FACULTAD DE PSICOLOGÍA UNLP TEORÍA PSICOANALÍTICA AUTOR: JUAN NADIR MOSTAFÁ
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SIGMUND FREUD
“TRES ENSAYOS DE TEORÍA SEXUAL” (1905)
La fuerza pulsionante (o sea, la energía necesaria, el empuje), que va de la mano
con el deseo inconsciente en “La interpretación de los sueños” (1900) es el antecedente del
concepto de “pulsión”.
¿Y qué es la pulsión? Primero y principal, es un concepto. La existencia de
necesidades sexuales en el hombre es expresada a través del supuesto de una “pulsión
sexual”. En esto hay una igualdad con la pulsión de nutrición: el hambre. En las pulsiones
sexuales, se usa la palabra “libido”. Es decir, que el hambre (que es el que impulsa o
“empuja” a la pulsión de nutrición) es lo mismo que la libido en las pulsiones sexuales (la
libido es la energía de la pulsión sexual).
La opinión popular dice varias cosas sobre esta pulsión sexual: faltaría en la infancia,
aparecería en la pubertad, y su única meta u objetivo sería la unión sexual, o las acciones
que apuntan en esa dirección de lo sexual. Pero dice Freud que estas opiniones tienen
muchos errores y que no reflejan la realidad.
Va a introducir dos conceptos: el objeto sexual, que es la persona de la que surge
la atracción sexual, y meta sexual, que es hacia donde se fuerza la pulsión para producir
satisfacción, para cancelar la tensión que se produce en la zona erógena.
Dice que existen muchas desviaciones, tanto del objeto como de la meta sexual;
desviaciones de la norma (que es una especie de “ley”, un punto de partida, que establece
lo que se considera como “correcto”, y hay que ajustarse a esa ley).
PERVERSIÓN
Para hablar de la pulsión, Freud se sirve de la perversión. Los médicos que
estudiaron las perversiones prefirieron definirlas como si fueran algo patológico o
degenerativo. Sin embargo, Freud va a decir que la mayoría de esas perversiones son un
ingrediente de la vida sexual que casi nunca falta en las personas sanas.
Hay que aclarar que sólo se puede pensar a la perversión como patológica cuando
tiene un carácter de exclusividad y fijación. Esto quiere decir que es exclusiva de un objeto
determinado y que se fija o “engancha” a ese objeto, sin el cual no habría satisfacción (por
ejemplo, un cinturón de cuero o algún tipo de sombrero que se use durante el acto sexual).
El perverso puede tener síntomas, pero no quiere decir que su perversión sea un síntoma.
El estudio de las perversiones le permitió a Freud formular una teoría: la pulsión
sexual tiene que luchar contra ciertos poderes anímicos como si fueran resistencias (la
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vergüenza, el asco y la moral). Estos poderes ayudaron a mantener la pulsión dentro de los
límites considerados normales. Son los llamados “diques psíquicos”, que en cierto modo, le
ponen un freno a la pulsión, y aparecen a causa de la educación, principalmente.
Ahora se hace un recorrido por la perversión porque luego, cuando se nombran las
características de la sexualidad infantil, Freud va a decir que es perversa polimorfa. Quiere
decir que el niño lleva a cabo un montón de prácticas, que si fueran realizadas por un adulto
se considerarían perversas. En el caso del niño, estas perversiones no deben ser
entendidas como patológicas sino como que no están reprimidas. Esto es porque hay pocas
resistencias debido a que todavía no se han establecido los diques psíquicos contra los
excesos sexuales (vergüenza, asco y moral).
Se dice que es polimorfo porque en el niño no hay una pulsión dominante. A
diferencia de esto, el perverso adulto tiene una pulsión dominante (es fetichista,
masoquista, sádico, etc.).
LA PULSIÓN SEXUAL EN LOS NEURÓTICOS
Para conocer la pulsión sexual, el psicoanálisis brindó un importante método: para
conseguir una información certera acerca de la vida sexual de los llamados
“psiconeuroticos” (por ejemplo, los que sufren de histeria y de neurosis obsesiva) existe un
único camino: una exploración psicoanalítica a través del método “catártico”.
Esas psiconeurosis, como la histeria, dice Freud que se basan en pulsiones
sexuales, y esas pulsiones son su única fuente constante.
Va a postular que los ntomas son la práctica sexual de los enfermos. Hasta ahora,
sabemos que hay una representación inconciliable para el yo, que es sexual (recordemos
los textos anteriores de Freud, en los que dijo que el yo se defiende de lo inconciliable
separando el monto de afecto de la representación). En este caso, hay satisfacción en el
síntoma convertido, porque el monto de afecto lleva satisfacción sexual. Es el afecto
reprimido de la pulsión lo que retorna en el síntoma.
El síntoma es un desvío, es un recurso, ¿por qué? Está la pulsión que fuerza la
satisfacción, y los diques psíquicos (vergüenza, asco y moral) que reprimen el afecto de la
pulsión. Eso produce un conflicto. Por eso la enfermedad es un recurso, un intento de
escapar a ese conflicto de fuerzas mudando las aspiraciones libidinosas (o sea, la energía
sexual de la pulsión) en síntomas. En el síntoma hay satisfacción sexual, porque la pulsión
se satisface en el síntoma.
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Entonces, por todo esto es que Freud dice que los síntomas son la práctica sexual
de los enfermos.
PULSIONES PARCIALES Y ZONAS ERÓGENAS
Freud va a proponer una definición del concepto de “pulsión”, y va a decir que es la
representación psíquica de una fuente endosomática (o sea, dentro del organismo) de
estimulaciones que fluye de manera continua. Es decir, que está en la frontera entre lo
anímico y lo somático, ya que no es algo exclusivamente psíquico, ni puramente corporal.
Lo que distingue a las pulsiones unas de otras es su relación con las distintas fuentes
somáticas (del cuerpo) y con sus metas. La fuente de la pulsión (o sea, de dónde viene) es
un proceso de excitación en el interior de un órgano, o como Freud lo llama, zona erógena,
y la meta o el objetivo de la pulsión es el de cancelar esa excitación o estímulo en la zona
erógena.
Cuando Freud habla de “pulsiones parciales” se refiere a que la pulsión sexual
(obviamente, en la infancia) no se encuentra unificada desde un principio, sino fragmentada
o dividida en pulsiones parciales, que se satisfacen localmente (placer de órgano). Las
pulsiones parciales funcionan al principio independientemente y tienden a unirse más
adelante.
La acción de las pulsiones parciales en el niño puede verse en las actividades
sexuales parciales (“perversa polimorfa”), y en el adulto en forma de placeres llevados a
cabo antes del acto sexual y en las perversiones.
Freud dice que la sexualidad no encuentra su organización hasta el momento de la
pubertad, lo cual tiene como consecuencia que la actividad sexual infantil se caracterice por
el funcionamiento desorganizado de las pulsiones parciales.
Cada pulsión parcial busca la satisfacción en el propio cuerpo. Las distintas
pulsiones parciales tienden, en un principio, a la satisfacción independientemente unas de
otras, pero en el curso del desarrollo se agrupan y se centran cada vez más. Estas pulsiones
parciales deben atravesar un proceso de desarrollo para subordinarse a las metas de la
reproducción.
Un ejemplo de pulsión parcial es la oral. La satisfacción no se limita sólo a la función
de los genitales y la boca sirve tanto para comer como para “chupetear.
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LA SEXUALIDAD INFANTIL
Dice Freud que hay un descuido de lo infantil. Es la opinión popular de que la pulsión
sexual falta en la infancia y sólo despierta en la pubertad. ¿Por q hay un descuido o “falta
de atención” a la sexualidad infantil? Freud la piensa a causa de un fenómeno psíquico, la
amnesia, que en la mayoría de las personas cubre los primeros años de su infancia.
En esos años, reaccionábamos con vivacidad y euforia a las impresiones,
sentimientos y emociones. Y una vez adultos, no sabemos nada por nosotros mismos de lo
que pasó.
Esas impresiones que hemos olvidado dejaron huellas profundas en nuestra vida
anímica. No se trata de una desaparición real de las impresiones infantiles, sino de una
amnesia, de un olvido, que consiste en un apartamiento de la conciencia (represión).
Entonces, la amnesia infantil convierte la infancia de cada persona en un tiempo
prehistórico, y le oculta los comienzos de su propia vida sexual. Y por este motivo hay un
descuido de la sexualidad infantil, no se le dio valor al periodo infantil en el desarrollo de la
vida sexual.
Freud ubica la pulsión sexual en la infancia, apartándose de la opinión popular (de
hecho, el modelo o paradigma fundamental de la sexualidad infantil es el chupeteo, del que
se sirve para dar cuenta de las características fundamentales de la sexualidad infantil).
Propone una etapa de la sexualidad, a la cual va a llamar “periodo de latencia”, que
se ubica entre la declinación (desaparición) de la sexualidad infantil (quinto o sexto año) y
el comienzo de la pubertad, y que representa una etapa de detención en la evolución de la
sexualidad.
Durante este periodo de latencia se ve una disminución de las actividades sexuales,
la desexualización (falta sexual) de los sentimientos (especialmente el predominio de la
ternura sobre los deseos sexuales) y la aparición fundamental de los ya nombrados “diques
psíquicos” (vergüenza, asco y moral) que le van a poner freno a la pulsión.
En este periodo, la energía de las pulsiones sexuales infantiles es desviada de sus
metas hacia otros fines, nuevas metas. Es cuando se encuentra la pulsión desviada de la
meta. Por ejemplo, hoy en día los chicos van a futbol, a tenis, a natación, etc., y es en esas
actividades y otras varias en las que se desvía o “divide” la satisfacción sexual.
Los diques psíquicos hacen posible el desvío o la trasmudación de la pulsión. El
principal mecanismo que sirve para pensar el desvío de la pulsión, y que Freud nombra, es
el de la sublimación, ubicado en este periodo de latencia. La sublimación es uno de los
mecanismos de defensa de la pulsión, y lo que pasa es que “lo sexual” no se puede aplicar,
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porque las funciones de reproducción no están desarrolladas. Si estuvieran desarrolladas,
solo provocarían sensaciones de displacer, por eso se forman los diques psíquicos para la
eficaz sofocación de ese displacer.
La ruptura del periodo de latencia se produce en la pubertad, cuando ocurre el
estallido de la pulsión sexual.
Entonces, después de todo lo dicho, se podría hablar de un proceso de la sexualidad
compuesto por varias etapas:
1. Primero, hace su aparición la sexualidad infantil (compuesta de pulsiones parciales);
2. En segundo lugar, tiene lugar la amnesia ya mencionada;
3. En tercer lugar, sobreviene el “periodo de latencia”;
4. Finalmente, se despierta nuevamente la sexualidad con la entrada a la pubertad.
EL CHUPETEO COMO MODELO DE LA SEXUALIDAD INFANTIL
Freud va a tomar como modelo de la sexualidad infantil al chupeteo. Es un contacto
de succión con la boca (los labios), repetido rítmicamente, y no tiene como objetivo la
nutrición. La acción de mamar atrapa del todo la atención y lleva al adormecimiento o
incluso a una reacción parecida a un orgasmo.
En la crianza del niño, el chupeteo es comparado muy seguido con otras “malas
costumbres” sexuales del chico.
Como ya dije, el paradigma de la sexualidad infantil es el chupeteo, porque lo
fundamental es que la satisfacción está en lo repetido rítmicamente. El punto fundamental
es la repetición; hay algo que está divorciado de la necesidad de alimento y hay algo de
esa repetición rítmica que produce una satisfacción sexual, que no tiene que ver con la
satisfacción que produce el alimento.
AUTOEROTISMO Y PRIMER DUALISMO PULSIONAL
En la infancia, la pulsión no está dirigida a otra persona, sino que se satisface en el
propio cuerpo. Se dice que es autoerótica.
La acción del niño chupeteador se basa en la búsqueda de una satisfacción que ya
fue vivida y que ahora es recordada. Un buen ejemplo es la satisfacción que el niño obtiene
“chupando” de forma rítmica una parte de la piel. Su primera actividad, el mamar de la teta
de la madre, hizo que los labios del niño se comportaran como una zona erógena.
Al principio, la satisfacción de la zona erógena (o sea, de los labios) se asoció con
la satisfacción de la necesidad de alimentarse. La sexualidad se apoya primero en una de
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las funciones que sirven para la conservación de la vida, y sólo más tarde se independiza
de esa función. Entonces, la necesidad de repetir la satisfacción sexual se divorcia de la
necesidad de alimentarse, y es acá cuando Freud distingue entre dos ejes: uno tiene que
ver con la satisfacción sexual y otro referido más a la autoconservación, ya que la
alimentación es necesaria para la conservación de la vida.
Por lo anterior dicho, es cuando Freud remarca la separación fundamental entre
pulsiones sexuales y pulsiones de autoconservación (primer dualismo pulsional).
Entonces, en el chupeteo se pueden ver las principales características de la
sexualidad infantil, que son:
Es autoerótica; o sea, la satisfacción está en el propio cuerpo;
Se encuentra bajo el dominio de una zona erógena;
Nace apuntalándose (es decir, apoyándose) en las necesidades corporales importantes
para la vida (como el hambre).
LA META SEXUAL INFANTIL
La meta o el objetivo de la pulsión sexual infantil es producir satisfacción a través de
la estimulación de la zona erógena que, de alguna u otra manera, el niño ha elegido. Para
que se cree una necesidad de repetirla, esta satisfacción tiene que haberse vivido antes.
La necesidad de repetir la satisfacción puede entenderse por dos cosas: la
existencia de un displacer, y una sensación de estímulo que se da en la zona erógena
periférica (o sea, la zona que el niño eligió). Por eso, dice Freud, la meta sexual puede
formularse de esta manera: buscaría reemplazar la sensación de estímulo que se da, que
se siente en la zona erógena, por el chupeteo que provoca la satisfacción.
LAS EXTERIORIZACIONES SEXUALES MASTURBATORIAS
Acá Freud va a señalar las distintas maneras que el niño tiene de obtener
satisfacción. En el caso de los labios, va a ser el chupeteo.
La zona anal tiene un parecido con los labios, y es que sirve de apoyo a la sexualidad
en otras funciones corporales. El valor erógeno de este sector es muy grande.
Los niños que aprovechan la zona anal para una estimulación erógena retienen o
“aguantan la caca”, hasta que su acumulación provoca fuertes contracciones musculares y,
al pasar las heces por el ano, pueden dar un poderoso estimulo sobre la mucosa.
Entonces, el niño puede obtener satisfacción al defecar.
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FASES DE DESARROLLO DE LA ORGANIZACIÓN SEXUAL
Hasta ahora, Freud nombró las características de la sexualidad infantil: es
autoerótica (la satisfacción está en el propio cuerpo) y las pulsiones parciales infantiles
buscan conseguir placer cada una por su cuenta, desconectadas entre sí.
El punto de llegada del desarrollo sexual es la vida sexual del adulto llamada normal;
en ella, la búsqueda de la satisfacción esal servicio de la función de reproducción, y las
pulsiones parciales se encuentran bajo el primado de una única zona erógena (o sea, los
genitales), y formaron una organización sólida para lograr la meta sexual en un objeto ajeno
(la reproducción entre el hombre y la mujer).
1. Organizaciones pregenitales: Según Freud, en estas organizaciones de la vida sexual
las zonas genitales todavía no alcanzaron su papel fundamental. Una primera
organización pregenital es la oral, donde la actividad sexual no se ha separado todavía
de la nutrición. Sólo más tarde, el chupeteo queda como resto de esta fase, y la actividad
sexual, separada de la alimentación, cambió el objeto ajeno (la teta) por uno situado en
el propio cuerpo (autoerotismo);
2. Una segunda fase pregenital es la organización sádico-anal. Acá se puede ver la
división en opuestos propia de la vida sexual, aunque todavía no se puede hablar de
masculino-femenino, el niño todavía no los distingue como tal, sino que Freud dice que
es mejor hablar de activo-pasivo. Sólo más tarde se hablará de un masculino, pero no
un femenino (complejo de castración), y recién al final de la evolución sexual, en la
pubertad, coinciden los opuestos masculino-femenino. Lo masculino va a comprender
al sujeto, la actividad y la posesión del pene. Lo femenino va a integrar el objeto y la
pasividad. La vagina es entonces reconocida como albergue del pene.
LA ELECCIÓN DE OBJETO, LOS DOS TIEMPOS.
En la infancia, dice Freud, hay una elección de objeto (o sea, elegir a una persona
o un tipo de persona como objeto de amor. Hay una elección de objeto infantil y una elección
de objeto en la pubertad; la primera [en la infancia] marca el camino para la segunda [en la
pubertad]. La elección de objeto se usa para hablar de la elección de una persona
determinada (ejemplo: «su elección de objeto recae sobre su padre»), o de la elección de
cierto tipo de objeto (ejemplo: «elección de objeto homosexual»)).
Entonces, la elección de objeto se realiza en dos tiempos:
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1. La primera se inicia entre los dos y los cinco años, y el período de latencia la detiene
o la hace retroceder;
2. La segunda aparece en la pubertad y determina cómo va a quedar conformada
definitivamente la vida sexual.
FUENTES DE LA SEXUALIDAD INFANTIL
Hasta ahora, Freud encontró que la excitación sexual nace de dos maneras:
1. A través de la repetición de una satisfacción ya vivenciada;
2. Por una estimulación periférica (en las afueras) de zonas erógenas.
Él va a proponer otras fuentes de excitación sexual en la infancia:
Excitaciones mecánicas: Incluye los sacudimientos mecánicos del cuerpo, de forma
rítmica. Por ejemplo, estas excitaciones se pueden ver en el gran gusto que sienten
los niños en los juegos de movimiento pasivo, como ser hamacados y arrojados por
el aire, y piden sin parar que se repita, que los hamaquen de nuevo. Hay personas,
según cuenta Freud, que recuerdan haber sentido la presión del aire sobre sus
genitales al hamacarse como una satisfacción sexual;
Actividad muscular: Muchas personas dicen haber vivido una excitación en sus
genitales mientras participaban de juegos violentos con sus compañeros de juego,
donde había un gran contacto con la piel del oponente;
Procesos afectivos: Los procesos afectivos más intensos influyen sobre la
sexualidad. Por ejemplo, en el niño escolar, la angustia frente a un examen puede
tener gran importancia, no sólo para su relación con la escuela, sino también para
el estallido de manifestaciones sexuales. En estas circunstancias, es frecuente que
tenga lugar un sentimiento estimulador que necesita el contacto con los genitales
(como si fuera una masturbación);
Trabajo intelectual: Por último, el esfuerzo mental tiene consecuencias en muchas
personas, tanto jóvenes como adultos, y trae una excitación sexual.
Finalmente, Freud dice que las pulsiones parciales de la sexualidad pueden surgir
de estas fuentes nombradas, o pueden componerse de aportes de estas fuentes de
excitación y de aportes de las zonas erógenas (como si fuera una combinación).
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3 - El esclarecimiento sexual en el nino.pdf
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