estas agrupaciones que se encuentren en el auditorio sin que
podamos identificarlos, además de constituir una falta de respeto
en sí misma.
o Familiar: representa el lugar de crianza. Se representa como el
equivalente del nido, en el dormitorio o en el automóvil. Se sugiere
no referirse en forma jocosa o despreciativa a barrios, pueblos
pequeños o marcas de artículos de consumo.
Personal: fue magistralmente descripta por Hall, quien la llamó
burbuja. Es equivalente a nuestra segunda piel, el espacio portable
que nos rodea a no más de 35 cm. Es inviolable, solamente nuestro,
no compartido por nadie sin nuestra expresa autorización. Dejamos
entrar a determinadas personas exclusivamente. Para tener
relaciones sexuales, reñir o en discusiones o conversaciones de muy
intensa carga afectiva. Dentro de ella nos sentimos invulnerables.
Dentro de la burbuja, se percibe al otro con gran aporte de datos:
color de la piel, olor, temperatura. Percibimos su ritmo respiratorio.
Es nuestro espacio sagrado, nos da seguridad y estatus. No es una
buena técnica que el orador toque o abrace a alguien del público,
penetrando en otra burbuja, sin su expresa autorización. Esto
explica por qué en algunos momentos nos sentimos mal cuando
invaden nuestra área personal: al leernos el periódico o el celular
por encima del hombro o, en un medio de transporte, al compartir
la burbuja con otras personas. En un ascensor también nos
sentimos invadidos, sin forma de escape, y entonces empleamos
técnicas defensivas: ignoramos a quienes nos rodean, no miramos
sus caras, son inexistentes, ponemos aire de ausentes mirando al
techo o al indicador del ascensor; en fin, nos despersonalizamos.
Las medidas de las distancias son de ajuste variable y se modifican
según nuestra cultura, hábitos y estados de ánimo, siempre a nivel
no consciente.
Los animales tienen muy claro el uso de las distancias para emprender la
fuga o para atacar. Las regulan adecuadamente. Estar muy cerca es vivido
como una amenaza y muy lejos como un rechazo. Los niños también
manejan a nivel no consciente estos parámetros de las distancias con su
madre y con extraños.
Las distintas culturas tienen distintas distancias para relacionarse con el
otro. Los norteamericanos y europeos occidentales, en general, dialogan a
una distancia aproximada de 70 cm, hasta donde llega la punta de los
dedos con el brazo extendido.
Los sudamericanos, caribeños y los de la zona mediterránea europea o el
cercano oriente, en general, dialogan a una distancia aproximada de 45 cm,
hasta donde llegan las puntas de los dedos con el brazo flexionado en el
codo.