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ffiSTORIA ECONÓMICA MUNDIAL, SIGLOS
X-XX
ferencia
de
Bretton Woods (1944),
en
la
que ingleses y norteamericanos diseña-
ron el futuro marco
de
las relaciones económicas internacionales y en la que se
crearon dos organismos,
el
Banco Mundial
(BM)
y
el
Fondo Monetario Interna-
cional (FMI).
En
aquellas negociaciones también
se
habló de la creación
de
un
organismo que favoreciese el comercio internacional, reduciendo las barreras
cuantitativas y arancelarias al mismo;
en
base a ello, nació
el
GATI
(General
Agreement on Tarijfs and Trade, Acuerdo General sobre Aranceles.y Comercio,
cuya primera reunión fue en 1947). Estos tres organismos estarían en
la
base del
crecimiento de
la
edad
de
oro, pues ayudaron a
la
reconstrucción y al crecimien-
to económico (BM), al funcionamiento del sistemá monetario int:emaciónal
(FMI)
y al crecimiento del comercio multilateral gracias a
la
reducción del
prO"
teccionismo comercial (GATI').
Sin embargo, los acuerdos
de
Bretton Woods no resolvían los problemas
in-
mediatos
de
Europa, y particularmente los de alimentar, vestir y atender
sanita.:.
riamente a una población que carecía
de
todo.
La
creación
de
la
UNRRA (United
Nations
Relief
and Rehabilitation Administration)
en
1944, respondía a estas ne-
cesidades. A través de este organismo
se
distribuyó una cuantiosa ayuda.que sal-
vó de
la
muerte
por
inanición a millones
de
europeos.
No
obstante, fue el ERP
(European Recovery Program), popularmente conocido como Plan Marshall
(1947), el proyecto que culminó
la
implicación política y económica en
la
re-
construcción de Europa y
en
su
defensa militar frente a
la
URSS ( véanse los cua-
dros 8.5 y 8.6). Las relaciones entre Estados Unidos y
la
URSS
se
habían émpe-
zado a deteriorar nada más acabar la guerra y
la
desconfianza y los recelos eran
mutuos.
La
acuñación del término «telón de acero»
por
W. Churchill marcó un
paso importante en
la
guerra fría que
el
Plan Marshall terminó por hacer oficial.
El
nuevo papel del Estado y las políticas keynesianas
La
recuperación económica fue resultado también
de
los nuevos plantea-
mientos económicos, fruto
de
la
revolución keynesianá,
de
las políticas de bie-
nestar y del importante progreso
en
el
conocimiento
de
la
realidad económica.
El
keyuesianismo supuso un giro radical
en
lo
que
concierne
al
papel del Estado
en
la
economía. Frente a los ciclos económicos,
la
ortodoxia clásica sostenía que
existían mecanismos automáticos que, sin
la
intervención del Estado, conducían
a
una
nueva situación
de
equilibrio.
La
teoría keynesiana reivindicaba un papel
activo del Estado,
de
la
política monetaria y fiscal,
en
el
sostenimiento
de
la
dé~
manda efectiva y del empleo y
en
la
lucha contra las crisis. Los ministros
de
ha-
cienda ya no tenían temor
al
déficit presupuestario, que era una herramienta fun-
damental para evitar las crisis y favorecer el crecimiento económico.
En
lo que
concierne a las políticas
de
bienestar, su expresión más temprana y completa se
la debemos a lord Beveridge que,
en
1944, había sostenido que
la
política
ecO"
nómica debía tener como objetivo abatir los cinco gigantes del mal: la miseria,
la
enfermedad,
la
ignorancia,
la
suciedad y
la
ociosidad. Suyo fue el Plan Beverid-
ge
que gestó el Estado del bienestar en
el
Reino Unido, implantando el sistema
LA EDAD
DE
ORO DEL CAPITALISMO (1945-1973)
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general de
la
seguridad social, que implicaba el suministro de sanidad y educa-
ción gratuita, además de los seguros generalizados
de
desempleo y jubilación y
una política de vivienda para toda
la
población.
El
Estado tenía que;garantizar
que cada ciudadano recibiera
la
protección debida, en las mejores condiciones
posibles, para desarrollar todas sus potencialidades personales.
Tras
la
segunda
guerra mundial, además, el·Estado comenzó a intervenir directamente
en
la
pro-
ducción a través de las empresas públicas en los países
de
la Europa occidental.
Se
nacionalizaron muchas empresas
en
los sectores
de
servicios públicos
de
red
(agua, gas, electricidad, ferrocarriles, aviación, telefonía), en las actividades in-
dustriales (minería· del carbón, construcción naval y aeronáuticá, transformados
metálicos, química) e, incluso
en
algunos países
se
nacionalizaron también, los
sectores bancarios y
de
seguros. Finalmente, hay que destacar también los
im-
portantes avances
en
el conocimiento
de
la
realidad económica, especialmente
en
el
campo
de
la
contabilidad nacional y
la
elaboración de modelos econométricos.
Los progresos tuvieron lugar en ambos lados del Atlántico, en Estados Unidos y
en
el
Reino Unido y Suecia, y también
por
la muy favorable influencia
de
la
Ofi-
cina
de
Estadística
de
las Naciones Unidas.
La rapidez
de
la recuperación
de
la
economía europea
nó
debería hacemos
,.
olvidar las extraordinarias dificultades y sacrificios que tuvieron
que
sufrir los
habitantes de Europa azotados
por
el
hambre,
la
miseria,
la
enfermedad y
el
dO"
lor. Millones
de
inválidos
se
vieron condenados a una existencia llena de priva-
ciones y otros muchos millones
de
huérfanos a carecer
de
un hogar
en
el
que po-
der crecer y formarse. Las duras condiciones
de
vida provocaron importantes
conflictos sociales entre 1947 y 1949 impulsados
por
fuertes organizaciones po-
líticas
de
izquierda,
en
particular
por
los partidos comunistas. Muchas veces
se
olvida que
la
rica
Europa
de
los años sesenta se construyó sobre
el
sacrificio
de
los europeos que tuvieron que trabajar mucho y muy duramente durante los años
de
la
reconstrucción y
la
recuperación.
8.3.
UN
CRECIMIENTO ECONÓMICO SIN PRECEDENTES
Durante
la
edad.
de
oro
del capitalismo se produjeron
una
serie
de
fenómenos,
y además con
una
gran intensidad, desconocidos hasta entonces: convergencia
real entre las economías, pleno empleo del factor trabajo, cambios estructurales
en
la
producción, estabilidad monetaria y cambiarla y, finalmente, mejoras en los
niveles de bienestar.
Un
período
de
convergencia
El cuadro 8.7 recoge las tasas de crecimiento del PIB por habitante de las prin-
cipales naciones desarrolladas del mundo.
Se
puede observar que el crecimiento
fue
general
en
todos los países, aunque más intenso
en
Europa
(4,1
por
100)
que
en los países
de
inmigración
europea
(2,4 por 100).
Entre
los
europeos,
el
lOMoARcPSD|17490677