
Sobre el adolescente y su relación con la infancia como pasado. La experiencia clínica de Piera muestra que
regularmente el fin de la adolescencia se presenta acompañado de un episodio psicótico desencadenado a menudo
por un primer fracaso (ya sea en un examen, fracaso en una primera relación sexual o sentimental, etc). Un fracaso,
con fecha, que aparentemente ha venido a arruinar el aparente equilibrio que llevaba la vida del adolescente. Se
puede dar a pensar que la causa del drama es que el sujeto no pudo asumir el fracaso de un proyecto
identificatorio/relacional. Pero en verdad el fracaso es el resultado de un movimiento de desinvestidura contra el
cual el sujeto se defiende desde hace tiempo. Entonces se pueden ver complicaciones en su vida debido a que este
primer fracaso ha hecho imposible la investidura del pasado del sujeto de manera que le permitiera investir ese
devenir que rechaza. SIN LIBIDO DISPONIBLE PARA INVESTIR EL FUTURO. Nos encontramos con un sujeto en “modo
hibernación”, un sujeto con reducción máxima del trabajo del aparato psíquico ya que no dispone de la energía
libidinal necesaria para su investidura (es un recurso contra la pulsión de muerte que tiene las de ganar) (digo que la
pulsión de muerte tiene las de ganar porque desde hace tiempo el Yo tiene dificultades para investir su propio
funcionamiento psíquico).
El tiempo de la psicosis.
Freud atribuye atemporalidad a los procesos icc. Pero André Green relativiza su teorización pensando en que es
difícil pensar en términos de atemporalidad cundo la organización icc elige ligar un elemento relacionable con el
presente con otro elemento que corresponde a un recuerdo antiguo. Piera lo ve como una manera de confirmar que
toda experiencia vivida en el presente, debe a los lazos que la unen a una emoción ya experimentada en el pasado.
En esta oposición tiempo del sujeto – tiempo del otro Piera ve una oposición entre le tiempo del Yo – el tiempo de la
organización icc, pero también como una oposición de los RELOJES PSIQUICOS de dos polos relacionales.
Como recordamos, como escribimos nuestra autobiografía.
Guardamos en la memoria ciertos sucesos, momentos, emociones, que han señalado nuestras relaciones y que
juntamos olvidando lo que ha sucedido en los intervalos (incluso olvidando la existencia de dichos intervalos). Estas
son construcciones que sufren modificaciones cuando el suceso encuentre una interpretación/significación
alternativa que retorne de los reprimido. Tal vez el sujeto crea esta nueva interpretación como definitiva, pero se
trata de una construcción que continua permanentemente reorganizándose. “así, la investidura de esos elementos
recordados y que deben permanecer recordables a fin de que el sujeto pueda apelar a ellos cada vez que deba
apoyarse en ese tiempo pasado para investir su tiempo presente, nos enfrenta siempre a elementos que conciernen
a momentos/huellas de movimientos relacionales”.
El ultimo carácter necesario para la construcción y memorización del pasado de-para todo sujeto: la doble
investidura necesaria en parte de los materiales. La puesta en memoria de la puntuación relacional y de las leyendas
fantasmáticas cuyo recuerdo se preservará, debiera o debería operarse igualmente en los padres. Puestas en
sentido que van a reforzarse mutuamente y a mantener la función en ciertas circunstancias de la confirmación
reciproca de su legitimidad. A la novela familiar, al declinar la infancia, él se deberá añadir una historia que tendrá la
particularidad de plegarse a los caracteres de la comunicación, de lo compartible, deberá respetar una lógica que
tiene en cuenta lo posible y lo imposible, lo permitido y lo prohibido, lo licito y lo ilícito. Necesita que este otro autor
venga a desposeerlo de la confianza que puede tener su memoria, en sus testimonios sensoriales, en una parte por
La autoinvestidura solo puede operarse si a partir de su presente el Yo puede “lanzar sus pseudopodos” en el
pensamiento de un Yo pasado y en el de un Yo futuro. La investidura de un tiempo presente es siempre el
resultado de una operación tanto económica como fugitiva, retiramos del tiempo pasado esa parte de libido que
nos permite investir un futuro. El movimiento temporal y el libidinal no son indisociables, son manifestaciones
conjuntas de este trabajo de investidura sin el cual nuestra vida se detendría. No vivimos nuestro tiempo de
manera lineal.