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mantenimiento, pero también hay otros (usina de vapor,
usina eléctrica, planta de oxígeno) de tal manera que
queda, como se dijo más arriba, perfectamente
identificado cada servicio que presta y a quién lo presta.
Se conoce entonces qué prestó, cuánto tiempo se empleó,
cuantas personas trabajaron, a quién se prestó y cuáles
son las especialidades que fueron requeridas. Asignando
un valor predeterminado a cada hora de cada persona
más el valor predeterminado de los materiales utilizados
estamos frente a lo que es una “tarifa”. De esta manera se
acumulan los costos de los servicios “tarifados” y a fin de
mes, se comparan los montos aplicados por tarifa contra
el total del costo de mantenimiento, repartiendo la
diferencia entre tarifado y real en proporción a los destinos
de lo tarifado.
Esta manera es de buena práctica en el caso de costos
por órdenes y se van aplicando a medida que las órdenes
se cierran, haciendo el ajuste a fin de mes. En el caso de
costos por procesos, aplicación y ajuste por sobre o
subaplicación se hará todo junto a fin del período.
b. Departamentos de servicios tarifables tratados como
de aplicación directa: Aquí estamos frente a servicios
prestados con características que podríamos llamar
repetitivas (comedor, servicio médico, guardería) de tal
manera que, en un exceso de precisión, se podría
determinar qué personas de qué departamentos usaron
diariamente el servicio, lo que resultaría demasiado
engorroso, de modo que se podría hacer la distribución de
ese costo proporcionalmente a los planteles de cada uno
de los departamentos, una vez por mes. Las diferencias
con hacerlo día a día serán insignificantes y no justifican el
exceso de trabajo que ello llevaría.