
típico es el teatro, donde se escucha la música que vale la pena y se ven las obras dramáticas
realmente importantes de diferentes épocas y países. La biblioteca también es considerada un
hogar donde se reúnen los acervos culturales de un país. Lo que tienen en común los tres tipos de
"hogar” de la cultura es fácil de reconocer: se trata de lugares a los que sólo un muy pequeño
porcentaje de la población suele acudir.
Hay que señalar aquí que no pocos antropólogos contribuyen, a menudo sin quererlo, a esta visión
equivocada de las cosas. Por más que promueven que en los museos aparezca lo que suelen
llamar "cultura popular", la música tradicional de las regiones, las artesanías, la arquitectura, la
vida cotidiana de los grupos étnicos contemporáneos, las múltiples costumbres, artefactos y
prácticas sociales en uso, también para ellos la cultura es algo "consagrado". Sólo debe ser
admirado, conservado y reproducido tal cual y cualquier modificación es vista como una
"pérdida", pérdida cultural, pérdida de tradiciones y pérdida de valores.
Esta manera errónea de ver la cultura está confundida con respecto a dos cuestiones. Desde luego
hay creaciones culturales que son dignas de admirarse y que deben ser conservadas en el estado
en que se encuentran. Pero en su conjunto, la cultura, todas las culturas y sus manifestaciones son
algo vivo, algo que surge y se transforma sin cesar y a veces incluso desaparece después de haber
existido algún tiempo. Y constantemente, en la historia de todas las áreas de la cultura la
emergencia de algo nuevo, ha sido considerada como "pérdida" o incluso como "traición".
Conviene caer en la cuenta que a pesar de su innegable importancia, los museos, los teatros y las
bibliotecas son sólo algunos de los muchos hogares de la cultura. La mayor parte de la vida cultural
se realiza, se conserva, se reproduce y se transforma fuera de ellos. También en el periodismo y en
los medios electrónicos, en las casas y los talleres, en los restaurantes, en las calles y en muchos
espacios más se produce cultura a diario. Mucha de ella es efímera, otra encuentra su entrada a
los recintos mencionados. La vida cultural es más amplia y más rica de lo que se reúne, colecciona
y exhibe en los solemnes espacios especiales destinados a su conservación.
Quinta idea equivocada: La existencia de la cultura depende del Estado:
Es cierto que en México casi todas las instituciones que de alguna manera tienen que ver con la
creación cultural especializada y la conservación del patrimonio cultural, son instituciones que no
dependen de los creadores de la cultura, sino de los gobiernos: los institutos estatales de cultura,
educación escolar básica y superior, el Consejo Nacional para la Cultura y Artes, museos, etc. Esta
dependencia puede ser decisiva porque la asignación o no de un subsidio gubernamental a una
propuesta cultural a menudo decide sobre la existencia o no de esta última. Como en otros países,
también en México gran parte del fomento a las más diversas manifestaciones culturales se realiza
bajo la óptica del “fortalecimiento” de la cultura “nacional” y de este modo se justifica la presencia
del Estado en estas cuestiones.
Los Estados han tenido siempre interés en intervenir en la creación cultural y la conservación del
patrimonio cultural porque de esta manera controlan y a veces incluso crean un importante factor
de cohesión social. Pero cualquier mirada al mapa demuestra lo absurdo de esta concepción. Por