
JACQUES-ALAIN MILLER
Apertura a la transferencia
¿Esta posición de oyente es solo pasiva? Obviamente,
el que apa-
rece en actividad en la experiencia analítica es fundamentalmente el
paciente. Pero hay que ver -y Lacan nunca cesó de insistir acerca de
este punto de las formas más diversas, cada vez más y más lógicas-
que el oyente,
SJJ respuesta, su aval, su interpretación, deciden el sen-
tido de lo que es dicho, y aún más -sigo aquí muy precisamente el texto
de Lacan-, la identidad misma de quien habla. Al respecto, existe lo
que Lacan no vacila en llamar un poder,
el poder del analista sobre el
sentido,
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lo cual es cierto para toda comunicación humana, para toda
relación. Y en este sentido, como nos hablamos unos a otros, podemos
decir que, por turno, compartimos el poder, y que así las comunica-
ciones se equilibran. En psicoanálisis, por el contrario, la estructura
misma de la relación es disimétrica, puesto que uno entrega material,
mientras que el otro tiene como función estructural escuchar ese mate-
rial, recibirlo, apreciarlo y en ocasiones interpretarlo. La posición de
intérprete del analista hace de él, exactamente, lo que podemos llamar
-aun cuando hay que ser muy prudentes con esta expresión- el amo de
la verdad. Hay que ser muy prudentes con esta expresión y con lo que
ella recubre, pues implica la responsabilidad del analista, responsabili-
dad esencial, que hace la dignidad de su función. Por eso Lacan puede
escribir que
el analista duplica el poder discrecional de la palabra.
2
Es
l. [N. de E.] Lacan, J., "La dirección de la cura y los principios de su poder", Escritos
2, ob. cit., p. 577: "Porque él [Freud] reconoció en seguida que ese era el principio de su
poder, en lo cual no se distinguía de la sugestión, pero también ese poder no le daba
la
salida del problema sino a condición de no utilizarlo, pues era entonces cuando tomaba
todo su desarrollo de transferencia". También en Lacan,
J., El seminario, Libro S, Las jlff-
maciones del inconsciente, ob. cit., pp. 435-438.
2.
[N. de E.] Lacan, J., "Variantes de la cura-tipo", Escritos 1, ob. cit., pp. 318-319:
"Pero lo que quiere decir ese "'quiere decir'" es también de doble sentido, y depende del
º!ente que sea el uno o el otro: ya sea lo que el hablante quiere decirle por medio del
d1Scurso que le dirige, o lo que ese discurso le enseña de la condición del hablante.
Así, no
solo
el sentido de ese discurso reside en el que lo escucha, sino que es de su acogida de la
que depende
quién lo dice: es a saber el sujeto al que concede acuerdo y fe, o ese otro que
su discurso le entrega como constituido.
Ahora bien, el analista se apodera de ese poder discrecional del oyente para llevarlo
a una potencia segunda. Pues, además de que se pone expresamente para sí mismo, y aun
para el sujeto hablante, como intérprete del discurso, impone al sujeto, en los términos de
s~ discurso, la abertura propia de la regla que le asigna como fundamental: a saber que ese
discurso se prosiga
primo sin interrupción, secundo sin retención, esto no solo en cuanto a
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CINCO CONFERENCIAS CARAQUEÑAS SOBRE LACAN (1979)
una frase que cito, que tuve ocasión de comentar en todos sus detalles
en el seminario en el que participo aquí, por ser este un punto decisivo
de la teoría de Lacan. Es un punto decisivo de la teoría de Lacan, pero
puedo decir que no escapa a quienes tienen un sentimiento profundo
de las propiedades del lenguaje. Leyendo durante este fin de semana la
obra de Rosenblat
Buenas y malas palabras en el castellano de Venezuela,
encontré esta frase, muy lacaniana: "El que habla está pendiente del
interlocutor, porque las palabras se tiñen con lo que dice el oyente, y
no se sabe adónde pueden llegar las palabras". Evidentemente, no está
dicho con los términos de Lacan, pero se trata de alguien que tiene
el
verdadero sentimiento de lo que es el campo del lenguaje, que se acer-
ca muy bien a esta estructura fundamental.
La transferencia, aprehendida en su fundamento, no es otra cosa
que la institudón de esta relación misma. Les cité la vez anterior esta
expresión de Nunberg:
the readiness to transftrence, en la que intenta asir
un punto que le parece precede a la fenomenología de la transferencia,
que hace posibles todos estos fenómenos tan diversos, contradictorios,
matizados, de la fenomenología de la transferencia. Y Lacan retoma esta
expresión de Numberg, esta "apertura a la transferencia", que en cierto
modo inaugura la relación analítica misma. Para Lacan hay apertura a
la transferencia por el hecho único
-y es esto lo importante- de que
el paciente se coloca en posición de entregarse a la asociación libre,
se
~oloca en la posición de buscar la verdad sobre sí mismo, sobre su
ide.ntidad, sobre su verdadero deseo. ¿Dónde busca la verdad? La busca,
dice Lacan, al cabo de su palabra, y
el cabo de su palabra está allí, en el
analista en cuanto gran Otro, oyente fundamental que decide la signifi-
cación. Y por ello su silencio es tan esencial; su silencio, que deja sitio al
despliegue de la palabra. Y no debe precipitarse a satisfacer la demanda
del paciente, que es la demanda de: ¿quién soy?, ¿cuál es
mi deseo?, ¿qué
quiero, verdaderamente?
Tenemos allí la base de la relación analítica. Y Lacan formalizó de
modo sumamente sencillo, elemental, la célula constitutiva de esta rela-
ción. Es una formalización --que no puedo evitar escribir en el pizarrón-
con relación a esta cuestión de la transferencia. Es una estructura que
encontramos en todos los escritos de Lacan, desde el principio hasta
el final, primero en forma implícita, y luego en la forma estilizada que
la preocupación de su coherencia o de su racionalidad interna, sino también en cuanto a
la vergüenza de su llamado
ad huminem o de su aceptabilidad mundana".
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