JACQUES-ALAIN MILLER
JAM: Debo decir que me gusta mucho lo que usted acaba de decir,
porque, efectivamente, tomando su primer ejemplo, la agricultura, es
muy cierto que siempre tuvo connotaciones sexuales, que es eficaz; pero
no es una ciencia. No podemos, en este sentido, achatar el concepto
de eficacia sobre el concepto de cientificidad, porque muchas prácticas
absolutamente no científicas son también eficaces. La sugestión, por
ejemplo, permite mejorar a un sujeto y, en este sentido, que se vaya
contento. Cuando la gente va a Dar es-Salam y sale a jugar a
la orilla del
mar, desnuda, salen luego muy contentos, se sienten mejor; hay cierta
forma de eficacia en esta práctica. Pero la cientificidad, si se considera
en forma precisa, tiene determinados criterios. Y en última instancia, no
porque a partir del marxismo-leninismo se pueda hacer una revolución
eficaz, ipso facto se verifica la cientificidad de la doctrina. Me parece que
es necesario algo adicional. Si no, se trata de un simple pragmatismo.
El pragmatismo no me parece una teoría suficiente de la cientificidad.
En cuanto al segundo punto, efectivamente es exacto que puede
haber, en todo un modo de entender la experiencia analítica, una dimen-
sión romántica. El romanticismo, después de todo, ha hecho muchísimo,
antes de Freud, para popularizar una concepción del inconsciente muy
cercana, precisamente, a la del alma del mundo. Estos vínculos se verifi-
can además con Heidegger, de quien Lacan es traductor, amigo, y cuya
frase, que usted cita, "el ser habita
el lenguaje", es, evidentemente, una
frase que puede ser remitida al discurso de Lacan. Existen ciertamente
todas estas dimensiones
-la dimensión de "la "iniciativa de la palabra",
como en la teoría romántica de la literatura-, y es muy cierto que hay allí
una superposición. Quise aquí insistir sobre
lo que en la elaboración de
Lacan constituye, sin embargo, un corte con respecto a esta dimensión y
una elaboración de sus efectos. Quiere decir que la teoría del gran Otro
trata de elaborar la estructura que da cuenta, si podemos decirlo así,
del efecto romántico también. Si quieren, la relación macrocosmos-mi-
crocosmos es efectivamente constitutiva del imaginario humano, no
corresponde simplemente a una teoría del Renacimiento. Es algo que se
encuentra en el delirio psicótico y que, de otra forma, se ve en el fantas-
ma neurótico. Por tanto, puede ser puesto en su lugar y utilizado.
Por otra parte, me parece que Lacan ha permitido entender en forma
rigurosa y estructurada cómo es posible esta iniciativa de las palabras,
cómo es posible que las notas se organicen por mismas. Estoy muy de
acuerdo con lo que dice acerca del romanticismo. Efectivamente, no es
solo el antihéroe corno aparece en mi discurso y, en realidad, hay una
superposición.
170
4. LA TRANSFERENCIA.
DE FREUD A LACAN
El tema de hoy es la transferencia de Freud a Lacan. Esta es una
expresión ambigua.
d' d
Se trata en rimer lugar de la transferencia en la me_ 1 a en_que es
, . p li gun' el consenso de los psicoanalistas, el
el termmo que conceptua za, se
modus operandi del psicoanálisis, el resorte mismo
d: la lcuhra,hsu ;oto:
. · · · de su poder Acentuo e ec
O
e qu
terapéutico Y el prme1pm r_rusmo . · h ho lo suficiente-
hay consenso entre los psicoanalistas, pues es un ec
mente raro como para que valga la pena
subrayar!?. , . de
l
. .
, de la transferencia experimento un camb10
La conceptua
izacion .
E
d
L
T:am
bién este es un hecho lo suficientemente tmportan-
reu a acan. l ·
' o para
te como ara ser subrayado, y si me permiten
ª. e~r,esion, com_
p d'fundi' da Esta conceptualizac10n ha cambiado, y
que
la buena nueva sea i · . . ·
no obstante la conceptualización lacaniana es al
mismo tiempo estnc-
tamente fre~diana. Es lo que intentaré demostrarles en el transcurso de
estas dos conferencias.
fun ·, · , d'
L
en
el fundamento de la transferencia una c10n i~e i-
acan pone fun · , 1 b aran en
ta en Freud: la del Sujeto supuesto Saber.
E~ta ~1~n a us_c
la
teo
ría freudiana de la transferencia, y
qmsiera explicarles lo
vano en l ·
, ¡ onceptua-
1
l
. . Ello exige hacer un rodeo con re
acion a a c
que a
egitima. . . . . d 1 sicoanálisis. Pero
l
. .
, de la transferencia en la historia misma e p
izac10n · h'
0
poner
también nos obliga a dar cuenta de la transferenCia
q~e nos l i~ r del
ho a Lacan en el lugar que fue el de Freud,
es_ decir~
~~
e uga ra
y b d
e' se trata en la experiencia del psicoanalisis y que? pa .
que sa e e qu ·
fi enencia
aquellos que tienen acceso a su enseñanza, autentl ca esta exp
to de verdad que es inimitable.
conPunl acenl egunta a los que han leído a los analistas contempo-
anteo a pr .
' l r de hoy·
ráneos de Freud, alumnos de Freud, y tambien a os ana tstas .
171
JACQUES-ALAIN MILLER
¿~o tienen a menudo la impresión de que estos psicoanalistas, al mismo
tiempo que utilizan las palabras de Freud para relatar su estancia en el
campo que Freud fue el primero y el único en descubrir, muchas veces
dan por supuestas las cosas? Nos aseguran que la castración, la pulsión,
la transferencia, ellos, como Freud, las han encontrado, las han maneja-
do, y nos aseguran que efectivamente son como Freud dijo. Pero noso-
tros no estamos siempre seguros de que los analistas hayan ido exacta-
mente al punto adonde fue Freud. Son como viajeros que llegan de lejos
y nos dicen: sí, sí, vimos cómo era eso. No estamos demasiado seguros
de que se hayan dado cuenta de lo que ocurría allí; en todo caso, es un
hecho que Freud, con respecto a los que seguían sus huellas, conservó
una ventaja que, por cierto, sigue teniendo y que se detecta en el hecho
de que los psicoanalistas siempre están articulando su experiencia con
los mismos términos que nos dejó Freud, y que vuelven siempre a
exa-
r~nar
la letra inagotable de sus escritos. Además, está Lacan, quien vol-
vio al texto de Freud y tomó, incluso como eslogan, a comienzos de los
años ,cincuenta: "retorno a Freud", pero que, con el correr del tiempo,
opero sobre el texto de Freud de tal manera que hizo surgir de él una
temática, una conceptualización, e inclusive una formalización inédi-
tas. Los términos que introdujo, entre los cuales están el gran Otro (A)
y el Sujeto supuesto Saber, son todos coordenadas desconocidas hasta
entonces y permiten encuadrar mejor los fenómenos que se producen
en la experiencia analítica. Es necesario decir que en torno a Lacan,
como en torno a Freud, hay mucha gente que sigue su enseñanza
y que
no da fácilmente la impresión de haber penetrado en aquello de lo que
se trata, aunque lo repite con mucha convicción. Al respecto, aunque la
categoría de Sujeto supuesto Saber ha devenido en Francia uno de los
términos más populares de Lacan, no por ello es mejor aprehendida.
El pivote de la transferencia
Primero quiero indicarles una frase de Lacan que nos servirá de
p~nto de referencia: "El Sujeto supuesto Saber es para nosotros el
pivote con respecto al cual se articula todo lo que tiene que ver con la
transferencia" .
1
Pivote es una palabra interesante que puede designar
l. [N. de E.] Lacan, J., "Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista
d~ la Escuela", Otros escritos, ob. cit., p. 266: "El Sujeto supuesto Saber es para nosotros el
pivote desde donde se articula todo lo que tiene que ver con la transferencia".
172
CINCO CONFERENCIAS CARAQUEÑAS SOBRE LACAN (1979)
ese trozo de metal o de madera sobre el cual gira algo, y en el fondo, en
forma figurada, señala el sostén principal de algo, de una cosa que gira
en torno. Miré en el diccionario
Littré -el más completo de la lengua
francesa y de su etimología- el sentido preciso de esta palabra, como
hay que hacer a menudo con los términos de Lacan, y encontré un
ejemplo literario para comprender
el término pivote; es una frase toma-
da de Madame de Sévigné: "Aquí tenemos muchas distracciones, pero
allí donde no las tenemos, siempre giramos sobre el mismo pivote". No
sé si en la experiencia analítica hay siempre muchas distracciones, pero
lo que verificamos rápidamente es que, efectivamente, se gira siempre
en torno al mismo pivote.
Lo interesante es que el Sujeto supuesto Saber solo interviene en la
teoría de Lacan en una fecha relativamente tardía, hacia los años 1964-
1965. Encontrarán su emergencia precisamente en
el texto del Semi-
nario 11, llamado Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, en
el capítulo XVIII.
2
¿Qué se comprendió? Que el analizante comienza
suponiendo que el analista tiene el saber que le concierne, que descubre
progresivamente que no es así, pero que
el análisis se establece de todas
formas sobre la base de esta suposición.
Grosso modo, esta es la vulgata
que se difundió a propósito del Sujeto supuesto Saber y que no explica
gran cosa, hay que decir. Para aprehender en su concepto verdadero
al Sujeto supuesto Saber como pivote de la transferencia es necesario
conocer precisamente a qué problema de la teoría freudiana correspon-
de su introducción, que no tiene nada de gratuita.
Por ello empezaré evocando brevemente la teoría freudiana de la
transferencia. ¿Dónde la encontramos? La encontramos primero en los
textos reunidos bajo el título de "Trabajos sobre técnica psicoanaütica".
3
Estos textos son de 1911-1915; antes de estas fechas, también la encon-
tramos, fugazmente, en "La interpretación de los
sueños",4 en "Fragmen-
to de análisis de un caso de histeria" -el caso "Dora"
-,5 y aun podemos
encontrar sus huellas en los "Estudios sobre la histeria".
6
Además de los
2. [N. de E.] Lacan, J., El seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fandamentales del
psicoanálisis,
ob. cit., p. 240: "En cuanto hay, en algún lugar, el sujeto que se supone saber
-que hoy abrevié en la parte alta de la pizarra con S.s.S.- hay transferencia".
3. Freud, S., "Trabajos sobre técnica psicoanalítica",
Obras completas, vol. XII, ob. cit.
4. Freud, S., "La interpretación de lo sueños",
Obras completas, vals. IV y V, ob. cit.
5. Freud, S., "Fragmento de análisis de un caso de histeria (caso 'Dora')",
Obras com-
pletas, vol. VII, ob. cit.
6. Freud, S., "Esmdios sobre la histeria",
Obras completas, vol. II, ob. cit.
173
JACQUES-ALAIN MILLER
"Trabajos sobre técnica psicoanalítica", hay que conocer también "Más
allá del
prin~ipio_ de placer"
7
e "Inhibición, síntoma y an~stia".s '
. En la, ~IStona del psicoanálisis hay una evolución de la técnica
ps1coanaht1ca; es
lo que Freud destaca en el capítulo III de "M' 11'
di· ··d asaa
e p~mcipio e placer". En primer lugar, dice que el psicoanálisis era
esencialmente un arte de interpretar; corresponde, podríamos decir a
la Edad de
Or~ del ps~coanálisis; a esa maravillosa apertura. Obs;r-
ven
los casos mas_ ~onoc1dos de un territorio desconocido en el que, de
una
ve~ Y con facilidad, el síntoma se ofrecía al desciframiento y, como
~or milagro, se desvanecía después de curas cuya brevedad muchos,
sm duda, echamos de menos. Las curas podían ser, en esa época un
pase~ con Freud en el jardín, y seis meses podían parecer una dura~ión
muy imp~rtante y eco;1ómica. La Edad de Oro se perdió muy pronto, y
Freud senala que llego a tener que analizar las resistencias. En el fondo
todo
oc~r:e co1:10 si este inconsciente, al principio abierto y en cierto
modo
d~cil a la mte~ención del psicoanalista, hubiese progresivamente
ret:ocedido, s~ ~ub1ese vuelto rebelde a la intervención psicoanalítica.
~
SI Fn~ud ded;~º esos años -1911 a 1915- a estudiar, a presentar, la téc-
n_1ca ps1~oanah?ca,
fue para responder a esta dificultad: que el incons-
cie~te,
s1 se qmere, se había cerrado un poco. Y, siempre en el mismo
ca?itulo III de "Más allá del principio de placer", Freud introduce, ade-
~as,
una tercera ~~oca, que ,ve~emos_ un poco más adelante a qué lleva.
Si ~ay una evoluc1on de la tecmca psicoanalítica, no debe ser entendida
de
igual modo que la evolución, la transformación, de las técnicas. Ya no
se construyen las casas
co~o antes, ni tampoco las autopistas, que son
ya un
pro~ucto muy sofisticado. Y todos los días vemos que las técnicas
se
pe~feccw~an. ¿ El modo de evolución de la técnica psicoanalítica es
<le!_ m
1
:mo upo? ¡Por supuesto que no! Si la técnica psicoanalítica evo-
lu~wno -no te~gamos
miedo de las palabras-, es porque el inconsciente
1?1
5
1:1º. evolu~ionó. Hay ~a histo:ia del inconsciente. Puede parecer
fantaS
tl
co de~1r algo as1, s1 uno esta convencido de que el inconsciente
es
u~a ~~pecte de ~nergía vital que sería tan estable, tan fija, como la
gravitacwn de! umve~so. Pero se entiende mejor si se admite, como
La_can, que ~! mcons~1ente e:tá estructurado como un lenguaje, y que
la mtervenc10n del ps1coanahsta en el inconsciente es de tal naturaleza
que puede modificarlo.
7. Freud, S., "Más allá del principio de placer", Obms completas vol. XVIII b ·
8 F d s "I h'b' ., , ,o .Cit.
· reu , ., n 1 1c10n, síntoma y angustia" Obras comnletas vol XX ob ·
, 'J' , , Clt.
174
CINCO CONFERENCIAS CARAQUEÑAS SOBRE LACAN (1979)
Algo distingue a Freud de todos los analistas que
vin~er~n despu~s
de él: él no repetía una teoría; la elaboraba en forma autentica a partir
del discurso mismo de sus pacientes. No hay mayor teórica del psicoa-
nálisis que
Ar;na O., la histérica que inventó el término talking cure'. la
cura por la palabra. Freud solo lo recogió de su boca. Ella fue
qruen
lo guió a la entrada del psicoanálisis. Uno siempre ~e aso~bra al leer
los primeros textos, tan frescos, de los primeros
p~1coanahstas; de la
sencillez de sus interpretaciones y de los efectos
milagrosos que pro-
ducen, que, podernos decir, están muy lejos de lo
qu~ se puede obtener
hoy día. Pueden ustedes intentar obtener efectos
milagrosos sobre un
sujeto diciéndole que estaba enamorado de su madre; eso
~o le hace
ningún efecto. El paciente lo sabe rnu:ho antes d~,que se 1~ digan, y no
se obtiene ninguno de los efectos de mterpretac10n a
p~rtlr de ~urdas
intervenciones de este género. Este es, entonces, el para1so perdido de
los inicios del psicoanálisis.
, .
Vamos a ver también, con el Sujeto supuesto Saber, en que sentido
el psicoanalista y su discurso forman parte del inconsciente ~srno. Para
simplificar las cosas, antes de tornar el texto de Freud, veran ustedes
que hay-se los diré, pero espero que lo verifiquen en el texto de F
reu1;
no les pido que crean solo en mi palabra- tres formas de transferencia
que Freud distingue y que encontramos dispersas a
tr~vés de los tex
7
~s:
la primera forma es la que identifica la transfere~c1a con la ~cw_n
de ,repetición, la segunda identifica ~a transferencia ~?n la _r:s1stencia
y la tercera identifica la transferencia con la sugestlon. Dma q~e lo
que Lacan trató de deslindar con el Sujeto supuesto Saber es el
_pivote
a partir del cual giran estos distintos aspectos de la transf~rencia, que
Freud había despejado. Diría que estos pertenecen a los fenomenos que
se producen en la experiencia analítica, mientras que el Sujeto
supue~to
Saber es de un orden diferente al de los fenómenos; es, hablando estric-
tamente, del orden de un fundamento transfenornénico de los fenó-
menos de la transferencia. Vayamos, pues, a la historia freudiana de la
transferencia, que voy a evocar brevemente. Consagré un curso
d_e un
año en Vincennes a esta cuestión,
y en el fondo les daré una especie de
resumen de él.
Formaciones del inconsciente
Encontramos que el término de transfere~_cia es empleado por
Freud desde "La interpretación de los sueños".
Ubertra[fUng se la nom-
bra desde "La interpretación de los sueños", y, ¿cuál es su uso? Es a
pro-
175
JACQUES-ALAIN MILLER
pós~to de la psicología de los procesos del sueño. Freud explica cómo el
s
ueno se apodera de lo que llama los "restos diurnos", los recuerdos de
lo que ocurrió el día anterior. El sueño se apodera de estos elementos
para montarlos con un valor distinto, con una significación distinta a la
del momento de su primera emergencia. Son, entonces, formas vaciadas
de
:u sen~do'. muchas veces son, incluso, insignificantes, y el deseo del
sueno _las iJ)VIste con un nuevo significado. Allí es donde Freud habla
por primera vez de transferencia de sentido, desplazamiento, utilización
por el deseo d~ formas muy ajenas a él, pero de las cuales se apodera,
que carga, que mfiltra y que dota de una nueva significación.
Esto es muy importante, aunque luego el término de transferencia
tome,
e~ Freud, un significado mucho más especializado. Se trata aquí
de los
~isfraces del deseo que, permaneciendo inconsciente, se expresa
apo~erandose de las ~epresentaciones más anodinas. Se expresa des-
pl~zandose de lo reprimido hacia una representación que su banalidad
rrnsma hace aceptable a la conciencia.
Podemos decir, entonces, que la primera transferencia freudiana
co_rr~sponde a los tropos de Ja transferencia. Podríamos hablar de la
trop1ca de la transferencia. Este es, por completo, un principio general:
el
.deseo se apoder~ de form~s errantes, que no valen para nada por sí
mismas, que
han. si~o de:~ºJadas de su significación y que funcionan
separadas de su significac10n primera. En el fondo, como letras, y esto
es lo que se comprende mejor a partir de la teoría lacaniana del
signifi-
cant~.
De hecho, estas formas son significantes a los cuales el deseo pro-
p.orciona un significado diferente y nuevo. Esto muestra, entre parénte-
sis, '.º .vano de las claves de los sueños, vieja tradición que dura desde la
Ant.1guedad .. La.s claves de los sueños están fundadas en el principio de
q.ue a cada significante le corresponde en forma unívoca su significado;
si te~e~~s la tabla de traducción, podemos pasar en forma invariable
~le! s.1gmhcante. al significado. Ahora bien, basta mirar un momento
. La mte~retac1ón de los sueños" para ver que esto es absolutamente
mcom?a~ble con la concepción freudiana, puesto que, precisamente,
e.sto~ s
1
~
1
?cantes solo valen en la medida en que han sido vaciados de
sigmfi~ac10n, Y se trata de reencontrar esta significación cada vez en
lo pa~tJcular. En este sentido la transferencia, la primera transferencia
freudian~,. es el proceso general de las formaciones del inconsciente.
E] pnncip10 general de las formaciones del inconsciente -el sueño el
lap:us, el chiste- es que el deseo se enmascara y se aferra a significan,tes
vaciados en tanto tales de significación. Esta es aún una acepción muy
general de la transferencia.
176
CINCO CONFERENCIAS CARAQUEÑAS SOBRE LACAN (1979)
El significante del analista
En cambio a partir del caso "Dora" emerge la significación precisa
de la transfere~cia freudiana. La transferencia en sentido psicoanalíti-
co se produce cuando el deseo se aferra a un elemento muy par_ticu~ar
que es la persona del terapeuta. Quizás puedan ver en cortocircutto
que esta persona no es exactamente una perso_n~. Esta persona, com_o
quizás lo han entendido, espero, por el
análisis pre~edente, es. mas
bien el significante del analista que su persona. Por cierto, esto siem-
pre resultaba misterioso si se imaginaba que er~ de la persona del
psicoanalista de lo que se trataba. En el
lnternational Journal ~ay un
artículo muy divertido de Thomas Szasz sobre la
tran~fe_rencia, que
dice: "Cuando me miran, a mí que soy feo como un p10¡0, me pre-
gunto cómo es posible finalmente que s~ aferren a mi persona:. Esto
da origen a la idea de que la transferencia es ante t_odo un fenomeno
ilusorio un fenómeno imaginario. Y esto no es eqmvocado, salvo que
este tip~ de ilusión la encontramos a cada momento en la existencia.
Este es un pequeño cortocircuito para hacerles
:er qu_e .'?ª per~ona del
analista" hay que tomarla entre comillas. El psicoanalms esta hecho,
precisamente, para hacernos dudar de que las personas sea~ tan ver-
daderamente a fin de cuentas. En todo caso, el lacanismo esta del lado
opuesto a toda teoría de la personalidad.
Enton~es, la transferencia
freudiana es el momento en que el deseo del paciente se apodera del
· terapeuta, en que el psicoanalista -no su persona- imanta las cargas
liberadas por la represión.
. . .
Esta pequeña concepción de la transfere~ci~ implica ya ~uchas
cosas. Implica precisamente que no hay extenondad del anal~sta con
respecto al inconsciente. Evidentemente, si se imagina que el
mco~s-
ciente es algo que está en el paciente -así, en algún lug~r-, Y. se dice
que el psicoanalista está al lado, separado por una peque~a distancia, y que
está ahí en su sillón, con sus diferentes preocupac10nes -s~ cuerpo
que le molesta, su espalda que le hace daño, su
~eso qu~ cmda-, eso
no tiene evidentemente nada que ver con ese mconsciente que se
supone escondido en el paciente. Pero la idea ~isma de la tr~nsfe-
rencia nos conduce ya a comprender que el an~hsta, _en la m.edida en
que opera en la cura psicoanalítica, no es extenor al _mconsci~nte del
paciente; que es quizás necesaria una idea más sofisticada del mcons-
ciente que esta idea burda. . .
Esto es, precisamente, lo que hace toda la particulandad de la obse:-
vación psicoanalítica, del relato de casos. Si la escritura del caso en psi-
177
JACQUES-ALAIN MILLER
coanálisis es difícil, es porque en definitiva siempre es un psicoanálisis
del analista mismo. No hay en la observación psicoanalítica esa relación
de exterioridad que conserva
la observación psiquiátrica.
Freud es quizás el mejor ejemplo, precisamente en el caso "Dora".
Saben que una vez terminada la cura de Dora, o más bien, una vez inte-
rrumpida la cura -puesto que se fue-, Freud reanalizó su propia posi-
ción con
relaciGn a ella, para concluir que, en el fondo, se había equi-
vocado fundamentalmente
sobre cuál era el objeto del interés de Dora:
había creído que
el hombre era su interés principal, el señor K., y no se
<lio cuenta, como dice él mismo, de que el interés fundamental de Dora,
la histérica, era la señora
K. Que Dora no se interesaba por el señor K.
sino como una mediación para acercarse al misterio esencial que ocupa
a la histérica, a saber, ¿qué es una mujer? Y si Freud cometió esta equi-
vocación, fue, en el fondo, por prejuicio: porque estaba convencido de
que los hombres eran quienes tenían que interesar a las muchachas. En
este sentido, el caso "Dora" es también el caso Freud. Y lo que hace la
grandeza de los "Cinco psicoanálisis"
9
es que el caso que está en su cen-
tro es el caso del propio Freud, así como no vaciló en ponerse él mismo
en "La interpretación de los sueños", que es lo que hace que finalmente
sepamos mucho sobre la relación de Freud con, por ejemplo, la mujer.
Lo que nos enseña también la transferencia desde sus comienzos
-espero habérselos hecho entender a partir del ejemplo de los restos
diurnos- es que
el enganche se hace mucho más a un significante que
a una persona. Digamos que el analista como significante forma parte
de
la economía psíquica. Este es el descubrimiento de la transferencia.
Hay un lugar en la economía psíquica, que el analista viene a ocupar.
Me atrevería a decir que es imposible hacer la teoría del psicoanálisis
si no se admite que el psicoanalista es una formación del inconsciente.
Esta es una tesis general.
Espero tener tiempo para mostrarles cómo los propios teóricos
contra los cuales Lacan quiso restituir el sentido inaugural de la expe-
9. [N. de E.] Se trata de los cinco historiales clínicos publicados por Freud. Ellos son:
"Fragmento de análisis de un caso de histeria (caso 'Dora')",
Obras completas, vol. VII;
"Análisis de la fobia de un niño de cinco años (caso del pequeño Hans)",
Obras completas,
vol. X; "A propósito de un caso de neurosis obsesiva (caso del 'Hombre de las Ratas')",
Obras completas, vol. X; "Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia
(dementia paranoides) descrito autobiográficamente ('caso Schreber')",
Obras completas,
vol. XII; "De la historia de una neurosis infantil (caso del 'Hombre de los Lobos')", Obras
completas, vol. XVII, ob. cit.
178
CINCO CONFERENCIAS CARAQUEÑAS SOBRE LACAN (1979)
riencia freudiana, a saber, los teóricos -que no sé si puedo llamar
anglosajones, puesto que eran todos europeos, en su mayoría exiliados
por los nazis- que recubrieron la verdad de la experiencia de Freud
en las zonas de influencia inglesa y norteamericana, se veían condu-
cidos -porque eran gente seria- a asignar al analista un sitio en la
economía psíquica. Pero no era
el adecuado. Esto es lo que trataré de
demostrarles.
·
En fin, aunque lo diga en forma un poco provocadora, esta tesis de
que
el analista es una formación del inconsciente no es, pienso, una tesis
solamente lacaniana, sino una tesis para toda teoría del psicoanálisis. En
Dora, ¿cómo se presentan, entonces, las cosas? ¿Cómo se presenta de
hecho la teoría de la transferencia? Esto es lo que Freud se ve obligado
a construir para dar cuenta de un hecho que se presentó primero como
imprevisto. La transferencia no estaba prevista en la teoría de Freud.
Había percibido, mediante lo que se cree que es su autoanálisis -pero
que no era su autoanálisis-, la posibilidad de descifrar una formación
del inconsciente y por intermedio de este desciframiento tratar de hacer
desaparecer
el síntoma; y la transferencia interviene, primero, bajo el
modo de la sorpresa. He aquí que
el terapeuta aparece interesando
especialmente al paciente, ocupa sus pensamientos y, sobre todo en los
comienzos, desencadena el amor del paciente. Ahora estamos acostum-
brados a la idea de transferencia y de contratransferencia, a lo positivo
y a lo negativo; pero habría que ser capaz de guardar cierta sorpresa
con respecto a la emergencia del amor, en una actividad que se presenta
como científica y terapéutica.
Esta llegada imprevista de la transferencia la hace aparecer, en
primer lugar, como un fenómeno parasitario que perturba, entonces,
la continuación del trabajo. Es una especie de entorpecimiento de la
relación terapéutica,
y Freud llega a señalar que es como la creación
de una nueva patología, en lugar quizás, o además, de la antigua. Evi-
dentemente este no es un resultado muy importante para una actividad
terapéutica: crear una nueva patología. La transferencia conserva este
carácter de patología propia de la experiencia analítica, y Freud reco-
noce que esta patología es inevitable, puesto que el deseo inconsciente
es movilizado por la cura. Allí nos damos cuenta, si puedo decir, del
carácter bifaz, de doble cara, de la transferencia.
Por un lado, la emergencia de la transferencia en la cura es testi-
monio del inconsciente. Hay que ser inconsciente para amar a Thomas
Szasz. Es testimonio de la puesta en acto del inconsciente; y esta es, por
cierto, una de las definiciones lacanianas de la transferencia: la trans-
179
JACQUES-ALAIN MILLER
ferencia es la puesta en acto d l . .
Lacan dice esto está muy ce
eda rleahdad del mconsciente.10 Cuando
r rea e os textos de F d d
10rmulación que no está en l . . reu , pero esde una
Saber. Quiero
decir- Lacan pe 1;llds:110 ~1vel que la del Sujeto supuesto
l
· aso 1ez anos en
s · .
e aborar esta teoría del S . t u semmano para lograr
UJe o supuesto Sabe l
Lacan es necesario saber d . r, y para os que trabajan a
or enar estos d1fere
t d
aunque no sea esta nuestra preo . , h n es estratos e su teoría,
. . cupac10n oy.
La transferencia tiene su valor por lo
.
· ·
rgwente· se ve fun ·
mecamsmo Inconsciente en la tu 1 · d d . . c10nar un
Freud puede
aconseJ·ar a todoact a I a misma de la sesión, y por ello
l
erapeuta que
e · ·
so amente cuando se ha
m· t l d l om1ence a Interpretar
· s a a o a transferenc· l
era de la transferencia señ I ra, porque a emergen-
activados. Ahora l
~
a qu~ los procesos inconscientes han sido
ien, a mismo tlempo l
un obstáculo para la cura. Ven ue l
'~ este :~ e segundo aspecto, es
compleja. El texto con el cual
hq a ar~culacron en este caso es muy
los "Trabajos sobre técnica ps1· ay
quüe. or:,entarse es el primer texto de
d
coana
tlca el te t "S b l , .
e la transferencia" de
1912 i i F d . ' x o o re a maffilca
l
.
. ' · reu mcluso da l ·
na
ista: s1 ocurre que las aso . . d' , un truco a ps1coa-
c1ac10nes e sus pac ·
.
pues entonces díganles: "Est' d ,,, rentes_ se Interrumpen,
a pensan o en m1 ;
y eso siempre funciona.
Repetición
Esto destaca que la transferencia tiene un fun . ,
de tapón sobre las asociac1·ones . . a c10n, podemos decir,
P
. mconsc1entes qu · · .
or eso s1 leen el
se"';n . d L e viene a mterrumprr.
' uu ano e acan Lo tr
del psicoanálisis verán que en est . s ':"ª. o conceptos fundamentales
. ' e semmano atub b l .
segurr con respecto a la tran r . ea so re e caffilno a
.
s1erenc1a· que de un l ·,
siempre hable con la misma se ºd 'd b a ecc10n a otra, aunque
Podrán ver que Lacan
as1·m·1 lgun afi, us~a sus puntos de referencia.
·
1
a a trans
erencra a · d .
mconsciente no a un tiemp d un tlempo e cierre del
' o e apertura. Esa es la ambigüedad profun-
. 10._ [N. de E.] La can, J., El seminario, Libro 11 L
ps,coanalms, ob. cit. p
152
.
"E . ºbl . , os cuatro conceptos fundamentales del
, . . s 1mpos1 e s1tuar la tr fi .
guna de estas referencias. Ya que de r d d a~s erenc1a correctamente con nin-
dejaré sentado un aforismo que servi;:ad~ :::tata,_ e¡erceré la crítica en ese plano. Hoy
transferencia no es
la puesta e d . u~:
10
n para lo que diré la próxima vez -la
·d . n
acto e una ilus1on qu ,
esa I enaficación alienante que es la d 1 . e, segun se supone, nos llevará a
'd l e cua qwer confi · · .
1 ea ' modelo al que en ningun' d , onn1zac1on, as1 fuera a un modelo
r . caso, a emas puede · d
ierencrn
es la puesta en acto de 1 1 ºd d d, 1 . se~r e soporte el analista-, la trans-
11 F ª rea
1
a e mconsc1eme"
. reud, S., "Sobre la dinámica de la transferencia"
Obr. ,
, 7IS comp,etas, vol. XII, ob. cit.
180
CINCO CONFERENCIAS CARAQUEÑAS SOBRE LACAN (1979)
da de la transferencia. El análisis se hace, en cierto sentido, gracias a la
transferencia, y en otro sentido, a pesar de la transferencia. En el fondo,
captamos allí dos aspectos de la transferencia: el aspecto mediante el
cual se identifica con la repetición inconsciente y
el aspecto mediante
el cual se identifica, al contrario, con la resistencia.
La repetición es un aspecto que Freud evoca desde el comienzo del
texto "Sobre la dinámica de la transferencia". Dice -es una expresión
un poco rudimentaria- que lo que se produce puede ser descrito como
una o varias placas estereotípicas, que pueden permitir, por impresión,
obtener figuras que se repiten en forma constante, que son reimpresas
en el curso de la vida de una persona, en la medida en que las circuns-
tancias externas lo permitan.
12
Es una forma muy somera de hablar de
la repetición: que cada individuo tiene así una placa estereotípica de
la cual saca ejemplares indefinidamente en el curso de su existencia, y
que finalmente la transferencia es el momento en que el psicoanalista
es captado en estos estereotipos, el momento en que la carga libidinal
introduce al médico en una de estas series psíquicas que el paciente ha
formado en el curso de su
existencia.13
En el fondo, aquí podemos evocar el término imago. El médico es
introducido en una serie
y puede ser identificado con la imago materna,
pero también con la imago del hermano, o la imago del padre. Con res-
pecto a esto, el inconsciente aparece como un repertorio de la comedia
deJ arte, en la cual hay personajes muy tipificados: uno es Pantaleón,
otro Polichinela, otro Arlequín, otra Colombina, y todas las situacio-
nes de la existencia pueden ser reproducidas con estos personajes. Con
respecto a esto, la transferencia aparece como una ilusión precisamente
12. [N. de E.] Ibíd., pp. 97-98: "Todo ser humano, por efecto conjugado de sus dis-
posiciones innatas
y de los influjos que recibe en su infancia, adquiere una especificidad
determinada para el ejercicio de su vida amorosa, o sea, para las condiciones de amor
que establecerá y las pulsiones que satisfará, así como para las metas que habrá de fijarse.
Esto da por resultado, digamos así, un clisé (o también varios) que se repite
-es reimpre-
so- de manera regular en la trayectoria de la vida, en la medida en que lo consientan las
circunstancias exteriores
y la naturaleza de los objetos de amor asequibles, aunque no se
mantiene del todo inmutable frente a impresiones recientes".
13. [N. de E.] Ibíd., p. 98: "Es entonces del todo normal e inteligible que la investi-
dura libidinal aprontada en la expectativa de alguien que está parcialmente insatisfecho
se vuelva hacia
el médico. De acuerdo con nuestra premisa, esa investidura se atendrá a
modelos, se anudará a uno de los clisés preexistentes en la persona en cuestión o, como
también podemos decirlo, insertará al médico en una de las 'series' psíquicas que el
paciente ha formado hasta ese momento".
181
JACQUES-ALAIN MILLER
imaginaria, y como algo que no es racional; como un fenómeno abe-
rrante.
Lo que Freud formulará en su texto "Recordar repetir y reelabo-
rar",
~ue ap~r:c~, un poco después en los mismos "T;abajos sobre técni-
ca
psicoanahnca , es una transferencia del inconsciente en el presente.
~s e! segundo texto de la serie, que se llama ''Nuevos consejos sobre la
tecruca del ps.icoanálisis".
Resistencia
En la conceptualización de Freud en este texto, la transferencia
aparece
co~o un fragmento de repetición inconsciente, como presa
del
~~tomansmo_ de re~etición. En el fondo, el analista ejerce una
pres10n
so?re el mconsciente, por la oferta misma que hace de escu-
char al paciente; escucharlo en la medida en que dice cualquier cosa.
y
sab~mos que nunca es cualquier cosa, y esa cualquier cosa lo conduce
hacia la zona que imaginamos en el trasfondo, donde su libido esta-
ría escondida. Para Freud, este empuje del analista es necesariamente
correlativo de
~a resistencia. Esta concepción generó, hay que decirlo,
todas las aberrac10nes del psicoanálisis de las resistencias donde vemos
a un
p~icoanalis~ i~pulsar al paciente hasta sus último~ escondites, y
al desdichado
resisar cada vez más. Esto termina asimilando el análisis
a una especie de
lucha,_ lo que es muy diferente a lo que Freud plantea.
Encontramos esto en ciertos textos; y cuando los analistas se abandonan
un poco, esto es del orden de: "Te resistes, basura". El psicoanalista trata
de atravesar esas resistencias, azora al paciente, lo sacude. Finalmente
Pº?~í~mos decir que el paciente es paciente y el analista que practica el
anal1S1s de las resistencias es el impaciente.
, . Lo ve~os claramente en uno de los textos que evoca la práctica ana-
hnca precisamente en aquella época. Lo vemos claramente en los textos
de, ~lhelm Reich, en la época en que era aún psicoanalista y era un
teonco muy destacado del psicoanálisis. ¿Qué dice? Dice que finalmen-
te lo que debemos reprochar al psicoanalista de hoy -es decir hacia
19:0- es que deja al paciente hacer lo que quiere, y el paciente no es
s~no, huye del punto decisivo de su carga, y habla de todo y de nada,
zigzaguea. Dice, además, que somos nosotros los que debemos llevarlo
de vuelta al
carnfno recto, y recién cuando lo hayamos obligado a pensar
en lo que no
qwere pensar, empezaremos a analizar el inconsciente. En
el_ ~o~do, ~odos los analistas de este tiempo fueron teóricos del psicoa-
nalisis acnvo, de la posición activa. No solo Ferenczi promovió la activi-
182
CINCO CONFERENCIAS CARAQUEÑAS SOBRE LACAN (1979)
dad en este sentido, sino que, digamos, progresivamente el psicoanálisis
entero se abismó en la vía de la actividad del psicoanalista. La prueba
es que se salió de los límites del
psicoa~álisis cuando s~ empezó a mirar
al paciente, cuando se comenzó a mampularlo. Pues
bien, ~sto P;?~uce
quizás efectos, pero esto ya no es psicoanálisis. Todo el ps1coan~lisis se
hundió ahí. Ydiría que como teórico de la "pasividad" del psicoana-
lista, de la no actividad, está Lacan. Finalmente dijo que le tocaba
ál
analista ser paciente. , .
Pueden advertir en qué se puede oponer Lacan a todos los teoncos
posfreudianos del psicoanálisis. Lacan, digamos que tiene
_fundarr_ien-
talmente confianza en el inconsciente, mientras que los psicoanalistas
hoy ya no creen, no confían, en el inconsciente. De esta comproba-
ción partió Lacan al principio de su trabajo.
Y, por otro lado,_lo que
muestra mejor que ya no creen en él es la forma como se orgamzan en
sus sociedades, la forma en que aceptan un nuevo miembro, la forma
como se imponen grados, exactamente como cualquier
a~oc_iación, como
cualquier sindicato.
Y la mayoría de las vec~s sus asociac1on:s ~o son
nada más que sindicatos de
~efens~ profes10nal. Laca~ decia,_ mcl~:
so, que eran sociedades de as1stenc1a mutua contra el m~onsciente.
En fin, me alejo aquí un poco del tema. La transferencia, cuand~ la
situamos entre el empuje del analista y la resistencia, aparece
ese~c~al-
mente
como una formación de compromiso: en cierta forma, la libido
abandona un poco de terreno ante
la demanda del analista, y hay un
pequeño pedazo que se suelta y obtura el
cond~cto: Por eso p~demos
hablar de tapón. En este sentido, la transferencia senala que _el mco~,s-
ciente
fue tocado y se manifiesta inmediatamente por una mfraccion
a la regla fundamental del psicoanálisis. Es
_así como es~ habla: por un
silencio del paciente que elude el pensamiento que nene, entonces,
del terapeuta.
.
Si seguimos entonces esta concepción de Freud, la del pnmer t~xto
de los "Trabajos sobre técnica psicoanalítica", el motor del tratamien-
to parece ser el combate entre la libido del
pacie~te y la_ dema~da del
analista. Es entonces cuando Freud hace intervemr esta mversion que
14. [N. de E.] Lacan,J., "Televisión", Otros escritos, oh. cit., p. 545: "A la_ sociedad-lla-
mada internacional, aunque sea un poco ficticio, pues el asunto se ha reducido
desd~ hace
tiempo a ser f.múliar-, la conocí aún en manos de la descendencia directa y
ado~nv~ de
Freud. Si me atreviese -pero advierto que aquí soy juez
y parte, por ~o tanto Pª1:1?ano-,
diría que es actualmente una sociedad de asistencia mutua contra el discurso anahnco. La
SAMCDA".
183
JACQUES-ALAIN MILLER
transf~rma la transferencia de un obstáculo en una palanca. La trans-
fer~ncia
se convierte en el punto de Arquímedés, a partir del cual el
pacien~e puede ser levantado desde lo más profundo de mismo.
Frcud
llltroduc~, tam?~én, la ~istinción entre la transferencia negativa
~
l_a transferenc1~ pos1?:ª: EVIdentemente, si la transferencia es nega-
tlva.
~~o
no es ps1coanahs1s; es mejor que la transferencia sea positiva.
Y distmgu? ~un, dentro de la transferencia positiva, una transferencia
de tono
erotico que e~ mejor proscribir. Y en el fondo, lo que conviene
apoyar
Y lo que _cons~~ye verdaderamente la palanca de la operación
es
la_tran~ferencia positiva pero gentil, no erótica. Cuando hay transfe-
renc~a
Y simp_atí~, entonces está bien. Entonces, analizar la transferencia
consis~e en hq_mdar la transferencia negativa, la transferencia positiva
demasiado ardiente.' y conservar la transferencia amable, lo que permite
operar sobre el paciente por sugestión.
Sugestión
1'." llegamos entonces a la tercera forma de transferencia: la transfe-
rencrn de su~estió~. Y Freud dice ?:ecisamente (encontré el pasaje en la
Standard Edrtzon): Debemos admitir que los resultados del psicoanálisis
des:ansan s?bre la sugestión. Por sugestión debemos entender la forma
de
1
_nfluenc1ar a una persona mediante los fenómenos de transferencia
~~s1bles en su caso".
15
Ven u~tedes aquí que entre transferencia y suges-
tlon _h~y, a la vez, ~na especie de equivalencia y una distinción que no
perc~bimos muy bien. Y uno de los objetivos de la teoría de la transfe-
rencia en Lacan es distinguir radicalmente la transferencia de la sugestión
acepta~~º, al mismo tiempo, que queda un margen de sugestión en tod;
operac10n de transferencia.
16
Al respecto, se puede captar por qué el análisis del paranoico es lo
menos
q~e pue~e decirse, difícil, si no imposible; aunque Lacan dice
que el psicoanalista nunca debe retroceder ante la psicosis.17 La trans-
15
- ~-
de E.) ~reud, S., "S~bre la dinámica de la transferencia", Obras completas, vol.
X!~·.?b. cit., 103: En esa med1~a confesamos sin ambages que los resultados del psicoa-
nalms se bas_aron en una sugest1on; solo que por sugestión es preciso comprender Jo ue
con
F e:encz1 (! 909) hemos descubierto ahí: el influjo sobre un ser humano por medio\e
los fenomenos transferenciales posibles con él".
16. Véase Lacan,
J., "La dirección de la cura y los principios de su poder" Escrito 2
ob. Cit., pp. 6]5-616, ' S ,
17 · [N. de E.] La can, J., El seminario, Libro 3, Las psicosis, ob. cit., p. 4 39: "Cuando se
184
CINCO CONFERENCIAS CARAQUEÑAS SOBRE LACAN
(1979)
ferencia del paranoico sigue siendo fundamentalmente negativa. Ello
hace efectivamente difícil operar sobre él mediante la sugestión.
Saltearé algunas cosas porque si no nunca agotaremos el tema. Quiero
evocar "Recordar, repetir y reelaborar" porque en este texto, que sigue al
primero del que hablamos, Freud extiende la transferencia hasta hacerla
cubrir toda la dimensión de la cura analítica. Llega a decir, como saben,
que se produce en la experiencia analítica una nueva neurosis, que él
llama "neurosis de transferencia". En este sentido, podríamos casi agre-
garla como un cuarto modo de la transferencia. La neurosis de transfe-
rencia es, si se quiere, la modalidad de conjunto de la cura, la enfermedad
artificial propia del psicoanálisis. Después de todo, quizás sea lo mejor
que ha hecho el psicoanálisis: inventar una nueva enfermedad. Como
dice Freud en este texto -me perturba un poco resumir un texto que
habría que seguir en todos sus rodeos, porque cada uno de estos rodeos
enseña-, con el psicoanálisis todos los síntomas del paciente adquieren
una nueva significación. Y habla a este respecto de una significación de
transferencia,
Übertrag;ungbedeutung.
18
Me pregunto cómo lo entendie-
ron, y qué pudieron hacer con esto los psicoanalistas que no piensan
que el inconsciente está estructurado como un lenguaje. Si Freud puede
decir que todos los síntomas adquieren una nueva significación a partir
del momento en que la cura analítica empieza, es porque el síntoma es
un elemento que tiene una significación que se dirige al Otro, que
el
síntoma es fundamentalmente un mensaje dirigido a un Otro. Se trata de
determinar, y podemos ya percibir en un primer análisis, en qué lugar se
coloca el psicoanalista en la cura: se coloca en el lugar adonde se dirige
el
síntoma; es el receptor esencial del síntoma, y por eso, el lugar que debe
a la transferencia le permite operar sobre el síntoma.
Amor de transferencia
Hago un pequeño paréntesis que les permitirá, quizás, captar la con-
sistencia de la teoría de Lacan y cómo ella permite ordenar elementos
que aparecen en Freud disparatadamente. Hasta tal punto, que Freud
llega, ustedes saben, a aconsejar a su paciente que difiera decisiones
trata del momento de entrada en la psicosis es cuando, sin duda, menos que nunca con-
viene retroceder ante esta investigación".
18. Véase Freud, S., "Recordar, repetir y reelaborar (Nuevos consejos sobre la técnica
del psicoanálisis,
II)", Obras completas, vol. XII, ob. cit., p. 156.
185
JACQUES-ALAIN MILLER
im~ortantes p~ra su existencia, por miedo a que no sean sino manifes-
tac10nes parasitarias de la cura. Esto funcionaba bien, evidentemente,
cuando las curas eran de tres semanas o de seis meses. Pero cuando
emp~ezan a durar die~ años, es un poco difícil pedirle al paciente que
no
VIva durante ese tiempo. Toda la cuestión está ahí: ¿qué diferencia
verdaderam:nt: a los fenómenos que se producen en la cura -y que son
Ilamad~s ar?ficiales- de los fenómenos que se producen en la existencia
Y que
ui:agmamos son reales? ¿Es tan sencillo acaso distinguir entre
lo
ilusono y lo real? Lo que llamamos "nuestra vida real" no es menos
ilusorio que lo que se produce en la cura, y allí adquiere todo su valor
el tercer texto de la serie "Nuevos consejos sobre la técnica del psicoa-
nálisis" que se llama "Puntualizaciones sobre el amor de transferencia".
~s un .texto emocionante de Freud, porque de todos modos Freud es un
VICtonano. Lacan dijo
_que, en el fondo, sin la Reina Victoria, sin lo que
repres~nta,_ nunca ~ub1era habido psicoanálisis, y dedicó una lección de
su
semm~no a la b10grafía de 1~ Reina Victoria por Lytton Strachey.1
9
Es, por cierto, un punto que Michel Foucault tomó al comienzo de su
hi~t~ria}
2
~
la sexu~lidad. Hay una obra de Moliere que se llama "El amor
medico
. Pues bien, el texto de Freud es "el "amor analista". Nos mues-
tra
:~ incomodidad ante estos amores determinados por la situación
anahtica. Pero finalmente hace una descripción del amor tumultuoso
d~, una dama por el analist~. Ad_emás, lo terrible es que con esta concep-
cwn, a esta dama, que no pide smo entregarse, debe considerársela como
ac:11ando una resistencia. Es algo delicado en la traducción simultánea:
el mtervalo entre el momento en que uno hace una broma y el momento
en que el otro reacciona. Es curioso, pues lo deja a uno con cierto
sus-
p~~s~
y males~ar. Y si quieren, el síntoma es un poco así; es decir, está
dmgido a alguien, pe~o es rete~do en algún sitio; y durante el tiempo en
que permanece reterudo, precisamente, uno no se siente muy cómodo.
Aproveché
~sta historia de cierta forma, ya que es de esto de lo que se
trata
e~ el senndo de Lacan. ¿Por qué, entonces, la abstinencia del psi-
coan_alista?
En el fond~ sería, e:ectivamente, satisfacer un deseo que se
maru~esta en forma abierta. Sena, en el fondo, dice Freud, el triunfo de
la paciente, es decir,
el triunfo de la repetición sobre la rememoración. La
transfer~ncia es cuando la repetición triunfa sobre la exigencia de recordar
Y verbalizar que formula
el psicoanalista. El psicoanalista pide, mediante la
19. Véase Lacan,J., Seminario 22, "R.S.I.", clase del 11 de febrero de 1975 inédito
20. [N. de E.] Miller alude
a la obra de Moliére, de 1658, El do,1or enamorado. ·
186
CINCO CONFERENCIAS CARAQUEÑAS SOBRE LACAN (1979)
"asociación libre", la rememoración. La transferencia
opane a la rememo-
ración la repetición.
Y entonces, satisfacer el deseo de la paciente, en este
caso, sería no tanto ser infiel a la ética del terapeuta
-que puede tomarse
en consideración-, sino, sobre todo, ser infiel a la regla fundamental del
psicoanálisis: decir todo y recordar, y no
repetir en el presente.
·Cuáles son entonces los rasgos que distinguen este amor de
transfe-
ren~ia
del amor de la vida? Freud dice que es un amor artificial, provo-,
cado por la situación analítica, que además es intensificado por la resis-
tencia y que demuestra ser más irracional que el
amo~ que se encuentra
en la existencia. A
esto no me parece muy convmcente. Por otro
lado, a Freud tampoco. El gran problema es que cuando uno
:e las
cosas de cerca no se logra diferenciar este amor de transferencia del
verdadero amor. No se logra muy bien considerarlo como inauténtico.
Porque si este amor de transferencia es una repetición estereotipada de
las conductas inscritas en el sujeto, dispuestas a resurgir cuando se les
da la ocasión, ello es cierto de todo amor. No existe, dice Freud, amor
que no tenga su prototipo en la infancia. Dicho de otra manera: este
amor es tan verdadero como el otro. Entonces, este artículo de Freud
-que he llamado "el "amor analista"- está bien diseñado
p~ra hacernos
cuestionar la idea misma de vida real. Algo que ha proporcionado efec-
tivamente el psicoanálisis es que la vida es fundamentalmente una
re~e-
tición,
que nos damos la ilu~i~~ de lo nue:º' pero ~u: de he~ho la ;:d.a
está constituida por la repettc10n. Y necesitamos qmzas un psicoanalms
para darnos cuenta de esos límites tan estrechos en los cu~le~ estamos
capturados por un número de significantes sumamente
limitados. Al
respecto, no solamente somos poca cosa, como la religión nos lo ha
enseñado y repetido, sino que vivimos en un sueño. Lo que Lacan evoca
muy precisamente es que no se sueña simplemente
cuan~o se d~erme;
es que cuando uno se despierta, muchas veces es para seginr durmiendo,
durmiendo con los ojos abiertos, y que en esto pasamos todo nuestro
tiempo; que es en el momento en que nos acercamos en el sueño a
lo que es verdaderamente real en nosotros
cuand~ nos de~perta~os,
porque nos da miedo, y nos despertamos para seguir ~~rmiendo.
Esto es algo que exige más precisión que la que unhzo. Pero en el
psicoanálisis hay una aspiración al despertar que no es satisfecha del todo
21.Véase Lacan, J., El seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fandamentales del psi-
coanálisis, ob. cit., pp. 64-68. También: Lacan, J., El seminario, Libro 19, ... o peor, cap. XV,
"El deseo de dormir", ob. cit., pp. 209-216.
187
JACQUES-ALAIN MILLER
por
la ~gilia ~e nuestras actividades cotidianas. No puede decirse que
uno esta despierto cuando se pasa hora y media en un embotellamiento
de tránsito para llegar aquí. Nuestra vida se acomoda muy bien a este
sopor, al cual conducen también las conferencias demasiado largas, en
una especie de hipnosis mutua. Pero en la palabra algo hay de eso. La
palabra en misma es hipnótica. El hecho mismo de consentir en oír es
Y~ una pérdida d~l libre albedrío; los pone ya a merced de la voz, que por
cierto, en el senado de Lacan, es un objeto, un objeto de carga. En fin,
aquí me alejo un poco del tema, aunque volveremos a encontrarlo cuan-
do se trate precisamente de la sugestión, de este valor que evoco al pasar.
El inconsciente no resiste
Les señalaré aún lo que Freud dice en "Más allá del principio de
placer", texto de 1920. En el capítulo III distingue al psicoanálisis como
arte de _interpreta~, lueg_o evoca cómo el analista se vio en la obligación
de
an~hzar las resistencias y por fin se pregunta adónde hemos llegado
hoy d1a. Comprobamos que el paciente tiene que repetir lo reprimido
como una experiencia actual, en vez de recordarlo. Esto es, incluso, lo
que permite destruir las cargas en las cuales está capturado, porque no se
puede ~acer in abse~tia, hay que hacerlo en el presente. Y dice: "No hay
que
~lVIdar que el mconsciente, lo reprimido, no ofrece ninguna resis-
tencia a los esfuer~os de la cura".
22
Es una frase absolutamente capital.
Esto es algo muy im~ortante, porque marca su evolución entre 1912 y
1920, y es algo que nene para Lacan la mayor importancia. El incons-
cie~te freudi_ano,. en cuanto tal, no resiste. El inconsciente solo pide
dec1rse, no pide smo emerger, abrirse paso; las resistencias, dice Freud
-que está
~o~struyendo su segunda tópica-, provienen del yo [moz], no
de lo repnm1do. Y vienen del yo porque la liberación de lo reprimido
pro~uce un displ_acer. Y aquí empieza, entonces, a figurar ese término
qu~ iba a ser tan 1mp_ortante_después: la compulsión a la repetición, que
est_a presente en e~ mconsciente. El famoso Wiederholungszwang será
obJe_to del texto mismo de "Más allá del principio de placer". En este
s~nado, ven que tenemos una oposición entre la resistencia, que es refe-
nda al ~o, y la repetición, que es repetición de lo reprimido. Esto ya
es su~c~e~te para c~ntrar~ar la construcción anglosajona a propósito
del anahsis de las resistencias. De hecho, Wilhelm Reich criticaba a los
22. Freud, S., "Más allá del principio de placer", Obras completas, vol. XVIII, ob. cit.
188
CINCO CONFERENCIAS CARAQUEÑAS SOBRE LACAN (1979)
que dejaban al paciente seguir sus "zigzagueos", como él. dice,
P?rque
no sabía descifrar en sus movimientos mismos el lenguaJe prop10 del
inconsciente, su lenguaje metafórico y metonímico, su lenguaje que está
todo en el deslizamiento.
En "Inhibición, síntoma y angustia", rápidamente se encuentra una
especie de tabla de las resistencias. Hay todo y nada. _Freud ~voca ~a
resistencia de la represión, la resistencia de transferencia, la resistencia ·
del ello, la resistencia del superyó, que fue la última que descubrió_~ que
dice es la más oscura y está enraizada en el sentimien~o de ~ulpabihdad.
Volveremos en la segunda conferencia sobre esta resistencia del super-
yó para ver cómo podemos aclararla un poco.
'Entonces en todo esto no vemos al Sujeto supuesto Saber. En
todo esto, p~r una parte, tenemos una transferencia m~y polim~~fa;
que puede cobrar distintos valores: repetición, res!stencia, sugesnon;
incluso cubrir el conjunto de la cura. Debemos dec¡r que todo esto no
tiene su gravitación propia. La transferencia aparece siempre como un
concepto evanescente, que se confunde con otros
conceptos'. que _se
confunde, en un sentido, con la repetición; en otro, con la ~es1stencia,
y con la sugestión en un tercer sentido. Concepto absorbido enton-
ces, de algún modo, por los otros. Los analistas están todavía en_ este
punto. Hoy leía un artículo en el
perió~ico -creo que en El Nacional,
pues aunque no hablo castellano lo leo bien, sobre :odo la prosa mod~r-
n3:- donde alguien evocaba al pasar la transferencia
~~
,Freud,
~
decia:
he aquí que la transferencia, grosso modo, es la repenc10n. Habia poco
lugar para decir algunas generalidades sonoras ~c~~ca de Fre~d, y entre
ellas estaba: la transferencia equivale a la repet1c10n. Pues
bien, Lacan
dijo también a veces esto antes de construir su teoría. En
el gran texto
de Lacan de 1953, el informe sobre "Función y campo de la palabra Y
del lenguaje en psicoanálisis", llamado más fami~i~~ente "lnfon_ne de
Roma" Lacan decía: "El automatismo de repeac10n no busca smo la
' . . 1 e "23
temporalización de la expenenc1a de a transrerencia .
No intentaremos comentar el detalle de la cosa, que es muy fino.
Pero ven ustedes que un lector podría considerar que Lacan también
23. [N. de E.) Lacan,J., "Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoa-
'l' · " & 'to• J ob cit. p 306· "El automatismo de repetición, al que se desconoce
na
1s1s , m , , · , · · ralidad
igualmente si se quieren dividir sus términos, no_ apunt~ a otra cosa qu~ a l_a tempo
historizante de la experiencia de la transferencra, de
igual modo el msnnto de muerte
expresa esencialmente el límite de la función hlstórica del sujeto".
189
JACQUES-ALAIN MILLER
~~almente abso:bía el co~cept~ de transferencia en la idea de repeti-
c~on,
que de algun modo sigue siendo, de sus tres valores, el valor prin-
cipal, el valor que más retuvo a los analistas.
Hacer vacilar los semblantes
Esta confusió.n, entonces -porque es una-, recién fue eliminada por
Lacan en el texto al cual aludí:
Los cuatro conceptos fundamentales del psi-
coanálisis.
Lo más notable de estos cuatro conceptos es cuáles son. Lacan
considera estos conceptos como conceptos fundamentales: el incons-
ciente, la repetición, la transferencia y la pulsión. Y lo más importante
e~ l? que dice es, precisamente, que hace de la transferencia un concepto
distin~o al concepto de repetición.
24
Y su elaboración va precisamente a
despe¡ar
s~s aspectos contradictorios, múltiples, que Freud aisló, diga-
mos, con
cierto desorden. Creo que no exagero. Verán, si leen los textos,
que hay allí cierto
bululú, como se dice aquí, en la teoría freudiana de
la transferencia. Y traten de aislar precisamente el pivote en torno al
cual
f!:Í,ran todos estos fen.ómenos. Entonces, ¿acaso es una pura y simple
creac10n de Lacan ese
Su¡eto supuesto Saber? ¿Dónde se ubica el Sujeto
supuesto Saber, puesto que haciendo una breve revisión de los textos de
F_reud sobre la transferencia, nada percibimos de esta categoría? Pues
bien, hay un pequeño texto de Freud que dejé de lado en mi enumera-
ción, que es el primer texto de la serie "Nuevos consejos sobre
la técnica
del psicoanálisis" y que versa sobre el comienzo del análisis.
25
Pues bien,
~acan ~da la transferencia, en su dimensión radical, sobre el disposi-
tivo mismo de la cura. Funda la transferencia como una consecuencia
inmediata del procedimiento freudiano, como una consecuencia inme-
diata de la regla fundamental del psicoanálisis. Es una deducción si se
quiere, propiamente lógica. El Sujeto supuesto Saber no es
alg~ que
se
o~servaría, aunque puede observarse, pero según modalidades muy
precisas. Es fundamentalmente un principio que hace a la lógica misma
. 24., [N. de E._J Lacan, J., El seminan·o, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del
ps1eoanalzs1s'. ob. cit., p. 4!:. :uno o~e decir, por ejemplo, cosa de todos los días, que la
transf~rencia e~ una repet1C1on. No digo que sea falso, y que no haya repetición en la trans-
f~ren~1a.
No digo que füeud .no se haya acercado a la repetición a propósito de la expe-
riencia de la transferencia. Digo que el concepto de repetición nada tiene que ver con el
de transferencia".
25. Freud, S., "Sobre la iniciación del tratamiento (Nuevos consejos sobre la técnica
del psicoanálisis, I)",
Obras completas, vol. XII, ob. cit.
190
CINCO CONFERENCIAS CARAQUEÑAS SOBRE LACAN (1979)
del psicoanálisis, a una lógica que depende de ese ~ri?ci~i~ puesto al
comienzo por
el analista, que tiene que ver con esta mv1t~c10n que h~ce
al paciente de decir todo en desorden, sin ret~ner nada, sm ser deterudo
ni por la decencia ni por el displacer. El Su¡eto supuesto
S_ab~r, en e~
sentido de Lacan, es una consecuencia directa de este proced1rmento. Si
se quiere, es el principio constituyente de la transferencia. Luego, s?bre
este fundamento toda la diversidad de esos fenómenos que segmmos
en Freud pueden' producirse. El Sujeto supuesto Saber
~o es de ni?gún
modo como se cree que el psicoanalizante, el que VJene a pedir un
, ' , d
psicoanálisis, imagine que el psicoanalista sab~ todo. En la mayona e
los casos puede, incluso, estar un poco decepc10nado con
su_terap~uta,
aparte de la idea que podía hacerse de él. Si la idea que el paciente tiene
del psicoanálisis está basada en lo que ha encontrado ~n,Freud, con ese
parangón el psicoanalista con que se va a encontrar qmzas le
parez~a un
poco decepcionante. Puede, incluso, más bien desconfiar
d~ su P~:coa-
nalista,
y en vez de suponerlo tan sabio, poner en duda su calificac10n. Y
a menudo por cierto, no está necesariamente equivocado.
Lacan
1
evoca, en Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, un
artículo de Nunberg, del
lnternational Journal, en el cual este refiere
precisamente los dichos de un paciente más bien insatisfecho con su
psicoanalista, y que le dice: "Usted no sabe eso, por supuesto, y
e~to
otro, por supuesto; no es capaz siquiera ~e ª?rend_erl~"-
26
Nunberg ~ice
muy lindamente: "Finalmente en esta ms1stenc1a VI que estaba hsto
pa~a la transferencia"; habla de the readíness to transference. No ~e trata,
entonces, de pensar que el Sujeto supuesto Saber
~e encarna~1a en la
presencia
ñsica del analista y supondría que el paciente le atnb~ye la
omnisciencia. Esto puede ocurrir, pero entonces hay que tener
cmdad~
de no estar en presencia de una psicosis alucinatoria. Se en_cuentran as1
psicosis desencadenadas
por la experi_encia analí~ca, a parar ~e lo cual,
efectivamente la transferencia func10na. Func10na, de algun modo,
en estado
pur~. El paciente está convencido de que el analista con?ce
sus pensamientos e incluso los fomenta en su cabeza. Eso pues, mas o
menos, es lo que le ocurrió, por cierto, a Schreber en su transferen-
cia con el profesor Flechsig. La psicosis en cuanto que
p~ovocada _por
el psicoanálisis nos hace ver en estado puro la emergencia del Su¡eto
supuesto Saber en una forma aterradora, puesto que
el terapeuta se
26. Véase Lacan, J., El seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psi-
coanálisis, ob. cit., p. 144.
191
JACQUES-ALAIN MILLER
convierte en el otro emisor de
los propios pensamientos del sujeto;
se convierte en la referencia de lo que el psiquiatra Clérambault, que
Lacan reconoció como su maestro en psiquiatría, llamó automatismo
mental. No sé si este término, que es clásico en la clínica francesa, es
aceptado en la clínica psiquiátrica latinoamericana. Para dejarlos en el
borde de esta teoría del Sujeto supuesto Saber voy, de todos modos, a
indicarles por qué camino la introduce Lacan.
En
el fondo, ¿,qué implica la posición que asume el psicoanalista al
invitar al paciente a decir
todo y cualquier cosa? Dice al mismo tiempo
con ello: "Diga todo y cualquier cosa; eso siempre querrá decir algo".
Da al paciente la garantía de que no habla en pura pérdida. Garantiza
el psicoanálisis. Y hay que decir que allí, fundamentalmente, hay una
impostura, una impostura consustancial al psicoanálisis, una impostura
en obra. Claro, no hay que añadirle a la impostura. Cuando se constru-
ye con
el psic~análisis una nueva Iglesia mundial, que censura y que se
infla al modo de una transnacional, de una
IIT Corporation del psicoa-
nálisis, se le está añadiendo mucho a la impostura, mientras que
el ejer-
cicio del psicoanálisis hace, al contrario, vacilar todos estos semblantes.
Y la fuerza de Lacan es haber continuado su trabajo invariablemente,
a pesar de la grotesca excomunión de la cual fue víctima por parte de
los centros de poder instalados de esta Internacional, encontrando su
fundamento en el ejercicio auténtico de su práctica, que es hoy ineli-
minable del discurso del psicoanálisis y que, en
el momento en que el
psicoanálisis decae en los Estados Unidos, encuentra en Francia una
expansión, una importancia incomparable con la decadencia inglesa y
norteamericana. Hasta el punto de que, en París, si la Escuela Freudiana
de Lacan se volvió la más importante, es porque los pacientes iban allí
y los analistas los siguieron.
Hay una impostura que es propia al psicoanálisis. ¿Qué es el psicoa-
nalista? Alguien que está ahí para poner la impostura en obra. Por su
sola posición, garantiza al paciente que el trabajo en pura pérdida, en
el vacío, ese trabajo profundamente contrario a la ética del trabajo de
nuestra sociedad capitalista -en el sentido del capitalismo que ahora se
extiende a todo el planeta, sin ninguna excepción; es decir, la exigencia
de rentabilidad de la actividad, que todo lo que uno hace sirve para algo,
es decir, que sirve precisamente para alguna otra cosa-, quiere decir
algo, antes incluso de que se sepa qué quiere decir eso. Y en esta articu-
lación delicada y puramente lógica, Lacan ve el fundamento mismo de
los fenómenos que luego son dados como de transferencia. Es eviden-
te que solo les di una pequeña visión de la teoría del Sujeto supuesto
192
CINCO CONFERENCIAS CARAQUEÑAS SOBRE LACAN (1979)
Saber. Se las muestro como una agudeza en el sentido de Freud, un
Witz. Pienso que la próxima vez podré desarrollar la articulación y las
consecuencias del Sujeto supuesto Saber.
Discusión
Participante: ¿ Que importancia tienen las imágenes visuales en la estructura ·
del inconsciente y cuál es la articulación de ellas con la representación de cosa
en la teoría freudiana? Si el leng;uaje está vinculado a la representación de
palabra, ¿está, por lo tanto, vinculado al preconsciente?
]ACQUEs-Au1N M1LLER: El lenguaje no es fundamentalmente visual;
el lenguaje, como el funcionamiento de estos aparatos, es vocal, es oral
y también puede ser puesto en forma de signos escritos, que leemos.
Y aun un sordomudo puede acceder a la dimensión del lenguaje como
un sistema articulado. Cuando Lacan dice que
el inconsciente está
estructurado como un lenguaje, comprende al lenguaje en su estructu-
ra, independientemente de su realización, es decir, independientemente
del tipo de materialidad significante que puede encamar el lenguaje.
Entonces, se trata de descifrarlo esencialmente -porque esto es lo que
hace Freud- como una dimensión que llamo del significante, pero en la
cual los significantes quedan por descubrir, y también las sustituciones
de significantes; de tal forma que el significado tiene eclipses. Pueden
pensar, por ejemplo, en la "Psicopatología de la vida cotidiana" y en el
célebre ejemplo de Freud sobre el olvido del nombre
Signorelli.27 ¿Qué
vemos allí? Freud reconstruye ese nombre a partir de cierto número de
significantes que ocupan el lugar del significante que falta, y escucha
el valor del significado que pasa entre esos significantes, entre
Herr y
Signor. Se apunta a algo indecible, que tiene al mismo tiempo un valor
de muerte y de impotencia sexual.
En este ejemplo podemos percibir, efectivamente,
la relación del
inconsciente con una estructura de lenguaje. Freud la descubrió espe-
cialmente a partir del sueño -puesto que "La interpretación de los sue-
ños" precede a la "Psicopatología de la vida cotidiana"- y de
la figu-
ración en el sueño. Pero ¿cómo trata al sueño mismo? Trata al sueño
como un lenguaje en el cual operan condensaciones y desplazamientos
en los cuales
el lingüistaJakobson reencontró esas figuras de la retórica
27. Freud, S., "Psicopatología de la vida cotidiana", Obras completas, vol. VI, ob. cit.
193
JACQUES-ALAIN MILLER
que son la metáfora y la metonimia. Esto es algo sobre lo cual Lacan
construyó. Pero digamos que el lingüista fue quien reconoció en
el len-
guaje
las, reglas descubiertas por Freud a partir de la figuración en los
sueños. El descubrió allí mecanismos propiamente retóricos.
Cuando se piensa en lo simbólico y lo imaginario, no hay que pensar
que el símbolo sea la imagen, o que el signo y la imagen son pura y sim-
plemente exteriores uno a otro. Por ejemplo: el arte del Renacimiento,
que nos dio de las cosas más bellas que hay para ver, está infiltrado por
exigencias significantes. Hay una verdadera reimaginarización del sím-
bolo en este arte, una simbolización de lo imaginario. La forma misma
del cuerpo humano es tomada como medida general de la belleza.
Panofsky escribió un artículo muy bello sobre el cuerpo humano como
modelo imaginario para los artistas del Renacimiento, donde se ve al
hombre proporcionar su propio cuerpo como un significante magnífico
para el conjunto de las artes, ofrecerse a la fragmentación. Nada repre-
senta_ m~jor estos recortes de la unidad corporal por el significante que
los
d1buJos de Leonardo, quien imagina que se podrían construir edifi-
cios enteros que reprodujeran las proporciones maravillosas del cuerpo
humano. Habría que haber perdido la cabeza para ver en la criatura
humana un milagro de belleza y de equilibrio. Es una fantasmagoría,
pero a la que debemos, efectivamente, un arte soberbio. No si res-
pondí a su pregunta.
Participante: Creo que hay una diferencia entre lo que dice Lacan y lo que dice
Freud
en ese sentido. Freud dice que el lenguaje que usted describe, que está
formado por palabras, pertenece al preconsciente, y que el verdadero
lenguaje
del inconsciente es visual. Esto, especialmente en "El yo y el ello". Entiendo la
respuesta que usted dio, pero pienso que diverge de
la posición de Freud en "El
y~ y el ello", acerca de la anterioridad filo genética y ontogenética del lenguaje
visual
respecto del lenguaje verbal, y que el lenguaje verbal constituye funda-
mentalmente el preconsciente. ·
JAM: Propongo que la próxima vez se discuta, con los textos de
Freud, su pregunta.
Hay, efectivamente, un viejo problema que Lacan trató, que es el
de la
rep~esentación de cosa y la representación de palabra. Lo que hay
que considerar es qué entiende Freud por cosas y por palabras. En
el
sentido de Lacan, el significante está en el nivel de lo que Freud llama
~a cosa. _Hay un punto sumamente importante en la teoría general del
mconsc1ente estructurado como un lenguaje, que aquí solo abordé por
194
CINCO CONFERENCIAS CARAQUEÑAS SOBRE LACAN (1979)
un aspecto. Pero quisiera, simplemente, retomar el término
filogenético.
Para Lacan el inconsciente no es un asunto de génesis, en ningún nivel.
Hay hipótesis que son las de Freud, y que son su lenguaje para tra-
tar de dar cuenta de la experiencia analítica. Pero lo que Lacan siem-
pre consideró esencial es distinguir entre los esfuerzos de Freud por
encontrar términos que funden su experiencia y lo que se produce en el
campo mismo de esta experiencia. Los psicoanalistas pueden inventar
muchas cosas para dar cuenta de su experiencia. Esta mañana leía que
algunos llegan a hacer hablar al feto para dar cuenta de su experiencia.
Pero ¿qué sabe un psicoanalista acerca de esto? Melanie Klein, con todo
su genio, era capaz de hacer sostener un discurso articulado y filosófico
al lactante de tres meses; con su genio, evidentemente. Freud leyó toda
una biblioteca de antropología para hablar de
"Totem y tabú". Me pare-
ce que hay que considerar todas estas articulaciones como esfuerzos
de Freud para llegar a deslindar los fenómenos que se producen en la
experiencia analítica y para los cuales buscaba analogías, buscaba com-
paraciones, fuera de la experiencia propiamente dicha. No era un sabio
universal; en las ciencias de su tiempo buscó cómo estructurar
el campo
de su experiencia. Los psicoanalistas hacen como si estuviéramos toda-
vía a fines del siglo XIX. Freud nunca se interesó, curiosamente, ni por
la lingüística -que estaba en ciernes en su dimensión estructural en su
época-, y estaba muy cerrado a las matemáticas y a la lógica. Pero si
admitimos que el único vector de la experiencia analítica es la palabra,
es justamente hacia esas ciencias a las que sería natural dirigirse.
Cuando Lacan dice que el inconsciente está estructurado como un
lenguaje -Freud no dijo eso, Lacan fue quien lo dijo-, hay que conside-
rar que, como lo muestra la historia de la transferencia, Freud descubrió
poco a poco los fenómenos de la experiencia analítica. Estaba adelan-
tado respecto a los otros psicoanalistas, pero al mismo tiempo estaba
desbordado, rebasado por su experiencia. Y la tesis de Lacan -que
el
inconsciente está estructurado como un lenguaje- busca establecer el
axioma a partir del cual la obra de Freud encuentra su equilibrio propio.
Hay que admitir que Freud partió de la idea, capital para el psicoaná-
lisis, de que el psicoanálisis debía ser una ciencia de la naturaleza. No
hay muchos psicoanalistas que hoy crean eso. Pero Freud nunca dejó
de creer en eso, y este es el punto que dirige toda su metapsicología, es
el punto que dirige todo su proceso. Esto tuvo una consecuencia muy
importante: por él, el psicoanálisis tiene que ver con la ciencia; y por eso
hizo la diferencia entre las elucubraciones de Jung y la inspiración ana-
lítica. Siempre se ven aparecer nuevas terapias que decaen luego, mien-
195
JACQUES-ALAIN MILLER
tras que
el psicoanálisis tiene una resistencia asombrosa. Lacan decía,
incluso, que lo que era importante para Freud era que su dispositivo
subsistiera
y que los psicoanalistas lo hicieran funcionar, aun cuando no
comprendieran cómo funciona eso. Hay que decir que los psicoanalistas
no comprenden cómo funciona eso, pero como el dispositivo está en
su lugar, lo hacen funcionar.
28
¿Hay que considerar que se trata pura
y
simplemeQJ:e de sugestión, es decir, que es una especie de hipnosis
interpretativa que tiene efectos en los pacientes? Freud hizo siempre
el
esfuerzo de distinguir la dimensión de la hipnosis de la dimensión analí-
tica. Incluso abandonó la hipnosis y entró en la dimensión propiamente
analítica. Esto nos lleva a los fundamentos mismos de mi exposición:
intentar justificar la proposición
el incomciente está estructurado como un
lenguaje.
¿En qué punto se detuvieron los analistas posfreudianos? El ana-
lista ocupa
el lugar del superyó, ocupa el lugar de esa instancia en la
economía psíquica y esto, precisamente, es identificar la operación ana-
lítica con la sugestión. Lacan sitúa al analista en un lugar muy diferen-
te. Cuando se quiere asimilar al analista con
el superyó, se asimila el
superyó a una condensación de la experiencia, al mismo tiempo onto y
filogenética. Esta función existe, pero Lacan no identifica al psicoana-
lista con esta función.
28. [N. de E.] Lacan,]., "Televisión", Otros escritos, ob. cit., pp. 538-539: "La curación
es una demanda que
parte de la voz del sufriente, de uno que sufre de su cuerpo o de su
pensamiento. Lo sorprendente es que haya respuesta,
y que, en todas las épocas, la medi-
cina haya dado en el blanco con palabras
[motr].
¿Cómo sucedía antes de que fuese localizado el inconsciente? Una práctica no requie-
re ser esclarecida para operar; esto es lo que de ahí podemos deducir".
196
5. LA TRANSFERENCIA.
EL SUJETO SUPUESTO SABER
Me propongo, en la próxima hora, concentrar la teoría de Lacan
sobre el Sujeto supuesto Saber.
La convicción racionalista de Lacan es que la transferencia no es
un milagro ante
el cual el psicoanalista deba arrodillarse. La teoría
del Sujeto supuesto Saber sitúa la transferencia corno la consecuencia
inmediata de la estructura de la situación analítica, es decir, como la
consecuencia inmediata de lo que Lacan llamó el discurso analítico. No
se refiere con este término a lo que relata el psicoanalista, sino, justa-
mente, a la estructura de la situación analítica. Además se puede decir
de la transferencia, por cuanto tiene como pivote al Sujeto supuesto
Saber, que pertenece a la estructura misma del discurso analítico. Tam-
bién, si hay una fenomenología matizada, diversa, de la transferencia,
cuyos distintos aspectos encontró e intentó ordenar Freud en el curso
del tiempo -lo que la vez pasada resumí en tres palabras: repetición,
resistencia, sugestión-, y que siempre apasionó a los psicoanalistas, el
Sujeto supuesto Saber propuesto por Lacan está situado como el fun-
damento transfenornénico de la transferencia. Aquí el asunto estriba en
interesarse más de cerca por la estructura de la situación analítica, que
los psicoanalistas tienen una propensión ineludible a olvidar. La estruc-
tura de la situación analítica coloca, primero,
al analista en posición
de oyente; oyente del discurso que él estimula en el paciente, puesto
que lo invita a entregarse a él sin omitir nada, sin consideración por
las conveniencias, según el movimiento que se denomina, un poco por
irrisión, asociación libre; porque el postulado analítico es, precisamen-
te, que esta asociación es todo menos libre y que, por el contrario, está
restringida por leyes esenciales.
197
JACQUES-ALAIN MILLER
Apertura a la transferencia
¿Esta posición de oyente es solo pasiva? Obviamente,
el que apa-
rece en actividad en la experiencia analítica es fundamentalmente el
paciente. Pero hay que ver -y Lacan nunca cesó de insistir acerca de
este punto de las formas más diversas, cada vez más y más lógicas-
que el oyente,
SJJ respuesta, su aval, su interpretación, deciden el sen-
tido de lo que es dicho, y aún más -sigo aquí muy precisamente el texto
de Lacan-, la identidad misma de quien habla. Al respecto, existe lo
que Lacan no vacila en llamar un poder,
el poder del analista sobre el
sentido,
1
lo cual es cierto para toda comunicación humana, para toda
relación. Y en este sentido, como nos hablamos unos a otros, podemos
decir que, por turno, compartimos el poder, y que así las comunica-
ciones se equilibran. En psicoanálisis, por el contrario, la estructura
misma de la relación es disimétrica, puesto que uno entrega material,
mientras que el otro tiene como función estructural escuchar ese mate-
rial, recibirlo, apreciarlo y en ocasiones interpretarlo. La posición de
intérprete del analista hace de él, exactamente, lo que podemos llamar
-aun cuando hay que ser muy prudentes con esta expresión- el amo de
la verdad. Hay que ser muy prudentes con esta expresión y con lo que
ella recubre, pues implica la responsabilidad del analista, responsabili-
dad esencial, que hace la dignidad de su función. Por eso Lacan puede
escribir que
el analista duplica el poder discrecional de la palabra.
2
Es
l. [N. de E.] Lacan, J., "La dirección de la cura y los principios de su poder", Escritos
2, ob. cit., p. 577: "Porque él [Freud] reconoció en seguida que ese era el principio de su
poder, en lo cual no se distinguía de la sugestión, pero también ese poder no le daba
la
salida del problema sino a condición de no utilizarlo, pues era entonces cuando tomaba
todo su desarrollo de transferencia". También en Lacan,
J., El seminario, Libro S, Las jlff-
maciones del inconsciente, ob. cit., pp. 435-438.
2.
[N. de E.] Lacan, J., "Variantes de la cura-tipo", Escritos 1, ob. cit., pp. 318-319:
"Pero lo que quiere decir ese "'quiere decir'" es también de doble sentido, y depende del
º!ente que sea el uno o el otro: ya sea lo que el hablante quiere decirle por medio del
d1Scurso que le dirige, o lo que ese discurso le enseña de la condición del hablante.
Así, no
solo
el sentido de ese discurso reside en el que lo escucha, sino que es de su acogida de la
que depende
quién lo dice: es a saber el sujeto al que concede acuerdo y fe, o ese otro que
su discurso le entrega como constituido.
Ahora bien, el analista se apodera de ese poder discrecional del oyente para llevarlo
a una potencia segunda. Pues, además de que se pone expresamente para sí mismo, y aun
para el sujeto hablante, como intérprete del discurso, impone al sujeto, en los términos de
s~ discurso, la abertura propia de la regla que le asigna como fundamental: a saber que ese
discurso se prosiga
primo sin interrupción, secundo sin retención, esto no solo en cuanto a
198
CINCO CONFERENCIAS CARAQUEÑAS SOBRE LACAN (1979)
una frase que cito, que tuve ocasión de comentar en todos sus detalles
en el seminario en el que participo aquí, por ser este un punto decisivo
de la teoría de Lacan. Es un punto decisivo de la teoría de Lacan, pero
puedo decir que no escapa a quienes tienen un sentimiento profundo
de las propiedades del lenguaje. Leyendo durante este fin de semana la
obra de Rosenblat
Buenas y malas palabras en el castellano de Venezuela,
encontré esta frase, muy lacaniana: "El que habla está pendiente del
interlocutor, porque las palabras se tiñen con lo que dice el oyente, y
no se sabe adónde pueden llegar las palabras". Evidentemente, no está
dicho con los términos de Lacan, pero se trata de alguien que tiene
el
verdadero sentimiento de lo que es el campo del lenguaje, que se acer-
ca muy bien a esta estructura fundamental.
La transferencia, aprehendida en su fundamento, no es otra cosa
que la institudón de esta relación misma. Les cité la vez anterior esta
expresión de Nunberg:
the readiness to transftrence, en la que intenta asir
un punto que le parece precede a la fenomenología de la transferencia,
que hace posibles todos estos fenómenos tan diversos, contradictorios,
matizados, de la fenomenología de la transferencia. Y Lacan retoma esta
expresión de Numberg, esta "apertura a la transferencia", que en cierto
modo inaugura la relación analítica misma. Para Lacan hay apertura a
la transferencia por el hecho único
-y es esto lo importante- de que
el paciente se coloca en posición de entregarse a la asociación libre,
se
~oloca en la posición de buscar la verdad sobre sí mismo, sobre su
ide.ntidad, sobre su verdadero deseo. ¿Dónde busca la verdad? La busca,
dice Lacan, al cabo de su palabra, y
el cabo de su palabra está allí, en el
analista en cuanto gran Otro, oyente fundamental que decide la signifi-
cación. Y por ello su silencio es tan esencial; su silencio, que deja sitio al
despliegue de la palabra. Y no debe precipitarse a satisfacer la demanda
del paciente, que es la demanda de: ¿quién soy?, ¿cuál es
mi deseo?, ¿qué
quiero, verdaderamente?
Tenemos allí la base de la relación analítica. Y Lacan formalizó de
modo sumamente sencillo, elemental, la célula constitutiva de esta rela-
ción. Es una formalización --que no puedo evitar escribir en el pizarrón-
con relación a esta cuestión de la transferencia. Es una estructura que
encontramos en todos los escritos de Lacan, desde el principio hasta
el final, primero en forma implícita, y luego en la forma estilizada que
la preocupación de su coherencia o de su racionalidad interna, sino también en cuanto a
la vergüenza de su llamado
ad huminem o de su aceptabilidad mundana".
199

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