
procesamiento de datos, mediante computadoras y otras máquinas, los libros y
revistas, y los sueldos de los científicos y sus numerosos asistentes de todas las
categorías. Las fundaciones públicas o privadas, como los consejos nacionales
de investigación, son los nuevos mecenas disponibles para los investigadores, y
están directamente relacionadas con corporaciones industriales o el gobierno
de los Estados Unidos. Dichas fundaciones manejan y distribuyen enormes
cantidades de dinero, del cual deben rendir cuenta a los donantes privados o al
gobierno. Además, deben mostrar resultados para probar que están
administrando bien los fondos y presentar un informe anual. Esto crea una
burocracia que se ha contagiado también a las universidades, en parte porque
deben pedir ayuda a fundaciones y empresas por insuficiencia de fondos
propios, en parte por querer demostrar su eficiencia, y sobre todo porque están
dirigidas por la misma élite científica. Es lógico entonces que se hayan impuesto
los criterios empresariales para evaluar esas inversiones. Las élites y la
burocracia asignan importancia y fondos a los temas de investigación según los
resultados que de ellos esperan. Los temas y equipos ya sancionados como
eficientes, los de la élite, muchos de los cuales provienen de la época 'pre-
financiera', reciben alta prioridad y se toman como puntos de referencia para
juzgar y evaluar los nuevos proyectos.
El artículo habla sobre cómo la ciencia se está masificando y cómo se están
utilizando cada vez más criterios cuantificables para medir el éxito científico, lo
que está llevando a una falta de valoración del talento. Además, se menciona
que la filosofía neopositivista está influyendo en la forma en que se practica la
ciencia, incluso por científicos que se declaran anti positivistas. El autor critica la
tendencia a usar índices cuantificables para medir el éxito científico, ya que esto
no es adecuado para la meta ciencia. El artículo también sugiere que el proceso
de publicación de papers no es necesariamente un indicador de sabiduría o
habilidad, sino más bien de habilidades específicas como la laboriosidad, la
tenacidad y el amor propio.
El texto presenta una crítica al estado actual de la ciencia, argumentando que se
han producido pocas ideas nuevas y cualitativamente distintas en la mayoría de
las disciplinas científicas. La biología molecular ha confirmado afirmaciones de
la bioquímica clásica y producido algunas ideas importantes, pero no a nivel de
las grandes ideas. La cibernética y la teoría de la información son conceptos
muy amplios que no han generado ideas destacables, mientras que la
investigación operativa promete dar grandes ideas en el futuro. En las ciencias
humanas, el uso indiscriminado de la estadística y la imitación acrítica de los
métodos de las ciencias físicas no permiten tener grandes esperanzas para el
futuro cercano. El autor espera que el estudio científico del cambio de la