Trastornos neuróticos, secundarios a situaciones estresantes y somatomorfas
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F40 Trastornos de ansiedad fóbica
F40.0 Agorafobia.
F40.1 Fobias sociales.
F40.2 Fobias específicas (aisladas).
F40.8 Otros trastornos de ansiedad fóbica.
F40.9 Trastorno de ansiedad fóbica sin especificación.
Trastornos la ansiedad que se ponen en marcha exclusiva o predominantemente en ciertas situaciones
bien definidas o frente a objetos (externos al enfermo) que no son en sí mismos generalmente peligrosos.
En consecuencia, éstos se evitan de un modo específico o si acaso son afrontados con temor. La
ansiedad fóbica no se diferencia, ni vivencial, ni comportamental, ni fisiológicamente, de otros tipos de
ansiedad y su gravedad puede variar desde una ligera intranquilidad hasta el terror pánico. La
preocupación del enfermo puede centrarse en síntomas aislados tales como palpitaciones o sensación de
desvanecimiento y a menudo se acompaña de miedos secundarios a morirse, a perder el control o a
volverse loco. La ansiedad no se alivia por saber que otras personas no consideran dicha situación como
peligrosa o amenazante. Por lo general, el imaginar la situación fóbica desencadena una ansiedad
anticipatoria.
Al adoptar el criterio de que el objeto y la situación fóbicos son externos al enfermo muchos de los
temores referidos a la presencia de enfermedades (nosofobia) o a estar desfigurado (dismorfofobia), se
clasifican en el epígrafe trastorno hipocondriaco (F45.2). Sin embargo, si el temor a enfermar es
consecuencia de un miedo dominante y repetido al posible contagio de una infección o a una
contaminación, o es simplemente el miedo a intervenciones (inyecciones, intervenciones quirúrgicas, etc.)
o a lugares de asistencia (consulta del dentista, hospitales, etc.) médicas, debe escogerse una de las
categorías de esta sección F40.- (por lo general F40.2, fobia específica).
La mayor parte de los trastornos fóbicos son más frecuentes en las mujeres que en los varones.
F40.0 Agorafobia
El término "agorafobia" se utiliza aquí con un sentido más amplio que el original y que el utilizado aún en
algunos países. Se incluyen en él no sólo los temores a lugares abiertos, sino también otros relacionados
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con ellos, como temores a las multitudes y a la dificultad para poder escapar inmediatamente a un lugar
seguro (por lo general el hogar). El término abarca un conjunto de fobias relacionadas entre sí, a veces
solapadas, entre ellos temores a salir del hogar, a entrar en tiendas o almacenes, a las multitudes, a los
lugares públicos y a viajar solo en trenes, autobuses o aviones. Aunque la gravedad de la ansiedad y la
intensidad de la conducta de evitación son variables, éste es el más incapacitante de los trastornos
fóbicos y algunos individuos llegan a quedar completamente confinados en su casa. A muchos enfermos
les aterra pensar en la posibilidad de poder desmayarse o quedarse solos, sin ayuda, en público. La
vivencia de la falta de una salida inmediata es uno de los rasgos clave de muchas de las situaciones que
inducen la agorafobia. La mayor parte de los afectados son mujeres y el trastorno comienza en general al
principio de la vida adulta. Están presentes a menudo síntomas depresivos y obsesivos y fobias sociales,
pero no predominan en el cuadro clínico. En ausencia de un tratamiento efectivo la agorafobia suele
cronificarse, aunque su intensidad puede ser fluctuante.
Pautas para el diagnóstico
a) Los síntomas, psicológicos o vegetativos, son manifestaciones primarias de ansiedad y no secundarias
a otros síntomas, como por ejemplo ideas delirantes u obsesivas.
b) Esta ansiedad se limita o predomina en al menos dos de las siguientes situaciones: multitudes, lugares
públicos, viajar lejos de casa o viajar solo.
c) La evitación de la situación fóbica es, o ha sido, una característica destacada.
La presencia o ausencia de trastorno de pánico (F41.0) en la situación que induce la agorafobia en la
mayoría de los casos puede ser recogida mediante un quinto carácter: F40.00 Sin trastorno de pánico,
F40.01 Con trastorno de pánico.
Incluye: Trastorno de pánico con agorafobia.
F40.1 Fobias sociales
Las fobias sociales suelen comenzar en la adolescencia y giran en torno al miedo a ser enjuiciado por
otras personas en el seno de un grupo comparativamente pequeño (a diferencia de las multitudes) y
suelen llevar a evitar situaciones sociales determinadas. Al contrario que la mayoría de las fobias, las
fobias sociales se presentan con igual frecuencia en varones y en mujeres. Algunas de las fobias sociales
son restringidas (por ejemplo, a comer en público, a hablar en público o a encuentros con el sexo
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contrario), otras son difusas y abarcan casi todas las situaciones sociales fuera del círculo familiar. El
temor a vomitar en público puede ser importante. El contacto visual directo puede ser particularmente
molesto en determinadas culturas. Las fobias sociales suelen acompañarse de una baja estimación de sí
mismo y de miedo a las críticas. Puede manifestarse como preocupación a ruborizarse, a tener temblor de
manos, nauseas o necesidad imperiosa de micción y a veces la persona está convencida de que el
problema primario es alguna de estas manifestaciones secundarias de su ansiedad. Los síntomas pueden
desembocar en crisis de pánico. La conducta de evitación suele ser intensa y en los casos extremos
puede llevar a un aislamiento social casi absoluto.
Pautas para el diagnóstico
a) Los síntomas psicológicos, comportamentales o vegetativos, son manifestaciones primarias de la
ansiedad y no secundarias a otros síntomas como por ejemplo ideas delirantes u obsesivas.
b) Esta ansiedad se limita o predomina en situaciones sociales concretas y determinadas.
c) La situación fóbica es evitada, cuando ello es posible.
Incluye: Antropofobia. Neurosis social.
F40.2 Fobias específicas (aisladas)
Fobias restringidas a situaciones muy específicas tales como a la proximidad de animales determinados,
las alturas, los truenos, la oscuridad, a viajar en avión, a los espacios cerrados, a tener que utilizar
urinarios públicos, a ingerir ciertos alimentos, a acudir al dentista, a la visión de sangre o de heridas o al
contagio de enfermedades concretas. Aunque la situación desencadenante sea muy específica y
concreta, su presencia puede producir pánico como en la agorafobia y en las fobias sociales. Las fobias
específicas suelen presentarse por primera vez en la infancia o al comienzo de la vida adulta y, si no son
tratadas, pueden persistir durante décadas. El grado de incapacidad que producen depende de lo fácil
que sea para el enfermo evitar la situación fóbica. El temor a la situación fóbica tiende a ser estable, al
contrario de lo que sucede en la agorafobia. Son ejemplos de objetos fóbicos el temor a las radiaciones, a
las infecciones venéreas y más recientemente al sida.
Pautas para el diagnóstico
a) Los síntomas, psicológicos o vegetativos, son manifestaciones primarias de la ansiedad y no
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secundarias a otros síntomas como, por ejemplo, ideas delirantes u obsesivas.
b) Esta ansiedad se limita a la presencia de objetos o situaciones fóbicas específicos.
c) Estas situaciones son evitadas, en la medida de lo posible.
Incluye:
Zoofobias. Claustrofobia. Acrofobia. Fobia a los exámenes. Fobia simple.
F40.8 Otros trastornos de ansiedad fóbica
F40.9
Trastorno de ansiedad fóbica sin especificación
Incluye:
Fobia sin especificación. Estado fóbico sin especificar.
F41 Otros trastornos de ansiedad
F41.0 Trastorno de pánico (ansiedad paroxística episódica).
F41.1 Trastorno de ansiedad generalizada.
F41.2 Trastorno mixto ansioso-depresivo.
F41.3 Otro trastorno mixto de ansiedad.
F41.8 Otros trastornos de ansiedad especificados.
F41.9 Trastorno de ansiedad sin especificación.
El síntoma principal de estos trastornos es la presencia de una ansiedad, que no se limita a ninguna
situación ambiental en particular. También pueden presentarse síntomas depresivos y obsesivos, e
incluso algunos elementos de ansiedad fóbica, con tal de que éstos sean claramente secundarios o
menos graves.
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F41.0
Trastorno de pánico (ansiedad paroxística episódica)
Su característica esencial es la presencia de crisis recurrentes de ansiedad grave (pánico) no limitadas a
ninguna situación o conjunto de circunstancias particulares. Son por tanto imprevisibles. Como en otros
trastornos de ansiedad, los síntomas predominantes varían de un caso a otro, pero es frecuente la
aparición repentina de palpitaciones, dolor precordial, sensación de asfixia, mareo o vértigo y sensación
de irrealidad (despersonalización o desrealización). Casi constantemente hay un temor secundario a
morirse, a perder el control o a enloquecer. Cada crisis suele durar sólo unos minutos, pero también
puede persistir más tiempo. Tanto la frecuencia como el curso del trastorno, que predomina en mujeres,
son bastante variables. A menudo el miedo y los ntomas vegetativos del ataque van creciendo de tal
manera que los que los padecen terminan por salir, escapar, de donde se encuentran. Si esto tiene lugar
en una situación concreta, por ejemplo, en un autobús o en una multitud, como consecuencia el enfermo
puede en el futuro tratar de evitar esa situación. Del mismo modo, frecuentes e imprevisibles ataques de
pánico llevan a tener miedo a estar sólo o a ir a sitios públicos. Un ataque de pánico a menudo se sigue
de un miedo persistente a tener otro ataque de pánico.
Pautas para el diagnóstico
Las crisis de pánico que se presentan en una situación fóbica consolidada se consideran expresión de la
gravedad de la fobia y ésta tiene preferencia para el diagnóstico. El trastorno de pánico es el diagnóstico
principal sólo en ausencia de cualquiera de las fobias de F40.-.
Para un diagnóstico definitivo deben de presentarse varios ataques graves de ansiedad vegetativa al
menos durante el período de un mes:
a) En circunstancias en las que no hay un peligro objetivo.
b) No deben presentarse sólo en situaciones conocidas o previsibles.
c) En el período entre las crisis el individuo debe además estar relativamente libre de ansiedad aunque es
frecuente la ansiedad anticipatoria leve.
Incluye:
Ataques de pánico. Estados de pánico.
F41.1 Trastorno de ansiedad generalizada
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La característica esencial de este trastorno es una ansiedad generalizada y persistente, que no está
limitada y ni siquiera predomina en ninguna circunstancia ambiental en particular (es decir, se trata de una
"angustia libre flotante"). Como en el caso de otros trastornos de ansiedad los ntomas predominantes
son muy variables, pero lo más frecuente son quejas de sentirse constantemente nervioso, con temblores,
tensión muscular, sudo-ración, mareos, palpitaciones, vértigos y molestias epigástricas. A menudo se
ponen de manifiesto temores a que uno mismo o Un familiar vaya a caer enfermo o a tener un accidente,
junto con otras preocupaciones y presentimientos muy diversos. Este trastorno es más frecuente en
mujeres y está a menudo relacionado con estrés ambiental crónico. Su curso es variable, pero tiende á
ser fluctuante y crónico.
Pautas para el diagnóstico
El afectado debe tener síntomas de ansiedad la mayor parte de los días durante al menos varias semanas
seguidas. Entre ellos deben estar presentes rasgos de:
a) Aprensión (preocupaciones acerca de calamidades venideras, sentirse "al límite", dificultades de
concentración, etc.).
b) Tensión muscular (agitación e inquietud psicomotrices, cefaleas de tensión, temblores, incapacidad de
relajarse).
c) Hiperactividad vegetativa (mareos, sudoración, taquicardia o taquipnea, molestias epigástricas, vértigo,
sequedad de boca, etc.).
En los niños suelen ser llamativas la necesidad constante de seguridad y las quejas somáticas
recurrentes. La presencia transitoria (durante pocos días seguidos) de otros síntomas, en particular de
depresión, no descarta un diagnóstico principal de trastorno de ansiedad generalizada, pero no deben
satisfacerse las pautas de episodio depresivo (F32.-), trastorno de ansiedad fóbica (F40.-), trastorno de
pánico (F41.0) o trastorno obsesivo-compulsivo (F42.-).
Incluye:
Estado de ansiedad. Neurosis de ansiedad. Reacción de ansiedad.
Excluye: Neurastenia (F48.0).
F41.2 Trastorno mixto ansioso-depresivo
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Están presentes síntomas de ansiedad y de depresión, pero ninguno de ellos predomina claramente ni
tiene la intensidad suficiente como para justificar un diagnóstico por separado. Una ansiedad grave,
acompañada de depresión de intensidad más leve hace que deba utilizarse cualquiera de las categorías
de trastorno de ansiedad o de ansiedad fóbica. Cuando ambas series de síntomas, depresivos y ansiosos,
estén presentes y sean tan graves como para justificar un diagnóstico individual deben recogerse ambos
trastornos y no debería usarse esta categoría. Si por razones prácticas de codificación sólo puede
hacerse un diagnóstico, debe darse prioridad al de depresión. Algunos síntomas vegetativos (temblor,
palpitaciones, sequedad de boca, molestias epigástricas, etc.) deben estar presentes aunque sólo sea de
un modo intermitente. No debe utilizarse esta categoría si sólo aparecen preocupaciones respecto a estos
síntomas vegetativos. Si síntomas que satisfacen las pautas de este trastorno se presentan
estrechamente relacionados con cambios biográficos significativos o acontecimientos vitales estresantes,
debe utilizarse la categoría F43.2, trastornos de adaptación.
Este tipo de enfermos con una mezcla de síntomas comparativamente leves se ve con frecuencia en
atención primaria y su prevalencia es aún mayor en la población general, pero la mayoría de los afectados
rara vez demandan cuidados médicos o psiquiátricos.
Incluye: Depresión ansiosa (leve o no persistente).
Excluye: Depresión ansiosa persistente (distimia F34.1).
F41.3 Otros trastornos mixtos de ansiedad
Trastornos en los que se satisfagan las pautas de trastorno de ansiedad generalizada (F41.1), y que
tengan además características destacadas (a menudo de corta duración) de otros trastornos de F40-F48,
aunque no se satisfagan las pautas completas de este trastorno adicional. Los ejemplos más frecuentes
son: trastorno obsesivo-compulsivo (F42.-); trastornos disociativos (F44.-); trastornos de somatización
(F45.0); trastorno somatomorfo indiferenciado (F45.1) y trastorno hipocondriaco (F45.2). Si los síntomas
que satisfacen las pautas de este trastorno aparecen en estrecha asociación con cambios significativos de
la vida o acontecimientos vitales estresantes entonces se utiliza la categoría F43.2, trastornos de
adaptación.
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F41.8 Otros trastornos de ansiedad especificados
Incluye: Ansiedad histérica.
F41.9 Trastorno de ansiedad sin especificación
Incluye: Ansiedad sin especificación.
F42 Trastorno obsesivo
compulsivo
F42.0 Con predominio de pensamientos o rumiaciones obsesivas.
F42.1 Con predominio de actos compulsivos (rituales obsesivos).
F42.2 Con mezcla de pensamientos y actos obsesivos.
F42.8 Otros trastornos obsesivo-compulsivos.
F42.9 Trastorno obsesivo-compulsivo sin especificación.
La característica esencial de este trastorno es la presencia de pensamientos obsesivos o actos
compulsivos recurrentes. Los pensamientos obsesivos son ideas, imágenes o impulsos mentales que
irrumpen una y otra vez en la actividad mental del individuo, de una forma estereotipada. Suelen ser
siempre desagradables (por su contenido violento u obsceno, o simplemente porque son percibidos como
carentes de sentido) y el que los padece suele intentar, por lo general sin éxito, resistirse a ellos. Son, sin
embargo, percibidos como pensamientos propios, a pesar de que son involuntarios y a menudo
repulsivos. Los actos o rituales compulsivos son formas de conducta estereotipadas que se repiten una y
otra vez. No son por mismos placenteros, ni dan lugar a actividades útiles por mismas. Para el
enfermo tienen la función de prevenir que tenga lugar algún hecho objetivamente improbable. Suele
tratarse de rituales para conjurar el que uno mismo reciba daño de alguien o se lo pueda producir a otros.
A menudo, aunque no siempre, este comportamiento es reconocido por el enfermo como carente de
sentido o de eficacia, y hace reiterados intentos para resistirse a él. En casos de larga evolución, la
resistencia puede haber quedado reducida a un nivel mínimo. Casi siempre está presente un cierto grado
de ansiedad. Existe una íntima relación entre los síntomas obsesivos, en especial pensamientos
obsesivos, y la depresión. Los enfermos con trastornos obsesivo-compulsivos tienen a menudo síntomas
depresivos y en enfermos que sufren un trastorno depresivo recurrente (F33.-) a menudo se presentan
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pensamientos obsesivos durante sus episodios de depresión. En ambas situaciones el incremento o la
disminución en la gravedad de los síntomas depresivos se acompaña por lo general por cambios paralelos
en la gravedad de los síntomas obsesivos.
El trastorno obsesivo-compulsivo es tan frecuente en varones como en mujeres y la personalidad básica
suele tener rasgos anancásticos destacados. El comienzo se sitúa habitualmente en la infancia o al
principio de la vida adulta. El curso es variable y, en ausencia de síntomas depresivos significativos,
tiende más a la evolución crónica.
Pautas para el diagnóstico
Para un diagnóstico definitivo deben estar presentes y ser una fuente importante de angustia o de
incapacidad durante la mayoría de los días al menos durante dos semanas sucesivas, ntomas
obsesivos, actos compulsivos o ambos. Los síntomas obsesivos deben tener las características
siguientes:
a) Son reconocidos como pensamientos o impulsos propios.
b) Se presenta una resistencia ineficaz a por lo menos uno de los pensamientos o actos, aunque estén
presentes otros a los que el enfermo ya no se resista.
c) La idea o la realización del acto no deben ser en sí mismas placenteras (el simple alivio de la tensión o
ansiedad no debe considerarse placentero en este sentido).
d) Los pensamientos, imágenes o impulsos deben ser reiterados y molestos.
Incluye:
Neurosis obsesivo-compulsiva. Neurosis obsesiva. Neurosis anancástica.
F42.0
Con predominio de pensamientos o rumiaciones obsesivos
Pueden tomar la forma de ideas, imágenes mentales o impulsos a actuar. Su contenido es muy variable,
pero se acompañan casi siempre de malestar subjetivo. Por ejemplo, a una mujer le puede atormentar el
temor de no poder resistir en algún momento el impulso de matar al hijo querido, o por la cualidad
obscena o blasfema y ajena a sí mismo de una imagen mental recurrente. A veces las ideas son
simplemente banales en torno a una interminable y casi filosófica consideración de alternativas
imponderables. Esta consideración indecisa de alternativas es un elemento importante en muchas otras
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rumiaciones obsesivas y a menudo se acompaña de una incapacidad para tomar las decisiones, aún las
más triviales, pero necesarias en la vida cotidiana.
La relación entre rumiaciones obsesivas y depresión es particularmente íntima y se elegirá el diagnóstico
de trastorno obsesivo-compulsivo sólo cuando las rumiaciones aparecen o persisten en ausencia de un
trastorno depresivo.
F42.1
Con predominio de actos compulsivos (rituales obsesivos)
La mayoría de los actos compulsivos se relacionan con la limpieza (en particular el lavado de las manos),
con comprobaciones repetidas para asegurarse de que se ha evitado una situación potencialmente
peligrosa, o con la pulcritud y el orden. En la conducta manifiesta subyace por lo general un miedo a ser
objeto o motivo de un peligro y el ritual es un intento ineficaz o simbólico de conjurar ese peligro. Los
rituales compulsivos pueden ocupar muchas horas de cada día y suelen acompañarse a veces de una
marcada incapacidad de decisión y de un enlentecimiento. En conjunto, son tan frecuentes en un sexo
como en el otro, pero el lavado de manos ritual es más frecuente en las mujeres y el enlentecimiento sin
repeticiones es más común en los varones.
Los rituales están menos íntimamente relacionados con la depresión que los pensamientos obsesivos y
responden con mayor facilidad a las terapéuticas de modificación del comportamiento.
F42.2 Con mezcla de pensamientos y actos obsesivos
La mayoría de los enfermos con un trastorno obsesivo-compulsivo presentan tanto pensamientos
obsesivos como compulsiones. Esta subcategoría debe ser usada cuando ambos son igualmente
intensos, como es frecuente, aunque es útil especificar sólo uno cuando destaca con claridad ya que
pensamientos y actos pueden responder a tratamientos diferentes.
F42.8 Otros trastornos obsesivo-compulsivos
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F42.9 Trastorno obsesivo-compulsivo sin especificación
F43
Reacciones a estrés grave y trastornos de adaptación
F43.0 Reacción a estrés agudo.
F43.1 Trastorno de estrés post-traumático.
F43.2 Trastornos de adaptación.
F43.8 Otras reacciones a estrés grave.
F43.9 Reacción a estrés grave sin especificación.
Incluye trastornos que se identifican no sólo por la sintomatología y el curso, sino también por uno u otro
de los dos factores siguientes: antecedentes de un acontecimiento biográfico, excepcionalmente
estresante capaz de producir una reacción a estrés agudo o la presencia de un cambio vital significativo,
que de lugar a situaciones desagradables persistentes que llevan a un trastorno de adaptación. Aunque
situaciones de estrés psicosocial más leve ("acontecimientos vitales") puedan precipitar el comienzo o
contribuir a la aparición de un amplio rango de trastornos clasificados en otras partes de esta clasificación,
su importancia etiológica no siempre es clara y en cada caso se encontrará que dependen de factores
individuales, a menudo propios de su idiosincrasia, tales como una vulnerabilidad específica. En otras
palabras, el estrés no es un factor ni necesario ni suficiente para explicar la aparición y forma del
trastorno. Por el contrario, los trastornos agrupados en esta categoría aparecen siempre como una
consecuencia directa de un estrés agudo grave o de una situación traumática sostenida. El
acontecimiento estresante o las circunstancias desagradables persistentes son un factor primario y
primordial, de tal manera que en su ausencia no se hubiera producido el trastorno. Las reacciones a
estrés grave y los trastornos de adaptación se presentan en todos los grupos de edad, incluyendo niños y
adolescentes, y por lo tanto deben codificarse de acuerdo con las pautas de esta categoría.
F43.0 Reacción a estrés agudo
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Trastorno transitorio de una gravedad importante que aparece en un individuo sin otro trastorno mental
aparente, como respuesta a un estrés físico o psicológico excepcional y que por lo general remite en
horas o días. El agente estresante puede ser una experiencia traumática devastadora que implica una
amenaza seria a la seguridad o integridad física del enfermo o de persona o personas queridas (por
ejemplo, catástrofes naturales, accidentes, batallas, atracos, violaciones) o un cambio brusco y
amenazador del rango o del entorno social del individuo (por ejemplo, pérdidas de varios seres queridos,
incendio de la vivienda, etc.). El riesgo de que se presente un trastorno así aumenta si están presentes
además un agotamiento físico o factores orgánicos (por ejemplo, en el anciano).
También juegan un papel en la aparición y en la gravedad de las reacciones a estrés agudo, la
vulnerabilidad y la capacidad de adaptación individuales, como se deduce del hecho de que no todas las
personas expuestas a un estrés excepcional presentan este trastorno. Los síntomas tienen una gran
variabilidad, pero lo más característico es que entre ellos se incluya, en un período inicial, un estado de
"embotamiento" con alguna reducción del campo de la conciencia, estrechamiento de la atención,
incapacidad para asimilar estímulos y desorientación. De este estado puede pasarse a un grado mayor de
alejamiento de la circunstancia (incluso hasta el grado de estupor disociativo) o a una agitación e
hiperactividad (reacción de lucha o de huida). Por lo general, están presentes también los signos
vegetativos de las crisis de pánico (taquicardia, sudoración y rubor). Los síntomas suelen aparecer a los
pocos minutos de la presentación del acontecimiento o estímulo estresante y desaparecen en dos o tres
días (a menudo en el curso de pocas horas). Puede existir amnesia completa o parcial para el episodio.
Pautas para el diagnóstico
Debe haber una relación temporal clara e inmediata entre el impacto de un agente estresante excepcional
y la aparición de los síntomas, los cuales se presentan a lo sumo al cabo de unos pocos minutos, si no lo
han hecho de un modo inmediato. Además los síntomas:
a) Se presentan mezclados y cambiantes, sumándose al estado inicial de "embotamiento", depresión,
ansiedad, ira, desesperación, hiperactividad o aislamiento, aunque ninguno de estos síntomas predomina
sobre los otros durante mucho tiempo.
b) Tienen una resolución rápida, como mucho en unas pocas horas en los casos en los que es posible
apartar al enfermo del medio estresante. En los casos en que la situación estresante es por su propia
naturaleza continua o irreversible, los síntomas comienzan a apagarse después de 24 a 48 horas y son
mínimos al cabo de unos tres días.
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Incluye:
Crisis aguda de nervios.Reacción aguda de crisis. Fatiga del combate. "Shock" psíquico.
F43.1 Trastorno de estrés post-traumático
Trastorno que surge como respuesta tardía o diferida a un acontecimiento estresante o a una situación
(breve o duradera) de naturaleza excepcionalmente amenazante o catastrófica, que causarían por
mismos malestar generalizado en casi todo el mundo (por ejemplo, catástrofes naturales o producidas por
el hombre, combates, accidentes graves, el ser testigo de la muerte violenta de alguien, el ser ctima de
tortura, terrorismo, de una violación o de otro crimen). Ciertos rasgos de personalidad (por ejemplo,
compulsivos o asténicos) o antecedentes de enfermedad neurótica, si están presentes, pueden ser
factores predisponentes y hacer que descienda el umbral para la aparición del síndrome o para agravar su
curso, pero estos factores no son necesarios ni suficientes para explicar la aparición del mismo.
Las características típicas del trastorno de estrés post-traumático son: episodios reiterados de volver a
vivenciar el trauma en forma de reviviscencias o sueños que tienen lugar sobre un fondo persistente de
una sensación de "entumecimiento" y embotamiento emocional, de despego de los demás, de falta de
capacidad de respuesta al medio, de anhedonia y de evitación de actividades y situaciones evocadoras
del trauma. Suelen temerse, e incluso evitarse, las situaciones que recuerdan o sugieren el trauma. En
raras ocasiones pueden presentarse estallidos dramáticos y agudos de miedo, pánico o agresividad,
desencadenados por estímulos que evocan un repentino recuerdo, una actualización del trauma o de la
reacción original frente a él o ambos a la vez.
Por lo general, hay un estado de hiperactividad vegetativa con hipervigilancia, un incremento de la
reacción de sobresalto e insomnio. Los síntomas se acompañan de ansiedad y de depresión y no son
raras las ideaciones suicidas. El consumo excesivo de sustancias psicotropas o alcohol puede ser un
factor agravante.
El comienzo sigue al trauma con un período de latencia cuya duración varía desde unas pocas semanas
hasta meses (pero rara vez supera los seis meses). El curso es fluctuante, pero se puede esperar la
recuperación en la mayoría de los casos. En una pequeña proporción de los enfermos, el trastorno puede
tener durante muchos años un curso crónico y evolución hacia una transformación persistente de la
personalidad (ver F62.0).
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Pautas para el diagnóstico
Este trastorno no debe ser diagnosticado a menos que no esté totalmente claro que ha aparecido dentro
de los seis meses posteriores a un hecho traumático de excepcional intensidad. Un diagnostico "probable"
podría aún ser posible si el lapso entre el hecho y el comienzo de los síntomas es mayor de seis meses,
con tal de que las manifestaciones clínicas sean típicas y no sea verosímil ningún otro diagnóstico
alternativo (por ejemplo, trastorno de ansiedad, trastorno obsesivo-compulsivo o episodio depresivo).
Además del trauma, deben estar presentes evocaciones o representaciones del acontecimiento en forma
de recuerdos o imágenes durante la vigilia o de ensueños reiterados. También suelen estar presentes,
pero no son esenciales para el diagnóstico, desapego emocional claro, con embotamiento afectivo y la
evitación de estímulos que podrían reavivar el recuerdo del trauma. Los síntomas vegetativos, los
trastornos del estado de ánimo y el comportamiento anormal contribuyen también al diagnóstico, pero no
son de importancia capital para el mismo.
Incluye: Neurosis traumática.
F43.2 Trastornos de adaptación
Estados de malestar subjetivo acompañados de alteraciones emocionales que, por lo general, interfieren
con la actividad social y que aparecen en el período de adaptación a un cambio biográfico significativo o a
un acontecimiento vital estresante. El agente estresante puede afectar la integridad de la trama social de
la persona (experiencias de duelo, de separación) o al sistema más amplio de los soportes y valores
sociales (emigración, condición de refugiado). El agente estresante puede afectar sólo al individuo o
también al grupo al que pertenece o a la comunidad.
Las manifestaciones clínicas del trastorno de adaptación son muy variadas e incluyen: humor depresivo,
ansiedad, preocupación (o una mezcla de todas ellas); sentimiento de incapacidad para afrontar los
problemas, de planificar el futuro o de poder continuar en la situación presente y un cierto grado de
deterioro del cómo se lleva a cabo la rutina diaria. El enfermo puede estar predispuesto a manifestaciones
dramáticas o explosiones de violencia, las que por otra parte son raras. Sin embargo, trastornos disociales
(por ejemplo, un comportamiento agresivo o antisocial) puede ser una característica sobreañadida, en
particular en adolescentes. Ninguno de los síntomas es por solo de suficiente gravedad o importancia
como para justificar un diagnóstico más específico. En los niños los fenómenos regresivos tales como
volver a tener enuresis nocturna, utilizar un lenguaje infantil o chuparse el pulgar suelen formar parte del
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cortejo sintomático. Si predominan estas características debe recurrirse a F43.23.
El cuadro suele comenzar en el mes posterior a la presentación del cambio biográfico o del
acontecimiento estresante y la duración de los síntomas rara vez excede los seis meses, excepto para el
F43.21, reacción depresiva prolongada.
Pautas para el diagnóstico
a) La forma, el contenido y la gravedad de los síntomas.
b) Los antecedentes y la personalidad.
c) El acontecimiento estresante, la situación o la crisis biográfica.
Incluye:
"Shock cultural". Reacciones de duelo. Hospitalismo en niños.
Excluye:
Trastorno de ansiedad de separación en la infancia (F93.0).
Si se satisfacen las pautas de trastorno de adaptación, la forma clínica o manifestación predominantes
pueden ser especificadas mediante un quinto carácter adicional:
F43.20 Reacción depresiva breve: Estado depresivo moderado y transitorio cuya duración no excede de
un mes.
F43.21 Reacción depresiva prolongada: Estado depresivo moderado que se presenta como respuesta a la
exposición prolongada a una situación estresante, pero cuya duración no excede los dos años.
F43.22 Reacción mixta de ansiedad y depresión: Tanto los síntomas de ansiedad como los depresivos
son destacados, pero no mayores que en el grado especificado para el trastorno mixto de ansiedad y
depresión (F41.2) u otro trastorno mixto por ansiedad (F41.3).
F43.23 Con predominio de alteraciones de otras emociones: Los síntomas suelen incluir otros tipos de
emoción, como ansiedad, depresión, preocupación, tensiones e ira. Los síntomas de ansiedad y
depresión pueden satisfacer las pautas de trastorno mixto de ansiedad y depresión (F41.2) o de otros
trastornos mixtos de ansiedad (F41.3) pero no son lo suficientemente relevantes como para permitir
diagnosticar un trastorno más específico depresivo o de ansiedad. Esta categoría debe utilizarse también
para las reacciones en los niños en los que se presenten también una conducta regresiva como enuresis

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