
FACULTAD DE PSICOLOGÍA UNLP TEORÍA PSICOANALÍTICA AUTOR: JUAN NADIR MOSTAFÁ
Freud antes postulaba que el síntoma era un retorno de lo reprimido. Ahora dice que
el síntoma es un sustituto de lo que fue denegado (o sea, la satisfacción de la pulsión): el
síntoma viene a reemplazar a la satisfacción frustrada. La exigencia de la satisfacción de la
pulsión en algún momento “choca” con el principio de realidad.
Ese principio de realidad significa que la búsqueda de la satisfacción depende de
las condiciones impuestas por el mundo exterior. El aparato psíquico debe representar el
estado real del mundo exterior, y lo que se representa no es más lo agradable, sino lo real,
la realidad misma, incluso aunque sea desagradable.
En la fantasía, se conserva algo que fue frustrado. En un momento, por el principio
de realidad, el sujeto se ve frustrado en la satisfacción de su libido.
El principio de realidad viene del lado de, por ejemplo, la madre del chico y es
“dejate de tocar”. Hay algo que tiene que ser educado, en el sentido de que se “domina” la
exigencia de la satisfacción de la pulsión.
Parece que la pulsión elude el principio de realidad y encuentra su satisfacción en
el síntoma, pero sirviéndose de la fantasía.
LA IMPORTANCIA DE LA FANTASÍA PARA LA FORMACIÓN DEL SÍNTOMA
¿De qué están hechas las fantasías? Si alguien, con las fantasías, se está
defendiendo de la propia práctica sexual infantil, en esa práctica sexual infantil hay
pulsiones. Entonces, la persona se está defendiendo de la exigencia de la pulsión, y la
pulsión exige satisfacción. En determinado momento, los diques le ponen freno a esa
satisfacción.
Freud establece el supuesto de que existen unas fantasías primordiales. La fuente
de estas fantasías está en las pulsiones, y en todos los seres humanos se crean las mismas
fantasías con el mismo contenido. Las fantasías primordiales son:
La observación, por parte del niño, del comercio sexual entre los padres;
La seducción por parte de una persona adulta;
La amenaza de castración.
Las fantasías primordiales son resultado de las primeras impresiones que un bebé
recibe (es besado, es mimado, y todo eso son estímulos que dejan huellas, huellas de las
que el sujeto [en este caso, el bebé] no puede defenderse).
Por eso Freud va a decir en un determinado momento de la exigencia de la pulsión
por alcanzar la satisfacción sexual, la persona tiene que defenderse de esa exigencia (por
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