
Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas | 26 (2010.2)
© EMUI Euro-Mediterranean University Institute | Universidad Complutense de Madrid | ISSN 1578-6730
Publicación asociada a la Revista Nomads. Mediterranean Perspectives | ISSN 1889-7231
el caso de Francia, aunque consideramos que puede hacerse extensivo al
resto de los países europeos.
Este autor señala que ―En todos los casos, abarcando un mayor o menor
número de individuos, la ciudadanía se consideró ante todo como la expresión
de una nación. Una nación de ciudadanos evidentemente, pero una nación
definida por sus especifidades, su idioma, su cultura, su historia y, sobre todo,
por su deseo de ser una nación. En ese sentido, fuera uno ciudadano de
Venecia, Florencia, Francia o Estados Unidos, la ciudadanía se basa en un
vínculo de fidelidad a la nación, y ya no sólo en una fidelidad directa y personal
al soberano como ocurría en la sociedad feudal. Consideradas desde esa
óptica, las democracias han sido nacionales, y los ciudadanos han sido ante
todo patriotas…‖
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En efecto, lo que hoy conocemos como Francia estaba integrada por una gran
diversidad de comunidades muy dispares y con distintos idiomas como los
corsos, los bearneses, los vascos, entre otros, lo que para los sectores
económicos y políticos dominantes de Francia representaba un obstáculo y
requería de unificación. En este caso, fue la escuela la que desempeñó este
papel político:
―…el ejemplo de la escuela republicana francesa resulta ejemplar. Es necesario
que una nación compuesta por provincias, pequeños «países », decenas de
idiomas locales, se convierta en la Francia moderna. La enseñanza se encarga
de esa necesidad imponiendo un único idioma por todo el territorio de la
República, convirtiendo la falta de ortografía en una especie de falta moral. La
escuela republicana enseña la historia y la geografía de la nación. Esa historia
muestra que Francia es una larga gestación en la que participaron todos los
reyes, héroes y hombres ilustres. En la escuela, la historia es ante todo un
relato del que todos los niños deben sentirse herederos. La geografía cumple
idéntico cometido; hay que conocer el territorio y estar dispuesto a defender su
suelo sagrado. Las grandes obras de la cultura son también parte de la
conciencia nacional; todos los niños aprenden de memoria los poemas de
nuestros grandes escritores: La Fontaine, Lamartine, Hugo... Cada uno debe
sentirse parte del panteón cultural nacional.‖
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Ahora bien, esta concepción del ciudadano
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, propugna que estos serían, todos
aquellos individuos que, situados en un determinado Estado nacional, poseen
dentro de este territorio un compendio de derechos individuales entre los que
se destaca el derecho a la igualdad, aunque esta igualdad es la denominada
jurídica y no necesariamente igualdad social y económica. Esta noción se basó,
especialmente, en las ideas de teóricos como Jean Jacques Rousseau que a
través de la teoría del contrato social, sostuvieron que en tanto miembros de un
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(2003) DUBET, François, Op. cit. Pág. 220-221.
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(2003) DUBET, François, Op. cit. Pág. 220-221.
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Esta concepción si bien no fue única ni monolítica alcanzó un buen grado de generalidad.