1) Todos los aparatos ideológicos de Estado, sean cuales fueren, concurren al mismo resultado: la reproducción de
las relaciones de producción, es decir, las relaciones capitalistas de explotación.
2) Cada uno de ellos concurre a ese resultado único de la manera que le es propia.
3) Este concierto está dominado por una partitura única: la de la ideología de la clase actualmente dominante.
4) No obstante, un aparato ideológico de Estado cumple muy bien el rol dominante, es la escuela.
Toma a su cargo a los niños de todas las clases sociales desde el jardín de infantes, y les inculca —durante muchos
años, precisamente aquellos en los que el niño, es más vulnerable— "saberes práctico" tomados de la ideología domi-
nante (el idioma, el cálculo, la historia natural, las ciencias, la literatura) o, más directamente, la ideología dominante
en estado puro (moral, instrucción cívica, filosofía).
Hacia el sexto año, una gran masa de niños cae "en la producción": son los obreros o los pequeños campesinos. Otra
parte de la juventud escolarizable continúa: bien que mal se encamina y termina por cubrir puestos de pequeños y
medianos cuadros, empleados, funcionarios pequeños y medianos, pequeño-burgueses de todo tipo. Una última par-
te llega a la meta, ya sea para caer en la semidesocupación intelectual, ya para proporcionar, además de los "intelec-
tuales del trabajador colectivo", los agentes de la explotación, los agentes de la represión o los profesionales de la
ideología.
Por supuesto, muchas de esas virtudes contrastadas (modestia, resignación, sumisión por una parte, y por otra ci-
nismo, desprecio, altivez, seguridad, grandeza, incluso bien decir y habilidad) se enseñan también en la familia, la
iglesia, el ejército, en los buenos libros, en los filmes, y hasta en los estadios. Pero ningún aparato ideológico de Esta-
do dispone durante tantos años de la audiencia obligatoria (y, por si fuera poco, gratuita...), 5 a 6 días sobre 7 a razón
de 8 horas diarias, con la totalidad de los niños en las formaciones sociales capitalistas.
Las relaciones de producción se reproducen en gran parte precisamente mediante el aprendizaje de saberes práctico
durante la inculcación masiva de la ideología dominante.
Los maestros que, en condiciones espantosas, intentan volver contra la ideología, contra el sistema y contra las prác-
ticas de que son prisioneros, las pocas armas que puedan hallar en la historia y el saber que ellos "enseñan". Pero no
abundan, y muchos (la mayoría) no tienen siquiera la más remota sospecha del "trabajo" que el sistema (que los re-
basa y aplasta) les obliga a realizar y, peor aún, ponen todo su empeño e ingenio para cumplir con la última directiva.
Están tan lejos de imaginárselo que contribuyen con su devoción a mantener y alimentar, esta representación ideoló-
gica de la escuela, que la hace tan "natural" e indispensable.
ACERCA DE LA IDEOLOGÍA
La ideología es el sistema de ideas, de representaciones, que domina el espíritu de un hombre o un grupo social.
La ideología no tiene historia
Una advertencia para exponer la razón de principio que, a mi parecer, si bien no fundamenta, por lo menos autoriza el
proyecto de una teoría de la ideología en general y no de una teoría de las ideologías particulares, que siempre ex-
presan, cualquiera que sea su forma (religiosa, moral, jurídica, política), posiciones de clase.
Evidentemente, será necesario emprender una teoría de las ideologías bajo la doble relación que acaba de señalarse.
Se verá entonces que una teoría de las ideologías se basa en última instancia en la historia de las formaciones socia-
les, por lo tanto de los modos de producción combinados en ésta y de las luchas de clases que en ellas se desarro-
llan.
Resulta claro en ese sentido que no puede tratarse de una teoría e las ideologías en general, pues las ideologías
(definidas bajo la doble relación indicada: particular y de clase) tienen una historia cuya determinación, aunque les
concierne, en última instancia se halla sin duda situada fuera de las ideologías exclusivamente.
En cambio, si puedo presentar el proyecto de una teoría de la ideología en general, y si esta teoría es uno de los
elementos del cual dependen las teorías de las ideologías, esto implica una proposición de apariencia paradójica,
que enunciaré en los siguientes términos: la ideología no tiene historia.
Es sabido que esa fórmula figura con toda sus letras en un pasaje de la Ideología alemana. Marx la enuncia al refe-
rirse a la metafísica que, dice, no tiene más historia que la moral (sobreentendido: y que las otras formas de la ideo-
logía).
En la Ideología alemana esta fórmula aparece en un contexto claramente positivista. La ideología es concebida como
pura ilusión, puro sueño, es decir, nada. Toda su realidad está fuera de sí misma. La ideología es pensada por lo tan-
to como una construcción imaginaria cuyo estatuto teórico del sueño en los autores anteriores a Freud. Para estos
autores, el sueño era el resultado puramente imaginario, es decir nulo, de "residuos diurnos" presentados bajo una
composición y un orden arbitrarios, además a veces "invertidos" y, resumiendo, "en desorden". para ellos el sueño era
lo imaginario vacío y nulo, bricolé arbitrariamente, con los ojos cerrados, con residuos de la única realidad plena y
positiva, la del día. Este es exactamente el estatuto de la filosofía y de la ideología en la Ideología alemana (puesto
que la filosofía es la ideología por excelencia).