ETICA Y UNIVERSIDAD.
Are Pons, J.
El doble contexto axiológico: epistemológico y ético en que se inscribe la Universidad, es el
que rescata su plena vigencia en el mundo contemporáneo como ámbito destinado a
reflexionar a propósito del conocimiento y a desarrollar toda su gestión –creativa y docente-
en el marco de esa reflexión.
Los aspectos éticos sin duda siempre han estado presentes en la dinámica universitaria,
pero sobre todo referidos al destino y la conducta de sus egresados, desde una perspectiva
fundamentalmente deontológica, que calificaríamos como marginal en el marco de una
reflexión y una discusión profundas sobre los fines últimos de la Universidad.
En el mundo de hoy, los requisitos éticos exigibles al docente y al investigador, en tanto que
protagonistas principales de la actividad académica, constituyen un tema de capital
importancia: si la idoneidad técnica es condición sine qua non, y la capacitación didáctico-
pedagógica cada día adquiere un mayor reconocimiento, la honestidad intelectual, el juicio
crítico –epistemológico y ético- no pueden quedar relegados. Es imprescindible una
comprensión profunda “política “y ética, de la naturaleza y los fines de la institución y del
contexto histórico, sociopolítico y económico en que ella está inserta. Y una clara
conciencia de la unicidad del conocimiento, y de la condición polignoseológica –valga el
neologismo- de la institución universitaria, que no contradice su irrenunciable carácter
unitario. En universidades como la nuestra, donde esa unidad académica es más un
supuesto que una realidad tangible, es necesario erosionar los conceptos feudales que aún
subsisten, contribuyendo a que en el docente y en el estudiante predomine un sentimiento
de pertenencia a la institución, más bien que a una cátedra, departamento o instituto. La
idea de unidad académica presupone un modelo de Universidad compartido por todos los
actores universitarios, sobre la base de una profunda identificación con el papel social que
justifica su existencia.
Los grandes cuestionamientos éticos de la era actual, tienen que ver más con el
conocimiento en sí mismo, con la elección de los temas de investigación y con la
repercusión de sus resultados a nivel institucional y social, que con el juicio de las conductas
individuales en el campo profesional –aunque no por ello éste haya perdido vigencia.
La creciente importancia filosófica, ética, económica y política del conocimiento –
indisolublemente ligado al poder- está mostrando la necesidad de que los aspectos sociales
y humanísticos estén cada vez más integrados a la formación de los científicos y
profesionales de todas las disciplinas, particularmente en el campo de las ciencias duras y
las tecnologías, donde el déficit es más notorio.
La mayoría de nuestros docentes ¿se detuvieron alguna vez a reflexionar sobre la
naturaleza, la responsabilidad y el papel social de la institución universitaria? Observando
muchos ejemplos –actuales-, nos surgen muchas dudas al respecto.
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