La dominación carismática supone un proceso de comunización de carácter emotivo. El
cuadro administrativo de los imperantes carismáticos no es ninguna "burocracia", y menos
que nada una burocracia profesional. Es elegido a su vez por cualidades carismáticas: al
profeta corresponden los discípulos, al príncipe de la guerra el "séquito", al jefe, en general,
los "hombres de confianza". No hay "sueldo" ni "prebenda" alguna, sino que los discípulos y
secuaces viven (originariamente) con el señor en comunismo de amor o camaradería, con
medios procurados por mecenas. Sin embargo, en su aspecto material rige en toda
dominación carismática genuina la frase: "estaba escrito, pero yo en verdad os digo"; el
profeta genuino, como el caudillo genuino, como todo jefe genuino en general, anuncia,
crea, exige nuevos mandamientos -en el sentido originario del carisma: por la fuerza de
la revelación, del oráculo, de la inspiración o en méritos de su voluntad concreta de
organización.
El reconocimiento crea un deber. En tanto que a una profecía no se le oponga otra
concurrente con la pretensión a su vez de validez carismática, únicamente existe una lucha
por el liderazgo que sólo puede decidirse por medios mágicos o por reconocimiento (según
deber) de la comunidad, en la que el derecho sólo puede estar de un lado, mientras que
del otro sólo está la injuria sujeta a expiación.
La dominación carismática se opone tanto a la dominación racional como a la tradicional. La
dominación burocrática es específicamente racional en el sentido de su vinculación a reglas
discursivamente analizables; la carismática es específicamente irracional en el sentido de
su extrañeza a toda regla. La dominación tradicional está ligada a las precedentes del
pasado y en cuanto tal igualmente orientada por normas; la carismática subvierte el pasado
(dentro de su esfera) y es en este sentido específicamente revolucionaria. Es legítima en
tanto que el carisma personal "rige" por su corroboración, es decir, en tanto que
encuentra reconocimiento, y "han menester de ella" los hombres de confianza, discípulos,
séquito; y sólo por la duración de su confirmación carismática.
El carisma puro es específicamente extraño a la economía. Lo que todos desdeñan -en
tanto que existe el tipo carismático genuino- es la economía racional o tradicional de cada
día, el logro de "ingresos" regulares en virtud de una actividad económica dirigida a ello de
un modo continuado. Las formas típicas de la cobertura de necesidades de carácter
carismático son, de un lado, las mecenísticas (donaciones, fundaciones, soborno, propinas
de importancia)- y las mendicantes, y, de otro lado, el botín y la extorsión violenta o
(formalmente) pacífica. Considerada desde la perspectiva de una economía racional es una