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Para quienes interactúan con él, en principio la mamá o adulto significativo, que en tanto
sujeto de una cultura, decodifica ese llanto-grito como expresión de necesidad.
Decodifica quiere decir que interpreta, atribuye significación y le da respuesta: lo alza, le
da calor, le oferta el pecho, lo consuela, y eso lo hace no necesariamente en silencio, sino
con palabras, sonidos, que son los de su reconocimiento del otro, los sonidos y las
palabras de la ternura, que solemos recuperar ya de adultos cuando en un vínculo se
establece una intensa carga emocional, por ej., cuando nos enamoramos, tenemos hijos,
nietos.
Esa conducta de la mamá, que es personal y es social, la aprendió de la misma manera,
usa los códigos, los lenguajes de su grupo familiar, de su contexto cultural, del orden
socio/histórico en esa manera de experimentarlo, de vivenciarlo directamente, a la que
llamamos cotidianidad.
Y esa modalidad comunicacional, ¿es idéntica que la de su mama, su abuela, su papa, que
su hermana?, sí y no. Sí, porque toma códigos, actitudes, roles. Familiares y sociales, pero
a la vez hay un procesamiento personal, único e irrepetible que se vincula a su historia, a
su trayectoria de experiencias y a la significación particular que ese hijo tiene para ella.
Retornemos al bebé, en esa experiencia comunicativa y retornemos a la base material. Su
corteza cerebral, ¿qué pasa allí?. Empiezan a ser asociados la sensación, el grito y la
respuesta, allí hay sinapsis, esto es: encadenamiento neuronal, empieza a haber memoria
y hay aprendizaje.
¿Por qué?, porque va incorporando ese grito o llanto como señal, como mensaje, como
llamado, es decir, pasa a ser significante que remite a un significado. En este caso el
significado es una necesidad.
¿Dónde se indagó, descubrió y estableció esa relación significante llanto-significado
necesidad de?. En un orden social, que se vehiculiza a través de un grupo familiar, el de
origen, el actual y qué se juega en ese vínculo mamá/bebé.
Pero el bebé, no sólo va adquiriendo lo que se llama una competencia comunicativa, es
decir una capacidad para llamar, quejarse, reclamar. Va adquiriendo simultáneamente y
por procesamiento de experiencias, una percepción de sí y del otro.
Como hemos señalado, en el inicio de la vida el bebé es un mosaico de sensaciones no
integradas, el otro le va devolviendo una imagen integradora, la mirada, las acciones
maternas. Pero a la vez, va llegando a configurar una significación del otro y de sí, de lo
otro y de sí, que al principio no están diferenciados.
Esas experiencias comunicativas van dejando lugar a otras, en la que va apareciendo la
palabra y la palabra es la que expresa y aporta a la simbolización. ¿Qué es simbolizar?.
Tomar cierta distancia en que se le da forma a lo que se percibe, forma quiere decir
significación. Lo simbolizado puede ser transmitido. Y a la vez no invade al sujeto. Cuando
invade, como veíamos por la masividad de estímulos, se obstaculiza la simbolización.
Simbolizado quiere decir pensado. Esto es registrado, procesado, articulado, incluido en el
universo de experiencia.
Entonces, esas experiencias comunicativas que vive el sujeto y su posibilidad de ser sujeto
dependen de una base material, sistema nervioso, cerebro, corteza, orden social que
implica formas de pensamiento social, normas, códigos comunicacionales, lenguajes,
interacción en términos de vínculo cara a cara. Esas experiencias comunicativas que
analizamos a partir de la descarga refleja del llanto, aportan al desarrollo de funciones
psicológicas, por percepción, el pensamiento, la capacidad de atribuir significado a
capacidades relacionales y comunicacionales.