Primera presidencia de peron:
Las elecciones generales fueron convocadas para el 24 de febrero de 1946. Perón participo
como candidato del oficialismo, había ejercido su capacidad de veto contra las pretensiones
inaceptables de la oposición democrática.
La imprudente seguridad con la que la resistencia democrática prometía duros castigos a los
responsables del experimento fascista cohesiono en un reflejo defensivo a los miembros de la
corporación castrense. Razones parecidas condujeron a Perón a ser el candidato de la iglesia,
lanzada la confrontación electoral las fuerzas de la oposición no ocultaron su intención de
poner fin a la orientación clerical del régimen militar.
En la busca de una salida a la transición democrática menos contaminada por el conflicto
social, las autoridades de la Iglesia dirigieron su atención a los partidos políticos solo para
comprobar que en sus filas prevalecía un espíritu de revancha contra la Revolución de Junio
como contra las conquistas que esta garantizara al mundo católico.
Frente a la proximidad de las elecciones Perón y quienes lo apoyaban debieron organizar en
breve plazo su coalición electoral, los dirigentes sindicales tomaron la iniciativa y crearon un
partido político propio, el Partido Laborista, el otro componente de la coalición fue la UCR-
Junta Renovadora. Desde un principio la convivencia entre ambas agrupaciones se
desenvolvió con dificultades, por la resistencia de los laboristas, que acusaban a los disidentes
del radicalismo de ser el caballo de Troya de la vieja política dentro del nuevo movimiento
popular.
Las fuerzas de la oposición se nuclearon nuevamente bajo el estandarte de la Unión
Democrática. A la UCR, El Partido Socialista y el Partido Demócrata Progresista se agrega el
Partido Comunista. Los partidos aliados se comprometieron a votar la fórmula presidencial del
radicalismo.
Este programa de gobierno ocupo un lugar secundario en su campaña electoral. Su propio
candidato a la presidencia subrayo que el momento de decidir el futuro social y económico del
país llegaría una vez superados los peligros que se cernían sobre las libertades públicas,
alertando sobre este peligro, corporizado en el triunfo de Perón, los partidos opositores
salieron al encuentro del electorado. Esta perspectiva tuvo un primer efecto en la polémica
que se desato en sus filas a propósito de la incorporación de los conservadores en la Unión
Democrática.
El veto radical provoco la división de las filas conservadoras. De un lado estuvieron los
dirigentes que decidieron apoyar a la coalición opositora, del otro aquellos que eligieron
sumarse a los partidarios de Perón.
Dos incidentes marcaron la batalla electoral. El primero fue el decreto firmado en diciembre
por el presidente Farrell que establecía un aumento general de salarios, la extensión de las
vacaciones pagas a la mayoría de los trabajadores, el aumento de las indemnizaciones por
despido, además, creaba el sueldo anual complementario o aguinaldo, con la indicación de
que empezaba a regir inmediatamente y debía abonarse a fines del corriente año.
La respuesta obrera no se hizo esperar: el 8 de enero las grandes tiendas de la capital fueron
ocupadas por sus empleados. La situación se agravo cuando los empresarios decidieron el
cierre de sus establecimientos el 13,14 y 15 de enero. La irritación de los partidos de la Unión
Democrática ante el golpe electoralista del gobierno hizo que también ellos cuestionaran las
medidas mismas, Perón supo sacar las consecuencias y redefinió los términos del conflicto
político.
El otro incidente fue la intervención intempestiva del ex embajador norteamericano en
Buenos Aires en la campaña electoral.
El 24 de febrero la coalición peronista se impuso por 1.486.866 votos contra 1.288.880 de la
Unión Democrática. A fines de marzo, con la difusión de los cómputos finales, la derrota de la
Unión Democrática era definitiva, el triunfo de Perón no fue abrumador.
Los distintos partidos de la oposición concurrieron en forma independiente y, en algunos
distritos, radicales y conservadores libraron una batalla paralela, cuya virulencia eclipso la
disputa con Perón.
El mapa electoral que emergió de los comicios tendió a reflejar las principales fracturas de la
sociedad. El electorado obrero se volcó en masa en favor de Perón mientras que la oposición
recogió sus votos en las clases medias y altas.
Los socialistas no lograron elegir un solo legislador cuando estaban seguros de obtener la
mayoría en la Capital Federal, en el extremo norte del país, en el enclave obrero de los
ingenios azucareros de Tucumán, la federación socialista local deserto en masa hacia el Partido
Laborista.
El 24 de febrero la coalición oficialista resolvió su objetivo: asegurarse el control del poder
por medios constitucionales. Restaba definir el perfil del nuevo régimen político. En un
aspecto crucial, este estaba definido de antemano. La intervención de Perón en la formación
de la alianza electoral le garantizaba un papel igualmente prominente en el futuro gobierno.
Otra cuestión era la participación institucional. La coalición peronista estuvo casi al borde de
la desintegración. En el centro del conflicto estaban los dirigentes sindicales del Partido
Laborista y los políticos agrupados en la UCR- Junta Renovadora.
Pocos días antes de asumir la presidencia, Perón ordeno la disolución de los partidos de la
alianza electoral y llamo a la creación de un nuevo partido invocando la necesidad de tener
un movimiento cohesionado para gobernar con eficacia y unidad.
En enero de 1947 los organizadores del nuevo partido se dirigieron a Perón para que aprobara
llamarlo Partido Peronista sancionaron otro y más decisivo rasgo de la estructura política del
movimiento. El personalismo fue una consecuencia de la trayectoria de ese conglomerado
político. En estas condiciones Perón llego a ocupar la posición de conductor político y de
enunciador de las iniciativas e ideas del movimiento que se reconocía en su nombre.
Las elecciones internas de septiembre de 1947 fueron escenario de enfrentamientos entre los
sectores de origen laborista y los de origen político, con episodios de fraude.
Una vez doblegadas las resistencias al reagrupamiento político de sus fuerzas adictas, Perón
apunto hacia la CGT. En noviembre de 1946 Luis Gay fue electo secretario general de la
central obrera, Gay pretendió seguir una línea de colaboración con el gobierno, pero desde
una posición de independencia. La prensa oficial monto una campaña contra Gay acusándolo
de buscar abrir una cuña entre Perón y los trabajadores. En enero de 1947 Gay presento la
renuncia, desde entonces la CGT se transformó en un agente de las directivas oficiales en el
movimiento obrero. Además del Partido Peronista y la CGT, otro pilar del régimen eran las
Fuerzas Armadas. La brecha entre los militares y la oposición democrática en 1945 había
permitido a Perón lanzarse a la conquista de la presidencia.
Luego de ser elegido por el voto popular procuro presentarse como un hombre de armas con
el fin de atraerse la solidaridad de la corporación militar. Perón se fijó como objetivo la
neutralidad del cuerpo de oficiales y para conseguirlo apelo a la satisfacción de sus
demandas profesionales, aumentaron los cargos, lo que se tradujo en una duplicación de la
cantidad de generales entre 1946 y 1951. Estos fueron los años de la expansión y
modernización de las Fuerzas Armadas, que llevo a la Argentina al primer lugar en el ranking
de los gastos en defensa de América Latina.
El nacionalismo, la industrialización y el anticomunismo coincidían con creencias arraigadas
en el cuerpo de oficiales. Las Fuerzas Armadas se insertaron en el régimen peronista. La
Iglesia contribuyo al afianzamiento del nuevo régimen.
Con el respaldo de las Fuerzas Armadas y la Iglesia el nuevo orden tenía un futuro seguro, no
obstante Perón se propuso reforzar el régimen mediante mecanismos de control burocráticos
y represivos. La primera víctima fue la Corte Suprema que había resistido las reformas
laborales de Perón. En septiembre de 1946, el Congreso inicio juicio político a sus miembros,
llegando a incluir entre las acusaciones como legítimos a los gobiernos de facto surgidos de los
golpes militares de 1930 y 1943. Ocho meses más tarde fueron destituidos.
En 1947 los periódicos de la oposición fueron clausurados y comenzó la compra del sistema de
radio-difusión nacional por grupos económicos ligados al régimen. Quienes sobrevivieron con
cierta independencia se ocuparon de no desafiar el tono uniforme y proselitista utilizado por la
Secretaria de Prensa y Difusión para celebrar las políticas de régimen peronista. La oposición
política quedo limitada a las tribunas parlamentarias, en ellas el margen de los votos que dio la
victoria a la coalición peronista se transformó en una mayoría gubernamental. La aplicación de
la Ley Sáenz Peña otorgo a los peronistas un amplio dominio en la Cámara baja. Garantizada su
legitimidad, el nuevo gobierno busco una reaproximación a los Estados Unidos, a pocas
semanas de asumir, Perón envió al Parlamento las Actas de Chapultepec para ser ratificadas y
oficializar el reingreso de la Argentina a la comunidad interamericana.
Con el envió de las actas de Chapultepec al Congreso, Perón procuro dar una señal de su
disposición al acuerdo. A esto le siguió la deportación de un numero de espías nazis y la
adquisición por el Estado de empresas de propiedad alemana y japonesa. En junio de 1947 el
presidente Truman anuncio su satisfacción con la conducta de la Argentina. En ella, el canciller
de Perón suscribió el tratado de seguridad hemisférica y el premio fue el levantamiento del
embargo de armas impuesto por Estados Unidos en los años previos.
Estas iniciativas de Perón coexistieron con la proclamación de la Tercera Posición en el plano
de la política internacional. En sus formulaciones esta se condensaba en una doble demanda:
el respeto por la autodeterminación de los Estados nacionales y la aspiración a un orden
económico mundial más equitativo.
Al final de la guerra, la Argentina se encontró libre de deuda externa, una gran demanda y
altos precios para sus exportaciones de alimentos y una industria en crecimiento.
El papel protagónico del sector público en la acumulación de capital y el creciente énfasis en el
mercado interno constituyeron el correlato regional al keynesianismo en boga en los países
centrales de occidente. Los apoyos sociales de Perón condicionaron sus opciones en materia
económica. Entre el proyecto industrialista para la defensa nacional y la continuidad de la
industrialización liviana, Perón escogió esta última alternativa, que era más congruente con
una distribución progresiva del ingreso. Fue revelador que el programa siderúrgico del general
Manuel Savio terminara siendo postergado y que se confiara a Miguel Miranda, un industrial
de reciente fortuna, el timón de la economía, al frente del Banco Central nacionalizo y del
Instituto Argentino para Promoción del Intercambio (IAPI). La opción hecha en favor de la
industria existente se completó con otra, asegurarle un sostenido nivel de actividad vía la
expansión de la demanda interna. El instrumento escogido para ello fue el aumento de los
salarios nominales.
La política económica del peronismo fue posible gracias a la combinación de un conjunto de
circunstancias favorables. Las reservas de fondos externos acumulados durante la guerra
permitieron afrontar la nacionalización de los ferrocarriles, teléfonos, gas, marina mercante y
aerolíneas comerciales. Después de casi dos décadas de crisis comercial, la abrupta mejoría en
los precios de las exportaciones agrícolas en 1945 facilito el financiamiento en divisas de la
economía peronista. La creación del IAPI proveyó al gobierno de un acceso indirecto a esa
fuente de recursos. Compraba los granos a los productores locales y vendía en los mercados
internacionales a un precio más alto. Los recursos movilizados por el IAPI fueron conformando
la imagen bastante veraz de un Estado rico y generoso. Así, la evolución del mercado
internacional de posguerra, los acrecidos ingresos fiscales y la masificación del ahorro
institucionalizado fueron las condiciones de posibilidad de la economía peronista.
Este esquema basado en el poder de compra del Estado y en los salarios altos y que, por estar
orientado hacia el mercado interno, pudo desentenderse de sus inevitables costos en términos
de eficiencia y competitividad, apenas duro tres años. Estos años fueron los que marcaron el
perfil duradero de la década peronista, porque en ellos dio comienzo una nueva edición de la
experiencia colectiva de movilidad social.
Un rasgo de los años peronistas fue el fuerte crecimiento de los asalariados de cuello y corbata
impulsado por la expansión de la administración pública y las burocracias de las empresas
privadas. Esta fue una oportunidad de movilidad para hijos de familias obreras a los que sus
padres habían conseguido mandar a la escuela.
La inserción de las fuerzas económicas en el escenario político resultante de los comicios de
1946 mostro al principio un singular contraste. Peron facilito las cosas designando a uno de
ellos al frente del Ministerio de Agricultura y Ganaderia, les hizo saber que las promesas de
una reforma agraria hechas durante la campaña electoral serian archivadas.
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