Psicología desde el Caribe
ISSN: 0123-417X
Universidad del Norte
Colombia
Emiro Restrepo, Jorge
La mente desencarnada: consideraciones históricas y filosóficas sobre la psicología cognitiva
Psicología desde el Caribe, núm. 24, agosto-diciembre, 2009, pp. 59-90
Universidad del Norte
Barranquilla, Colombia
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La mente desencarnada:
consideraciones históricas y fiLosóficas
sobre La psicoLogía cognitiva
Jorge Emiro Restrepo*
Resumen
Se plantea el origen de la psicología cognitiva como una reacción ante
la infecundidad de los paradigmas y escuelas psicológicas de mediados
del siglo XX. Se realiza un estudio histórico de los factores que
contribuyeron al desarrollo y consolidación del cuerpo epistemológico
del paradigma cognitivo: la Teoría de la Información, la Cibernética
y la Psicolingüística. Para cada uno de estos factores se desarrolla un
análisis de las contribuciones teóricas, conceptuales y losócas que
nutrieron a la psicología cognitiva. Se estudian reexivamente los
presupuestos ontológicos y conceptuales que subyacen a cada factor
y se resalta la manera como éstos ingresan y toman lugar dentro del
armazón epistemológico de la psicoloa cognitiva. Se plantea la
discusión respecto a un retorno al paradigma cognitivo y no, como se
*Psicólogo, Universidad Cooperativa de Colombia. Filósofo, Universidad Nacional
Abier ta y a Distancia. Estudiante de Biología, Universidad de Antioquia. Profesor, Fa
cul tad de Psicología, Universidad Cooperativa de ColombiaMedellín. jemiror@une.net.co
Correspondencia: Calle 50A N° 4127, Medellín (Colombia).
psicología desde el caribe
issn 0123-417X
N° 24, agosto-diciembre 2009
Fecha de recepción: 24 de abril de 2009
Fecha de aceptación: 6 de mayo de 2009
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Jorge emiro restrepo
piensa, un origen de éste. Se analiza la losofía de la mente implícita en
el paradigma cognitivo y se señalan y discuten algunas implicaciones. Por
último, se dis cute la pretendida autonomía de la explicación cognitiva y la
validez epis temológica de ésta.
Historia, losofía, psicología cognitiva, mente, ordenador.
Abstract
The text outlines the origin of the cognitive psychology as a reaction because
of the infecundity of the paradigms and psychological schools of halflled
of the XX century. An historical study of the factors that contributed to
the development and consolidation of the epistemological frame of the
cognitive paradigm is carried out: the Theory of the Information, The
Cybernetics and the Psicolinguistic. For each one of these factors, an
analysis of the theoretical, conceptual and philosophical contributions
that nurtured cognitive psychology is developed,. The ontological and
conceptual budgets that underlie each factor and the way is stood out like
these enter and they take place inside the epistemological frame of the
cognitive psychology are reexively studied. The discussion regarding a
return to the cognitive paradigm and not, like one thinks, an origin of this
is discussed. The implicit philosophy of mind in the cognitive paradigm
is analyzed and they are pointed out and it discusses some implications.
Lastly, it is discussed the sought autonomy of the cognitive explanation
and the epistemological validity of this.
: History, philosophy, cognitive psychology, mind, computer.

L
a psicología cognitiva ha sido uno de los mayores logros en la corta
historia de la psicología, pese a su largo pasado. El fracaso del con
ductismo (Yela, 1980), considerado por algunos, de forma extrema, como
una “anomalía histórica(Rivière, 1991) o como “el estadio pre cientíco
de la psicología” (Bunge & Ardila, 2002), y la baja carga cientíca de
los demás paradigmas generaron un descontento que se cristalizó en
una necesidad. La psicología tuvo que dejar a un lado el endemismo
teórico que la caracterizaba para aceptar que la unidad de la ciencia era
una condición que no podía dar espera. Atrás habían quedado las va
srio pintas especulaciones de muchos psicólogos que no consentían el
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acceso al conocimiento a través de una vía diferente a la mera intuición
o la reexión pura, descontaminada de todo tipo de datos empíricos. El
desgajo epistemológico de la psicología se produjo debido a que el peso
de las observaciones y la complejidad de los fenómenos apremiaban
por una concepción más amplia y sistemáticamente fundamentada. El
rápido y bien consolidado avance de las demás ciencias corroía el juicio
de los psicólogos quienes tenían que aceptar sin reparo que su disciplina
se encontraba anclada en un inhóspito lugar de la historia de la ciencia.
Particularmente, los estudios en neurosiología suponían un adelanto en
la comprensión de los procesos bioquímicos que fundamentaban la acti
vidad nerviosa del cerebro. Aparentemente todas las demás disciplinas
cien tícas tenían algo que decir respecto al hombre y su lugar en el
mun do. Pero la psicología continuaba tratando de resolver los acertijos
del inconsciente o intentando operacionalizar la razón.
El reconocimiento de que había una necesidad pertinente e inaplazable
por reestructurar la caduca epistemología de la psicología llevó a un
gru po de brillantes norteamericanos a generar una nueva propuesta. El
trabajo fundacional que constituyó la fulminante emergencia del nuevo
paradigma en la psicología fue el desarrollado por Miller, Galanter y
Pribram en 1960. La implicación que tuvo la publicación de Plans and
the structure of behavior, título impuesto a este prístino impulso intelectual,
es equiparable con aquella que, otrora, tuvo el Behaviorism de Watson
(De Vega, 1994) o los Estudios sobre la histeria de Freud. En el trabajo de
Miller, Galante y Pribram se expone por primera vez la analogía entre la
mente y el ordenador. Tal insinuación no constituyó exclusivamente una
mención fortuita, casual. Muy por el contrario, la analogía correspondió
a la médula losóca de su presentación. Como diría Bunge (Bunge
& Ar dila, 2002), la analogía que los autores decidieron asumir fue una
elec ción que les determinó su losofía de la mente. Una elección que
deter minó el rumbo de los posteriores estudios en psicología cognitiva.
Porque, infortunadamente, la elección se escuchó, se acepto, se asumió
y se desplazó hasta lo más profundo de la estructura epistemológica de
la teoría, allá donde los presupuestos son asumidos sin reexionarlos.
Tiene razón JohnsonLaird (1990) al armar que “el auténtico poder de
la metáfora se le escapaba a la gente” (p.28). Porque, argumenta segui
damente, “como ocurre a menudo en los periodos de rápido desarrollo
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cientíco, no todo el mundo comprendió lo que estaba pasando y, quizás,
en aquel momento nadie captó su verdadera esencia” (p. 28).
El lenguaje y los presupuestos ontológicos de la psicología anterior a
la segunda década del siglo
XX yacían viciados, ahogados en su mismo
hedor. No había manera de reelaborar un sistema teórico a partir de las
migas conceptuales que podían colectarse en el tablón de discusión
que se había dispuesto para la contienda epistemológica que sumió a la
psicología durante mediados del mismo siglo. El lenguaje mentalista del
psicoanálisis, la negación de los procesos mentales de parte del conduc
tismo, la imposibilidad de la introspección como método, la asunción
de una mente al margen de la conciencia, los remanentes dualistas de
Descartes, las limitaciones de las demás escuelas europeas
1
y muchos
otros elementos obligaron a los psicólogos a orientar su mirada más allá
de la misma psicología. Había que contemplar otras opciones, ya era
momento de abandonar aquel estéril suelo. Para la psicología no había
futuro dentro de la misma psicología. Este desengaño epistemológico
de la psicología motivó, entonces, a una búsqueda transdisciplinaria.
El periplo iniciado por Miller, Galanter & Pribram en 1960 se surtió
de fuentes como la Teoría de la Comunicación de Shannon (1948), las
ciencias del ordenador, la cibernética, de la mano de los trabajos pioneros
de los matemáticos Von Neumann y Norbert Wiener, y la psicolingüística
(Rieber & Vetter, 1979; Chomsky, 1957). Pues bien, no hay que ir más allá
para comprender los fundamentos ontológicos y epistemológicos de la
naciente psicología cognitiva. Su losofía de la mente queda plácidamente
descrita por los compromisos adquiridos tras aceptar una integración
de los presupuestos teóricos de aquellas fuentes al cuerpo general de la
psicología tradicional. Para comprender, entonces, de manera acertada y
práctica qué tipo de compromisos adquirió la psicología con cada una de
aquellas fuentes, hay que dar una ojeada al vocabulario propio de ellas,
a sus conceptos, a su origen y evolución.
1
En particular la Psicología de la Gestalt, quien fuese precursora directa de la psicología
cognitiva.
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
De la Teoría de la Comunicación, la psicología cognitiva asumió “un”
concepto de información. Del artículo original de Shannon, A mathe
matical theory of comunication” (1948), se tomó una noción de dicho
concepto que hacía referencia a su aspecto sintáctico, pues el interés
particular de Shannon era el de diseñar un sistema que redujera al máximo
la pérdida de datos
2
, sin que importara el tipo o el contenido de los mis
mos. Él estaba únicamente interesado por cuanticar la información
contenida en un mensaje para poder determinar la pérdida de la misma
en éste. De notable trascendencia resultó el concepto de canal, porque
el propósito de la teoría matemática era determinar cuánta información
podría discurrir a través del mismo con un mínimo de pérdida de datos.
Así, la transmisión era el proceso fundamental, pues el objetivo de la teoría
era especicar cuántos datos podían ser transmitidos por un canal con
el mínimo de pérdida de información. Allí surgió el término Bit, de bi-
nary digi-t, que fue escogido, por su extrema sencillez, como el sistema
básico de referencia en los modelos matemáticos de los sistemas de
comunicación (Sokol & Columbie, 2006). Se denía, entonces, la in -
for mación como “el número medio de dígitos binarios necesarios para
distinguir un mensaje determinado del resto del conjunto de mensajes
posibles” (Sokol & Columbie, 2006, p. 6).
La psicología cognitiva no únicamente adoptó el concepto de información
de la propuesta de Shannon, que a todas luces resulta complicado de
asi milar fuera de un contexto matemático. El propio George Miller
reconoce, en la actualidad, las dicultades que se generan al intentar
integrar la propuesta de Shannon a la psicología cognitiva (Miller, 2003).
Lo que ésta alió a su cuerpo teórico fue el concepto de símbolo,
como entidad que portaba información en tanto que era transmitido.
El símbolo se entendía en la teoría de Shannon como aquella entidad
sintáctica cuya organización determinaba la información en el ujo del
emisor al receptor a través del canal. Es decir, que la información era
una medida, como se dijo, de la manera como se recibían los símbolos
2
Recuérdese que él trabajaba para la empresa de telecomunicaciones Bell Systems.
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del mensaje. Entre mayor discordancia hubiese respecto de la emisión
original, mayor era la información asociada con éste. Es por esto que
la medida de la cantidad de información involucra un cálculo de la
probabilidad, esto es, cuánta probabilidad hay de que el mensaje (los
símbolos) sean efectivamente aquellos que fueron emitidos por la fuente.
En esta parte de la teoría se introdujeron posteriormente los conceptos
de incertidumbre y de entropía. La incertidumbre se asociaba con una
incapacidad para la de ter minación de la aparición del mensaje correcto.
La información dis minuía la incertidumbre porque aportaba un indicio
de la forma que iba adoptando el mensaje en su transmisión de la fuente
inicial (emisor) al receptor. De aquí que se arme que la información no
dice lo que es sino lo que podría ser (López, Parada & Simonetti, 1995).
Según Carretero (1998), otra de las nociones importantes que
introdujo la Teoría de la Comunicación de Shannon fue el concepto de
retroalimentación. Recuerda Carretero a Tolman y su idea de que el cerebro
se parece mucho más a una torre de control que a una antigua centralita
de teléfonos. La analogía de Tolman sugiere que el cerebro no asocia
ciegamente los estímulos con las respuestas, sino que las procesa a partir
de un mapa cognitivo del entorno, desde el cual el organismo determina qué
tipo de respuesta emitir, si es que emite alguna, repara Tolman (1948). Las
pa labras que están en cursiva son las que utilizó originalmente Tolman
en su trabajo de 1948 y resultan extraordinariamente provocativas en
el contexto del desarrollo de la psicología cognitiva. Tolman había
introducido en el ambiente académico un par de conceptos centrales de
la psicología cognitiva doce años antes de que Miller, Galanter y Pribram
publicaran su trabajo.

Desde la teoría del ordenador, la cibernética, la psicología cognitiva modeló
su concepción sobre la relación mente/cerebro. Ya se había tenido
que cargar, desde Descartes, con la idea de un mundo compuesto por
dos clases diferentes de sustancias: la pensante y la extensa. La historia
posterior de la psicología había reducido un poco el abismo que separaba
ambas y se aceptaba que, de alguna manera, la mente y el cerebro estaban
relacionados. Se había negociado un cierto tipo de epifenomenalismo, en
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algunos casos o un monismo extremo, en los otros. Pero la disociación
mente/cerebro ya no era tan radical como en el universo cartesiano. No
obstante, prevalecía un aire de diferencia entre la mente y el cerebro, y
la analogía con el ordenador resultó más que satisfactoria para zanjar
tal escollo histórico.
La cibernética se encargó de desarrollar sistemas informáticos capaces
de procesar grandes cantidades de datos en poco tiempo y con un má
xi mo de eciencia. Los primeros ordenadores, que datan de los años
se senta y setenta del siglo pasado, fueron concebidos como Sistemas de
Procesamiento de Información. La propuesta de la cibernética empujó unos
metros más allá a la psicología cognitiva en su prurito de llegar a ser una
ciencia epistemológicamente consolidada. Se superó la mera transmisión
de datos de la Teoría de la Comunicación de Shannon y se forun
concepto más funcional sobre la información. Además, la equiparación
de la mente con el Software y del cerebro con el Hardware pareció hacer
justicia respecto a la naturaleza y el tipo de interacciones entre uno y
otro. Así, se asumió un dualismo de sustancia
3
tipo cartesiano pero
desligado de cualquier clase de connotaciones peyorativas espirituales.
¿Por qué? Porque la analogía era lo sucientemente real, ¿natural?, como
para aceptar contravenciones.
La invención del ordenador digital, y de manera más importante, de
su precursora, la teoría matemática de la computación, ha obligado
a la gente a pensar de una forma nueva sobre la mente. Antes de la
computación había una distinción clara entre el cerebro y mente;
uno era un órgano físico y la otra una “no entidad” fantasmática
que difícilmente resultaba un tema de investigación respetable.
(…) Después de la llegada de los ordenadores no cabe semejante
escepticismo: una máquina puede controlarse mediante un
“programa” de instrucciones simbólicas, y no hay nada de fantasmal
en un programa de ordenador. Quizá, y en gran medida, la mente
es para el cerebro lo que el programa es para el ordenador. De esta
manera, puede haber una ciencia de la mente. (JohnsonLaird, 1990,
p. 1314).
3
Esta es la caracterización ontológica del funcionalismo, que se discutirá más adelante.
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Con anterioridad a los desarrollos generados por la cibernética, la Teoría
del Procesamiento de la Información desarrollada por Broadbent en 1958
(Anderson, 1985), ofrecía ya indicios de lo que posteriormente fuese
a convertirse en el paradigma imperante en la psicología cognitiva. La
Teoría de la Atención de Broadbent, como fue conocida originalmente, se
aliaba a los principios fundamentales de la teoría del funcionamiento
de los sistemas informáticos, esto es, una teoría puramente basada en el
procesamiento de información. Su teoría sugería tres espacios (storages)
para el almacenamiento de la memoria en los cuales se realizaba todo el
procesamiento de la información. En estos se ejecutaba todo el proceso
de transformación de los estímulos de entrada y salida entre cada uno
de los lugares de almacenamiento, en un proceso serial que estaba
coordinado por un dispositivo atencional. Esta propuesta ya resaltaba
los mecanismos constituyentes de los sistemas de procesamiento de
información: a) la representación y el almacenamiento de la información,
b) los lugares de almacenamiento en los que se producían los procesos
y c) los procesos, como tales, de transformación de la información.
Por los mismos años en que Broadbent aventurará su teoría de la aten
ción, Miller sorprendía al mundo académico con la publicación de un
ar tículo que sacudió a la psicología y que supuso un hito experimental
para la Teoría del Procesamiento de la Información. Además de aceptar que
el funcionamiento de la memoria operaba a partir de sistemas dis cre
tos, como los tres almacenes de Broadbent, Miller demostró experi
mentalmente que uno de esos sistemas, el de la memoria a corto plazo,
sólo podía almacenar entre 5 y 9 unidades de información, siempre que
éstas tuvieran un signicado completo. En su artículo de 1956, “The
magi cal number seven, plus or minus two: Some limits on our capacity
for processing information”, Miller no lo teoriza unos sistemas
discretos de memoria sino que demuestra que uno de ellos, el primero
en la jerarquía, tiene una capacidad limitada para el procesamiento de
las entradas de información.
Otro aporte de Miller, en colaboración con Galanter y Pribram, fue aquel
que se convirtiera en el trabajo fundacional de la psicología cognitiva
(De Vega, 1994), como ya se había señalado. En Plans and the structure
of behavior, Miller, Galante & Pribram adelantan el concepto de
TOTE,
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siglas que signicaban Test-Operate-Test-Exit. La noción fundamental de
la modelo
TOTE (Miller, Galanter y Pribram, 1960), en abierta oposición
teórica al modelo EstímuloRespuesta, E-R, sugería que dichas unidades
operaban con un solo propósito: alcanzar una meta. Así, la unidad evalúa
si el objetivo que ha alcanzado era el esperado y, en caso contrario, ejecuta
otro grupo de operaciones para asegurar el cumplimiento apropiado
de la meta o el abandono de la misma. Esta nueva forma de concebir
los procesos psicológicos, especícamente los Procesos de Resolución
de Problemas (
PRP), determinó la rúbrica losóca de la psicoloa
cognitiva. Se aceptó que existían procesos dentro del organismo y que
dichos procesos operaban bajo el principio de la transformación de
la información. Transformación que estaba dirigida, en el caso de los
PRP, hacía la consecución de una meta. De aquí el sugerente título de su
artículo: los planes son la forma bajo la cual se procesa la información y
la estructura del comportamiento está determinada y determina a éstos
Las ideas de Miller, Galanter y Pribram motivaron el diseño de otros
pro gramas que se arropaban bajo los mismos principios teóricos del
pro cesamiento de la información. Fue así como surgió el General Problem
Solver (Ernst & Newell, 1969; Newell & Simon, 1972), concebido original
mente como un sistema de simulación cuyo estímulo principal era el de
emular la forma como el sistema humano resolvía algunos problemas.
Para el cumplimiento de su objetivo de emulación de las estrategias de
re solución de problemas en los humanos, el
GSP se fundamentaba en
tres reglas básicas: a) la transformación de unos objetos en otros, b) la
re duc ción de las diferencias entre estos objetos y c) la aplicación de un
operador (transforma a, reducir a, aplicar a) a dichos objetos. Comen
zaban, ya, a sentirse los principios de la lógica de Frege. El
GSP asumía
que la reso lución de problemas involucraba el análisis de medios y nes.
El físico Allen Newell, quien desarrolló junto con Simon el
GSP, continúo
sus investigaciones sobre el funcionamiento de los procesos de resolución
de problemas y, junto con John Laird y Paul Rosenbloom, desarrollaron
el
SOAR (Laird, Newell & Rosenbloom, 1987). El SOAR pretendía com
prender y simular la arquitectura de la cognición humana. La idea prin
cipal de este diseño era la de espacio de problema, entendido como un
lugar en el que se ejecutaban procesos intermedios de resolución que
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contribuían al objetivo mayor, el nal. Estos espacios de problema están
gobernados por reglas de actuación, que determinan la manera especial y
única como debía operarse. La característica denitoria del
SOAR frente
a otros programas del mismo tipo fue su capacidad de aprendizaje y su
teoría implícita sobre este mismo proceso.

Un respetable estandarte histórico de la psicología cognitiva, quizás su
antecesor directo, lo representa Alang Turing. De hecho, la creación de
los primeros ordenadores digitales por los matemáticos Von Neumann
y Norbert Wiener estuvieron amparados en las investigaciones lógicas
originales de Turing. Turing participó en la producción del primer or
denador electromecánico que se conoció, el Colossus. Lo hizo mien tras
pertenecía a la Escuela de Códigos y Cifrados del gobierno brinico, en el
escenario de la Segunda Guerra Mundial. Una vezna lizado el conicto
bélico, Turing colaboen la construcción del
ENIAC. Posteriormente
recibió el encargo de empezar a trabajar en la construcción de un
ordenador totalmente británico, destinado al National Physical Laboratory,
y que recibiría el nombre de
ACE (Automatic Computing Engine). Para 1950,
Turing publi“Computing Machinery and Intelligence”, artículo en
el que expresó su convicción de que las computadoras eran capaces de
imi tar perfectamente la inteligencia humana. Turing es considerado por
mu cho y por muchos el padre de la informática, pues ya para 1936 había
predestinado el curso de esta disciplina aún incipiente (Leavitt, 2006).
En “On Computable Numbers” Turing determinó la naturaleza y las li
mi taciones teóricas de las máquinas lógicas antes de que se construyera
si quiera una sencilla computadora por completo programable.
Turing comienza su disertación de 1950, “Computing Machinery and
Intelligence”, con una sugerente pregunta: ¿pueden las máquinas pen
sar? Responde argumentando que todo depende de lo que se entienda
por “máquina” y por “pensar”. Arma que, si se entiende de manera
tra dicional, la respuesta no sería satisfactoria, pero que, si se asume de
una manera diferente, todo indicaría que sí es posible. Sugiere que se le
un viraje al problema y que se entienda éste de otra manera: como
un juego de imitación. Según él, si se puede construir una máquina que sea
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capaz de engañar a una persona, con base en la calidad de sus respuestas,
de dicha máquina puede decirse que es capaz de pensar. Su ejemplo es
sencillo: una persona interroga a otras dos que están fuera de su vista, en
un cuarto cerrado. Una de estas personas es una máquina. El interrogador
formula preguntas y ambas “personas” responden. Si el interrogador
es incapaz de advertir que una de aquellas “personas” es una máquina,
entonces puede armarse de ésta que puede pensar. Este es el juego de la
imitación. En la actualidad se han lanzado rmes y bien fundamentadas
críticas a esta suposición (Véase Searle, 1994). Más adelante se revisarán.
Lo que resulta meritorio de los escritos de Turing es que éste se haya
in teresado tan tempranamente por la relación entre los ordenadores y la
mente humana. ¿Por qué no haber planteado la construcción de orde
nadores al margen de una estrecha relación con los procesos mentales?
Dice Turing, al respecto, que “la idea detrás de los computadores
digitales debería ser explicada diciendo que estas máquinas habían sido
diseñadas con el propósito de llevar a cabo cualquier tipo de operación
que pueda ser ejecutada por una computadora humana” (Turing, 1950,
p. 436). Queda clara la respuesta: el objetivo no era diseñar ordenadores
digitales para algún propósito diferente que el de emular las operaciones
propiamente mentales de los humanos. Sin embargo, más adelante en la
historia de la cibernética los ordenadores adquirieron otros propósitos.
Para la historia de la psicología, el desafío de Turing en Computing
Machinery and Intelligence (1950) tenía una importancia enorme,
porque parecía abrir perspectivas de solución a un viejo problema
nunca resuelto: el de acomodar la explicación mecanicista, requerida por
la necesidad de desarrollar una ciencia objetiva, con el concepto de
mente. Hasta Turing, los intentos mecanicistas y objetivos (tales como
la reexología y el conductismo) se había saldado inevitablemente con
soluciones eliminacionistas: con la eliminación de los mentales o su
reducción a términos puramente extensionales y, por consiguiente,
nomentales. (Rivière, 1991, p. 136).
Acierta Ángel Rivière (1991) cuando sostiene que “la metáfora de la
“má quina que piensa” planteaba un desafío importante a la psicología,
y abría nuevas posibilidades para ella” (p.136), porque “la pregunta
“¿pue den pensar las máquinas?” admitía una lectura propiamente psi
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co lógica: “Si las personas también piensan, ¿qué hay de misterioso en
esta actividad”?”(p.136). Y a esta consideración podría sumársele la
siguiente: “y si el pensamiento humano puede ser imitado mecánicamente
(o digitalmente), ¿por qué no asumir este modelo mecanicista como la
forma en la que efectivamente funciona la mente?”. “En una palabra: la
formulación de Turing era la primera expresión de lo que se ha llamado,
en psicología cognitiva, “la metáfora del ordenador”” (p. 137).
Pero las implicaciones de la propuesta de Turing fueron más allá que la
mera sugerencia, ampliamente aceptada, de que los procesos mentales
podían equipararse con los procesos lógicos de los ordenadores digitales.
Otra fue la comparación que demarcó el camino de la psicología cognitiva
posterior a la segunda década del siglo
XX. Toda vez que el símil mente-
máquina había sido admitido, la comparación entre el pensamiento y la
computación se dejó entrever. Y no era más que algo razonable: si la
mente pensaba, y si la máquina computaba, entonces era sensato aceptar
que entre el pensamiento, como producto de la mente, y la computación,
como producto de la máquina tendría que existir algún tipo de estrecha
similitud. Y fue este inocente razonamiento el que produjo uno de los
mayores problemas losócos para la psicología cognitiva. Esto se dejará
para más adelante. Hasta aquí la exposición sobre el pasado remoto de
las ideas mecanicistas en la psicología cognitiva y el origen de la metáfora
menteordenador que tuvieron su iniciación en la cibernética.

La tercera fuente que nutrió el origen de la psicología cognitiva fueron los
estudios sobre lingüística del norteamericano Noam Chomsky. También,
como una reacción a las limitaciones heusticas del conductismo,
Chomsky ejecutó, en la revista Lenguage en 1959, una aplastante y con
cluyente crítica al libro Verbal Behavior de Skinner, publicado solo dos
años antes (Maccorquodale, 1970). El aporte fundamental proviene de
lo que comenzó a conocerse como la psicolingüística (Rieber & Vetter,
1979; Chomsky, 1957). Aquella naciente disciplina que pretendía in
tro ducir una nueva forma de comprender los fenómenos lingüísticos
de lado de una psicología más elaborada y dejando al margen todas
aque llas presuposiciones simplistas que entendían el lenguaje como una
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elaboración meramente asociativa, como lo sostenían las escuelas del
aprendizaje verbal y el conductismo (De Vega, 1994).
Muchos son los aportes y las reestructuraciones que impone Chomsky
a la comprensión del lenguaje, en general y a la naciente psicología del
lenguaje, en particular, pero hay uno en especial que merece de notable
atención: el retorno al mentalismo (Demirezen, 1989; Demonte & Delval,
1978; Bunge & Ardila, 2002). Interesado en el Problema de Pla tón (¿cómo
podemos conocer tanto a partir de tan poco?), Chomsky se cuestionó,
en su texto Three models for the description of lenguage, acer ca de la manera
cómo podía elaborarse un lenguaje tan diverso y amplio a partir de los
pocos estímulos lingüísticos de los que se disponía (Chosmky, 1956). El
dispositivo mental para la adquisición de lenguaje resolvía dicha dicultad. Es
un sistema sumamente complejo, de natu raleza innata, que permite al
ser humano la capacidad de desarrollar su competencia lingüística. Este
dispositivo es el que da origen y fundamenta la Teoría de la Gramática
General (Chomsky, 1975). Para explicar el aspecto generacional del
lenguaje, Chomsky recurre a la hipótesis de un sistema transformacional
del lenguaje, en el que los símbolos y las representaciones, a partir de
los cuales se crean las oraciones, son gene rados a partir de un conjunto
de reglas de reescritura de símbolos y de representaciones (Correa, 1993; Rivière,
1991).
Chomsky se interesó tempranamente por el aspecto sintáctico del
lenguaje (Chomsky, 1957). La estructura formal del lenguaje, su sintaxis,
era para él el aspecto central de su teoría (Chomsky, 1965). Toda la
gramática generativa del lenguaje podía ser comprendida a partir de un
lenguaje formal estructurado por medio de símbolos que se reescribían
de una u otra forma en atención a una reglas de generación que yacían
prescritas en el Dispositivo de Adquisición del Lenguaje. La naturaleza del
len guaje era para Chomsky eminentemente formal, simbólica, y todos
los procesos de adquisición, generación, transformación y comunicación
4
debían entenderse bajo esta consideración. Para Chomsky, la gramática
4
He aquí un punto de encuentro entre la lingüística de Chomsky y la Teoría de la Comu
nicación de Shannon.
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Psicología desde el Caribe. Universidad del Norte. Nº 24: 5990, 2009
Jorge emiro restrepo
es una representación formal del conocimiento que una persona tiene
de una lengua (Demonte & Delval, 1978). Pero este conocimiento no
co rrespondía a un número nito de oraciones preestablecidas sino que
co rrespondía, muy por el contrario, al conocimiento de las reglas y
principios de elaboración que permitían la construcción de un número
innito de oraciones (Rivière, 1991).
Chomsky se adhería, pues, a los presupuestos estructuralistas sobre el
len guaje. Para el estructuralismo lingüístico “una lengua no consistía en
los enunciados efectivos, sino en las estructuras que les sirven de base”
(Bierwisch, 1971, p. 17). Es por tal razón, arman los estructuralistas,
que “sus elementos no pueden describirse físicamente” (p. 17), porque
“son más bien relaciones y unidades abstractas, que pueden realizarse
con un considerable margen de variación” (p. 17). Hacen referencia, sin
duda, a los símbolos y a las reglas de escritura de éstos mismos.
Demonte & Delval (1978) resaltan la inuencia que tuvieron los trabajos
iniciales de Chomsky sobre la realización del Plans and the structure of
behavior de Miller, Galanter & Pribram en 1960. Recuérdese que este fue
el trabajo fundacional de la psicología cognitiva (De Vega, 1994). De
hecho, Chomsky y Miller publicaron juntos, posteriormente, un par de
artículos sobre el análisis formal de los lenguajes naturales (Chomsky
& Miller, 1963; Miller & Chomsky, 1963). Pero ¿por qué habrían de
resultar tan apreciables los trabajos de Chomsky para la naciente
psicología cognitiva? Para esa época ya estaba en el aire la sugerente
hipótesis de la estrecha relación entre el lenguaje y el pensamiento, idea
importada del pensamiento soviético (Vigotsky, 1995) y adaptada por
algunos psicólogos y lósofos norteamericanos. Además, si resultaba
cierta la tesis de Bruner (1964; 1966) sobre el lenguaje como condición
del pensamiento, entonces responder a la pregunta sobre la naturaleza
y función del lenguaje impli caba acercarse a la compresión sobre la
naturaleza y funcionamiento del pensamiento.
Pues bien, el surgimiento de la psicología cognitiva debe entenderse
en tonces como la cristalización de un conjunto de ideas, propuestas, per
so najes e instituciones que consagraron una nueva manera de entender
la naturaleza de la mente y sus posibilidades y métodos de estudio.

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