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Modulo Mayo 2010.
Docente: Ana P. de Quiroga
Concepción de sujeto
Primera parte.
Partiré de un breve repaso de lo que trabajamos en nuestro encuentro anterior:
Como apertura de la temática de esta maestría enunciamos, muy sintéticamente, lo que
entendemos como objeto-campo de la Psicología Social. al referirnos a una relación, a la
que entendemos como dialéctica y fundante, de reciproca creación, gestación o
producción entre el orden socio-histórico la configuración y desarrollo del sujeto, a la vez
que enunciamos algunos de los procesos, instancias o mediaciones en los que se efectiviza
esa relación
Al plantear ese interjuego podríamos decir que se puso énfasis en la temática del orden
socio-histórico, su estructura y sus características actuales así como en su incidencia en el
sujeto y su salud mental, deteniéndonos en la reflexión, a partir de sus propias
experiencias -en hechos de la vida cotidiana que nos implican.
Si bien describimos algunos de los hechos, posicionamientos, procesos, que consideramos
indicadores de salud mental en el sujeto, entre ellos la integración en si y con otros, la
capacidad de visualizar las relaciones en las que está inmerso y es actor, de tramitar
contradicciones y conflictos, de elaborar duelos, de desplegar procesos de aprendizaje y
creatividad, de reparar…. señalamos que en tanto enfocamos una relación, no sería sólo el
sujeto el interpelado, y que en nuestro análisis nos interrogaríamos hasta qpunto, en
qué medida este orden social concreto favorece u obstaculiza el desarrollo de esos rasgos
de salud mental, entrando así en esa línea de pensamiento que nacida en la década del
40, oscurecida a veces y resurgente en los últimos años se denomina crítica de la vida
cotidiana.
Hicimos una muy sintética descripción de algunos elementos que entendemos hacen a la
estructura de un orden socio-histórico, las relaciones sociales de producción, las
instituciones, las formas de pensamiento compartido las modalidades de organización, de
vinculación.
Como les decíamos reciñe, también mencionamos algunos de los procesos psíquicos en
los que se efectiviza la relación orden socio-histórico, sujeto, tales como la identificación,
la internalización, el aprendizaje, la comunicación, a la vez que nos referimos a distintas
instancias de práctica, social, de interrelación en que se dan esos procesos, grupos,
organizaciones, etc.
Trabajamos con este gráfico.
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Respecto del sujeto dijimos que es un ser de necesidades que sólo se satisfacen
socialmente en relaciones que lo determinan. Nada hay en él, dice Enrique Pichon-Riviére,
que no sea resultante de la interacción entre individuos, grupos y clases. Este sujeto, a
partir de sus necesidades y en su práctica es productor de su vida material, y a la vez
producido en ella. Es creador y protagonista de un universo material y simbólico que a su
vez lo alberga y configura.
El sujeto se constituye entonces como síntesis activa de una complejísima trama de
vínculos y relaciones sociales, es siempre el situacional punto de llegada de una historia
interaccional y social y su ser en el mundo adquiere la modalidad de una recíproca
transformación.
Esto quiere decir que modifica la realidad y se transforma en esas prácticas sociales y su
interiorización.
Mi intención en este módulo es retomar la cuestión del campo de la psicología social, que
a mi entender fue solo planteada y tratar de profundizar en ella, avanzar en su
comprensión y penetrar en la problemática del sujeto, abordándola siempre en esa
relación.
Tomaré como hilo conductor en esa complejidad los procesos de interacción, tal como los
entendemos desde nuestro marco teórico, y que son sustento, sustancia del vínculo, y de
las redes vinculares en que consisten grupos y organizaciones.
Intentaré llegar a través de este camino a visualizar cómo se dio la trayectoria elaborativa
de E. Pichon-Rivière para quien los conceptos que hoy desplegamos no fueron punto de
partida sino punto de llegada, lo que lo llevó a plantear su concepción psicológica como
psicología social.
Cuando E. Pichon- Rivière habla de psicología social no hace referencia a una rama de algo
más abarcativo, que sería la psicología, no se refiere a un conjunto particular de
fenómenos, como los procesos de masa, la grupalidad, el acontecer institucional.
Lo hace en el contexto de una polémica, con quienes secundarizan la dimensión y el rol
del orden social en la constitución de lo psíquico, y lateralizan la experiencia, más aún, el
análisis de la realidad en la investigación en psicología.
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Habla de psicología social enfatizando el carácter radicalmente social de un psiquismo,
que como anticipáramos en modulo anterior, entiende que se configura en el mundo,
abierto al mundo en y a través de su relación con el mundo.
Estas afirmaciones se enlazan con otro tema: el de la eficacia de las relaciones reales en la
constitución de nuestra subjetividad, es decir: de lo que ocurre, no sólo lo que se
fantasea, aúnque nunca niega E.Pichon-Rivière un interjuego entre lo que ocurre, lo que
se da y lo que se fantasea. Pero la realidad, lo objetivo no queda fuera de su indagación.
Más aún, descubrir esa eficacia fue un hito fundamental en su práctica terapéutica y luego
en la elaboración de una concepción teórica (¿se entiende a qué me refiero cuando hablo
de eficacia?).
Cuando hablo de la eficacia de las relaciones reales me remito a una pregunta
fundamental: Qué rol ocupa el otro/los otros, su hacer, su presencia, las formas de su
presencia, su ausencia, su posibilidad de continencia, sus modalidades de significarme, de
darme existencia, de negármela, en mi configuración como sujeto, en mi
autosignificación, en mis posicionamientos vitales, en mis modalidades de relación con
otros, con el mundo. .
Cómo operan, qué efecto, qconsecuencia tiene, insisto, lo que ocurre en los vínculos,
los grupos, las organizaciones, las relaciones sociales en la constitución subjetiva, objeto
de nuestra indagación.
Retomando la caracterización del campo de la psicología social hemos dicho que nos
concierne un objeto de gran complejidad, ya que no se trata de un objeto sino de una
multiplicidad casi infinita de hechos y relaciones que tienen especificidad y que a su vez se
interpenetran, se soportan mutuamente y se interconectan en distintos planos. . a eso
alude lo de relación dialéctica y fundante.
Pero estas interrelaciones no se manifiestan a una primera mirada.
Nuestro campo nos enfrenta con la contradicción multiplicidad-unidad, propia de la
mencionada complejidad de lo real, y que requiere, para ser comprendida un
pensamiento complejo, para ser mas precisos, un pensamiento dialéctico.
Me he preguntado, y creo que esto es una necesidad, cómo trabajar y explorar con uds. la
diversidad de elementos incluidos en esta relación, y que hacen a la esencia y
modalidades de la misma. . como Uds. han podido ver, al referirnos a la pregunta acerca
de la relación individuo sociedad, este un interrogante que persiste a través del tiempo,
recibiendo distintas modalidades de respuesta.
La exploración que les propongo, insisto, nos remite al trabajo con hechos múltiples,
heterogéneos y a indagar sus interrelaciones.
Hoy hablaremos de trabajo, lenguaje, identificación, internalización, mundo interno,
vínculo, grupo, producción, distintas formas de práctica social. Porque, ¿cómo encontrar
los entrelazamientos de esa diversidad? ¿cómo aproximarnos a sus relaciones internas?
más aún: existen esas relaciones?.
Hemos dicho recién que el orden social e histórico, así como la subjetividad se gestan, son
posibles dado que los hombres producen social y materialmente su existencia, articulados
en la transformación de la naturaleza, en función de dar respuesta a sus necesidades, de
vivir…
Los procesos de internalización, identificación, comunicación y aprendizaje, están
presentes en esa práctica. Cómo? Surgen de ella y a la vez las posibilitan. La producción de
la vida material requiere no sólo acción coherentizada en el mundo externo, en la relación
con la naturaleza, exige también operaciones psíquicas anticipatorias y articuladoras de la
acción y sus protagonistas. En todos y cada uno de ellos; y estoy hablando entonces de los
organizadores del vínculo interhumano, de la grupalidad.
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Abundo: si no existieran procesos de interiorización y aprendizaje, si no existiera la
identificación y la comunicación, así como existe el trabajo, no existirían el orden socio-
histórico, orden de la cultura, ni tampoco el hombre. Estos procesos son inherentes tanto
al proceso de hominización como al establecimiento que denominamos relaciones
fundantes de un nuevo orden, de un salto cualitativo respecto al orden animal.
Trataremos -como les decía- de aproximarnos a la comprensión de cómo se gestan estos
hechos específicos, diferenciados e interdependientes. Esta no será solo mi tarea, sino
que será retomada por otros docentes, desde distintas perspectivas, en otros módulos de
esta maestría.
Hemos dicho que sin práctica social, sin hacer compartido, sin interacción, no es posible el
desarrollo del psiquismo, no hay inscripción, instauración de una dimensión interna, del
mismo modo en que no sería posible sin cerebro y las operaciones que en él se sostienen,
como asociación, atención, memoria.
En la medida en que esa dimensión interna y estas funciones se instalan y operan, cambia
radicalmente la calidad de la práctica. Se transforma el sujeto.
Dejemos planteadas algunas preguntas en relación a lo dicho: qué requiere ese proceso al
que denominamos trabajo, en términos de prácticas comunicativas, de asociación, de
pensamiento, de simbolización. ¿Qué ocurre con un sujeto cuyas necesidades se
transforman en el proceso de satisfacerlas?, ¿por qué se transforman?, ¿por qué no se
reeditan en forma idéntica?. Al emerger nuevamente, re-aparecen pero no se repiten ya
que llevan la marca de la experiencia realizada, y no sólo se modifican sus necesidades
sino también sus potencialidades, desplegadas en esa experiencia, en la que emergen
necesidades, se explora el mundo, se desarrollan acciones y relaciones en busca de su
satisfacción. De allí la modificación, porque esta experiencia, sea cual fuere su destino,
implica aprendizaje, deja huellas, marcas, en tanto ha implicado aprendizaje.
Estamos hablando de un ser que registra, procesa, anticipa, diseña, no sólo objetivos sino
también estrategias y elementos tácticos y técnicos, como los instrumentos y
metodologías de trabajo. Estamos hablando de un sujeto al que le es inherente la
historicidad, tanto social como individual.
Sintetizando lo expuesto: sin práctica social transformadora, en función de la producción
de la vida, práctica que incluye no sólo acciones sino aconteceres psíquicos, como la
identificación, la internalización, procesos de comunicación, pensamiento y lenguaje no
existiría ni el orden socio-histórico ni el sujeto, que son indisociables en esa su relación
dialéctica y fundante.
Esta afirmación implica una concepción de las relaciones entre hombre, naturaleza y
sociedad y esta es la perspectiva desde la que dijimos que E. Pichon- Rivière entiende al
psiquismo como esencialmente social, que surge en y por la relación con el mundo, que se
gesta y complejiza en distintas practicas.
Queda en pie: cómo visualizar estos enunciados, que aluden a la esencia de lo cotidiano;
cómo darles carnadura en hechos, en fenómenos observables, incluidos en nuestra
experiencia del día a día?.
Hay sin duda muchos caminos para transitar la complejidad de esta relación. Tomaré el
análisis de un proceso en el que el sujeto siempre es, que nos otorga ser a la vez que lo
protagonizamos. Proceso que recorre y está marcado por las vicisitudes de lo subjetivo y
el orden socio-histórico. Me refiero al proceso de interacción con el que abordamos la
sustancia de esas estructuras interrelacionales; el vínculo, los grupos, las organizaciones,
las comunidades, en un orden social.
El término interacción es un clásico de la psicología social. Querría aclarar que desde
nuestra perspectiva no se reduce a la concepción conductista de la acción exclusivamente
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observable, sino que incluye tanto el plano de lo inter subjetivo como de lo intrasubjetivo,
de lo observable y de lo inferible.
Al elegir el camino de la interacción estamos definiendo, siguiendo a E. Pichon- Rivière, el
vínculo y el grupo como el locus del sujeto, un espacio privilegiado de indagación.
Interacción; es un proceso analizado por distintas corrientes psicológicas y sociológicas,
como dijimos, trataremos de abordarlo desde nuestra perspectiva, intentando penetrar
en la diversidad de aspectos que hacen a su unidad. Por ejemplo, cómo opera en la
interacción el interjuego mundo interno/mundo externo, lo intrasubjetivo y lo
intersubjetivo, lo conciente y lo inconsciente.
Nos vamos a referir al acontecer interaccional como contacto directo, no mediado. El
desarrollo tecnológico ha creado formas de relación e interacción, en las que está ausente
el cuerpo, la mirada, la voz, o inventada una identidad, como en second life. Todos estos
fenómenos, que se multiplican y modifican nuestra cotidianidad, nuestras modalidades de
relación, deben ser investigadas en sus características y efectos, lo que aún es incipiente.
La interacción es analizada aquí como una experiencia directa de contacto.
Como hemos adelantado, la interacción, sustancia de toda trama vincular, grupal, y con
formas específicas del orden institucional y de las relaciones sociales, constituye el
horizonte y forma de la conducta humana.
En esos procesos interaccionales la conducta se efectiviza tanto para el sujeto como para
su universo de relaciones, de experiencia. A la vez, adquiere significatividad.
Es por lo que implica la interacción, por su multidimensionalidad que la elegimos como
hilo conductor para abordar el campo de la psicología social.
¿En qué consiste, en esencia, ese interjuego, esa dialéctica entre sujetos a la que
llamamos interacción? Partamos, para aproximarnos a una respuesta, de lo que
entendemos es el camino del conocimiento; la observación de lo fenoménico, lo
inmediatamente registrable, lo objetivo, los datos para ir elaborando hipótesis acerca de
leyes internas o principios de gestación y desarrollo de un proceso interaccional y sus
distintas formas de organización: vínculo/ grupo/ institución/ comunidad.
El conocimiento de esos principios organizadores internos, es lo que nos permite una
intervención en ese campo, una práctica que operará como criterio de verdad, de
validación de nuestro hacer.
¿Qué aparece a una observación ingenua, en una situación de interacción?.
Vamos a pensar, desglosar lo obvio, cotidiano, naturalizado e invisibilizado: dos o más
sujetos comparten un tiempo y un espacio (compartir no es lo mismo que co-existir en),
es presencia activa, significativa; hay entre ellos un interjuego corporal en el que operan
los sentidos, miradas, gestos, cuando decimos presencia activa estamos planteando
percepción reciproca. En esa percepción reciproca se da un intercambio de mensajes que
utiliza distintos lenguajes, distintas prácticas comunicativas, así como hechos
informativos. La práctica comunicativa tiene intencionalidad conciente o inconsciente. Lo
informativo surge de la co-presencia.
Si hablamos de práctica comunicativa, de establecimiento de un proceso comunicacional
nos referimos a un intercambio de signos, de un código. Esos signos, en qué se articulan
significante–significado pueden describir objetos, expresar emociones, indicar algo acerca
de la situación-relación que los articula.
Hasta aquí, hemos afirmado la existencia de distintas formas de intercambio y
recíprocidad en la que nos sustentamos ¿cómo pueden esos observables remitirnos a lo
inferible?. Aquí incluimos -situacionalmente- la mirada del observador.
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Para esa mirada, las acciones, actitudes de los actores permiten descubrir relaciones
significativas entre ambos, relaciones de causalidad recíproca entre sus comportamientos,
la relación, la referencia mutua domina sobre el aislamiento o la desarticulación.
Avanzando desde la observación a la hipótesis hablamos de interacción, afectación
recíproca, dialéctica, intencionalidad cuando tanto la presencia como la posible acción del
otro es incluida, anticipada por cada sujeto, como referente en el desarrollo de su propia
conducta.
Esta inclusión y anticipación da lugar a una expectativa hacia otro/otros y surge del
interjuego de orientación mutua.
El registro, percepción, distintos tipos de intercambio y ajuste, el desarrollo de
expectativas, la asunción y adjudicación de roles, la inclusión del otro como referente en
la propia conducta, nos remite al hecho de que la interacción es un acontecer subjetivo,
que se da en dos dimensiones: inter e intrasubjetiva. En principio esa transformación, a la
que denominamos aprendizaje, que se inicia con una co-presencia que deviene
comunicación ese proceso de transformación, como dijimos compromete tanto lo intra
como lo intersubjetivo y podría no existir, aún en situación de co-presencia (serialidad).
En síntesis; la unidad interaccional se caracteriza por ser una integración de tiempo,
espacio, sujetos que se perciben recíprocamente, cuyas acciones están articuladas por
causalidad recíproca y que por tanto se transforman, se modifican en ese proceso.
¿Podría no haber existido en situación de co-presencia? Sí, ya que la unidad interaccional
es una estructura, tiene coherencia, principios internos de organización y desarrollo, no se
da a través de la mirada de un tercero, surge por la relación activa entre sus actores, que
son sus protagonistas.
Las unidades interaccionales en las que participamos cotidianamente y son escenario y en
parte, determinantes de nuestra experiencia, son también, según los objetivos de
formación de esta maestría, campo de acción e intervención. Vínculo, grupo,
organización, e incluyo como escenario privilegiado el grupo familiar, la pareja, el grupo
de trabajo.
Hasta aquí lo observable, lo que podemos describir y algo de lo inferible. Pero, ¿qué hace
que surja esa unidad interna, esa estructura relacional que es el vínculo o el grupo?
Porque se da la interacción, que hace del otro alguien significativo y no anónimo,
intercambiable.
Una hipótesis, ese percibirse recíprocamente, esa direccionalidad, orientación y
determinación mutua (tenerse en cuenta, ser referente) que caracteriza a los procesos
interaccionales tiene una causalidad inscripta en cada uno de los sujetos comprometidos
en ese proceso.
De allí que planteemos que la interacción es un proceso motivado y esa fundamentación,
esa motivación, esta dada por necesidades subjetivas y el otro, los otros, aparecen
implicados con la satisfacción de esas necesidades, positiva o negativamente.
Existimos, somos en permanente relación con otros sujetos, pero esa relación no es
azarosa, tiene un fuerte arraigo subjetivo, está fundada en cada uno de nosotros en las
contradicciones internas que son motor de nuestra conducta.Las contradicciones entre
necesidad/satisfacción, contradicción que sólo puede resolverse en relación con el otro,
los otros.
De allí que las estructuras interaccionales, vínculo, grupo, instituciones, relaciones
sociales, constituyen de distintas formas, escenario e instrumento de emergencia y
resolución de necesidades. De allí que la interacción no sea sólo un hecho motivado, sino
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también y con la misma intensidad, un hecho eficaz por que produce efectos, ya sea
gratificante o frustrante esa relación o vínculo.
Hablamos de eficacia en varios sentidos, por los efectos transformadores en el sujeto, por
esos mencionados procesos de identificación, internalización, comunicación, aprendizaje,
por la posibilidad de desarrollar prácticas conjuntas, y también los consideramos eficaces
en tanto transformadores, por su carácter instrumental, de herramienta. De allí la
afirmación de que el vínculo y el grupo son omnipresentes en la historia, y que los grupos,
por ej, tienen una operatividad que le es esencial, ya que son instrumentos de tarea.
Tarea que apunta a la satisfacción de necesidades.
La posibilidad de satisfacer necesidades, de transformarse y transformar en relación con
el otro/otros tiene una historicidad social y también individual. De la historicidad social
algo hemos hablado, pero será objeto de un módulo particular. Me referiré hoy a la
historicidad individual: interacción, vínculo, génesis y desarrollo de un sujeto, y su proceso
de transformación, de sí y de otro.
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Módulo abril 2010.
Clase Nº 2
Prof. Ana P. de Quiroga
FUNCION YOICA Y PROTOVÍNCULO
Para indagar los complejísimos procesos operantes en la génesis y desarrollo del
psiquismo hemos elegido el análisis, el seguimiento de los procesos de interacción, de la
que decimos es sustancia del vínculo, los grupos, las instituciones.
Focalizaremos, al indagar ese acontecer relacional, una instancia particularmente eficaz:
el vínculo y en la particularidad del proto o primer vínculo, como en otro momento nos
centraremos en los procesos grupales o institucionales. Pero entiendo que sin
comprender algo de esta relación fundacional, hay aspectos de lo grupal, significaciones
subjetivas que marcan rasgos y modalidades de ese proceso grupal, que se nos
escaparían. Me refiero en particular a algunos aspectos contradictorios de la grupalidad.
Lo regresivo y lo progresivo, lo actual y lo arcaico. Las proyecciones, las transferencias,
que juegan permanentemente en la relación y la tarea de los integrantes de un grupo y
que tienen también fuerte presencia en las organizaciones.
Nos referimos al protovínculo o primer vínculo: el que se da entre madre y bebé. Éste es
una estructura interaccional primaria que operará como sostén y condición de posibilidad
–junto a la organización biológica- del psiquismo humano.
En su interioridad construirá el sujeto sus primeros modelos de aprendizaje y relación y a
partir de su condición de sujeto de las necesidades se transformará, en su práctica
vincular en sujeto de la representación, del pensamiento y del lenguaje, de las normas y
de la ideología, sujeto humano.
El protovínculo es una relación asimétrica que compromete a la madre y al bebé de
diferente manera. Una se incluye en ella desde una trayectoria vincular en la que ha
configurado su organización psíquica, y como ser social portará sobre su hijo, conciente o
inconscientemente, el orden de representaciones y significaciones sociales.
El otro surge y se gesta en ese vínculo como sujeto bio-psico-social, adquiriendo en esa
relación originaria su organización somato psíquica.
La interacción, en el protovínculo tiene un código específico que se amplía, redefine y
complejiza en el desarrollo.
En ese código el cuerpo ocupa un lugar primordial.
Nos gestamos como un cuerpo -y cuerpo siempre implica un nivel de psiquismo- en el
interior de otro cuerpo.
Pero la relación protovincular se despliega, esta sostenida y normatizada en primer
término por la institución familiar, que tiene una estructura, una organización grupal.
Por esa grupalidad que subyace a lo vincular podemos decir que nacemos un cuerpo en el
interior de un grupo, el familiar, que es a la vez una institución, y en la vastedad de hechos
que configuran un orden social e histórico, los que están presentes y operantes en ese
vínculo desde el momento de su constitución. Y quizás aún antes.
Pero señalamos la grupalidad como escenario, continente y en consecuencia
normatizador inmediato de ese protovínculo, porque el grupo, y a través de los procesos
de internalización, (definir) dará organización grupal a la dimensión intra-sujeto, que se
funda en ese protovínculo, y en esa interacción familiar primaria.
Esto lleva a E. Pichon- Rivière –entre otras razones- a hablar del mundo interno, de la
dimensión intrasujeto, como grupo interno.
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Quiero dejar planteada, con esta temática, una relación particular entre grupalidad y
psiquismo entre sujeto y grupo, que le otorga a éste -el grupo- una singular significación
para el sujeto, y lo hago apuntando a los objetivos de formación de esta maestría.
Por el lugar fundante del cuerpo en el protovínculo, por la articulación primaria cuerpo-
madre-grupo y por la función yoica o de sostén y continencia que la madre y el grupo
originario ejercen y comparten respecto del sujeto, los grupos tendrán -como ya dijimos-
una particular significación para el sujeto y se convertirán en herederos de la función de
sostén que madre y grupo familiar ejercen.
Trataremos luego de profundizar en este tema, que relaciona la función de sostén, el
sujeto, los vínculos, grupos, organizaciones, instituciones y relaciones sociales, sus
vicisitudes de colapso, fortalecimiento y procesos de crisis.
Lo señalo porque, como les adelanté recién, ese es un aspecto sustantivo en nuestro
campo de trabajo, algo a tener en cuenta para comprender lo que tantas veces se nos
aparece como irracional e incomprensible, si no tenemos en cuenta esta función de
sostén y esa significación interna de lo grupal.
El protovínculo se desarrolla en sucesivas etapas en las que la relación se enriquece y
redefine, en un itinerario que parte de la originaria unidad prenatal y culmina en la
individuación del sujeto que en él se constituye, que transita de la dependencia total a la
autonomía y la interdependencia.
Ese vínculo primario se inicia en la vida intrauterina, en una constante presencia y
permanente intercambio.
Un aspecto de esa interacción se efectiviza, según señala E. Pichon - Rivière, en un código
biológico, como intercambio hormonal. Se ha señalado el carácter asimétrico de la
relación, en tanto ese ser en gestación va adquiriendo en un proceso, una organización
bio-psíquica, su cuerpo, las más incipientes y rudimentarias formas de psiquismo, un
grado de desarrollo de la corteza cerebral.
La madre vive, a su vez un riquísimo proceso; ese hijo tiene para ella una significación que
puede ser positiva o negativa, por momentos ambivalente. Su historia, su trayectoria
vincular, las características de su circunstancia actual, sus afectos se movilizan ante esa
experiencia vital. La presencia no es registrada sólo corporalmente. Hay un fuerte impacto
emocional, que toma la forma de fantasías, deseos concientes e inconscientes,
ansiedades, expectativas y, si bien este es un proceso personal, no dejan de estar
presentes, aún en lo íntimo de ese acontecer, normativas sociales, mandatos y
expectativas familiares, que tienen efecto en ese vínculo. En esos anhelos ese proceso
psíquico e interaccional, que funda al vínculo y en él al sujeto, se desarrolla en la
complejidad de la trama social, en sus distintas instancias de organización.
¿En qué consiste esa función de sostén y continencia a la que hemos hecho mención?.
Varios autores se han ocupado de ella, a fin de entender esa peculiar relación madre/bebé
que posibilita que se convierta en un sujeto progresivamente autónomo.
Esa función vincular está signada por procesos de continencia, desciframiento y
transformación, que son imprescindibles para la emergencia de la subjetividad.
Esa función ejercida por otro significativo, es la que hace posible la organización del yo,
esa función es internalizada por el sujeto-bebé, que se identifica con el sujeto-sostén, que
aprende de él. Los apoyos, hasta allí externos se transforman en internos, aportando a la
organización de ese yo incipiente.
Esto quiere decir que el bebé construye su yo en procesos de internalización,
identificación y aprendizaje. Hace suyo lo que hasta allí le aportó la madre o adulto
significativo.
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¿Qué incorpora?. Modalidades de ordenar y darle significación a la experiencia, que en los
primeros períodos de la vida -y por lo rudimentario de ciertas funciones- tiene
características caóticas y por tanto ansiógenas. En este ordenar y dar significación, sentido
a sus sensaciones y vivencias el sujeto desarrolla una capacidad de la que hasta allí
carecía; hacerse continente de sus propios contenidos, reconocerlos y asumirlos como
propios. Esto hace al ir configurando un yo organizado.
El bebé, al nacer, experimenta una redefinición radical de sus condiciones de existencia: el
nacimiento implica una profunda crisis, una situación adaptativa -quizás la más
importante de nuestra existencia- pero nacemos con los instrumentos adecuados para
afrontarla, instrumentos que pueden movilizarse positivamente al existir vínculos de
apoyo.
El cuerpo del recién nacido es un cuerpo carente, necesitado, que sólo sobrevivirá en el
sostén del contacto, del cuerpo y del cuidado del otro. Otro que es a la vez sostenido en
esa función por otras redes vinculares, por instituciones y relaciones sociales, y también,
aunque aparezca paradójico, por ese ser, frágil y necesitado, pero con una presencia que
tiene centralidad en su vida.
Otra vez nos encontramos con necesidades, interacción, identificación, práctica,
aprendizaje, simbolización, orden socio-histórico como aspectos específicos e
interrelacionados en un complejo proceso.
Los primeros estadios de la vida, a partir del momento del nacimiento, y aún en el período
peri-natal implica una multiplicidad de estímulos. El recién nacido experimenta múltiples
sensaciones, pero no tiene la posibilidad de integrarlas, predomina en el la fragmentación,
no tiene la vivencia de integración o unidad de sí, no puede diferenciar lo interno de lo
externo, su mano de la superficie que toca.
No puede utilizar esas sensaciones como datos de sus sentidos que remiten a un mundo
objetivo.
Si utilizamos la idea de dato de mis sentidos está hablando de un yo y un mundo, de un
registro en el que ha habido procesamiento, en el que hay inteligibilidad. Es decir,
funciones psíquicas superiores.
Cuando esto se da, lo registrado se ubica en un universo, se lo clasifica mas allá de la
clasificación primaria placer/displacer.
Pero antes, si la sensación no puede ser procesada, -y la sensación existe desde el inicio- si
no puede ser integrada, puede convertirse en fuente de ansiedad. Ese estímulo corporal,
la sensación, es también un estímulo psíquico.
Si genera ansiedad, uno de los pocos recursos con los que cuenta ese sujeto, en lo
rudimentario de su psiquismo, es una operación psíquica, fundada en funciones
corporales. Me refiero a la expulsión, la evacuación. La operación psíquica a la que hago
mención es la proyección (sacar para afuera).
Como movimiento consiste en desprenderse de lo que causa ansiedad.
Eso es ya una conducta y una conducta en el interior de un vínculo. En ese vínculo, en ese
universo, como lo más inmediato y significativo está la madre. Ella recibirá esas señales y
afectos, ese enojo, ese malestar; y se convertirá en depositario operativo de esos
contenidos, que resultan intolerables para el bebé y por tanto expulsados. En tanto
depositario operativo la mamá (o el adulto significativo), asume en ese vínculo la función
del yo del bebé, aún inestructurado.
Y en que consiste esa función del yo?. En albergar, contener dentro de sí, procesar,
articular, simbolizar, interpretar, otorgar significación, comprender y dar la respuesta
pertinente a las necesidades que se expresan en esa conducta, y que conducen a ese ser
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tan frágil a desprenderse de lo que se vive como dañino, peligroso, en la búsqueda de
sentirse menos vulnerable, de sentirse fortalecido (estas son metáforas desde el
pensamiento adulto de lo que es la vida emocional de un bebé). Se trata de que
desaparezca la ansiedad el sufrimiento y retorne la calma, el placer.
Cabe una pregunta que nos surge muchas veces al contemplar una relación madre bebé:
¿cómo es posible ese desciframiento?. ¿Cómo surge y en qué procesos se da esa función
de sostén, llamada yoica porque es la función del yo?.
Esta función es cumplida porque el adulto ha establecido con el bebé un lazo psicológico
que consiste en una identificación intensísima, que le permite leer y adaptarse a las
necesidades del otro. Esa identificación le otorga una disponibilidad interna que como
decíamos, le permite albergar y descifrar lo que en otro momento de desarrollo del
vínculo no comprendería ni toleraría; o que a partir de los mismos observables no
descifraría en otro sujeto. Esto es lo que da a la madre, biológica o no, una particular
resonancia ante las vicisitudes del hijo.
Winniccot llamó a esta identificación preocupación materna primaria, es un centramiento
en el otro, que comienza en el embarazo (ver adopción), se mantiene y redefine en el
período post natal, hasta desaparecer como característica central del vínculo.
Como hemos dicho, la existencia de esa función, de esa conducta, de esa modalidad de
relación, irá permitiendo al bebé su integración como sujeto. Interviene en ello la
identificación, la internalización y el aprendizaje.
La calidad inicial de la identificación materna, esa preocupación primaria se modifica
gradualmente hasta desaparecer y esa transformación es lo que permite al sujeto el
pasaje a la discriminación yo/no yo; el tránsito de la dependencia a la autonomía que está
motivada en necesidades objetivas de ese sujeto epistémico, de conocimiento, pero que
puede ser favorecida o por el contrario obstaculizada en el vínculo, en los procesos
interaccionales.
Esta función en la que se da la resonancia, se ha denominado capacidad de reverie,
función alfa (Bion) función yoica.
Un rasgo de la interacción, de la acción de la madre ante la actitud por momentos hostil
del bebé, que proyecta su enojo, su frustración en ella, la ansiedad que le genera el
desorden que surge de estímulos no procesables, internos y externos, es que ella no actúa
simétricamente, angustiándose como lo hace el bebé.
Explora y le ofrece una respuesta en tanto ha descifrado su necesidad, lo que es un
proceso de aprendizaje personal y social. Devuelve lo descifrado en acciones pertinentes.
Allí, la mamá, como depositario operativo es contenedor, transformadora, en tanto recibe
lo evacuado, lo decodifica, lo procesa y lo simboliza.
Eso requiere algo que es propio del psiquismo maduro, se denomina estructura de
demora y consiste en la capacidad de postergar la respuesta al estímulo, el que la
reacción no sea inmediata y especular.
El que la madre se comporte de esa manera va permitiendo en el bebé, en un proceso en
el que está presente y operante su maduración biológica, acceder él también a la
capacidad de postergar la descarga; eso implica aprendizaje; y es fundamental, porque la
experiencia sensorial, antes perturbadora en determinado monto, comienza a ser
integrada en una estructura y función mas compleja, la de la percepción. Descienden las
ansiedades y se va abriendo acceso al pensamiento
A la vez en el proceso de internalización e identificación el bebé adquiere fortaleza yoica
en tanto vivencia, percibe cómo ese otro objeto sostén, ese objeto, lo habita. De hecho
está fundando su mundo interno.
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Pero nuestro tema es la interacción. Si bien hemos focalizado nuestra mirada -sin agotar
el tema- en el protovínculo y la función yoica, hasta aqpodríamos poner en cuestión si
la relación que se da entre madre e hijo es un vínculo, ya que podemos caracterizar como
vínculo una estructura interaccional compleja que incluye dos sujetos, su mutua
interrelación efectivizada en procesos de comunicación y aprendizaje. Se funda
motivacionalmente en las necesidades de los sujetos y se desarrolla en cada uno de ellos
en dos dimensiones en relación dialéctica: la intersubjetiva y la intrasubjetiva.
Llamamos, a esta última, mundo interno, que surge por la inscripción de esa red
interaccional, pero que desde su inscripción y procesamiento, opera en las formas de
contacto, en las características y significaciones de la interacción.
Si vínculo implica necesidades, comunicación y aprendizaje, transformación, hasta aquí
hemos visto dominantemente las necesidades del bebé que se imponen en tanto las más
apremiantes. Pero esa interacción se funda asimismo en las necesidades del adulto. En
cómo significa a ese bebé.
Existe la necesidad del cuerpo del bebé, de un diálogo tónico (psicomotricistas), a la vez
ese bebé despierta sentimientos contradictorios: placer, amor, angustia, extrañeza y a
veces rechazo. Dice Ajuriaguerra que la madre aprende que quiere a su bebé, es el bebé el
que desde su necesidad y su amor inmenso organiza el amor del adulto.
Las prácticas comunicacionales, el aprendizaje implican a la madre y al hijo, aún en esa
función yoica, ya que la identificación y el centramiento no bastan, requiere exploración y
allí viene el desciframiento.
A la vez la madre está poniendo en obra tanto lo aprendido en otros vínculos, las
representaciones sociales de la relación de crianza, como sus propias significaciones en la
particularidad, en lo único e irrepetible de esa relación. Por eso entendemos esa
interacción como una unidad de enseñar y aprender. Como se desprende de lo dicho,
entre el bebé y su mamá hay interacción y en consecuencia hay vínculo en una de las
formas más profundas y eficaces.-
Podríamos decir, dado que hicimos referencia a las significaciones inconcientes de las
situaciones grupales, al interjuego entre lo progresivo y lo regresivo, que el proceso de
constitución de la subjetividad en el sostén y apoyo de una estructura interaccional,
modelante e integradora, determinante, opera desde el comienzo de la vida y se
mantiene a lo largo de ella, redefiniéndose en sus formas.
Alcanzados los niveles más complejos de la organización psíquica, ésta por su carácter
esencialmente vincular social, por ser sistema abierto en relación dialéctica con la realidad
es una gestalt-gestaltung, estructura en movimiento, estructurándose, en permanente
movimiento de modificación e integración.
Ello hace de la continencia y el sostén grupal una necesidad omnipresente
Grupo y sujeto cumplen uno respecto al otro, con modalidades particulares, una recíproca
función instituyente e integradora, en el que el sostén y el modelamiento son unas de sus
formas.
Los distintos grupos de pertenencia del sujeto, en los que desarrollamos nuestra
experiencia cotidiana, en tanto sean sistemas relacionales estables y normatizadores,
operan como sostén del psiquismo, espacios de elaboración de ansiedades, espacios de
transformación en los que es posible crecer en fortaleza yoica, en organización subjetiva,
en pensamiento, desplegar acciones pertinentes. Apoyaturas de la identidad en las que
puede y suele predominar el orden simbólico sobre las ansiedades que a veces nos
generan un alto monto de sufrimiento.(defensas paralizantes, pánico, ...
Cuando el grupo no ofrece esa continencia se convierte en una situación ansiógena. A
veces los integrantes de los grupos pueden trabajar por mismos esa situación. A veces
necesitan un tercero-técnica-sostén.
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En cuanto a las instituciones es aún quizás más primario lo que en ellas se proyecta. Y
cuando las instituciones colapsan o pierden capacidad de sostén, los sujetos se fragilizan,
atrapados en lo instituido y la imposibilidad de cambio. Pero a veces, ante el colapso, y
articulándose unos con otros, logran imponer su potencialidad instituyente, generando
nuevas instituciones. Eso requiere apoyaturas internas y externas, un nuevo proceso.
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Modulo III Abril 2010
Clase Nº 3
Prof. Ana P. de Quiroga
Protovínculo y lenguaje.
Trataremos de visualizar esa relación orden social/subjetividad que se efectiviza en el
protovínculo, en la interacción a partir del análisis de la génesis del lenguaje.
¿Qué hacemos cotidianamente? ¿Cómo trabajamos acá y en otros espacios?.
Intercambiamos ideas, expresamos emociones, las nombramos, ponemos palabras a
estados de ánimo, ideas. Ese nombrar, expresar, esas ideas no surgen de la nada, remiten
a una elaboración simbólica.
¿Qué implica esto? El ejercicio de funciones psíquicas superiores: pensar, establecer
relaciones entre distintos hechos u objetos....elaborar metáforas, crearlas, seleccionar,
comparar.
Todos estos procesos, y la particular cualidad con que los realizamos en forma
permanente constituyen un rasgo específicamente humano. sabemos que los animales
tienen distintas maneras de recibir y transmitir información, según su grado de desarrollo.
Pero ni la metáfora, ni la creatividad, ni todo este conjunto simultáneo de operaciones
psíquicas es su patrimonio.
Ahora bien, ¿cómo las adquiere cada uno de nosotros, cómo llegamos a ejercerlas de una
manera permanente, cómo se relaciona este ejercicio con la idea de sujeto esencialmente
social y sujeto cognoscente?. Pensar cómo adquirimos esa potencialidad hace también al
análisis del campo de la psicología social.
Habíamos dicho que uno de esos mediadores, articuladores entre orden
social/subjetividad es la comunicación.
Como vimos, el sujeto habla, emite mensajes y recibe mensajes que aportan a su
pensamiento y al pensamiento del otro, los otros; analiza, procesa sus experiencias.
¿Cómo es posible todo esto?
En primer término el sujeto humano cuenta con una organización biológica que le permite
experimentar sensaciones a partir de estímulos y su capacidad perceptiva de esos
estímulos.
La sensación, es síntesis de lo objetivo, de un sonido, de una textura, de una temperatura
y de su propio sistema nervioso.
La sensación no es plana, tiene una carga afectiva. Es gratificante, o desagradable. Esa
intensidad afectiva es mayor en los primeros momentos de vida en que como uds saben
son escasas y rudimentarias las operaciones psicológicas, por inmadurez de la corteza
cerebral.
Partamos de una de las primeras formas de expresión, ligadas a la sensación: el llanto. Y
preguntémonos cómo desde allí se llega a la palabra y el pensamiento.
Hablo del llanto del recién nacido. No es un acto con intención comunicacional, es una
descarga refleja de la tensión displacentera de algunas sensaciones, hambre, ausencia de
contacto, frío, dolor.
Esa descarga que es el llanto va a dar lugar a una experiencia comunicativa de particular
importancia para la configuración del sujeto y del vínculo.
El bebé grita, llora en un mundo social, en el que el grito forma parte del lenguaje, aún
cuando en ese grito todavía no hay palabra. Ese grito es forma y contenido. ¿Para quién?.
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Para quienes interactúan con él, en principio la mamá o adulto significativo, que en tanto
sujeto de una cultura, decodifica ese llanto-grito como expresión de necesidad.
Decodifica quiere decir que interpreta, atribuye significación y le da respuesta: lo alza, le
da calor, le oferta el pecho, lo consuela, y eso lo hace no necesariamente en silencio, sino
con palabras, sonidos, que son los de su reconocimiento del otro, los sonidos y las
palabras de la ternura, que solemos recuperar ya de adultos cuando en un vínculo se
establece una intensa carga emocional, por ej., cuando nos enamoramos, tenemos hijos,
nietos.
Esa conducta de la mamá, que es personal y es social, la aprendió de la misma manera,
usa los códigos, los lenguajes de su grupo familiar, de su contexto cultural, del orden
socio/histórico en esa manera de experimentarlo, de vivenciarlo directamente, a la que
llamamos cotidianidad.
Y esa modalidad comunicacional, ¿es idéntica que la de su mama, su abuela, su papa, que
su hermana?, y no. Sí, porque toma códigos, actitudes, roles. Familiares y sociales, pero
a la vez hay un procesamiento personal, único e irrepetible que se vincula a su historia, a
su trayectoria de experiencias y a la significación particular que ese hijo tiene para ella.
Retornemos al bebé, en esa experiencia comunicativa y retornemos a la base material. Su
corteza cerebral, ¿qué pasa allí?. Empiezan a ser asociados la sensación, el grito y la
respuesta, allí hay sinapsis, esto es: encadenamiento neuronal, empieza a haber memoria
y hay aprendizaje.
¿Por qué?, porque va incorporando ese grito o llanto como señal, como mensaje, como
llamado, es decir, pasa a ser significante que remite a un significado. En este caso el
significado es una necesidad.
¿Dónde se indagó, descubrió y estableció esa relación significante llanto-significado
necesidad de?. En un orden social, que se vehiculiza a través de un grupo familiar, el de
origen, el actual y qué se juega en ese vínculo mamá/bebé.
Pero el bebé, no sólo va adquiriendo lo que se llama una competencia comunicativa, es
decir una capacidad para llamar, quejarse, reclamar. Va adquiriendo simultáneamente y
por procesamiento de experiencias, una percepción de sí y del otro.
Como hemos señalado, en el inicio de la vida el bebé es un mosaico de sensaciones no
integradas, el otro le va devolviendo una imagen integradora, la mirada, las acciones
maternas. Pero a la vez, va llegando a configurar una significación del otro y de sí, de lo
otro y de sí, que al principio no están diferenciados.
Esas experiencias comunicativas van dejando lugar a otras, en la que va apareciendo la
palabra y la palabra es la que expresa y aporta a la simbolización. ¿Qué es simbolizar?.
Tomar cierta distancia en que se le da forma a lo que se percibe, forma quiere decir
significación. Lo simbolizado puede ser transmitido. Y a la vez no invade al sujeto. Cuando
invade, como veíamos por la masividad de estímulos, se obstaculiza la simbolización.
Simbolizado quiere decir pensado. Esto es registrado, procesado, articulado, incluido en el
universo de experiencia.
Entonces, esas experiencias comunicativas que vive el sujeto y su posibilidad de ser sujeto
dependen de una base material, sistema nervioso, cerebro, corteza, orden social que
implica formas de pensamiento social, normas, códigos comunicacionales, lenguajes,
interacción en términos de vínculo cara a cara. Esas experiencias comunicativas que
analizamos a partir de la descarga refleja del llanto, aportan al desarrollo de funciones
psicológicas, por percepción, el pensamiento, la capacidad de atribuir significado a
capacidades relacionales y comunicacionales.

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