comprensión histórica del fenómeno nazi. Es decir, el acento había pasado “de los judíos a
los soviéticos”. Pero mientras que “para Nolte los bolcheviques eran los principales a
gresores”, para Mayer, ellos eran “las principales víctimas”.
Ciertamente, la década pasada desde la unificación ha producido importantes cambios
en la conciencia histórica. Pero éstos no han seguido la dirección que muchos comentad
ores en su momento –yo mismo incluido- predijeron; más bien, esta conciencia histórica
ha llegado a estar dominada como nunca antes por la sombra del Holocausto. Lejo
s de disminuir con el paso del tiempo, los crímenes sin precedentes contra la huma
nidad que el régimen de Hitler perpetró aparecen todavía más grandes, a más de cincuenta año
s de su destrucción, en la manera en que los alemanes ven su propio pasado. Este f
enómeno tiene evidentes conexiones con el cambio generacional, ya que sólo uno de ca
da diez alemanes en la población de hoy tiene alguna posibilidad de verse involucr
ado en los crímenes del Tercer Reich.
Las sensibilidades alemanas fueron recientemente alteradas, no por primera vez,
por algo que las tocaba desde fuera de la esfera cultural alemana: en este caso
fue la publicación en 1996 de un libro escrito por un joven cientista político norte
americano, Daniel Goldhagen, cuya tesis, expresada abruptamente, era que los judío
s fueron asesinados porque el exclusivo antisemitismo del pueblo alemán quería que f
ueran asesinados. Esto equivalía a acusar a toda una nación.
El libro abrió una vez más, y de la manera más deslumbrante, la constante y problemática
relación de los alemanes con su propio pasado, y reavivó de la noche a la mañana un c
andente debate en amplios sectores de la población acerca de la complicidad de los
alemanes comunes en el exterminio de los judíos. Después de una primera lectura lle
gué a la conclusión, luego repetida por el importante historiador alemán Jäckel, de que
se trataba “simplemente de un mal libro”. La mayoría de los historiadores coincidía ampl
iamente en su crítica fundamental: lo veían como un libro con serias fallas. Pero lo
único que se logró fue aumentar el interés por el libro. Su libro ofrecía una respuesta
muy clara a la pregunta de por qué ocurrió el Holocausto. La respuesta del norteame
ricano era directa: el pueblo alemán ha sido único en su compromiso con un “antisemiti
smo eliminatorio” desde principios del siglo XIX en adelante y, una vez que se pre
sentó la oportunidad bajo Hitler, entonces eliminaron a los judíos. Nadie en Alemani
a con cierta sensibilidad respecto del pasado podía ignorar el alegato: la razón por
la que los judíos fueron asesinados fue que los alemanes eran muy diferentes de o
tros pueblos por el hecho de ser una nación de antisemitas ideológicos a la espera d
e una oportunidad de “eliminar” a los judíos; cuando llegó la oportunidad, la aprovechar
on sin vacilaciones. Sean cuales fueren sus deficiencias, este libro plantea imp
ortantes preguntas que, como lo han demostrado las reacciones que provocaron, to
davía necesitan respuestas, y mucho más a los ojos de muchos alemanes más jóvenes.
De todas maneras, la recepción del libro en Alemania demostró, una vez más, cuán lejos e
stamos de cualquier “historización” del nazismo, de tratarlo desapasionadamente como u
n período de la historia como cualquier otro.
Cambiando de tema, y para finalizar, el autor establece algunas líneas generales:
Los debates que encendieron en los años sesenta y setenta sobre la naturaleza del
nazismo, en los que se discutía si fue una forma de fascismo o una manifestación de
totalitarismo, hace ya mucho tiempo que han perdido sus vibraciones. La desapari
ción del sistema soviético sin duda ha sido un factor importante. El interés también hac
e mucho que decayó respecto de la cuestión de la relación entre el régimen nazi y los “gra
ndes intereses”. En esto, también el final de la división Este-Oeste ha desactivado un
área de debate hasta entonces explosiva.
Tal vez el más significativo cambio de perspectiva, comparado con la situación a pri
ncipios o mediados de la década de 1980, es la seriedad con la que la ideología raci
sta nazi es ahora vista como una fuerza clave en la motivación para la acción. Dada
la mezcolanza de fobias y prejuicios que era el nazismo, siempre ha resultado te
ntador considerar que la ideología no era más que una amalgama de ideas al servicio
de la propaganda y la movilización. De alguna manera, eso casi se ha revertido: la
propaganda y la movilización son ahora vistas como puestas al servicio de una ide
ología racial de fundamental importancia para la “radicalización acumulativa” del régimen.
Los años setenta pueden considerarse no sólo como una década en la que algunos de los
debates clave –fascismo o totalitarismo; primacía de la política o de la economía; inten