de buscar abrir una cuña entre Perón y los trabajadores. En enero de 1947 Gay presento la
renuncia, desde entonces la CGT se transformó en un agente de las directivas oficiales en el
movimiento obrero. Además del Partido Peronista y la CGT, otro pilar del régimen eran las
Fuerzas Armadas. La brecha entre los militares y la oposición democrática en 1945 había
permitido a Perón lanzarse a la conquista de la presidencia.
Luego de ser elegido por el voto popular procuro presentarse como un hombre de armas con
el fin de atraerse la solidaridad de la corporación militar. Perón se fijó como objetivo la
neutralidad del cuerpo de oficiales y para conseguirlo apelo a la satisfacción de sus
demandas profesionales, aumentaron los cargos, lo que se tradujo en una duplicación de la
cantidad de generales entre 1946 y 1951. Estos fueron los años de la expansión y
modernización de las Fuerzas Armadas, que llevo a la Argentina al primer lugar en el ranking
de los gastos en defensa de América Latina.
El nacionalismo, la industrialización y el anticomunismo coincidían con creencias arraigadas
en el cuerpo de oficiales. Las Fuerzas Armadas se insertaron en el régimen peronista. La
Iglesia contribuyo al afianzamiento del nuevo régimen.
Con el respaldo de las Fuerzas Armadas y la Iglesia el nuevo orden tenía un futuro seguro, no
obstante Perón se propuso reforzar el régimen mediante mecanismos de control burocráticos
y represivos. La primera víctima fue la Corte Suprema que había resistido las reformas
laborales de Perón. En septiembre de 1946, el Congreso inicio juicio político a sus miembros,
llegando a incluir entre las acusaciones como legítimos a los gobiernos de facto surgidos de los
golpes militares de 1930 y 1943. Ocho meses más tarde fueron destituidos.
En 1947 los periódicos de la oposición fueron clausurados y comenzó la compra del sistema de
radio-difusión nacional por grupos económicos ligados al régimen. Quienes sobrevivieron con
cierta independencia se ocuparon de no desafiar el tono uniforme y proselitista utilizado por la
Secretaria de Prensa y Difusión para celebrar las políticas de régimen peronista. La oposición
política quedo limitada a las tribunas parlamentarias, en ellas el margen de los votos que dio la
victoria a la coalición peronista se transformó en una mayoría gubernamental. La aplicación de
la Ley Sáenz Peña otorgo a los peronistas un amplio dominio en la Cámara baja. Garantizada su
legitimidad, el nuevo gobierno busco una reaproximación a los Estados Unidos, a pocas
semanas de asumir, Perón envió al Parlamento las Actas de Chapultepec para ser ratificadas y
oficializar el reingreso de la Argentina a la comunidad interamericana.
Con el envió de las actas de Chapultepec al Congreso, Perón procuro dar una señal de su
disposición al acuerdo. A esto le siguió la deportación de un numero de espías nazis y la
adquisición por el Estado de empresas de propiedad alemana y japonesa. En junio de 1947 el
presidente Truman anuncio su satisfacción con la conducta de la Argentina. En ella, el canciller
de Perón suscribió el tratado de seguridad hemisférica y el premio fue el levantamiento del
embargo de armas impuesto por Estados Unidos en los años previos.
Estas iniciativas de Perón coexistieron con la proclamación de la Tercera Posición en el plano
de la política internacional. En sus formulaciones esta se condensaba en una doble demanda:
el respeto por la autodeterminación de los Estados nacionales y la aspiración a un orden
económico mundial más equitativo.
Al final de la guerra, la Argentina se encontró libre de deuda externa, una gran demanda y
altos precios para sus exportaciones de alimentos y una industria en crecimiento.