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UNIVERSIDAD METROPOLITANA DE EDUCACIÓN,
CIENCIA Y TECNOLOGÍA
Decreto Ejecutivo 575 del 21 de julio de 2004
Acreditada mediante Resolución
No 15 del 31 de octubre de 2012
FACULTAD CIENCIAS DE LA SALUD
LICENCIATURA EN PSICOLOGÍA GENERAL
RESUMEN ANALITICO SOBRE COMO SE FORMAN Y CAMBIAN
LAS ACTITUDES
Autores:
Priscilla Pinilla 8-973-2060
Stephanie Ruiz 8-994-1278
Alina Delvalle 8-991-2340
Maybellin Ulloa 8-973-599
Kenneth Berrio, 8-1015-1052
Tutor:
Horley Barret
Panamá, Febrero, 2023
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Indice
Introducción ......................................................................................................................... iii
PARTE 1: DESARROLLO ................................................................................................ iv
1.1. Descripción del tema principal ............................................................................. v
1.2. Principales hallazgos ............................................................................................. vi
1.3. Desarrollo del tema ............................................................................................. viii
PARTE II: IDEAS PERSONALES .................................................................................. xii
2.1. Ideas personales .................................................................................................. xiii
Bibliografía .......................................................................................................................... xv
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Introducción
Este trabajo de investigación está realizado bajo las directrices del profesor Horley Barret
con normas de investigación aplicadas para lograr el objetivo del trabajo que será de valor
sumativo para la materia Psicología Social II.
La presente, fue realizada con múltiples investigaciones y podremos ver mucha información
nutritiva sobre el cómo se forman y cambian las actitudes.
Para empezar, debemos de tener en cuenta actitud se define como una predisposición
aprendida a responder de forma consistente de una manera favorable o desfavorable con
respecto al objeto determinado. Por ello, los defensores del modelo unidimensional
distinguen el concepto de actitud del de creencia y del de intención conductual.
Las actitudes son las posturas que un individuo decide tomar frente a diversos tipos de
situaciones, se podría decir que es el resultado de experiencias vividas a lo largo de su vida,
normalmente debido a algún suceso anterior de una persona se podría tomar una postura
predeterminada debido al aprendizaje con la experiencia antes mencionada.
Al saber que las actitudes se forman a través de la experiencia, aclaremos que, a pesar de su
relativa estabilidad, pueden ser cambiadas mediante esa misma experiencia. Considérese la
multiplicidad de los acontecimientos cotidianos que se disponen deliberadamente para que
afecten nuestras opiniones e influyan en el modo como nos comportamos.
Hablar de "cambio de actitud" nos refiere implícitamente a su proceso de formación y a la
consideración de las características de la relación que se establece entre la actitud y la
conducta. Una de las cosas que más impacto causa en las actitudes son las crisis; después de
un acontecimiento crucial como un accidente, una separación, el fallecimiento de un familiar
o la superación de una enfermedad grave; muchas personas cambian su actitud ante la vida.
No solamente se cambia la actitud debido a sucesos, también se puede decidir cambiar esta
para estar mejor consigo mismo y hasta para la salud, puedes lograr cambiar de actitud
mediante la atención y el pensamiento consciente. Generar una actitud positiva, practicar la
gratitud y formar selectivamente nuevos hábitos que promuevan el positivismo es un proceso
de toda la vida que puede dar como resultado un cambio de actitud.
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PARTE 1:
DESARROLLO
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1.1. Descripción del tema principal
Psico asesoría menciona que las actitudes son predisposiciones aprendidas para responder de
una buena manera o no ante un objetivo o situación determinada. También se pueden definir
como la manera de estar alguien dispuesto a comportarse u obrar. Así, las personas tendemos
a desarrollar actitudes específicas que son determinadas por nuestra forma de pensar, la
naturaleza de una situación o la presencia de ciertas personas, entre otras cosas.
Se dice que una actitud tiene tres elementos: cognitivo, emocional y conductual. Si logramos
cambiar uno de estos componentes, los otros dos cambiarán consecuentemente. Todas las
actitudes pueden explicarse básicamente en términos de estos tres componentes, aunque
varían según cuál de los tres sea el predominante.
Si bien es cuestionable que las actitudes se heredan, muchos se preguntas si los bebés poseen
actitudes hacia sus padres y la respuesta es sí. El desarrollo de actitudes, aunque no se ha
demostrado que nacemos con ellas, empieza desde edades muy tempranas y se mantienen a
lo largo de toda la vida. En otras palabras, nunca dejamos de adquirir nuevas actitudes y
modificar las viejas. Todo esto ocurrirá mientras tengamos la necesidad de seguir
adaptándonos a nuevos entornos o situaciones.
La actitud es uno de los factores más importantes para ayudarnos a superar los altibajos de la
vida. Dado que la actitud explica cómo se las arregla una persona, cualquier perspectiva que
uno tenga tendrá invariablemente un efecto en el desempeño de uno y en la forma en que uno
maneja el rechazo.
El interés que tienen los psicólogos por las actitudes, radica en que se les ve como productos
de aprendizaje social, que son componentes estables de la personalidad tanto individual como
de los grupos sociales, que influyen decisivamente tanto en su percepción de los objetos y
situaciones como en su predisposición a reaccionar frente a estos, lo cual permite una mayor
comprensión y predicción de su conducta; y subsecuentemente, permite diseñar estrategias
para controlar dicha conducta.
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1.2. Principales hallazgos
Abordar el fenómeno de las actitudes desde una perspectiva psicosocial. Históricamente, el
concepto de actitud ha sido y es uno de los temas centrales de la Psicología social. La
afirmación de G. W. Allport (1935) según la cual “el concepto de actitud es probablemente
el más distintivo e indispensable de la Psicología social” (p. 198) parece seguir vigente hoy
en día a juzgar por el ingente número de publicaciones científicas que tienen como objetivo
principal el fenómeno actitudinal (por ejemplo, Albarracín, Jonhson, y Zanna, 2005; Eagly y
Chaiken, 1993; Fazio y Olson, 2003; Haddock y Maio, 2004; Maio y Olson, 2000).
Rosenberg y Rovland (1960) intentando darle significado al término actitud, formularon su
modelo tripartito, dado que, ante un objeto actitudinal, la persona presenta tres tipos de
respuestas diferentes:
1º. Respuestas Cognitivas: Creencias y pensamientos acerca del objeto.
2º. Respuestas Evaluativas: Sentimientos asociados al objeto (repulsión, atracción, placer,
etc.).
3º. Respuestas Conductuales: Comportamiento que incluye intenciones de actuar de una
forma determinada ante un objeto
La ventaja de este modelo es que parece enriquecer el concepto de actitud como tendencia
evaluativa (la actitud es una evaluación), ya que no se puede evaluar algo sin conocerlo.
Suponiendo que de una evaluación positiva del objeto actitudinal se derivarán conductas
positivas. Sin embargo, este modelo ha sufrido grandes críticas porque da por supuesta una
relación clara entre la actitud y la conducta, y no siempre es así.
Azjen y Fishbein (1980) propusieron un modelo de un solo componente, reduciendo la
actitud al componente evaluativo, sin negar la existencia del cognitivo, aunque externo a la
actitud. Según estos autores, la conducta es el componente que menos importa en la actitud,
ya que no hay relación directa entre actitud y conducta. Defienden que la actitud, como
evaluación, influye en la intención de conducta, siendo ésta la que lleva directamente a la
respuesta conductual (actitud-intención de conducta-conducta).
Lo que interesa resaltar en este modelo es que sus autores separan las creencias (cognición)
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y las conductas (comportamiento) del componente evaluativo, siendo éste, para ellos, el único
componente de la actitud.
Este modelo ha sido criticado porque no ha tenido en cuenta la emoción o afecto que puede
acompañar a la evaluación que realiza la persona del objeto actitudinal. Así, un objeto
actitudinal (divorcio, etc.) puede resultar en la evaluación como bueno, malo, atractivo,
repulsivo, placentero, etc.; pero, cada una de estas evaluaciones pueden despertar en la
persona emociones de distinto grado.
Con estos planteamientos podríamos definir la actitud como la categorización de un estímulo
u objeto estimular a lo largo de una dimensión evaluativa basada en tres clases generales de
información: cognitiva, afectiva o emocional y conativa o comportamental relativa a
conductas pasadas.
En ese sentido, extrapolando al ámbito educativo, podemos hallar el modelo de aprendizaje
autorregulado, enfatizado por los autores cognitivos del procesamiento de la información que
constituye un nuevo avance y un importante acercamiento al estudio del logro académico de
los estudiantes. Esta concepción parte de la teoría del aprendizaje social de Bandura (1977,
1986), centrando su atención en cómo los estudiantes personalmente activan, modifican y
mantienen sus prácticas de aprendizaje en contextos específicos, desplazando el centro de los
análisis educativos, desde la concepción de la capacidad del estudiante y los ambientes de
aprendizaje como entidades fijas a sus procesos y acciones personalmente iniciados y
diseñados para aumentar su capacidad - habilidad y entorno de aprendizaje (Zimmerman,
1989, 1990).
Hay una serie de términos que tradicionalmente se han relacionado con la actitud:
consistencia, consonancia, congruencia y equilibrio. Rosenberg y Hovland en su modelo
tripartito de la actitud asumen que existe una consistencia entre los tres componentes. En
general cuando se habla de actitudes hacia objetos socialmente relevantes, se les concede
mucha importancia porque se supone que estas tienen la capacidad para determinar las
actividades, acciones o conductas, que se vayan en la misma dirección que la actitud, por
cuanto que, psicológicamente, existe consistencia entre la actitud y el comportamiento.
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1.3. Desarrollo del tema
¿CÓMO SE FORMAN Y CAMBIAN LAS ACTITUDES?
¿Qué es la actitud?
La actitud es una tendencia psicológica que se expresa mediante la evaluación de una entidad
u objeto concreta, con cierto grado de favorabilidad o desfavorabilidad (Eagly y
Chaiken).Trata de un estado interno de la persona, por lo tanto, no es una respuesta manifiesta
y observable. Se concibe como algo que media entre los aspectos del ambiente externo
(estímulos), y las reacciones de las personas (respuestas evaluativas manifiestas).
Allport, psicólogo estadounidense, consideraba las actitudes como: “Un estado mental y
nervioso de preparación, organizado a través de la experiencia, que ejerce una influencia
directiva o dinámica sobre la respuesta del individuo a todos los objetos y situaciones con los
que está relacionada”.
¿Cómo se forman las actitudes?
Existen varias explicaciones sobre cómo se forman las actitudes, aunque en general hay
bastante consenso en cuanto a que son aprendidas y no innatas.
• En 1968, Zajonc propuso la teoría de la simple exposición, según la cual al exponernos
prolongadamente a un objeto de actitud concreto puede que desarrollemos una actitud
positiva hacia él, ya que con el tiempo obtenemos más información sobre él.
• El condicionamiento clásico propuesto por Pavlov, según la cual aprendemos a partir de
la relación que establecemos entre los estímulos que recibimos. Un estímulo de valor
positivo o negativo puede modificar el valor de otro estímulo si los relacionamos entre
sí.
• Insko, mediante las teorías del condicionamiento instrumental, propuso en 1965 que
aprendemos las actitudes según los refuerzos positivos y negativos que recibimos al
manifestarlas.
• Bandura, en 1971, propuso la teoría del modelado, según la cual aprendemos observando
modelos y viendo las consecuencias de su comportamiento.
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La sociedad en la formación de actitudes
Los procesos de socialización son una importante fuente de formación de actitudes:
• La familia, o para el caso las personas que nos cuidan de pequeños cumpliendo el rol de
familia, son la primera fuente de información que tenemos.
• La escuela, por su parte, nos transmite información que está ligada a valores. Nos enseña
diversas maneras de entender el mundo y las personas.
• Los medios de comunicación mantienen su influencia a lo largo de nuestro desarrollo.
Aunque los adultos somos más críticos y tenemos más resistencia a su influencia, en el
caso de los niños representan una fuente de influencia muy negativa, ya que les inculcan
valores no deseables y desvían el desarrollo de sus actitudes.
• Los grupos con los que nos relacionamos son otra fuente influyente en nuestras actitudes.
Como el hombre es un animal social, las actitudes también permiten al individuo tener una
evaluación general acerca de una persona. Esta evaluación puede ser negativa o positiva. Por
ello, podemos decir que las actitudes son evaluaciones. Por ejemplo, la actitud hacia uno
mismo se denomina autoestima.
Hogg y Vaughan (2008) llegaron a la conclusión de que, de no tener actitudes, la
gente tendría dificultad para construir y reaccionar ante los hechos. También sería menos
hábil para tomar decisiones y desenvolverse en el plano social.
¿Cómo cambiar las actitudes?
Dado que las actitudes son adquiridas, se aprenden y pueden ser modificadas o cambiadas.
Distintos autores han señalado técnicas y métodos que contribuyen a generar cambios en las
actitudes. Muchas de estas técnicas pueden agruparse, según su naturaleza, en categorías
definidas por aspectos claves como la motivación, las necesidades, la autoevaluación, el
compromiso, la autoinstrucción, la libre elección, el diálogo, la realización de valores, la
elevación del nivel de aspiraciones valorales, entre otras.
Todas estas técnicas se fundamentan en la concepción de las actitudes como la integración
de componentes cognitivos, afectivos y conativos, por lo que plantean, que el cambio que se
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registre en uno de estos componentes afecta a la globalidad de la estructura de la actitud. La
tentativa de influir en las actitudes con la pretensión de cambiarlas, se ha convertido en un
objetivo rutinario en el campo de la Psicología Social.
Dos enfoques han establecido los principios que explican y estructuran las teorías en torno a
tal pretensión:
1. Teoría de la persuasión
Vivimos en un mundo dinámico en el que la comunicación intenta constantemente persuadir
nuestras opiniones, nuestros gustos, inclinaciones políticas. La Teoría de la Persuasión como
orientadora de los cambios de actitud, bien puede circunscribirse en la tendencia que otorga
a las actitudes y sus componentes cierto nivel de predictibilidad sobre nuestras acciones y
conducta.
Según Moya (en Morales (coord), 1999) los elementos claves se refieren fundamentalmente
a:
a) La fuente o emisor del mensaje: considerando en primera instancia la credibilidad de la
misma, que se deriva de la competencia que el receptor le atribuye y de la claridad o
transparencia en la intención de persuadir.
b) El contenido del mensaje: especialmente la calidad de sus argumentos, la claridad y
organización, así como también el énfasis del mensaje en cuanto a, si se basa en aspectos
racionales o emocionales.
c) El canal comunicativo: el medio (visual, auditivo, directo, indirecto) y su calidad.
d) El contexto: sus condiciones (relajado o serio, agradable o desagradable, tenso o
distraído)
Dos implicaciones derivan Cantero de esta teoría. Para que la persuasión cause el efecto
deseado es necesario: que el receptor pase progresivamente por las distintas etapas del
proceso persuasivo y tener en cuenta que el impacto de la comunicación en cada una de las
etapas puede ser distinto; ciertas características del mensaje, de la fuente e incluso los
procesos que ocurren en el receptor, pueden ocasionar efectos positivos en algunas etapas y
negativos en otras.
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De hecho, la psicología de la persuasión encuentra dos grandes mecanismos para conseguir
que una persona cambie de actitud:
• Darle lo que se considera prototípicamente un mensaje persuasivo. Esto significa que
una buena forma de cambiar la actitud de alguien es darle información sobre algo o
alguien que mantenga la actitud a cambiar.
• Petición de que se escriban aspectos negativos o positivos sobre la actitud que
sostiene o queremos que adopte. La autogeneración de argumentos, sin la mediación
de ninguna otra persona, puede llevar a un proceso de autopersuasión. Esta
autopersuasión puede establecerse en una dirección u otra.
Desde la psicología de la persuasión nos advierten: a pesar de la naturaleza y veracidad de la
información, asi que, es importante utilizar argumentos sólidos; de otro modo, argumentos
débiles pueden producir el efecto contrario al que pretendemos: que la persona no cambie de
actitud o que lo haga en el sentido contrario al pretendido.
2. Disonancia Cognitiva y cambio de actitud.
El reforzamiento de conductas distintas (nuevas) o el sometimiento de las personas a nivel
conductual representan una técnica interesante para generar cambios actitudinales que puede
ser explicada por la Teoría de la Disonancia Cognitiva de León Festinger (1957). Esta
tendencia se corresponde con aquella que considera la realización de conductas y acciones,
como determinantes o influyentes de nuestras actitudes.
La Teoría de la Disonancia Cognitiva plantea que el tener dos cogniciones (ideas, creencias,
conocimientos) contradictorias de un mismo objeto, situación, persona, etc; genera una
tensión psicológica desagradable, que impulsa al individuo a buscar una forma para disminuir
o resolver dicha disonancia. Esta situación de disonancia no se disipa de manera inmediata,
pues como respuesta el individuo se involucra en un trabajo cognitivo de doble curso: por
una parte, intenta buscar elementos que reduzcan la disonancia entre las cogniciones y el
objeto de la actitud; por la otra, es posible que tienda a disminuir la importancia que
originalmente le ha otorgado a alguna de las dos cogniciones.
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PARTE II: IDEAS
PERSONALES
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2.1. Ideas personales
Las actitudes pueden ser definidas como la manifestación de un estado de ánimo o bien como
una tendencia a actuar de un modo determinado.
El concepto de actitud es muy utilizado en el ámbito de la psicología, en el que las
actitudes no pueden ser consideradas como cuestiones particulares, sino que más bien deben
ser entendidos dentro de un contexto social y temporal.
Las actitudes son adquiridas y aprendidas a lo largo de la vida y obtienen una dirección hacia
un determinado fin. Esto lo diferencia de caracteres biológicos, como el sueño o el hambre.
Nuestra actitud ante una noticia o mensaje dado, va a depender de cuán informados estemos
al respecto y la manera en que procesemos la información. Todos hablamos y promovemos
las ideas que consideramos correctas, escuchamos la opinión de los demás y la comparamos
con la nuestra para ver qué tan “válida” es.
La actitud que exponen los individuos ante su entorno y el medio social en el que se
encuentran integrados, en más de una ocasión, pueden reflejar diferentes funciones según el
resultado que se quiera alcanzar.
De esta manera, un sujeto que adopta una actitud cautelosa tiene como objetivo cumplir con
sus tareas de manera segura y procurando disminuir el margen de error al mínimo posible.
No obstante, el rol que cumple la actitud de un individuo puede diferenciarse en positiva o
negativa.
No cabe duda que nuestras actitudes están influenciadas todo el tiempo por la información
que adquirimos del medio. Tenemos preferencias por algunas personas a quienes
consideramos más acertadas, y no tanto por ser atractivas, sino por ser eso: acertadas, porque
lo que dicen y hacen coincide más con nuestros valores o formas de pensar. Nos enfrentamos
así a opiniones distintas, tomamos en cuenta algunas y desechamos otras, valoramos y
reflexionamos de acuerdo a experiencias pasadas, y a veces nos decepcionamos de quienes
creíamos eran diferentes. Nos hacemos ilusiones, tenemos expectativas, y al final, con todo
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este conglomerado de actividades mentales, tomamos una decisión y nos comportamos de
cierta manera que, puede ser, no la más apropiada.
Yo creo que el camino de los grandes líderes internacionales (o locales), la opinión noticiosa
o el gran conglomerado de actividad publicitaria, sólo pueden agregar más información a
nuestro acervo intelectual, pero será cada vez más difícil que nos persuadan o que determinen
la manera en que debemos comportarnos, en tanto despertemos ante nuestra propia capacidad
de decidir. Nuestra capacidad de decisión es un potencial innato, y podemos practicarlo en
tanto seamos consciente de él.
Estar predispuestos para actuar es lo mismo que decir: actuar según nuestros prejuicios. En
la medida en que podamos hacer conciencia de nuestras propias actitudes podremos
ciertamente cambiarlas en el futuro a voluntad. En otras palabras, somos nosotros mismos
quienes decidimos adoptar tal o cual actitud, en tanto nos volvemos reflexivos y auto-críticos
de estas.
La mejor actitud, no es la que otros puedan sugerirnos, la que adoptamos cuando niños o la
que, por consenso, nos dice la sociedad es la mejor, sino la que nosotros mismos, tomando
en cuenta nuestro sentido común y propias circunstancias de vida, decidamos ejecutar. Yo
sugiero, como primer paso en la búsqueda de una actitud más sensata y acorde a nuestra
situación, “apagar” de vez en cuando nuestro switch de atención a tanta “basura ambiental”,
acallar nuestros pensamientos (tal como sugiere Eckhar Tolle) y aprender a escuchar el
silencio interior. Ahí encontraremos una forma de actuar más acertada y acorde a nuestras
verdaderas necesidades.
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Bibliografía
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Haddock, G., & Maio, G. R. (2008). Attitudes: Content, structure and functions. Introduction
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https://www.blackwellpublishing.co.uk/content/hewstonesocialpsychology/chapters/chapter
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como se forman y cambian las actitudes.pdf
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