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AMOR, CULPA Y REPARACION MELANIE KLEIN
LA IMPORTANCIA DE LA FORMACION DE SIMBOLIS EN EL DESARROLLO DEL YO
Hay una etapa temprana del desarrollo mental en que se activa el sadismo en cada una de
las diversas fuentes de placer libidinal. El sadismo alcanza su punto culmine en dicha fase,
que se inicia con el deseo oral-sádico de devorar el pecho de la madre y desaparece con
el advenimiento de la primera etapa anal. En el periodo a que me refiero es apoderarse del
contenido del cuerpo de la madre y destruirla con todas las armas que el sadismo tiene a
su alcance. Esta fase constituye la introducción del complejo de Edipo. El conflicto edípico
comienza en un periodo en el que predomina el sadismo.
El niño espera que el interior del cuerpo de su madre encontrara: a) el pene del padre b)
excrementos y c) niños, y homologa todas estas cosas con sustancias comestibles. De
acuerdo con las más primitivas fantasías sobre el coito de los padres, durante el acto del
pene del padre (o todo su cuerpo) es incorporado por la madre. Los ataques sádicos del
niño tienen por objeto a ambos padres a la vez, a quienes muerde, despedaza o tritura sus
fantasías.
El exceso de sadismo despierta angustia y moviliza los mecanismos de defensa más
primitivos del yo.
Según lo que he podido observar en el análisis, la primera defensa impuesta por el yo esta
en relación con dos fuentes de peligro: el propio sadismo del sujeto y el objeto que es
atacado. Esta defensa, es de carácter violento y difiere del ulterior mecanismo de represión.
En relación con el sadismo del sujeto, la defensa implica expulsión, mientras que en relación
con el objeto atacado implica destrucción. El sadismo se convierte en una fuente de peligro
porque ofrece ocasión para la liberación de angustia y, también, porque el sujeto siente que
las armas empleadas para destruir al objeto apuntan a su propio yo.
El simbolismo es el fundamento de toda sublimación y de todo talento, ya que es a través
de la ecuación simbólica que cosas, actividades e intereses se convierten en tema de
fantasías libidinales.
Junto al interés libidinal, es la angustia que surge en la fase descrita la que pone en marcha
el mecanismo de identificación. Como el niño desea destruir los órganos (pene-vagina-
pecho) que representan los objetos, comienza a temer a estos últimos.
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Entonces el simbolismo no solo constituye el fundamento de toda fantasía y sublimación,
sino que se construye también la relación del sujeto con el mundo exterior y con la realidad
en general. He señalado que el objeto del sadismo en su punto culmine es el cuerpo
materno con sus contenidos fantaseados. Las fantasías sádicas dirigidas contra el interior
del cuerpo materno constituyen la relación primera y básica con el mundo exterior y con la
realidad. Del grado del éxito con que el sujeto atraviesa esta fase, dependerá la medida en
que pueda adquirir, luego, un mundo externo que corresponda a la realidad. Vemos que la
primera realidad del niño es totalmente fantástica; está rodeado de objetos que le causan
angustia, y este sentido excrementos, órganos, objetos, cosas animadas e inanimadas son
en principio equivalentes entre sí. El desarrollo del yo y la relación con la realidad
dependerán del grado de capacidad del yo, en una etapa muy temprana, para tolerar la
presión de las primeras situaciones de angustia.
Una cantidad suficiente de angustia es una base necesaria para la abundante formación de
símbolos y fantasías; para que la angustia pueda ser satisfactoriamente elaborada, para
que esta fase fundamental tenga un desenlace favorable y para que el yo pueda
desarrollarse con éxito, es esencial que el yo tenga adecuada capacidad para tolerar la
angustia.
Caso Dick
Dick carecía de afecto y era indiferente a la presencia o ausencia de la madre o la niñera.
Desde el principio, solo rara vez había manifestado angustia. Con excepcion de cierto
interés especial, al que me referiré en seguida, no tenía casi intereses, no jugaba y no tenía
contacto con su medio. La madre advertía a veces que Dick una actitud fuertemente
negativa, que se expresaba en que con frecuencia hacia precisamente lo contrario de lo
que se esperaba de él. Por ejemplo, si la madre lograba hacerlo repetir junto con ella
algunas palabras, con frecuencia Dick las alteraba completamente, aunque otras veces
podía pronunciar perfectamente esas mismas palabras. Cuando un niño neurótico
manifiesta oposición en forma de rebeldía y cuando manifiesta obediencia (incluso
acompañada por un exceso de angustia), lo hace con cierta comprensión y alguna forma
de referencia a la cosa o persona implicada. Cuando se lastimaba demostraba gran
insensibilidad al dolor y no experimentaba para nada el deseo universal en niños pequeños
de ser consolado y mimado.
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La impresión que me causo su primera visita fue que su comportamiento era muy diferente
del que observamos en niños neuróticos. Dejo que su niñera se retirara sin manifestar
ninguna emoción, y me siguió al consultorio con absoluta indiferencia.
Recuerdo niños que, sin tener verdaderos ataques de angustia, durante su primera visita
se recluían tímida y obstinadamente en un rincón, o se sentaban sin moverse ante la mesa
de los juguetes. En todas estas formas de conductas es inequívoca la gran conducta latente.
Pero el comportamiento de Dick carecía de sentido y propósito, y no tenía relación con
ningún afecto o angustia. Su lactancia había sido excepcionalmente insatisfactoria y
perturbada porque durante varias semanas la madre había insistido en una infructuosa
tentativa de amamantarlo, y el niño había estado a punto de morir por inanición. Se había
recurrido entonces a la alimentación artificial. Padeció de trastornos digestivos, prolapso
anal y más tarde, de hemorroides.
Su desarrollo quedo afectado por el hecho de que, aunque recibió toda clase de cuidados,
nunca se le prodigo verdadero amor; la actitud de la madre hacia él había sido, desde el
principio, de excesiva angustia. Dick creció en un ambiente sumamente pobre de amor.
Cuando tenía dos años de edad, tuvo una nueva niñera, hábil y afectuosa, y, paso una larga
temporada con su abuela, que era muy cariñosa con él. La influencia de estos cambios
pudo notarse en su desarrollo. Había aprendido a caminar a edad normal, pero hubo
dificultades para enseñarle el control esfinteriano. Bajo la influencia de la nueva niñera,
adquirió hábitos de limpieza mucho más rápidamente. Su niñera había descubierto que
practicaba la masturbación y le había dicho que eso era malvado y que no debía hacerlo.
Esta prohibición dio origen indudablemente, a temores y sentimientos de culpa.
Otro efecto favorable de la influencia de la nueva niñera fue un interés un poco mayor por
la comida, pero, con todo, las dificultades principales subsistieron. Si bien la niñera
afectuosa había alterado ciertos aspectos de su desarrollo, los defectos fundamentales no
se habían modificado. Tampoco con ella había logrado establecer un contacto emocional.
Así ni su ternura ni la de la abuela habían conseguido poner en marcha la ausente relación
objetal.
En el análisis de Dick, había en el yo una incapacidad completa, aparentemente
constitucional, para tolerar la angustia. Lo genital había intervenido muy precozmente; esto
produjo una prematura y exagerada identificación con el objeto atacado y contribuyo a la
formación de una defensa igualmente prematura contra el sadismo. El yo había cesado el
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desarrollo de su vida de fantasía y su relación con la realidad, después de un débil
comienzo, la formación de símbolos se había detenido, asilado y sin relación con la realidad,
no podía servir de base a nuevas sublimaciones. Le interesaban los trenes y las estaciones,
y también las puertas, los picaportes y abrir y cerrar puertas.
El interés hacia esos objetos y acciones tenía un origen común: se relacionada en realidad
con la penetración del pene en el cuerpo materno. Las puertas y cerraduras representaban
los orificios de entrada y salida del cuerpo de la madre, mientras que los picaportes
representaban el pene del padre y el suyo propio. Por lo tanto, lo que había producido la
detención de la actividad de formación de símbolos era el temor al castigo que recibiría
cuando hubiese penetrado en el cuerpo de la madre. Era absolutamente incapaz de
cualquier agresión, y la base de dicha incapacidad estaba señalada en un periodo muy
temprano en su rechazo a morder los alimentos. Las defensas contra los impulsos sádicos
dirigidos contra el cuerpo materno y sus contenidos habían tenido por consecuencia el cese
de las fantasías y la detención de la formación de símbolos.
En la técnica del juego, que sigue las representaciones simbólicas del niño, y que da acceso
a su angustia y sentimientos de culpa, podemos, en gran parte, prescindir de las
asociaciones verbales. Pero esta técnica no se limita al análisis de los juegos del niño.
Podemos extraer material del simbolismo revelado por detalles de su comportamiento en
general. En Dick el simbolismo no se había desarrollado. Esto se debía en parte a la falta
de relación de afecto con las cosas de su ambiente, hacia las que era casi completamente
indiferente.
Su falta de interés por el ambiente y las dificultades para establecer un contacto con su
mente eran tan solo el resultado de su falta de relación simbólica con las cosas.
El análisis tuvo pues que comenzar con esto, el obstáculo fundamental para establecer un
contacto con él. Vemos que simultáneamente con la aparición de la angustia había surgido
un sentimiento de dependencia, primero hacia y luego hacia la niñera, y al mismo tiempo
empezó a interesarse por las palabras tranquilizadoras: niñera viene enseguida, que
contrariamente a su conducta habitual, había repetido y recordado.
La orina y las heces eran para el sustancias dañinas y peligrosas. Se hizo evidente que en
su fantasía las materias fecales, la orina y el pene eran los objetos con los cuales atacaba
el cuerpo de la madre, representando por consiguiente un peligro también para el mismo.
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Estas fantasías aumentaban su temor a los contenidos del cuerpo de la madre y, en
particular, el pene del padre que el imaginaba en el interior del vientre de ella.
Apareció en primer plano lo ya mencionado que la fase genital había comenzado
prematuramente. Representaciones del tipo de la que acabo de citar desencadenasen no
solo angustia, sino remordimiento, lastima y la sensación de que tenía que reparar. La
temprana actuación de las reacciones provenientes del plano genital era el resultado de un
desarrollo prematuro del yo; no obstante, solo había conseguido inhibir el desarrollo ulterior
del yo. Simultáneamente con su incapacidad para tolerar la angustia, su prematura empatía
había sido un factor decisivo en la represión de sus impulsos destructivos. Dick había roto
sus lazos con la realidad y habían detenido su vida de fantasía, refugiándose en las
fantasías del cuerpo oscuro y vacío de su madre. De este modo había logrado, apartar su
atención de los diversos objetos del mundo externo que representaban el contenido del
cuerpo de la madre, el pene del padre, heces y niños. Porque eran peligrosos y agresivos,
tenía que deshacerse (o negar) de su propio pene órgano del sadismo- y de sus
excrementos.
En el análisis de Dick puede llegar hasta su inconsciente a través de los rudimentos de vida
de fantasía y de formaciones simbólicas que manifestaba. El resultado obtenido fue una
disminución de la angustia latente, de modo que cierto monto de angustia quedo manifiesta.
Pero esto implicaba que la elaboración de dicha angustia comenzaba con el establecimiento
de una relación simbólica con cosas y objetos, y al mismo tiempo se movilizaron impulsos
epistemofilicos y agresivos. Todo progreso era seguido por la liberación de nuevas
cantidades de angustia, y lo llevaba a apartarse en cierta medida de las cosas con las que
había establecido ya relaciones afectivas, y que, por consiguiente, se habían convertido en
objetos de angustia. Al apartarse de ellos, se dirigía hacia nuevos objetos, y estos también
llegaban a convertirse en el objetivo de sus impulsos epistemofilicos y agresivo.
Una vez que la angustia se hizo manifiesta pude resolverla, en parte, gracias a la
interpretación, aunque fue también posible elaborarla mejor, o sea distribuirla sobre nuevas
cosas e intereses; así fue mitigada de tal modo que el yo pudo tolerarla. Si regular así
cantidades de angustia permitirá al yo tolerar y elaborar montos normales, es cosa que solo
podrá indicar el curso posterior del análisis. En el caso de Dick, el problema consiste, por
lo tanto, en modificar mediante el análisis, un factor fundamental de su desarrollo.
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En el análisis de este niño, lo único que se podía hacer era tratar de llegar hasta su
inconsciente, y disminuyendo las dificultades inconscientes, abrir camino para el desarrollo
del yo. Naturalmente, en este caso el acceso al inconsciente debió lograrse a través del yo.
Es importante advertir que aun en este caso se logró hacer evolucionar a la vez al yo y a la
libido, solo por el análisis de los conflictos inconscientes, y sin que fuese necesario imponer
al yo ninguna influencia educacional.
Los estadios tempranos del complejo de Edipo están dominados por el sadismo. Tienen
lugar durante una etapa del desarrollo que se inicia con el sadismo oral (al que se suman
el sadismo uretral, muscular y anal) y termina cuando la predominancia del sadismo anal
llega a su fin.
Es solo los estadios posteriores del conflicto edípico cuando aparece la defensa contra los
impulsos libidinales; en los estadios tempranos es contra los impulsos destructivos
asociados contra lo que se dirige la defensa. La primera defensa erigida por el yo va dirigida
contra el propio sadismo del sujeto y contra el objeto atacado, ya que ambos son
considerados como fuentes de peligro. Esta defensa tiene carácter violento y difiere de los
mecanismos de represión. En el varón, esta poderosa defensa se dirige también contra su
propio pene, como órgano ejecutor de su sadismo, y es una de las causas más frecuentes
de todas las perturbaciones de la potencia sexual.
En la génesis de la psicosis, el periodo inicial de la fase de sadismo máximo es aquel en
que los ataques son concebidos como de un carácter violento. He encontrado en este
periodo del punto de fijación de la demencia precoz. En la segunda parte de esta fase los
ataques fantaseados son imaginados como envenenamientos, y predominan los impulsos
sádicos uretrales y anales. Una excesiva y prematura defensa del yo contra el sadismo
impide el establecimiento de la relación con la realidad y el desarrollo de la vida de fantasía.
La posesión y exploración sadistica del cuerpo materno y el mundo exterior, quedan
detenidas y esto produce la suspensión más o menos completa de la relación simbólica con
cosas y objetos que representan el cuerpo de la madre y, por ende, del contacto del sujeto
con su ambiente y con la realidad en general. Este retraimiento forma la base de la falta de
afecto y angustia, que es uno de los síntomas de la demencia precoz. En esta enfermedad,
entonces, la regresión iría directamente a la fase temprana del desarrollo en que la
apropiación y destrucción sádica del interior de la madre y el establecimiento de una
relación con la realidad han sido impedidos o refrenados debido a la angustia.
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