Los fenómenos que dan lugar a la meningitis bacteriana dependen de la interacción entre los
factores de virulencia específicos de cada especie bacteriana y los mecanismos de defensa del
huésped. En la mayoría de los casos la meningitis bacteriana comienza con la adquisición de una
bacteria que coloniza la nasofaringe.
Muchos de los patógenos meníngeos tienen adhesinas de superficie que facilitan la colonización de
las mucosas. Las fimbrias de N. meningitidis median la adherencia a receptores específicos de las
células del epitelio narofaríngeo. Luego los meningococos son internalizados dentro de las células
cilíndricas no ciliadas y se alojan dentro de los fagosomas. S. pneumoniae se adhiere a las células de
la nasofaringe a través de una adhesina de superficie. En las mucosas se encuentran normalmente
anticuerpos de tipo inmuniglobulina A que inhiben la colonización de la superficie. N. meningitidis
y S. pneumoniae producen IgA proteasa que degrada la IgA. Esta enzima juega un rol importante,
facilitando la adherencia de las bacterias a las mucosas.
Una vez que las bacterias atraviesan la barrera mucosa y acceden a la corriente sanguínea, deben
superar otros mecanismos de defensa del huésped para invadir las meninges y llegar al LCR. En este
momento la cápsula bacteriana es el factor de virulencia más importante ya que inhibe la acción
fagocítica de los neutrófilos y permite a la bacteria resistir la actividad bactericida del complemento.
Las bacterias son capaces de replicarse en el torrente circulatorio, produciendo bacteriemia.
Los mecanismos por los cuales los patógenos meníngeos acceden al SNC siguen siendo actualmente
desconocidos. Una vez que las bacterias ingresan al espacio subaracnoideo, los mecanismos de
defensa del huésped son inadecuados para controlar la infección. La capacidad de los patógenos
meníngeos para inducir una respuesta inflamatoria en el espacio subaracnoideo contribuye a las
consecuencias fisiopatológicas de la meningitis bacteriana, edema cerebral e incremento de la
presión intracraneana y, por lo tanto, a una morbimortalidad significativa debido a esta enfermedad.
La pared celular del neumococo es un inductor potente de la respuesta inflamatoria. La liberación
de los productos de lisis de la pared del S. pneumoniae estimula a los monocitos para la producción
de citoquinas proinflamatorias, que provocan la migración de células inflamatorias a la zona de
infección, produciendo daño tisular que se manifiesta clínicamente como meningitis. El aumento de
la presión intracraneana se debe al edema cerebral que se produce. Además, durante la meningitis
bacteriana se producen modificaciones profundas en los vasos sanguíneos que atravisan el espacio
subaracnoideo. La vasculitis resultante lleva a un estrechamiento y/o trombosis en los vasos
sanguíneos cerebrales, y a la predisposición a la isquemia y/o infarto cerebral.