
intenso está siempre presente una inclinación agresiva, y cuanto más ame, más sensible se
volverá para los desengaños y denegaciones.
La ligazón-madre acaba en odio. Por lo común, parte de este odio luego se supera, y otra
parte
permanece. Reproches a la madre:
- Poco suministro de leche, explicitado como falta de amor.
- Aparición de siguiente hijo, ‘’la madre no quiso dar más leche al niño porque
necesitaba para el recién llegado’’. Se siente destronado.
- Por la prohibición del quehacer placentero en los genitales.
Todos estos reproches aparecen también en la relación de niño con su madre, pero no son
capaces de enajenarlo de ella. En cambio, en la mujer existen un factor específico, que
reside
en el complejo de castración. La muchacha hace responsable a su madre por la falta de
pene.
Este complejo de castración se inicia con la visión de los genitales del otro sexo, y se siente
perjudicada, cayendo presa de la envidia del pene, que dejará huellas imborrables en su
desarrollo y en la formación de su carácter. Sus consecuencias son:
1) Complejo de inferioridad. Distancia del Yo con el Ideal, hay una herida narcisista por el
hecho consumado de la castración.
2) Celos. Hay alguien que tiene algo que yo no tengo, para completar al otro. ‘’Tiene lo
que me hace falta para completarlo’’. Relación rivalidad-competencia (que comienza
con la madre).
3) Aflojamiento de vínculos tiernos con la madre. El reproche base es el de haberla
hecho castrada.
Con el abandono de la masturbación clitorídea se renuncia a una porción de actividad.
Ahora
prevalece la pasividad.
El deseo con que la niña se vuelve al padre es el deseo de pene que la madre le ha
denegado.
Sin embargo, la situación femenina se establece cuando ese deseo es sustituido por el
deseo
del hijo. El vínculo con el padre será una continuación del vínculo con la madre.
La niña ha ingresado en la situación del Complejo de Edipo. La hostilidad a la madre se
refuerza; es la rival que recibe del padre todo lo que la niña anhela de él.
La salida del CDE es gradual, por frustración, ya que no se cumplen los deseos edípicos
pene/hijo.
A partir del descubrimiento de la castración parten tres orientaciones en el desarrollo.
1) Inhibición sexual o neurosis. A raíz de la envidia del pene, la niña renuncia a su
satisfacción masturbatoria en el clítoris, desestima su amor por la madre y reprime
buena parte de sus aspiraciones sexuales Este grado de represión no da lugar a la
satisfacción sexual; la satisfacción se va a expresar en síntomas, ya que la libido no está
disponible para gozar con objetos.
2) Complejo de masculinidad. La niña se rehúsa a reconocer el hecho desagradable.
Mantiene la masturbación en el clítoris (posición masculina del tener, completud).
Identificación con la madre fálica, o con el padre.
3) Feminidad normal.
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