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El abuso y dependencia de sustancias psicoactivas, constituye un
grave problema social y de salud pública, con importantes
consecuencias negativas que trascienden del ámbito de la salud
individual y repercuten en la familia, la escuela, la comunidad y la
sociedad.
En el caso del alcohol, la población juvenil inicia el consumo
a edades cada vez más tempranas además de que el porcentaje
de consumo en mujeres ha aumentado, repercutiendo ello en los
índices de morbilidad y mortalidad con un alto costo social, laboral
y familiar. Con relación al tabaquismo, es innegable la asociación
directa e indirecta del consumo del tabaco y sus productos,
así como la exposición involuntaria al humo de tabaco, con
graves padecimientos de alta letalidad, además del impacto
familiar, laboral, social y económico. Ahora se sabe que el uso
de alcohol y tabaco precede el consumo de drogas ilícitas;
además de que cada día aparecen nuevos tipos de sustancias,
formas de uso y patrones de consumo, presentándose de
manera fundamental en zonas urbanas, extendiéndose
a las suburbanas, con marcadas diferencias regionales.
Entre los problemas asociados al abuso de bebidas alcohólicas
y alcoholismo se pueden citar: intoxicación, accidentes y conducta
violenta que se ve reflejada principalmente como violencia
familiar, cirrosis y hepatitis, pancreatitis, cardiopatía, encefalopatía,
enfermedades degenerativas y carenciales, prácticas sexuales
y conductas de riesgo, síndrome alcohólico-fetal, trastornos
mentales, alimenticios y de la conducta, cáncer del aparato
digestivo, entre otras. En el caso del tabaco: cáncer pulmonar,
cáncer oral, cáncer de laringe, cáncer esofágico y de otros
órganos, enfermedades cardiovasculares, enfermedad pulmonar
obstructiva crónica, enfermedades vasculares cerebrales,
problemas perinatales y muerte súbita del lactante, entre otros.