre de todos
los días tal vez se esconda una mujer y se va a preguntar hasta donde sabe el padre
de esa mujer que vive en la madre. Cuando el autor empieza a ubicar estas cuestiones
que hacen al deseo materno, al niño y a la función paterna va a señalar la posición del niño
ahí, va a empezar a trabajar que el niño no sabe lo que es para el otro, se siente amado y
empieza a sentir sin embargo que puede ser devorado. Va a ubicar allí lo que tiene que ver
con la angustia, en tanto que la angustia es no saber, es decir, el niño no sabe qué quiere
el otro. La angustia es la sensación del deseo del otro. El autor va a señalar que la
sensación del deseo que angustia marca la topografía de la ciudad, y la fobia transforma la
angustia en miedo, le propone a la angustia un objeto. Va a tomar a la fobia como un
momento necesario en la constitución, como que es necesario por allí para la constitución.
A su vez podemos señalar que ante esto que ubica el autor respecto de la angustia ante el
deseo de la madre podemos considerar esto para trabajar lo que toman otros autores con
respecto a las respuestas del niño. Es decir que ante ese no saber respecto del deseo de la
madre el niño puede responder con diferentes respuestas.
Lo que va a ubicar el autor es lo que tiene que ver con el falo. Cuando empieza a ubicar
estas cuestiones respecto del deseo de la madre, las respuestas del niño ante eso que
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angustia y la función del padre el autor va a hablar del falo, introduce al falo como símbolo
de turgencia vital.
Introducción al método psicoanalítico, Miller. Caps. 1 y 2.
Estos capítulos reúnen una serie de conferencias que Miller dictó, en un contexto de debate
entre ciencia y PSA. Se le criticaba al PSA que sus efectos no eran verificables porque su
método no lo era. Estas conferencias responden a estas críticas provenientes del ámbito
científico.
En principio se sostiene que el método nunca se toma de manera aislada. Si se considera
que por utilizar un método científico se obtendrán resultados científicos, se está en un error.
El método guarda coherencia con el objeto de estudio sobre el que se aplica en un marco
teórico determinado. Esta estructura le da coherencia.
En PSA, mientras se practica no se construye conocimiento. Este se da en otro momento,
no mientras se escucha al paciente, sí se da en la supervisión, cuando se elabora el
diagnóstico, en una lectura del caso, acá sí se habla de un conocimiento que se construye.
Pero mientras se oye al paciente no, porque acá no es un objeto a conocer.
Miller dice que las cuestiones técnicas son siempre cuestiones éticas en PSA, esto quiere
decir que se apunta al sujeto. El criterio de objetividad acá no cuenta. Se trata de oír a aquel
que nos viene a hablar, y no sabemos de qué viene a hablar, porque se trata de sus
padecimientos y cuestiones singulares.
Miller propone una formalización de estos principios porque sí los hay.
Trabajar en el uno por uno y considerar la singularidad del paciente no significa hacer
cualquier cosa o que todo vale. Sino que hay ciertos principios, la asociación libre para el
paciente, la atención parejamente flotante y abstinencia para el analista, y esto soportado
en la transferencia. Estas reglas o principios están. El asunto es si de esto vamos a hacer
una técnica, en el sentido de aplicarlo siempre del mismo modo. Esto puede hacerse, puede
ejercerse de esa forma la práctica. Esto puede ser una comodidad para el psicoanalista
(intervenir siempre del mismo modo), una defensa (para no encontrarse con la
incertidumbre de no saber de qué nos hablará el paciente la próxima vez).
Entonces, hay principios que se aprenden estudiando, y también con el análisis propio, la
supervisión, escuchando casos de colegas. Esto hace a la formalización del método del
PSA.
La forma en que damos las bienvenidas el las denomina avaluación (aval y evaluación)
clínica. El primero que da su aval acerca de que lo que padece es un síntoma es el
consultante. El psicoanalista realiza una evaluación y un aval. Se puede avalar esa
demanda del paciente, y ser admitido como tal. Acá ya está en juego el acto analítico.
Avalarlo (autorizarlo) o recusarlo (no admitirlo). La evaluación que realiza es diagnóstica.
Retoma la importancia de las entrevistas preliminares, o tiempo de ensayo (como lo
denominaba Freud), que procuran arribar a un diagnóstico presuntivo o preliminar acerca de
la estructura del sujeto (neurosis, psicosis o perversión).
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Destaca la importancia del diagnóstico preliminar respecto de si ubicamos una pre-psicosis
del sujeto. Acá está en juego la responsabilidad del analista, porque si decide tomarlo en
análisis, hay que tener la prudencia para no desencadenar la psicosis. Por eso es muy
importante realizar ese diagnóstico presuntivo.
Este diagnóstico de estructura da cuenta de la posición del sujeto en relación a la
castración. No es objetivante ni objetivo en términos de describir la conducta.
Hace la distinción entre la conducta como los hechos y los dichos. Conducta y hechos no
refiere únicamente al comportamiento del paciente (vestimenta, movimientos). Los
comportamientos son datos, pero pueden estar diciendo algo del sujeto, es importante
articularlos con una lectura. Es un dato en sí mismo, pero si lo articulamos, no es sólo la
conducta o el hecho.
La conducta no es sólo lo comportamental, también las palabras. Hay que distinguir los
hechos de los dichos, dice Miller. Si tomamos los dichos del paciente como hechos, tiene
efectos.
Hay que dejar de lado lo moral. No se trata de que quien escucha puntualice la gravedad o
no de la situación. Ejemplo: si el paciente nos cuenta algo grave que le sucedió y decimos
“y sí, yo tampoco sabría qué hacer” (tomar un dicho como un hecho) no hay posibilidad de
hacer otra cosa con lo que hay.
No hay que comprender demasiado rápido lo que el paciente está diciendo (malentendido),
o creer que cuando está diciendo tal cosa, es eso. Ejemplo: el paciente dice “yo soy de tal
manera” y tomarlo así tal cual (tomar dicho como hecho) está mal. Introducir la función del
malentendido es preguntar a qué se refiere con eso que dijo, no darlo por sentado, que
estamos entendiendo lo que está diciendo (aunque las oraciones que formula tengan
sentido), cuando habla del malentendido y no comprender demasiado rápido refiere a no
comprender desde nuestra conciencia, voluntariamente. Sino, introducir una pregunta que
abra la posibilidad de las modalizaciones del dicho. No se trata de que cambie lo que está
diciendo, sino de la variación de la posición subjetiva del que habla. Es decir, desde dónde
está diciendo lo que dice.
Hay una diferencia también entre los dichos y el decir, en lo que dice el paciente, desde
dónde lo dice, desde qué posición. Atendemos al oírlo a esas variaciones en su posición Así
sea que esté diciendo la misma oración (en términos de un dicho).
Cuando habla de la modalización del dicho refiere a que el analista pueda oír y
acompañar esas variaciones en la posición subjetiva e incluso puntuarlas. El analista
puntúa la posición del paciente.
-Teóric clas 2
PRESENTACIÓN DE CASOS: CASO "LUCIO"
14
El análisis duró alrededor de un año y medio. Cuando llegó tenía un poco mas de 6 años,
en un marco de una institución. Llega derivado por otro profesional por una cuestión de un
cambio de horarios, ingresa en la primera entrevista y el analista tenía un mueble con
muchos juegos. Ingresa y empieza a sacar todo, a revolear, tirar cada juguete. El analista
intentó tratar de poner un ordenamiento pero el niño siguió sin detenerse. Él no hablaba
prácticamente, decía algunas frases estereotipadas o se lo escuchaba repetir diálogos de
algún dibujo animado a gran velocidad, con todas las palabras pegadas. No respondía
cuando el analista le decía algo por lo cual esa primera entrevista fue difícil. El analista sale
para llamar a la madre y al conversar con ella le cuenta que esa la situación habitualmente.
El analista lo veía dos veces por semana, en una segunda entrevista se presenta del mismo
modo. Esa vez el analista dispuso en su escritorio un par de juguetes, una hoja de papel y
lápices de colores. El niño tira el tarro de lápices sobre el escritorio asi como fichas de un
juego, luego va al mueble a revolear los juguetes. Al analista le surge poner los lápices
sobre la hoja armando un borde y el niño nota esto, agarra un lápiz de los que estaba
desparramado y lo pone junto a los otros lápices que el analista estaba armando. El analista
sigue agregando lápices y el niño cada tanto agrega uno o se tira sobre las fichas, sobre el
escritorio. De nuevo tiene que llamar a la madre para cortar la sesión. Esto empieza a
repetirse, llega y tira las fichas y arman ese marco en la hoja.
Un día los lápices estaban sobre el escritorio y el analista cruza dos lápices con dos lápices
arriba transversalmente y empieza a armar una torre de lápices, y el niño nuevamente
participa y arman juntos una torre que el niño tira. El analista vuelve a armar la torre y el
niño la tira. Empieza a suceder durante un periodo de tiempo que pasan las sesiones
enteras en las que el analista arma torres y el niño las tira. El analista comenta que cuando
el niño las tiraba tenía una sensación de malestar enorme, le generaba a veces una
sensación de enojo pero era sobreponerse ante esa situación y volver a armar la torre. Con
el tiempo el analista fue buscando que la torre quedara en pie cuando el niño se fuera, el
salía corriendo a llamar a la madre. En un momento quedó la torre armada y él mismo la
dejó, y fue hacia la puerta para terminar la sesión. Eso inauguró un tercer momento que fue
lo que se llamó “el castillo”, que él nombró como castillo, fue una de las primeras cosas que
nombro dentro de lo que hacían. En el transcurso del trabajo se le iba entendiendo un poco
más lo que decía, como si las palabras se fueran separando. Lo que sucede es que
empieza a agarrar las otras fichas, no solo los lápices, y juntos empiezan a armar una torre
de fichas, después se arma otra torre y se le cruza la caja de un juego y arma una especie
de techo, armó una casita. Se empieza a armar esta estructura que se va complejizando a
lo largo de los meses. Cada juego duraba meses, fueron meses del mismo juego cada
sesión que iba variando paulatinamente muy lentamente. Se fue complejizando de a poco
este armado y esta casa. El analista le decía cosas como “que linda casa que armaste” y el
niño dice castillo. Se va complejizando, toma otros elementos y arma una estructura cada
vez más grande. Lo último que sucedió, en la última etapa, los últimos dos meses agarra los
soldados de plástico y pone algunos dentro del castillo, lo cierra y los soldados de afuera
quedan mirando el castillo y empieza a jugar a que esos soldados intentan entrar y no
pueden, atacando esa estructura y no pueden. El analista se entera por vía de otro
profesional, porque la madre le contaba poco y nada cuando él le preguntaba y no daba
ninguna referencia a lo que sucedía con el niño en la casa. Su presentación era mas de la
queja y del no saber qué hacer, decía que ella no podía jugar con él, que no sabía cómo
hacer entonces el analista trabaja con ella para que se sentara con él mientras jugaba, más
de un sostén por la presencia. El analista se entera que el niño empieza a armar esos
15

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