Augusto Comte
Auguste Comte (Montpellier, 1798 - París, 1857), pensador francés, apadrinó un nuevo
movimiento cultural del que sería considerado iniciador y máximo representante: el
positivismo. Tal corriente dominaría casi todo el siglo XIX en polémica con la tendencia
antagonista: el idealismo. Como todos los grandes movimientos espirituales, el positivismo
no se deja fácilmente encasillar en las etiquetas de una definición estricta y precisa. En
sentido lato puede decirse que es una revalorización del espíritu naturalista y científico
contra las tendencias declaradas y abiertamente metafísicas y religiosas del idealismo.
Rompiendo con la tradición católica y monárquica de su familia, Augusto Comte se
orientó durante la época de La Restauración hacia el agnosticismo
1
y las ideas
revolucionarias. Después de una primera juventud rebelde ingresó en 1814 en la Escuela
Politécnica de París, donde en contacto con las ciencias exactas y la ingeniería se sintió
atraído fuertemente hacia aquella especie de "revolución de los técnicos" que predicaba el
Conde de Saint-Simon
2
.
Disuelta la Escuela Politécnica en 1816 Comte permaneció en París para continuar con
sus estudios de manera autodidacta, ganándose el sustento con clases particulares de
matemática. En 1817 se vinculó con Saint-Simon, para quien trabajó de secretario hasta
1824. Ese año, un trabajo de Comte (Plan de los trabajos científicos necesarios para
reorganizar la sociedad) generó diferencias con su maestro.
Saint-Simon y Comte habían compartido durante largo tiempo la idea de una
reorganización de la sociedad humana a través de la dirección de las ciencias positivas y
pensaron conjuntamente el plan de renovar por completo la cultura para elevarla al nivel de
tales ciencias. Pero Saint-Simon quería pasar de los planes científicos a la organización
práctica de aquel "sacerdocio" que habría de dirigir la nueva sociedad, en tanto que Comte
no consideraba todavía completos los desarrollos teóricos.
¿Cuál es la diferencia entre el pensamiento de Saint Simón y Comte? Ambos comparten
su proyecto de transformación de la sociedad, pero para Comte el ideal no es la sociedad
industrial con la que sueña Saint-Simon, sino una sociedad científica. El problema de las
1
Doctrina filosófica que considera inaccesible para el entendimiento humano a la noción de absoluto,
especialmente la naturaleza y existencia de Dios. En general, todo lo que no puede ser experimentado o
demostrado por la ciencia. "El agnosticismo no niega la existencia de Dios".
2
Claude-Henri de Rouvroy, conde de Saint-Simon, frecuentemente nombrado como Henri de Saint-Simon
(París, 17 de octubre de 1760 - 19 de mayo de 1825), fue un filósofo, economista, teórico socialista y
positivista francés, cuyo pensamiento tuvo una influencia sustancial en la política, la economía, la sociología
y la filosofía de la ciencia y la historia.
A caballo entre la Revolución Industrial y la Revolución Francesa, en pleno proceso de suplantar a la
sociedad del Antiguo Régimen, sus ideas dieron nacimiento a una ideología política y económica conocida
como «sansimonismo», la cual afirmaba que las necesidades de la clase trabajadora debían ser reconocidas y
satisfechas mediante una nueva reorganización social "positiva". Para alcanzar esa sociedad, propuso la
constitución de un nuevo Estado dirigido por los «industriales» (científicos y artistas), que sustituirían a los
«ociosos» (curas, nobles y explotadores). También defendió la necesidad del estudio científico de la sociedad,
que denominó "fisiología social". En su obra El Nuevo Cristianismo (1825) redujo la religión cristiana a una
máxima: «mejorar lo más rápidamente posible la existencia moral y física de la clase más pobre».
Saint-Simon es considerado "precursor del socialismo". Su propuesta política ha sido calificada como
«socialismo aristocrático», antecedente de lo que se llamaría tecnocracia. Por carácter teórico de la industria,
la sociedad y la ciencia recib el título del "padre de la sociología" y fundador del positivismo junto a su
alumno Auguste Comte. El reconocimiento conceptual de Saint-Simon, de su amplia contribución
socioeconómica y su valoración ilustrada del conocimiento científico, pronto inspiraron e influyeron en el
socialismo utópico y movimientos como el liberalismo de John Stuart Mill, en el nacionalismo italiano, en el
anarquismo a través de Pierre-Joseph Proudhon y en el marxismo (o «socialismo científico) de Karl Marx y
Friedrich Engels, quienes lo clasificaron junto a Charles Fourier y Robert Owen como «socialista utópico».
sociedades para Comte no es estructural, sino que es una cuestión de educación y de
valores.
Para Comte la ideología es fundamental para el cambio social, para la transformación de
la sociedad en positiva, pero solo como un instrumento que lleva a un pensamiento
racional. Comte ve el positivismo como una religión y le da los mismos valores que a la
misma. El ser humano en su transformación al positivismo ha de aceptar ciertas jerarquías e
instituciones.
La filosofía de Saint-Simon se acerca más al socialismo utópico, frente a la de Comte que
ensalza los lazos familiares frente a los de la comunidad. Lo que pretenden los comunistas,
dice, al abolir la familia es destruir la sociedad.
Comte está en contra de las ideas en defensa de una sociedad tecnocrática de su mentor.
La filosofía de Comte es más romántica y conservadora y adquiere tientes religiosos. Este
filósofo pretende hacer del positivismo una religión.
Muchos consideran a Comte como el padre de la sociología moderna, aunque para otros
tantos el verdadero fundador de la ciencia de la sociedad o física social fue su maestro,
Saint-Simon. Lo cierto es que la influencia sobre su discípulo fue determinante para que
éste desarrollara su filosofía, pero quien le dio el nombre de Sociología fue Auguste
Comte.
Ambos pensadores parten de que el positivismo debe ocupar el lugar de la religión. La
sociología debe sustituir a la teología y el progreso no es algo que involucre ni a la
metafísica ni a la teología. El proyecto de estos dos filósofos incluye, además de una
transformación social que pase por una reorganización de la sociedad donde los que están al
mando del poder son los científicos y los técnicos, una Europa federada con instituciones
comunes.
La publicación por su cuenta de aquella obra le granjeó la amistad y aprecio de
numerosos historiadores, políticos y científicos (Guizot, A. von Humboldt, el duque de
Broglie), entonces, se sintió Comte estimulado para emprender su gran obra: aquella
enciclopedia de las ciencias positivas que sería luego el Curso de filosofía positiva (1830-
1842). Mientras tanto, se había unido en matrimonio civil con una joven y cultísima dama
de París, mujer de eminentes cualidades intelectuales. Precisamente por aquel tiempo
(1826-1827) sufrió Comte su primer acceso de locura, los padres hubiesen querido
recluirlo, pero su esposa supo retenerlo junto a ella y curarlo.
Ya repuesto, Comte concentró sus energías en el Curso de Filosofía Positiva.
Descubierto bajo la influencia de Saint-Simon el problema social, Comte consagró su
empeño a concebir un modo de resolverlo, cerrando la crisis abierta por la Revolución
Francesa y sus consecuencias. Halló la respuesta en la ciencia, hacia la que estableció un
verdadero culto: el conocimiento objetivo que proporciona la ciencia debía aplicarse a la
ordenación de los asuntos políticos, económicos y sociales, superando las ideologías
apoyadas en la imaginación o los sentimientos. Todo aquello que no sea cuantificable y
medible, lo que no pueda probarse a partir de los datos recogidos de la experiencia no
constituye conocimiento verdadero.
Contra la libertad de pensamiento, origen de la anarquía moral que atribuía a La
Revolución, no oponía el dogma religioso o los principios de la tradición, sino la «ciencia
positiva» que al atenerse a los hechos tal como son proporcionaba -según él- el único punto
de apoyo sobre el que se podría edificar un futuro de «orden y progreso». Contrario al
individualismo y a la democracia confiaba en un mundo regido por el saber.
Tales ideas, fundamento del pensamiento positivista, tendrían un gran éxito en los países
occidentales desde mediados del siglo XIX, proporcionando un credo laico para el mundo
del capitalismo liberal y de la industria triunfante. Sin embargo, Comte vivió una vida
desgraciada: el exceso de trabajo le produjo problemas psiquiátricos, un intento de suicidio
y el abandono de su mujer. Su rebeldía y su intransigencia le impidieron insertarse en el
mundo académico.
Al tiempo que redactaba el Curso de filosofía positiva, Augusto Comte fundó con
antiguos compañeros de la Escuela Politécnica: la Asociación Politécnica, destinada a la
difusión de las ideas positivistas, pero a pesar de la enorme fama conseguida no logró
nunca una sólida posición oficial. Llegó a enseñar en la Asociación Politécnica desde 1832,
pero no pudo obtener cátedra en ella y fue expulsado en 1844.
Esta vida agitada, la constante concentración mental, el empeoramiento de las relaciones
con su esposa que terminaron con la separación (1842) y finalmente un nuevo amor senil,
compartido solo a medias, por Clotilde Devaux provocaron hacia 1845 una nueva crisis
mental, cuyos efectos se advierten en sus últimas obras: el Sistema de política positiva
(1851-1854) y el Catecismo Positivista (1852). Esta última, en la que expuso el evangelio
de la nueva religión positivista de la humanidad, ofrece matices desconcertantes en muchos
aspectos y en su lenguaje.
Para fomentar el nuevo espíritu positivista había fundado en 1845 una especie de
cenáculo en el que se reunían amigos y discípulos, pero este heraldo de la filosofía
científica contemporánea había perdido por entonces todo contacto con la ciencia viva de
su tiempo, concentrado sólo en sus meditaciones subjetivas. Sólo la ayuda económica de
algunos admiradores (como Émile Littré o John Stuart Mill) le salvó de la miseria. Con
todo, lo mejor de su pensamiento, reflejado en el célebre Curso de Filosofía Positiva (1830-
1842), estaba destinado a ejercer una gran influencia sobre las más diversas ramas del
conocimiento (filosofía, medicina, historia, sociología) y sobre corrientes políticas diversas.
El Positivismo
Augusto Comte tomó el término positivismo de Saint-Simon, responsable de su
acuñación a partir de la expresión “ciencia positiva” aparecida en el siglo XVIII. En la
Historia de la Filosofía se designa con esta palabra a la corriente de pensamiento iniciada
por Comte que, surgida en Francia en la primera mitad del Siglo XIX, se desarrolló en
todos los países occidentales durante el resto de la centuria.
Se entiende el positivismo como filosofía contrapuesta al idealismo. El idealismo: la
idea de la actividad creadora de la conciencia y el positivismo: la necesidad de partir de
datos de la evidencia y la negación de que el conocimiento metafísico pueda superar al
científico. Comte cree inalcanzable el objeto de la metafísica porque el saber humano no
puede ir más allá de la experiencia.
La Filosofía Positivista
Inducido por el propósito de mostrar que la tendencia que sigue la Filosofía es la de
acabar siendo absorbida por la ciencia, Augusto Comte enfocó su estudio hacia el
conocimiento de los hechos y de la sociedad, prescindiendo de cualquier tipo de
anteposición de doctrina filosófica alguna. Así pues, convencido de que el objeto de la
ciencia eran indudablemente el progreso y la paz, la metafísica tradicional (a la que tildó de
especulativa por recrearse en polémicas insolubles) fue el blanco de sus críticas, si bien no
como defensa de una postura filosófica o tesis elaborada, sino como una conclusión
ineludible: el final de la metafísica era el resultado natural de la madurez que iba
alcanzando la humanidad en su proceso evolutivo.
El positivismo de Comte es un discurso complejo que comprende al menos una teoría
sobre el conocimiento, una interpretación sobre el sentido de la historia y una posición
política ante la sociedad. En cuanto a lo primero, el positivismo afirma que, en sentido
estricto, el conocimiento lo es sólo de datos verificables o “hechos” (esto es, de fenómenos
cuya regularidad puede ser contrastada al modo de una ley física o química) y que todo
conocimiento, además de cierto (indudable, exacto) y sistemático ha de ser útil, es decir, ha
de traducirse no en teorías sino en un aumento de la capacidad de control e intervención
tecnológica sobre los fenómenos.
Lo que caracteriza el advenimiento de una ciencia es el paso de una explicación
teológica (las causas de los fenómenos son atribuidas a divinidades) o bien metafísica (las
causas de los fenómenos son abstracciones personificadas), a una explicación positiva. Un
saber positivo es un saber que instituye unas relaciones entre los hechos y renuncia a la
explicación absoluta, no busca las esencias ni la causa primera ni última de las cosas sino
las leyes que las gobiernan. La ciencia positiva aspira a saber únicamente aquello que es
posible saber, es una actitud de pensamiento que sustituye la pregunta "¿por qué?" por la
pregunta "¿cómo?".
En cuanto a la Historia, Augusto Comte considera que la humanidad progresa hacia el
bienestar y la felicidad generales, poniendo el desarrollo científico y tecnológico como
motor y meta de ese proceso. Es la llamada “Ley de los tres estados, según la cual la
humanidad había ya pasado por dos etapas, denominadas por el propio Comte “teológica” y
“metafísica”.
En la etapa teológica, los fenómenos naturales se explicaban por causas extrínsecas a la
naturaleza, es decir por intervenciones sobrenaturales (dioses o seres mitológicos). En la
etapa metafísica, las fuerzas sobrenaturales fueron sustituidas en la explicación por
esencias, causas o fuerzas inmanentes a la naturaleza, pero ocultas, que sólo podían ser
confiadas al pensamiento abstracto. La época contemporánea corresponde, a su entender, a
una tercera etapa: la “científica” o “positiva”. En el estado “positivo” acabarán por borrarse
los vestigios de las etapas anteriores y el pensamiento abstracto y deductivista será
sustituido por la comprobación experimental.
Por esa misma razón, la Filosofía se convertirá en “positiva” y reconocerá que el
verdadero saber humano se halla en las ciencias (Matemática, Física, Química y Biología
desarrolladas ya de manera autónoma). Tal filosofía, ajena a cualquier intento de definir
esencias, se dirigirá al establecimiento de los hechos y de las leyes que los regulan.
Por último, el positivismo de Comte entiende los problemas sociales como desórdenes
orgánicos del sistema y propone como solución reformas (ejecutadas por el poder y a la
fuerza, si es necesario) que integren funcionalmente a todos los miembros de la sociedad, a
la humanidad entera. Comte considera que el progreso social es paralelo al desarrollo de las
ciencias positivas, advirtiendo en las ciencias una relación inversamente proporcional entre
el grado de complejidad y el ámbito de aplicación. Así, la primera ciencia sería la
Matemática, aplicable a todos los campos, pero de complejidad reducida. Después vendrían
la Física, la Química, etc., hasta llegar a la ciencia más compleja de todas y cuyo único
ámbito de aplicación sería la sociedad humana: la Sociología. El objetivo último de la
Sociología sería controlar el sistema social estableciendo de manera positiva y útil
relaciones entre sus diversos fenómenos.
La Sociología
Para Comte, la creación de una Sociología independiente está dirigida por la ley de la
evolución del espíritu humano. Al emprender la famosa clasificación de las ciencias, Comte
enumera seis de ellas que clasifica por orden creciente de complejidad, de las más generales
a las más particulares: la Matemática, la Astronomía, la Física, la Química, la Biología y la
Sociología.
Pero esta última todavía ha de ser creada. De ahí el tema constante del pensamiento de
Augusto Comte: el progreso científico nada es si no culmina en una ciencia social y la
ciencia social no puede establecerse si las ciencias que la preceden en la clasificación no
han sido lo suficientemente desarrolladas. Comte imaginaba esta sociología aún no
constituida (por la enorme dificultad que entraña explicar la complejidad del
comportamiento social) como una "física de las costumbres" o "física social" que
descubriría las leyes de las asociaciones humanas y permitiría formular una reforma
práctica de la sociedad, regulando su destino ético y político.
Comte entiende la Sociología como ciencia de los hechos humanos y, a tenor de lo ya
expuesto, es evidente que los hechos humanos se inscriben en la historia. Estudiarlos desde
el punto de vista de su evolución es estudiar la dinámica social. La Sociología encierra la
ley del progreso de la humanidad, es decir, la Ley de los tres estados que constituye la
filosofía de la historia de Comte, en la cual el estado político está condicionado por el
estado intelectual y por las creencias de una época.
Debe subrayarse que para Comte la evolución de la humanidad no es discontinua: el
paso de un estado a otro es anunciado por signos precursores y siempre subsisten, en cada
estado, vestigios del estado precedente. Así, el desorden de las mentes que culminó en 1789
se fue preparando desde el siglo XIV (decadencia del poder espiritual). Una época orgánica
se extingue mientras otra se prepara.
Pero el progreso desemboca en el orden: toda evolución termina en un estado de
equilibrio cuyo estudio es objeto de la estática social (a la que está dedicado el Sistema de
política positiva, mientras que el Curso de filosofía positiva tiene por objeto la
dinámica social). ¿Cuál es el fundamento del equilibrio de una sociedad positiva? No la
providencia (idea teológica), sino el descubrimiento positivo de que todo individuo sólo es
lo que es por referencia a una vasta totalidad, la humanidad. A partir de este tema, Augusto
Comte construyó una teoría del Estado fundada en la religión de la humanidad, una religión
en la que los sumos sacerdotes tendrían que ser los sabios y los filósofos. Tal religión, en la
formulación de Comte, contenía además una serie de elementos cuanto menos pintorescos,
y fue rechazada por muchos positivistas.
Su influencia
El positivismo se extendió por toda Europa en vida de Comte y después de su
fallecimiento. Hay que destacar el desarrollo profuso del positivismo en Inglaterra, donde
su máximo representante fue John Stuart Mill (1806-1873). Al cultivar la “filosofía
positiva”, Mill adoptó una orientación psicológica, tanto en la investigación emprendida
como en el método empleado, en directa conexión con el empirismo inglés clásico. Autor
de obras de moral, en las que unió el positivismo con el utilitarismo inglés, consagró gran
parte de su trabajo a la epistemología científica y otra gran parte a la lógica.
Más especulativo, pero entusiasta del progreso como Comte, fue el positivismo de Herbert
Spencer (1820-1903), convencido defensor del evolucionismo darwinista aplicado a la vida
social. Frente al positivismo comtiano, el positivismo inglés se convirtió con Spencer en la
expresión ideológica paradigmática de una clase social, la burguesía, y, como tal, en una
doctrina individualista, liberal y enemiga radical del socialismo.
Fuente:
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/comte.htm
Augusto Comte.doc
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